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sábado, 25 de octubre de 2014

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de NOVIEMBRE 2014, ya a la venta



El núm. 351 de Imágenes de Actualidad dedica el grueso de su portada a dos de las más esperadas películas de las cuales se ofrecen extensos reportajes dentro de la sección Primeras Fotos: Vengadores: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron, 2015), de Joss Whedon, y American Sniper (2014), de Clint Eastwood. La sección se completa con sendos avances de la nueva película de Michael Mann, Blackhat (Amenaza en la red) (Blackhat, 2015), y de Venganza 3 (Taken 3, 2015), de Olivier Megaton. El protagonista de esta última, Liam Neeson, quien asimismo estrena dentro de poco entre nosotros el thriller Caminando entre las tumbas (A Walk Among the Tombstones, 2014, Scott Frank), es objeto de una entrevista.


Otros destacados contenidos son los extensos reportajes de los dos estrenos con mayor potencial comercial de este mes de noviembre: Interstellar (ídem, 2014), de Christopher Nolan, que se complementa con Los confines del universo, artículo dedicado al cine de ciencia ficción que ha abordado de un modo u otro el tema de los agujeros de gusano; y Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1 (The Hunger Games: Mockingjay – Part 1, 2014), de Francis Lawrence. Este reportaje, y el del film Escobar: Paraíso perdido (Escobar: Paradise Lost, 2014), de Andrea Di Stefano, se complementan con un retrato de Josh Hutcherson, intérprete de ambas películas. Otros films destacados son La conspiración de noviembre (The November Man, 2014), de Roger Donaldson; la ganadora del Festival de Sitges Orígenes (I Origins, 2014), de Mike Cahill; John muere al final (John Dies at the End, 2012), de Don Coscarelli; Blue Ruin (ídem, 2013), de Jeremy Saulnier; Matar al mensajero (Kill the Messenger, 2014), de Michael Cuesta; Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso (Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day, 2014), de Miguel Arteta; y Juegos sucios (Cheap Thrills, 2013), de E.L. Katz, que se complementa con un artículo dedicado al Mumblegore. El terror de estar vivo; Y las secciones Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.


La leyenda de la mansión del infierno (The Legend of Hell House, 1973), de John Hough, escrita por Richard Matheson a partir de su excelente novela La casa infernal, es el Cult Movie que he escrito este mes: “una producción de nacionalidad británica producida bajo el sello Academy Pictures Corporation y distribuida por Fox. Queriendo jugar sobre seguro en lo que iba a ser su nueva etapa en solitario, [el productor James H.] Nicholson reincidió en un género y un autor que conocía bien: el terror y el gran escritor Richard Matheson (1926-2013), bien conocido por los amantes del fantástico por su formidable obra literaria y las adaptaciones a cine y televisión de novelas como «Soy leyenda» –“The Last Man on Earth” (Sidney Salkow, 1964), “El último hombre... vivo” (Boris Sagal, 1971; ver Cult Movie en núm. 275), “Soy leyenda” (Francis Lawrence, 2007)–, «El hombre menguante» –“El increíble hombre menguante” (Jack Arnold, 1957; núm. 338)–, «En algún lugar del tiempo» –“En algún lugar del tiempo” (Jeannot Szwarc, 1980)–, «Más allá de los sueños» –“Más allá de los sueños” (Vincent Ward, 1998)– o «El último escalón» –“El último escalón” (David Koepp, 1999)–, y de los cuentos que dieron pie a “El diablo sobre ruedas” (Steven Spielberg, 1971; núm. 335), “The Box” (Richard Kelly, 2009) y “Acero puro” (Shawn Levy, 2011)”.


Completo mi contribución a este número con las críticas de [Rec] 4 (2014), de Jaume Balagueró, que miren ustedes por dónde no me ha parecido tan despreciable como se ha dicho…,


…y de la magnífica película de Alberto Rodríguez La isla mínima (2014), una más que grata sorpresa.  

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sábado, 18 de octubre de 2014

“DIRIGIDO POR…” de OCTUBRE 2014, a la venta



Con notable retraso con respecto a su salida en puntos de venta, pues lo hizo a principios de este mes de octubre (no me cansaré que repetir que hago este blog como hobbie y en mi tiempo libre, y últimamente no he gozado de demasiado), anuncio el contenido del núm. 448 de Dirigido por…, cuya portada ocupa la esperada nueva película de David Fincher Perdida (Gone Girl, 2014), cuya crítica ha firmado Ricardo Morato, y que se complementa con una entrevista exclusiva con Fincher, que escribe Gabriel Lerman.


