Google+ Followers

Translate

lunes, 21 de abril de 2014

Variaciones arácnidas: “THE AMAZING SPIDER-MAN 2: EL PODER DE ELECTRO”, de MARC WEBB



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro (The Amazing Spider-Man 2, 2014) arranca retomando una de las secuencias iniciales de The Amazing Spider-Man (ídem, 2012) (1): el momento en que Richard y Mary Parker (Campbell Scott y Embeth Davidtz) dejan en casa de Ben y Mary Parker (Martin Sheen y Sally Field) a su pequeño hijo Peter (Max Charles). Ello da pie a la inserción de nuevas escenas destinadas a ahondar en torno al misterio de la desaparición de los padres de Peter Parker, alias Spiderman (Andrew Garfield), entre ellas una aparatosa secuencia de acción a bordo de un avión a punto de estrellarse, que no hace sino abrir nuevas incógnitas sobre cuál fue el destino final de esos personajes, una de las varias líneas argumentales que la película deja abiertas de cara a su continuación en las ya anunciadas dos nuevas entregas de la renovada franquicia en torno al lanzador de redes. Pero, a pesar de que esta segunda parte reincide parcialmente en uno de los puntos fuertes del primer film, el cual contribuía en no poca medida a conferirle su notable tono denso, lo que termina llamado (desagradablemente) la atención de The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro es su práctica ausencia de densidad.


Si, como ya tuve ocasión de comentar en este mismo blog, The Amazing Spider-Man era una mirada personal sobre el Hombre Araña en la que el realizador Marc Webb llevó a cabo una competente labor de coordinación de talentos, en esta ocasión el mismo cineasta se ha limitado a orquestar con corrección y poco más un vistoso espectáculo en el que, como digo, la densidad brilla por su ausencia, por más que se intenta encontrar a toda costa tanto en la reiteración y relativa profundización en torno al misterio que sigue rodeando a los padres de Peter Parker, como en lo que se refiere a la caracterización de los nuevos villanos que se incorporan a la serie, el tímido e introvertido ingeniero electrónico Max Dillon al cual un accidente convertirá en Electro (Jamie Foxx), y el joven enfermo terminal Harry Osborn (Dane DeHaan) que buscando una cura para su dolencia acabará convirtiéndose en… ¡el Duende Verde!, así como en lo que atañe a la love story protagonizada por Peter Parker y Gwen Stacy (Emma Stone), cuya resolución es bien conocida por todos los lectores de las aventuras gráficas de Spiderman, en particular el ya mítico número 121 de The Amazing Spider-Man (junio de 1973), con guión de Gerry Conway y dibujos de Gil Kane y John Romita Sr.


Se ha dicho, probablemente con razón, que The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro es una especie de “episodio de transición” en el seno de la franquicia, de cara a allanar el terreno a la incorporación, en las entregas tercera y cuarta, de los Seis Siniestros, rivales del Hombre Araña que forman equipo para unir fuerzas a la hora de acabar con él desde su primera aparición conjunta en el número 1 de The Amazing Spider-Man Annual (enero de 1964). De ahí que el film recupere al misterioso personaje cuyas facciones siguen estando ocultas al amparo de la oscuridad que ya aparecía en la secuencia post-créditos del primer film de Webb, y que aquí conversa con el encarcelado Harry Osborn/Duende Verde de cara a formar un equipo de villanos armados con los ingenios militares de la empresa Oscorp: los aficionados al cómic reconocerán entre ellos los brazos articulados del Dr. Octopus y las alas del Buitre, los cuales junto con la gigantesca armadura que convierte en las escenas finales de la película al demente atracador de bancos ruso Aleksei Sytsevich (Paul Giamatti) en El Rino dejan la puerta abierta a lo que nos ofrecerá The Amazing Spider-Man 3 & 4. ¿Concurrirá a la cita el personaje de Mary Jane Watson, esté o no encarnada por la actriz Shailene Woodley, cuyas escenas en este mismo papel fueron descartadas en circunstancias poco claras, según dicen con vistas a no alargar más de la cuenta un film que, por cierto, peca también de una duración desmesurada, 142 minutos, absolutamente excesivos para la escasa entidad de lo que narra?


