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domingo, 3 de febrero de 2019

“DIRIGIDO POR…” de FEBRERO 2019, ya a la venta




Dirigido por…, núm. 496, destaca en su portada sus dos principales contenidos: un dossier dedicado a Lars von Trier. Arte y provocación, y la primera entrega de un dossier dividido en dos partes sobre El cine alemán bajo el nazismo.


El dossier Lars von Trier, coordinado por Quim Casas, consta de los siguientes artículos: Desafíos, dogmas y paradojas (Quim Casas), La “trilogía” europea. “El elemento del crimen”, “Epidemic” y “Europa” (Israel Paredes Badía), La trilogía Corazón de Oro. “Rompiendo las olas”, “Los idiotas” y “Bailar en la oscuridad” (Gerard Casau), “El reino” I y II. Tragicomedia en dos actos (y una versión americana) (Tonio L. Alarcón), Estados Unidos somos todos. “Dogville” y “Manderlay” (Elisa McCausland y Diego Salgado), Trilogía de la depresión. “Anticristo”, “Melancolía” y “Nymphomaniac” (que ha escrito un servidor), Los prólogos e intermedios del demiurgo. “Medea”, “Cinco condiciones” y “El jefe de todo esto” (Ángel Sala), y La casa de Jack. Don’t you come back no more (Joaquín Vallet Rodrigo).


La primera entrega del dossier El cine alemán bajo el nazismo, asimismo coordinado por Quim Casas, se compone del artículo El cine nacionalsocialista. El cine como propaganda [Marco da Costa], y de las antologías de El flecha Quex (Hans Steinhoff, 1933) [Héctor G. Barnés], Viktor und Victoria (Reinhold Schünzel, 1933) [Joaquín Vallet Rodrigo], Oro (Karl Hartl, 1934) [Quim Casas], El hijo perdido (Luis Trenker, 1934) [Nicolás Ruiz], El triunfo de la voluntad (1934) + Olimpiada (1938), ambas de Leni Riefenstahl [Carles Balagué], Fährmann Maria (Frank Wysbar, 1936) [Emilio M. Luna], Los Rothschild (Erich Waschneck, 1940) [Héctor G. Barnés], El judío Süss (Veit Harlan, 1940) [Joaquín Vallet Rodrigo], Ohm Krüger (Hans Steinhoff, 1941) [Israel Paredes Badía] y Romanza en tono menor (Helmut Käutner, 1943) [Juan Carlos Vizcaíno Martínez].


También aparecen destacadas en portada las extensas reseñas dedicadas a Green Book (ídem, 2018, Peter Farrelly) [Diego Salgado], High Life (ídem, 2018, Claire Denis) [Ángel Sala], El libro de imágenes (Le livre d’images, 2018, Jean-Luc Godard) [Israel Paredes Badía] y Destroyer: Una mujer herida (Destroyer, 2018, Karyn Kusama) [Álvaro Peña]; y, dentro de la sección Streaming/ TV, los comentarios de la miniserie La chica del tambor (The Little Drummer Girl, 2018, Park Chan-wook) [Quim Casas] y de Black Mirror: Bandersnatch (ídem, 2018, David Slade) [que he escrito yo].