También hay que destacar el estudio dedicado a Antoine Fuqua que ha escrito Quim Casas, con motivo del estreno en cines españoles de la más reciente propuesta de este realizador: The Equalizer (El protector) (The Equalizer, 2014).


Ahora bien, otro plato fuerte de este número, si no el que más, es la primera entrega de un dossier en dos partes dedicado al Terror USA: Generación de los 70. Esta primera entrega está compuesta por un artículo de presentación, Renovación temática y nuevas apuestas formales, escrito por Quim Casas. Lo acompañan sendos artículos dedicados a tres personalidades del cine fantástico estadounidense surgidos y/o consolidados en el período estudiado: George A. Romero. Las crónicas del gran declive, de Ángel Sala; John Carpenter. El clasicismo sin coartadas, de Jordi Batlle Caminal; y Larry Cohen. Serie B y pensamiento radical, de Antonio José Navarro. Los artículos van acompañados de una serie de antologías de films de los cineastas mencionados: La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) [Gerard Casau], Zombi (Dawn of the Dead, 1978) [Diego Salgado], Creepshow (ídem, 1982) [de un servidor], La mitad oscura (The Dark Half, 1993) [Beatriz Martínez], La noche de Halloween (Halloween, 1978) [Roberto Alcover Oti], La niebla (The Fog, 1980) [Ricardo Aldarondo], La cosa (The Thing, 1982) [que también firmo yo], En la boca del miedo (In the Mouth of Madness, 1994) [Antonio José Navarro], ¡Estoy vivo! (It’s Alive, 1974) [Tonio L. Alarcón] y La serpiente voladora (Q/The Winged Serpent, 1982) [Gerard Casau].


El resto del contenido del número incluye una crítica destacada de Winter Sleep (Sueño de invierno) (Kis uykusu, 2014), de Nuri Bilge Ceylan, obra de Quim Casas; la crónica del Festival de Venecia 2014, firmada por Nicolás Ruiz; las siguientes series recogidas en la sección Televisión: Orange is the New Black (ídem, 2013- ), cuya 2ª temporada comenta Tonio L. Alarcón, The Leftovers (ídem, 2014- ), 1ª temporada, vista por Quim Casas, y The Strain (ídem, 2014 ), 1ª temporada, abordada por Antonio José Navarro; y las secciones Críticas; Pantalla Digital, de José María Latorre; Banda sonora, de Joan Padrol; y Cinema Bis, dedicada este mes a Il demonio (1963), de Brunello Rondi, analizada por Ramon Freixas.  


Contribuyo, como digo, a este número de Dirigido por… con un par de antologías del dossier Terror USA: Generación de los 70, las ya mencionadas de la simpática Creepshow, de George A. Romero (de la cual también hablé recientemente en el núm. 350 de Imágenes de Actualidad, dentro de la sección Cult Movie —1—)…


…y la magnífica La cosa, de John Carpenter.


También firmo tres críticas: la del excelente film del siempre interesante Lasse Hallström Un viaje de diez metros (The Hundred-Foot Journey, 2014)…


El veredicto (Het vonnis, 2013), una buena película de Jan Verheyden…


… y Mi vida ahora (How I Live Now, 2013), otra atractiva aportación de Kevin Macdonald.




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lunes, 29 de septiembre de 2014

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de OCTUBRE 2014, ya a la venta



Ninja Turtles (Teenage Mutant Ninja Turtles, 2014), de Jonathan Liebesman, es la película de portada del núm. 350 de Imágenes de Actualidad, cuyo reportaje se complementa con un artículo sobre otros remakes producidos, asimismo, por Michael Bay: Discos (rayados) de platino. Otros estrenos destacados del mes son los de Perdida (Gone Girl, 2014), de David Fincher; El juez (The Judge, 2014), de David Dobkin, acompañado a su vez con una entrevista con su principal protagonista, Robert Downey Jr.; [Rec] 4 (2014), de Jaume Balagueró; Drácula: La leyenda jamás contada (Dracula Untold, 2014), de Gary Shore; The Equalizer (El protector) (The Equalizer, 2014), complementada con una entrevista con su realizador, Antoine Fuqua; Caminando entre las tumbas (A Walk Among the Tombstones, 2014), de Scott Frank; El chico del millón de dólares (Million Dollar Arm, 2014), de Craig Gillespie; Annabelle (ídem, 2014), de John R. Leonetti; Coherence (ídem, 2013), de James Ward Byrkit; Loreak (2014), de José Mari Goenaga y Jon Garaño; y La jungla interior (2013), de Juan Barrero. A ello se suman las secciones Primeras Fotos, que este mes incluye avances de los films By the Sea (2015), dirigido y co-protagonizado por Angelina Jolie, El séptimo hijo (Seventh Son, 2015), de Sergei Bodrov, Jurassic World (2015), de Colin Trevorrow, y Birdman (2014), de Alejandro González Iñárritu; Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.