Que The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro sea una película de transición de cara a las entregas tercera y cuarta no debería justificar, ni justifica, la poca sustancia de esta entrega, que Marc Webb parece haber resuelto más por compromiso que porque se sintiera personalmente implicado con esta secuela (y, caso de ser así, ello no se percibe en el resultado). Dejando aparte el carácter un tanto engañoso del subtítulo añadido al título de la película con motivo de su estreno en España, pues como ya hemos apuntado Electro ni tan siquiera es el único villano de la función, el film hace gala de una tibieza dramática que, en sus peores momentos, termina por aburrir. Sobre todo, en lo que hace referencia al dibujo, convencional y estereotipado hasta la náusea, de la relación amorosa entre Peter Parker y Gwen Stacy, fiel al tópico esquema del chico-pierde-chica y chico-recupera-chica, que consume más minutos de los estrictamente necesarios. No resulta mucho mejor la descripción que se nos ofrece de Max Dillon, el ingenuo y pusilánime empleado de Oscorp que accidentalmente se transforma en Electro y aprovecha su nueva condición para vengarse de esa humanidad que siempre le ha ignorado: el mejor apunte reside en ese momento, en la secuencia del encuentro y posterior batalla contra Spiderman en pleno Times Square, en el cual Dillon/Electro ve su rostro apareciendo en los gigantescos paneles de televisión situados en el corazón de la Gran Manzana, y exclama: “¡Me ven! ¡Me ven!”. Tiene más interés, pero no por ello la fuerza que sería de desear, todo lo que atañe al personaje de Harry Osborn, viejo amigo de la infancia de Peter Parker y heredero de la inmensa fortuna de su padre, Norman Osborn (un fugaz Chris Cooper), gestionada a través de la empresa Oscorp; aquejado de la misma enfermedad incurable que ha acabado prematuramente con la vida de su padre y que amenaza con hacer pronto lo mismo con la suya, Harry Oborn ha llegado a la conclusión de que lo único que podría salvarle sería inyectarse la sangre de Spiderman (sic), y cuando este último se niega a facilitársela, temeroso de que ello pueda tener trágicas consecuencias todavía peores, Osborn utilizará a Electro en sus planes de venganza contra el Hombre Araña, y de paso, se convertirá en el Duende Verde (por más que, curiosamente, en ningún momento se le llame por ese nombre).


The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro no da lo que promete, entre otras razones porque la mera corrección de la puesta en escena de Marc Webb muestra a las claras la escasa implicación del cineasta en el proyecto. No convence ni el carácter grotesco de Max Dillon, quien idolatra a Spiderman después de que este le haya salvado la vida y que luego se siente traicionado por el Hombre Araña porque no responde al nivel de amistad que le exige, ni la faceta trágica del personaje de Harry Osborn, a pesar de los buenos trabajos interpretativos de, respectivamente, Jamie Foxx y sobre todo Dane DeHaan. También carece de fuerza el teóricamente sentimental epílogo del relato, con un Peter Parker/Spiderman volviendo a la acción tras cinco meses de ausencia para hacer frente a la renovada amenaza de Sytsevich/El Rino. Si a ello añadimos la, reitero, aburrida love story entre Peter Parker y Gwan Stacy y el escaso relieve del villano Sytsevich (a pesar del entusiasmo que le imprime, como siempre, Paul Giamatti), poco, muy poco hay por rascar en esta prometedora y a la postre fallida nueva entrega de la franquicia del lanzador de redes. Queda, pese a todo, la buena factura y brillantez visual de las secuencias de acción (no todas: la pelea en el avión de las primeras secuencias deja mucho que desear); algún apunte sugestivo, tal es el caso del hallazgo por parte de Peter Parker del laboratorio secreto de su padre, escondido en una estación de metro abandonada (y la idea funciona más por la belleza del decorado que porque Webb le imprima la adecuada atmósfera misteriosa); alguna bonita idea de puesta en escena, como por ejemplo el fundido a negro que se cierra sobre la imagen del avión del prólogo precipitándose al vacío, y que se encadena con la de Spiderman lanzándose sobre el cielo de Nueva York, estableciendo así un determinado vínculo dramático y emocional entre secuencias; o la subrepticia utilización del ralentí en las secuencias de acción, destinado a reproducir minuciosamente los ágiles movimientos del Hombre Araña que, caso de no ser mostrados así, serían imperceptibles para el ojo humano, y que en cierto sentido vienen a convertir esos planos a cámara lenta en homenajes a las dinámicas viñetas del cómic original. Pero todo eso es muy poco, sobre todo si volvemos a tener en cuenta el buen resultado de la primera película, un reboot que supo replantear con ingenio y elegancia una franquicia prematuramente “quemada” por la tercera entrega de la primera trilogía firmada por Sam Raimi, y que ahora, en The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro, vuelve a colocarse en la cuerda floja. 