Otros contenidos son las reseñas destacadas de Glass (Cristal) (Glass, 2019, M. Night Shyamalan) [Quim Casas], El blues de Beale Street (If Beale Street Could Talk, 2018, Barry Jenkins) [Quim Casas], Mug (Twarz, 2018, Malgorzata Szumowska) [Joaquín Vallet Rodrigo], White Boy Rick (ídem, 2018, Yann Demange) [Israel Paredes Badía], El vicio del poder (Vice, 2018, Adam McKay) [Quim Casas] y María, reina de Escocia (Mary, Queen of the Scots, 2018, Josie Rourke) [Israel Paredes Badía]. La sección In Memoriam, que este mes recuerda a Mrinal Sen. El cineasta del compromiso (Joaquín Vallet Rodrigo). Los comentarios, también dentro de la sección Streaming / TV, de la serie de televisión La tierra de las mareas (Tidelands, 2018) y el film La sirenita (The Little Mermaid, 2018, Blake Harris y Chris Bouchard) [comentados conjuntamente por mí], y la serie Wild Wild Country (ídem, 2018, Chapman y Maclain Way) [Joaquín Torán]. La sección Críticas, con reseñas de otros estrenos. La sección Home Cinema, con comentarios de novedades en formato domésticos a cargo de Quim Casas y Ramón Alfonso. La sección Libros, con comentarios de novedades bibliográficas escritos por Quim Casas, Israel Paredes Badía y Óscar Brox. La sección Banda Sonora, de Joan Padrol. Y la sección En busca del cine perdido, en la cual Juan Carlos Vizcaíno Martínez analiza Bedelia (1946), de Lance Comfort.


Ya he avanzado que he contribuido al dossier Lars von Trier con el artículo Trilogía de la depresión. “Anticristo”, “Melancolía” y “Nymphomaniac”, donde hablo –a falta de haber visto La casa de Jack en el momento de escribir estas líneas– de las que me parecen las tres mejores películas de este director, sobre todo Anticristo y Nymphomaniac.


También comento, para la sección Streaming / TV, el más que interesante episodio de Black Mirror: Bandersnatch que ha dirigido David Slade, mas un comentario conjunto de la serie La tierra de las mareas y la película La sirenita.


Y, para la sección de críticas, firmo los comentarios de Creed II: La leyenda de Rocky (Creed II, 2018, Steven Caple Jr.) y Cambio de reinas (L’échange des princesses, 2017, Marc Dugain).


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sábado, 26 de enero de 2019

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de FEBRERO 2019, a la venta




Alita: Ángel de combate (Alita: Battle Angel, 2019), producción de James Cameron dirigida por Robert Rodriguez, es la película que acapara la portada del núm. 398 de Imágenes de Actualidad. El extenso reportaje de este film se complementa con un retrato de su protagonista, Rosa Salazar, y con el artículo Esto no hay quien lo anime.


Otros títulos destacados en portada son los reportajes de Destroyer: Una mujer herida (Destroyer, 2018, Karin Kusama), que se complementa con una entrevista con su protagonista, Nicole Kidman; Green Book (ídem, 2018), que se complementa con una entrevista con su director, Peter Farrelly; La Lego película 2 (The Lego Movie 2: The Second Part, 2019, Mike Mitchell y Trisha Gum), que se complementa con el artículo Legos en la materia; dentro de la sección Televisión, la tercera temporada de True Detective (ídem, 2018- ); y, dentro de la sección Primeras Fotos, los avances de Aladdin (ídem, 2019, Guy Ritchie), Hellboy (ídem, 2019, Neil Marshall) y la serie de televisión Cristal Oscuro: La era de la resistencia (The Dark Crystal: The Age of Resistance, 2019, Louis Leterrier).


El número se completa con los reportajes de Dragon Ball Super;: Broly (Doragon Boru Supa: Burori, 2018, Tatsuya Naganime), Cómo entrenar a tu dragón 3 (How to Train Your Dragon: The Hidden World, 2019, Dean DeBlois), Feliz día de tu muerte 2 (Happy Death Day 2U, 2019, Christopher Landon), Holmes & Watson (ídem, 2018, Etan Cohen), The Prodigy (ídem, 2018, Nicholas McCarthy), Verano del 84 (Summer of 84, 2018, RKSS), High Life (ídem, 2018, Claire Denis), White Boy Rick (ídem, 2018, Yann Demange), Mug (Twarz, 2018, Margorzata Szumowska), Cafarnaúm (Capharnaüm, 2018, Nadine Labaki), María, reina de Escocia (Mary, Queen of the Scots, 2018, Josie Rourke), y Una cuestión de género (On the Basis of Sex, 2018, Mimi Leder). Y con las secciones Televisión, donde también se habla de la primera temporada de la serie The Umbrella Academy (ídem, 2018) y el estreno en streaming de Lukas (ídem, 2018, Julien Leclerq); Además…, con otros estrenos del mes; Hollywood Boulevard, de Josep Parera, y Hollywood Babilonia, de Álex Faúndez; News; Stars; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; Críticas; Libros, de Óscar Brox; y BSO y DVD & Blu-ray, de Miguel Fernando Ruiz de Villalobos.