El Cult Movie que he escrito este mes guarda una estrecha relación con el dossier sobre cine de terror norteamericano de la generación de los años 70 cuya primera entrega publicará en breve Dirigido por…, dado que se trata de una de las películas y de los realizadores comentados en el mismo: Creepshow (ídem, 1982), de George A. Romero, a partir de un guión original de Stephen King: “la amistad entre el realizador George A. Romero (n. 1940) y el escritor Stephen King (n. 1947) se remonta a finales de los setenta, cuando el segundo halagó profundamente al primero afirmando que “Zombi” (1978), la secuela de su célebre “La noche de los muertos vivientes” (1968; ver Cult Movie en núm. 230), le parecía el mejor film de terror de la década. Posteriormente, King tendría una pequeña aparición como actor en el extraño film de Romero “Los caballeros de la moto” (1981). Por esa época ambos se pusieron a preparar una adaptación de la novela de King «Apocalipsis», pero como este proyecto se preveía demasiado caro idearon “Creepshow” con la intención de conseguir dinero para aquél. La idea era hacer una película que homenajeara los cómics de horror de las editoriales EC –«The Haunt of Fear» (1950-1954), «The Vault of Horror» (1950-1955), «Tales from the Crypt» (1954-1955)– y DC, esta famosa por ser la casa-madre de Superman y Batman pero también con una extensa contribución dentro del género gráfico fantástico, como demuestran «The House of Mystery» (1951-1983), «The House of Secrets» (1956-1978) y «The Witching Hour» (1969-1978). De paso, Romero y King querían evocar el cine de terror de episodios: recordemos que algunas producciones Amicus –“Condenados de ultratumba” (Freddie Francis, 1972), “The Vault of Horrors” (Roy Ward Baker, 1973)– ya adaptaban o se inspiraban en los cómics EC”.


También firmo dos críticas; la del magnífico film de Clint Eastwood Jersey Boys (ídem, 2014)…,


…y la de la no menos espléndida El Congreso (The Congress, 2013), de Ari Folman, de la cual hace poco hablé extensamente en este blog (1).  


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viernes, 26 de septiembre de 2014

“MI DOBLE EN LOS ALPES” de FRANKLIN J. SCHAFFNER, en CINE ARCHIVO



Cine Archivo publica estos días un dossier dedicado al interesante cineasta norteamericano Franklin J. Schaffner, al cual he contribuido con un texto centrado, precisamente, en una de sus obras menos conocidas: el thriller de espionaje Mi doble en los Alpes (The Double Man, 1967): “Dirigida entre dos de sus mejores trabajos de esa década, la extraordinaria “El señor de la guerra” (1965) y la notable primera versión de “El planeta de los simios” (1968), “Mi doble en los Alpes” (1967) es hasta la fecha la única adaptación a la pantalla de una obra del escritor Henry S. Maxfield (1923-2013), en este caso su primera novela, originalmente titulada “Legacy of a Spy” y publicada en 1958, si bien conocería una reedición con el mismo título en inglés que el original del film, “The Double Man”. Salvo error del que suscribe, Maxfield es un autor prácticamente desconocido en España: tan solo poseo referencias de la edición española de otro de sus libros, “Investigador solitario”, publicado por Molino en 1960 dentro de su famosa colección Biblioteca Oro (núm. 411), y no me consta si se trata de una traducción de “Legacy of a Spy/The Double Man””.



Cine Archivo:
Especial Franklin J. Schaffer (1964-1989):
El hombre doble: “Mi doble en los Alpes”:
http://www.cinearchivo.com/site/Fichas/Ficha/FichaFilm.asp?IdPelicula=266&IdPerson=16079

jueves, 4 de septiembre de 2014

“DIRIGIDO POR…” de SEPTIEMBRE 2014, ya a la venta



El núm. 447 de Dirigido por… dedica su portada a uno de sus artículos centrales: El renacimiento del “peplum”, escrito por Antonio José Navarro a propósito del reciente estreno de Hércules (Hercules, 2014, Brett Ratner).


Otro destacado artículo, que ya está dando mucho de qué hablar, es el que han firmado Roberto Alcover Oti y Diego Salgado en torno a la figura y la obra de Michael Bay: Pensamiento efímero, imágenes absolutas.