(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/07/the-amazing-spider-man-de-marc-webb.html

5 comentarios:

  1. Hola, Tomás.Son vistosas estas películas de superhéroes,pero en la mayoría de ellas bajo esos fuegos artificiales no hay gran cosa. Da la impresión de que sus responsables no trabajan nada los guiones, piensan más en la fecha de estreno que en ofrecer una historia decente a la audiencia. Luego está el hecho de que deben recuperar con creces los cientos de millones de dólares invertidos en el producto, y eso implica muchas (demasiadas) concesiones al gran público.
    No es que sienta una animadversión especial por el género superheroico. De hecho, he visto muchas de estas películas: empecé con "Blade", la trilogía de"La patrulla X"(siempre me ha gustado más ese nombre que el de "X-men"), la trilogía de Batman de Nolan, los dos primeros "Iron man"...pero he llegado a un punto en el que todas me parecen memeces infantiloides, con un montón de incoherencias de guión (creo que hasta en la fantasía pura ha de haber cierta coherencia en los hechos) y de montaje incluso. Tras ver la para mí insulsa y larguísima "Los vengadores" y la muy mediocre "El hombre de acero" decidí no ver más películas de este tipo. Me estaré haciendo mayor.

    Un saludo,
    Iker.

    ResponderEliminar
  2. Decepción es lo que he sentido al ver esta secuela del hombre araña (al igual que me ocurrió con "El hombre de acero" de Zack Snyder), despues de la excelente e infravalorada "The amazing Spider-man". ¿No creeis que la película es una escena de la que nos tiene acostumbrado marvel durante los créditos o al finalizar estos, puesto que lo mas interesante parece que está por ver en el futuro, con la única diferencia de la muy alargada duración? Además me llama la atención el poco protagonismo de un personaje tan importante como es Norman Osborn y sobre todo, como un actor de la talla de Chris Cooper ha podido participar en el film.
    Habrá que esperar que es de "X-men: días del futuro pasado", despues de este Spider-man y de la excelente, en mi opinión, aunque sobrecargada en su parte final, "Capitán América: El soldado de invierno".
    Por cierto Tomás, quería preguntarte que te han parecido dos películas, si las has podido ver: La primera la citada mas arriba del Capitan América (de la que esperaba que hubieras hecho un artículo en este blog) y la segunda una película muy masacrada como es Sin ley (Lawless, 2012) de John Hillcoat, creo que inédita en España.

    ResponderEliminar
  3. Hola, Tomás:
    No viene a cuento de esta entrada del blog, pero me gustaría saber si me puedes aclarar una duda. En el número de marzo de Dirigido por..., en la sección Pantalla Digital, Jose Mª Latorre menciona, al hablar de "Expediente Warren", a tres cineastas que él destaca como importantes en el reciente cine de terror: Rob Zombie, Jim Mickus y el propio James Wan. Bueno, pues no encuentro ninguna referencia del tal Jim Mickus. ¿Me puedes dar algo más de información sobre este autor? ¿Se trata de alguna errata al escribir el nombre?
    Gracias adelantadas por tu ayuda y un fuerte abrazo.

    David.

    ResponderEliminar
  4. David, José María Latorre se refiere a Jim Mickle, el interesantísimo director de 'Stake Land', 'We Are What We Are' y la aún por estrenar 'Cold in July' (http://www.imdb.com/name/nm0585344/#director).

    ResponderEliminar
  5. Muchas gracias, Tonio.
    Tomo buena nota.

    ResponderEliminar