Este mes comento en la sección Cult Movie la famosa película de Peter Weir El club de los poetas muertos (Dead Poets Society, 1989), con motivo del 30 aniversario de su estreno: “No debe entenderse como algo negativo cuando afirmamos que “El club de los poetas muertos” no es una película personal de Peter Weir, sino un encargo. El cine puede ser personal y no por eso ser bueno, y por el contrario, puede ser impersonal, mas no por ello malo. El propio Weir ha reconocido en infinidad de ocasiones, y sin ningún tipo de problema, que asumió la realización de “El club de los poetas muertos”, sencillamente, porque le gustaba el guión de Tom Schulman, y porque de este modo ocupaba un año de tiempo mientras preparaba el film que quería hacer a continuación, “Matrimonio de conveniencia”, este sí, aunque a simple vista no lo parezca, una obra más personal, más «weireana» (y perdón por la palabreja), que “El club de los poetas muertos””.


También firmo la crítica de la, para mí, muy mediocre, terriblemente decepcionante Bumblebee (ídem, 2018, Travis Knight): cuesta creer que la ha dirigido el mismo realizador de la extraordinaria Kubo y las dos cuerdas mágicas



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jueves, 3 de enero de 2019

“DIRIGIDO POR…” de ENERO 2019 + “DURANTE LA TORMENTA”




El núm. 495 de Dirigido por… empieza el año dedicando su portada a sus dos contenidos principales, ambos centrados en otros tantos y malogrados realizadores: un dossier que homenajea a Bernardo Bertolucci, y un estudio que hace otro tanto con Nicolas Roeg.


El dossier Bernardo Bertolucci, que ha coordinado un servidor, se compone de los siguientes textos: un artículo introductorio, El plano como verso [Diego Salgado], y antologías de todos sus largometrajes de ficción: La commare secca [Héctor G. Barnés], Antes de la revolución [Rafel Miret], Partner [Ramón Alfonso], El conformista [Quim Casas], La estrategia de la araña [Carles Balagué], El último tango en París [Tonio L. Alarcón], Novecento [escrita por mí], La luna [Ricardo Aldarondo], La historia de un hombre ridículo [Joaquín Torán], El último emperador [Israel Paredes Badía], El cielo protector [Albert Galera], Pequeño Buda [Álvaro Peña], Belleza robada [Valerio Carando], Asediada [José Luis Salvador Estébenez], Soñadores [Joaquín Vallet Rodrigo] y Tú y yo [Juan Carlos Vizcaíno Martínez].


El artículo dedicado a Nicolas Roeg. Temas, enfoques y estructuras es obra de Quim Casas.


También se destacan en portada las extensas reseñas dedicadas a La favorita (The Favourite, 2018) [Diego Salgado], que se complementa con una entrevista con su director, Yorgos Lanthimos; La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018, Lars von Trier) [Quim Casas]; Viaje a Nara (Visión) (Vision/ Voyage à Yoshino, 2018, Naomi Kawase) [asimismo firmada por un servidor]; y Atardecer (Napszálita, 2018, Lászlo Nemes) [Israel Paredes Badía]. Y, dentro de la sección Streaming / TV (la cual, por cierto, a partir de ahora incluye lo que hasta el mes pasado era la sección Cine On-Line, la cual desaparece, absorbida por la anterior), los comentarios de la miniserie Fuga en Dannemora (Escape to Dannemora, 2018, Ben Stiller) [Quim Casas] y la primera temporada de Narcos: México (Narcos: Mexico, 2018) (o, según como se mire, “cuarta temporada” de Narcos) [Nicolás Ruiz].