El centenario del inicio de la Primera Guerra Mundial ve aquí la segunda parte del dossier que la revista le ha dedicado, y que concluye con los siguientes artículos: Cinematografía heroica. Apuntes de guerra de un operador de cámara, de Quim Casas, y La I Guerra Mundial vista por el cine nazi. Revisionismo belicista, de Antonio José Navarro, además de otras diez antologías sobre otros tantos films que han abordado esta temática: La gran ilusión (La grande illusion, 1937), de Jean Renoir [Ramon Freixas & Joan Bassa]; Senderos de gloria (Paths of Glory, 1957), de Stanley Kubrick; La Gran Guerra (La grande guerra, 1959), de Mario Monicelli [Ramon Freixas & Joan Bassa]; Rey y patria (King and Country, 1964), de Joseph Losey [Quim Casas]; Las águilas azules (The Blue Max, 1966), de John Guillermin [Antonio José Navarro]; Hombres contra la guerra (Uomini contro, 1970), de Francesco Rosi [Juan Carlos Vizcaíno Martínez]; El barón rojo (Von Richthofen and Brown, 1971), de Roger Corman [Quim Casas]; Gallipoli (ídem, 1981), de Peter Weir [Tonio L. Alarcón]; Capitán Conan (Capitaine Conan, 1996), de Bertrand Tavernier [Ricardo Aldarondo]; y Deathwatch (ídem, 2002), de Michael J. Bassett.


También se destacan los comentarios críticos de Jersey Boys (ídem, 2014), de Clint Eastwood, que reseña Quim Casas, quien también comenta otro de los grandes estrenos del cine norteamericano para este mes de octubre, Boyhood (Momentos de una vida) (Boyhood, 2014), de Richard Linklater; El Congreso (The Congreso, 2013), de Ari Folman, escrita por Anna Petrus; El Niño (2014), de Daniel Monzón, analizada por Tonio L. Alarcón; Sacro GRA (ídem, 2013), de Gianfranco Rosi, que disecciona Joaquín Torán; Líbranos del mal (Deliver Us from Evil, 2014), de Scott Derrickson; que comenta Antonio José Navarro, quien hace otro tanto con la primera temporada de la serie Penny Dreadful (ídem, 2014- ), dentro de la sección Televisión. El número se completa con la crónica del Festival de Bolonia 2014, a cargo de Rafel Miret; el análisis de los populares films colectivos de terror V/H/S (ídem, 2012) y V/H/S/2 (ídem, 2013), con motivo de su edición en formato doméstico, dentro de la sección Flashrecent y a cargo de Ramon Freixas & Joan Bassa, siendo Freixas quien escribe sobre el film de la sección En busca del cine perdido: La calle sin sol (1948), de Rafael Gil; además de las secciones de Críticas; Pantalla Digital, de José María Latorre; y Banda sonora, de Joan Padrol.  


Mi contribución a este número de Dirigido por… incluye dos de las antologías incluidas en el dossier sobre cine y Primera Guerra Mundial, las dedicadas, en primer lugar, a Senderos de gloria: “Si no fuera porque atesora algunos de los momentos más brillantes de toda la filmografía de Stanley Kubrick (un cineasta más irregular de lo que suele pregonarse, y cuya consideración como «genio» sigue primando dentro del estado de opinión creado en torno a su mitificada carrera), estaría tentado de afirmar que la película no solo no me parece eso que suele denominarse una obra-maestra-absoluta (¡como si hubiera obras maestras relativas!), sino que tampoco se merece la elevadísima consideración de la que sigue gozando en base a razones que dependen de factores ajenos a la propia película, o dicho de otra manera, a argumentos no cinematográficos”…


…y a Deathwatch: “vendría a ser una demostración de hasta qué punto el paso del tiempo ha convertido la Primera Guerra Mundial en algo más que un acontecimiento histórico, o si se prefiere, en algo con una relevancia aparte de su condición de período perteneciente a la Historia, con mayúsculas. Me vengo a referir a que el siglo transcurrido desde su desencadenamiento la ha convertido también en un imaginario cultural, un icono popular, un referente artístico y, también, en un espacio para la mítica. El paso del tiempo crea una distancia, y asimismo un distanciamiento, y este a su vez genera un espacio en el inconsciente colectivo dentro del cual florecen la fantasía y la imaginación”.


También firmo, dentro de la sección Televisión, un comentario de la espléndida cuarta temporada de la serie Juego de tronos (Game of Thrones, 2011- ): “La cuarta y por ahora última temporada emitida llama poderosamente la atención por el hecho de que todos los elementos que han cimentado el prestigio de esta excelente serie alcanzan aquí su punto culminante: notable realismo ambiental, pese a transcurrir en una especie de imaginaria edad media; atmósfera oscura y sórdida; personajes duros, ambiciosos y despiadados, brindados por unos intérpretes superlativos; y grandes dosis de sexo y violencia, pero siempre al servicio de la historia, es decir, como refuerzos dramáticos y expresivos (al estilo, para entendernos, de la magnífica serie “Roma” / ídem, 2005-2007; nada que ver con la, en este y en otros sentidos, vomitiva “Spartacus: Sangre y arena” / Spartacus: Blood and Sand, 2010-2013)”.


Concluyo esa contribución con la crítica de la inesperadamente excelente Lucy (ídem, 2014), de Luc Besson.

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viernes, 29 de agosto de 2014

Libre albedrío: “EL CONGRESO”, de Ari Folman



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Este es un año de sorpresas, al menos para mí. No me esperaba gran cosa de El Congreso (The Congress, 2013), y más en concreto de su guionista y realizador, el israelí Ari Folman, quien goza de un incomprensible prestigio gracias a la (insisto: hablo por mí) horrenda Vals con Bashir (Vals im Bashir, 2008), falso prestigio donde los haya como ya tuve ocasión de comentar en su momento desde las páginas de Dirigido por… en una reseña que me valió no pocos varapalos en algunos foros de Internet enemigos de la discrepancia. A falta de conocer el resto de la obra de Folman —Clara Hakedosha (1996) y Made in Israel (2001)—, y de haber leído El congreso de futurología (1971), la novela de Stanislaw Lem que inspira el largometraje que ahora se estrena entre nosotros y que puede hallarse en la base de algunas de las mejores ideas de El Congreso —lo cual no sería de extrañar a la vista del aterrador guión de Folman para Vals con Bashir—, lo cierto es que la película me ha supuesto una sorpresa tan grata como la que me ha representado el más reciente trabajo —Lucy (ídem, 2014)— de otro realizador —Luc Besson— del cual hacía muchos años que no esperaba absolutamente nada bueno.


En contra de mis peores temores, El Congreso es un film bello y casi perfecto, donde prácticamente en cada secuencia, casi en cada plano, Folman hace gala de una inventiva que le honra. De entrada, el arranque ya es tremendamente sugestivo. Un primer plano de la actriz Robin Wright, excelente como siempre e interpretándose a sí misma, se va abriendo paulatinamente para mostrarnos que dentro del encuadre la acompaña su agente, Al (Harvey Keitel). Este le está exponiendo a Wright una dolorosa realidad: que su trayectoria como actriz es un fracaso como consecuencia de su tendencia a elegir películas que se estrellan en taquilla; que él lleva años intentando sacar adelante su carrera aguantando sus dudas, sus miedos y sus indecisiones, las mismas que la han llevado a abandonar algunos rodajes incluso después de haberse comprometido contractualmente; y que la única solución que le queda no ya para seguir trabajando, sino incluso para subsistir, es aceptar un nuevo contrato: el último. ¿Y en qué consiste el mismo? Pues en dejarse escanear de cuerpo entero, captando todos sus gestos, miradas y emociones, y comprometerse a que jamás volverá a actuar ni tan siquiera en teatro o radio, porque su doble virtual, creada a partir de esa “captura de movimiento”, será la que se encargará de hacer todas sus películas en el futuro, pero sin que ella tenga ni voz ni voto sobre qué trabajos aceptará la “nueva Robin Wright”, incluido el cine pornográfico…