Otros notables contenidos del número son las reseñas de Spider-Man: Un nuevo universo (Spider-Man: Into the Spider-Verse, 2018, Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman) [escrita también por mí], Silvio (y los otros) (Loro, 2018, Paolo Sorrentino) [Israel Paredes Badía], Bumblebee (ídem, 2018, Travis Knight) [Diego Salgado] y Aquaman (ídem, 2018, James Wan) [Elisa McCausland y Diego Salgado]. Los comentarios, también dentro de la sección Streaming / TV, de A ciegas (Bird Box, 2018, Susanne Bier) [Israel Paredes Badía], La Ciudad y la Ciudad (The City and the City, 2018, Tom Shankland) [Joaquín Torán], Mowgli: La leyenda de la selva (Mowgli/ Mowgli: Legend of the Jungle, 2018, Andy Serkis) [que también comento yo], El rey proscrito (Outlaw King, 2018, David Mackenzie) [asimismo mía], Amanecer oscuro (Future World, 2018, James Franco y Bruce Thierry Cheung) [Iván Cerdán Bermúdez] y Vida privada (Private Life, 2018, Tamara Jenkins) [Israel Paredes Badía]. La sección Críticas, con reseñas de otros estrenos. La sección Opinión, en la cual Quim Casas nos habla de El cine era y (también) será en blanco y negro. El artículo sobre la faceta como realizador cinematográfico de Norman Mailer. El cine de los tipos duros [Ramón Alfonso]. La sección Home Cinema, con comentarios de novedades en formato domésticos a cargo de Joaquín Torán, Valerio Carando y Ramón Alfonso. La sección Libros, con comentarios de novedades bibliográficas escritos por Quim Casas, Israel Paredes Badía y Óscar Brox. La sección Banda Sonora, de Joan Padrol. Y la sección Cinema Bis, en la cual comento la película de Giorgio Ferroni Il mulino delle donne di pietra (1960).


Como ya he avanzado, aparte de coordinarlo, he escrito para el dossier en homenaje a Bernardo Bertolucci la antología de Novecento, una ambiciosa película a la que, lo adelanto aquí, el tiempo no ha tratado demasiado bien.


También firmo la reseña destacada del nuevo film de Naomi Kawase Viaje a Nara (Visión), que, si bien no está a la altura de sus mejores trabajos, atesora mucho más interés del que se ha dicho.


Asimismo, he escrito las reseñas de la estupenda película de animación Spider-Man: Un nuevo universo, quizá no tan magistral como se está diciendo estos días, pero sin duda alguna muy encomiable, y la aceptable El regreso de Mary Poppins (Mary Poppins Returns, 2018, Rob Marshall).


Para Streaming / TV, comento dos largometrajes: el irregular Mowgli: La leyenda de la selva, de Andy Serkis, y el notable El rey proscrito, de David Mackenzie.


Y, finalmente, para Cinema Bis, un notable film gótico de la edad de oro del género en Italia: Il mulino delle donne di pietra, de Giorgio Ferroni.