Dejando aparte —sin despreciarla, pues es digna de todo elogio— la valentía de Robin Wright a la hora de protagonizar un film que “fantasea” con su trayectoria profesional real, poniendo el dedo en la llaga en cuestiones, si no auténticas, quizá sí amargamente plausibles (como que la actriz confiesa tener ya 44 años y eso, en cine, sobre todo en el hollywoodiense, equivale para una mujer, por culpa del prejuicio y la estupidez reinantes, a una especie de “condena a muerte” o de “muerte en vida”), El Congreso propone un acerado discurso sobre el cine actual a través de esa aguda utilización de su famosa actriz protagonista, convirtiéndola en un icono que simboliza el mundillo de Hollywood,. Desde luego que no faltará quien diga que lo que le ocurre a Folman es que en el fondo es un envidioso que quiere-y-no-puede trabajar con una major norteamericana y disponer de los medios de un Spielberg o un Cameron, y por eso se dedica a criticar aquello que no posee, cual zorro que acaba despreciando las uvas de la rama que no alcanza. Puede verse así, por descontado, pero eso no obsta para que su discurso sea inteligente, y sobre todo convincente dentro del contexto de ciencia ficción en el que se encuadra. A fin de cuentas, ¿acaso no es cierto que las  nuevas generaciones de espectadores están empezando a darle la espalda al cine porque el star-system —esto es, el carisma de los intérpretes, sea natural o prefabricado— ya no constituye un aliciente para acudir a las salas de exhibición? ¿No han empezado muchos actores y actrices a dejarse escanear para protagonizar videojuegos o films rodados mediante la técnica de la “captura de movimiento” (entre ellos, la propia Robin Wright)? ¿No es verdad que la posibilidad de que el público interactúe con la película que está viendo, tal y como hace un jugador de videojuegos, puede llegar a ser una salida válida para la industria del cine? ¿O, como se plantea más adelante en el film, que la audiencia tenga la posibilidad de “tocar” a sus estrellas favoritas de ayer y de hoy por medio de la estimulación psicotrópica, la cual permitiría bailar codo con codo con Gene Kelly o acostarse con Marilyn Monroe, pongamos por caso? ¿Acabará siendo una realidad (pues casi lo es) que el cine, además de ofrecer imágenes de alta definición y estereoscópicas, transmitirá sensaciones físicas que parecerán auténticas, como lo describe Aldous Huxley en su imprescindible Un mundo feliz?


Sea como fuere, y digresiones al margen (por apasionantes que estas sean), Folman expone este discurso de dos maneras, explícita y directa la una, implícita y sugerente la otra; ambas son excelentes, por más que la segunda sea la más hermosa. Filma con dureza y sequedad las secuencias en las que Wright y Al tienen una conversación con el capitoste del estudio Miramount (sic), Jeff Green (Danny Huston), en el despacho de este último, quien expone de forma asimismo cruda y descarnada la realidad de la carrera de la actriz: que está envejeciendo irremisiblemente (ya no es, afirma con crueldad, “la princesa prometida”, refiriéndose a la película homónima de Rob Reiner de 1987 que la dio a conocer); que el público dominante (el joven) no quiere ver a actrices que les recuerden a sus madres o a sus abuelas; y que, si acepta el contrato que le ofrecen (principalmente, porque no tendrá más remedio que hacerlo), jamás volverá a actuar: la Robin Wright real (“real” dentro de la acción de El Congreso, se entiende) dejará paso para siempre a la Robin Wright virtual, eternamente joven y que hará sin rechistar todos los films que el estudio le proponga protagonizar, precisamente ese tipo de películas que la Wright de carne y hueso se negó a interpretar por no encajar con su sensibilidad personal: su libertad de elección; retengamos esta idea, el libre albedrío, porque es en esencia el concepto principal en torno al cual pivota el grueso del relato.


La cuestión alcanza su punto culminante en la mejor y más intensa secuencia del film: la de la sesión de escaneado. Robin Wright se pone una malla y se coloca en medio de una sofisticada estructura semiesférica plagada de luces y cámaras destinadas a captar todos y cada uno de sus ángulos físicos. En el último momento, la actriz intenta desistir, y para que no lo haga Al la convence explicándole una larga historia por megafonía —la de cómo empezó en el negocio de ser representante de artistas desde niño, y lo que sintió la primera vez que la vio y decidió convertirse en quien guiara su carrera—, la cual produce primero la sonrisa, luego la risa y más tarde la melancolía, las lágrimas y el llanto de Wright…, emociones todas ellas puntualmente “capturadas” por el ingeniero informático encargado del escaneado. La secuencia, espléndidamente filmada y superlativamente interpretada por Wright y, sobre todo, Harvey Keitel, remata con brillantez la reflexión sobre el negocio del cine enunciada líneas arriba, demostrando, a fin de cuentas, que las barreras entre emoción y espectáculo, y la comercialización de ambos, son en cine más que difusas.


La acción da un salto temporal de 20 años. Vemos a una Robin Wright de 64 años que circula por la carretera conduciendo su descapotable. Se para en un puesto de control y un guarda de seguridad (John Lacy) comprueba su identidad y le da a beber el contenido de una pequeña ampolla, recordándole que va a entrar en una “zona de animación”. En un momento que parece un cruce entre la estética de El submarino amarillo (Yellow Submarine, 1968, George Dunning) y la entrada en Dibullywood de ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit, 1988, Robert Zemeckis), Wright y su vehículo se convierten en… dibujos animados. La animación va a presidir el relato hasta casi el final, salvo algunas dosificadas imágenes donde aparece la Robin Wright aparentemente de carne y hueso (en realidad, la virtual) interpretando, siempre joven, escenas de la nueva película de acción producida por el estudio que sigue rigiendo Jeff Green, haciendo entrevistas de promoción del nuevo bodrio en cuestión…, o protagonizando un guiño a una famosísima escena de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove, 1963, Stanley Kubrick) que es lo único malo y prescindible de El Congreso, por más que venga a refrendar su discurso crítico.


El propósito de la auténtica y envejecida Wright es asistir a un congreso de futurología organizado por la Miramount al cual ha sido invitada y que tiene lugar en un gigantesco hotel. En el curso del mismo se presentará el invento virtual definitivo, la posibilidad de convertirse —con la ayuda de un nuevo estupefaciente— en el protagonista de las propias “películas” que surjan directamente de la imaginación del espectador, lo cual supone, de facto, la desaparición completa del cine: nadie querrá ver las películas que han ideado otros cuando se puede “vivir” dentro de la “película” que cada cual, libremente, se invente. La idea lleva todavía más allá el concepto de perversión del cine enunciado líneas atrás, hasta el punto de que este puede acabar/acabará desapareciendo en beneficio del libre albedrío del público y su capacidad personal para idear lo que se le antoje, de un modo similar a la (todavía relativa, pero cada vez menos) libertad de conducir la trama de un videojuego que tiene un jugador. Más allá, incluso, de su condición de crítica, sátira o reflexión sobre el cine, lo que en el fondo de El Congreso se dirime es la posibilidad de que la supeditación del cine al libre albedrío total y absoluto del espectador puede acabar desembocando, a la larga, en una nueva forma de tiranía prácticamente imposible de destruir. Un yugo que parte del paradójico planteamiento de que, ofreciendo el máximo de libertad, lo que en verdad está haciendo es ofrecer un máximo de represión: un orbe donde la imaginación ilimitada, pero concentrada dentro de cada individuo, acabará matando a la auténtica fantasía al no poderse comunicar, ergo compartir, con los demás.


A medida que avanza la narración, descubrimos que los invitados del hotel no son sino una parte de la élite mundial que ha acabado refugiándose en la fantasía total y absoluta que permite vivir como se quiera, y ser quien se quiera —un personaje histórico, una estrella de cine, un artista del pop—, por medio del estupefaciente que ha tomado Wright al entrar en la zona del establecimiento. La dura verdad es que el mundo está dividido entre quienes han decidido evadirse de la realidad viviendo para siempre en un paraíso artificial de dibujos animados mediante la ingesta de la droga…, y los parias que malviven en la vida real pasando hambre, frío y enfermedades. A falta, vuelvo a insistir, de haber leído la novela de Stanislaw Lem de la que parte el film, de nuevo me resulta difícil no pensar en el “mundo feliz” descrito por Huxley, donde también se daba una dicotomía similar a la que al final acaba asumiendo la protagonista de El Congreso: vivir lo que le quede de vida en ese paraíso animado de placer y colores sin miedo ni dolor, o regresar a la realidad con tal de reencontrarse con su hijo Aaron (Kodi Smit-McPhee).


Antes de llegar a la parte de la película dominada por el dibujo animado, hemos presenciado la relación existente entre Wright y su hijo Aaron; también con su hija mayor, Sarah (Sami Gayle), si bien el vínculo con ella es muy distinto, hasta el punto de que, en ese futuro hipotético que tiene lugar veinte años después del primer tercio del film, Sarah —o, mejor dicho, una versión suya en dibujos animados— acabará formando parte del grupo terrorista antisistema que asalta el hotel con la intención de arruinar los planes alienantes de Miramount. En cambio, Aaron es, en ese primer tercio en imagen real, un niño sensible y sobre todo gravemente enfermo; una rara dolencia le está dejando sordo y, según comenta el Dr. Baker (Paul Giamatti), en un futuro no muy lejano acabará siendo ciego. Las escenas que giran alrededor del personaje de Aaron son de una gran sensibilidad: en el arranque del film, el chico es presentado haciendo volar sus cometas más allá del límite de seguridad del aeropuerto, muy cerca de donde Wright y sus hijos tienen el hangar remodelado que les sirve de vivienda; una inteligente utilización de la reducción del sonido cuando la cámara adopta el punto de vista de Aaron ya nos sugiere, de entrada, los problemas auditivos del muchacho; más tarde, Aaron es llevado por su madre a la consulta del Dr. Baker, y a pesar de su casi sordera y el grueso cristal que les separa, el chico sabe leer los labios de Wright y el médico y acaba siendo consciente de que la sordera y la ceguera es lo que le depara la vida. Ello también puede interpretarse como una bonita manera de simbolizar cuál es el siniestro futuro que prepararán a su vez Miramount y otros de su calaña, los cuales acabarán urdiendo, en ese “mañana” solo idílico en apariencia, una forma de convertir a toda la humanidad en personas “sordas” y “ciegas” ante la realidad que les rodea.


La conclusión de El Congreso es tan lírica y melancólica como, en el fondo, desoladora. Wright consigue huir del mundo de la animación gracias a la droga que neutraliza la que ha ingerido al entrar en el hotel y que le proporciona un personaje (de dibujos animados, pero con la voz de Jon Hamm) que la conoce y lleva tiempo secretamente enamorado de ella: Dylan Truliner, el antiguo ingeniero informático que durante veinte años estuvo estudiando todas sus viejas películas a fin de recrear fielmente sus gestos y expresiones en la Robin Wright virtual. Un espléndido travelling subjetivo visualiza magistralmente la “salida” de Wright del mundo animado y su regreso al arrasado mundo real donde, tras una fugaz visita a otro antiguo y envejecido amigo, el Dr. Baker, y ante la imposibilidad de volver a reencontrarse con Aaron —el médico le cuenta que su hijo estuvo diecinueve años esperando su regreso, después perdió toda esperanza y decidió irse voluntariamente al mundo animado—, la protagonista acabará regresando a ese mundo de la irrealidad psicotrópica…, pero haciéndolo dentro de un espacio que le resulta confortable y confortador: las fantasías de su hijo. Es difícil no pensar, en este caso, en la conclusión de otra novela de Lem, Solaris, así como en el bellísimo plano de cierre de su excepcional lectura fílmica de 1972 a cargo de Andrei Tarkovsky.  

martes, 26 de agosto de 2014

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de SEPTIEMBRE 2014, ya a la venta



Un avance de Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max: Fury Road, 2015), de George Miller, ocupa la portada del núm. 349 de Imágenes de Actualidad. Dentro de la sección Primeras Fotos, la revista de este mes ofrece avances de otros títulos tan esperados como Exodus: Dioses y reyes (Exodus: Gods and Kings, 2014), de Ridley Scott; Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey, 2015), de Sam Taylor-Johnson; Into the Woods (2014), de Rob Marshall; y El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (The Hobbit: The Battle of the Five Armies, 2014), de Peter Jackson.


La actualidad cinematográfica del mes se cubre con sendos reportajes de: Hércules (Hercules, 2014), de Brett Ratner, que se complementa con una entrevista con su protagonista, Dwayne Johnson, y un artículo dedicado a Los otros Hércules; El Niño (2014), de Daniel Monzón; Casi humanos (Almost Human, 2013), de Joe Begos; Líbranos del mal (Deliver Us from Evil, 2014), de Scott Derrickson, complementado a su vez con un retrato de su protagonista femenina, Olivia Munn; El corredor del laberinto (The Maze Runner, 2014), de Wes Ball; El hombre más buscado (A Most Wanted Man, 2014), de Anton Corbijn; Joe (idem, 2013), de David Gordon Green; Jersey Boys (ídem, 2014), de Clint Eastwood; Boyhood (Momentos de una vida) (Boyhood, 2014), de Richard Linklater; y Destino Marrakech (Exit Marrakech, 2013), de Caroline Link. Y las secciones Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.


Este mes dedico el Cult Movie a una película ligera pero entrañable para mucha gente, con motivo del 30 aniversario de su estreno: Los cazafantasmas (Ghostbusters, 1984), de Ivan Reitman: “Podemos aducir, como razones para su enorme popularidad en el momento de su estreno, el enorme tirón taquillero del cual gozaban dos de sus protagonistas masculinos, Bill Murray y Dan Aykroyd. (…) A ello hay que añadir las presencias destacadas de una insólita Sigourney Weaver, ofreciendo una (cómica) imagen sexy que nada tenía que ver con su famosísima Ripley de la saga “Alien”, y de Rick Moranis, que a partir de “Los cazafantasmas” (…) inició una notable carrera en el terreno del humor fílmico. Otros factores determinantes del éxito de “Los cazafantasmas” fueron la popularidad de la discotequera canción «Ghostbusters» compuesta e interpretada por Ray Parker Jr., que incluso llegó a ser nominada a un Oscar en su categoría (…), y sus efectos visuales, supervisados por Richard Edlund, John Bruno, Mark Vargo y Chuck Gaspar, asimismo candidatos al premio de la Academia”.


Mi contribución a la revista se completa con un par de críticas dedicadas a dos de las mejores películas que se han estrenado este verano en España: El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), de Matt Reeves...


…y Sabotage (ídem, 2014), de David Ayer, de la cual he hablado extensamente en este mismo blog (1).  


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