(Adenda): Atrapada en el tiempo: “DURANTE LA TORMENTA”, de ORIOL PAULO
[Nota bene: Publico aquí esta reseña mía que, por motivos de espacio, no pudo ser incluida en el último número de Dirigido por…] Durante la tormenta (2018) parte de una idea interesante de la que no se termina de sacar todo su potencial. La película arranca la noche del 9 de noviembre de 1989, el día de la caída del muro de Berlín, anécdota histórica que aparece en un viejo monitor de televisión con vistas a situar al espectador en una determinada cronología. Un niño, Nico (Julio Bohigas), es testigo accidental de lo que parece un acto de violencia doméstica en la vivienda de sus vecinos, pero antes de que pueda denunciarlo muere accidentalmente, atropellado por una furgoneta. Pero hete aquí que, mucho tiempo después, Vera (Adriana Ugarte), una joven madre de familia, vive junto a su esposo David (Álvaro Monte) y su hija de cuatro años en la misma casa donde vivió Nico con su madre, y en otra noche de un 9 de noviembre «conecta» a través de ese viejo televisor con el Nico de 1989, por mediación del misterioso efecto de una extraña tormenta que tuvo lugar esa fatídica noche y que se repite ahora, lo cual permite a Vera prevenir a Nico e impedir que muera atropellado. Resultado: Vera pierde el conocimiento, y cuando lo recupera, descubre que esa alteración del pasado ha afectado por completo a su presente: David ya no es su esposo, y su hija nunca ha nacido... Este planteamiento da pie, como digo, a un concepto atractivo, aunque no se termina de sacar del mismo toda su fuerza: la posibilidad, por así decirlo, de convertir la película en «dos películas», narrando paralelamente las peripecias de Vera y sus arduos esfuerzos por restablecer la línea temporal rota antes de que se disipe la tormenta, y las pesquisas del pequeño Nico a fin de demostrar que Ángel (Javier Gutiérrez), su vecino, es el asesino de su propia esposa, Hilda (Clara Segura). Oriol Paulo, coguionista y realizador del film, reincide en las virtudes y defectos de sus dos anteriores trabajos tras las cámaras, El cuerpo (2012) y Contratiempo (2016); en el saldo de lo positivo, un sentido honesto y eficaz del cine de género muy de agradecer, aunque todavía le falte el brío de Enrique Urbizu o Dani de la Torre; en el saldo negativo, su tendencia a recurrir, y abusar, de los giros de guion y golpes de efecto narrativos que convierten sus películas en juguetes caprichosos más que en obras cinematográficamente consistentes, y en particular, ese miedo a que el espectador «se pierda», bombardeándole de vez en cuando con repetición de encuadres destinados a «refrescar memorias». Ello no obsta para que Durante la tormenta haga gala de estimables momentos de «suspense» –la primera secuencia; el regreso de Vera a su antigua vivienda; la entrada de Nico en la casa de Ángel y todo lo que allí presencia a escondidas–, los cuales por lo general consiguen situarla por encima de la excesivamente tramposa Contratiempo, por más que pese sobre el conjunto una cierta pretenciosidad: Contratiempo fue un sorprendente éxito de taquilla a nivel internacional, y en esta ocasión Paulo tira la casa por la ventana con un exceso de metraje (128 minutos), que se hace patente en la sucesión de «finales» de su último tercio. Pese a todo, Durante la tormenta es una estimable aportación al cine fantástico español, y acaba haciéndose simpática ni que sea por el entusiasmo que a ratos desprende.


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domingo, 30 de diciembre de 2018

El semidiós que vino del mar: “AQUAMAN”, de JAMES WAN




[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] La primera y grata sorpresa que depara Aquaman (ídem, 2018) es que, contrariamente a lo que afirma su lanzamiento publicitario, no es, realmente, una película “de superhéroes”, o perteneciente al género/ subgénero/ tendencia genérica de las adaptaciones al cine de superhéroes del cómic, en este caso el personaje de DC Cómics creado por Mort Weisinger y Paul Norris, sino más bien un film de aventuras fantásticas, o si se prefiere, una película de género fantástico pasada por el tamiz de lo aventurero. Dicho de otro modo, y para entendernos, el Arthur Curry/ Aquaman encarnado por Jason Momoa está espiritualmente más cerca de Hércules, Maciste, Ursus o cualesquiera otros personajes/ héroes de la mitología grecorromana y/ o del género péplum, de los cuales hay en el film que ha realizado James Wan más de una referencia, que del Universo DC. La prueba de esto es que, más allá de una brevísima referencia verbal a los acontecimientos narrados en Liga de la Justicia (Justice League, 2017, Zack Snyder) (1), Aquaman funciona con completa independencia con respecto a los personajes con los que, se supone, comparte “universo”, esto es, Superman, Batman, Wonder Woman y Flash. Vaya por delante que con esta afirmación no pretendo decir que Aquaman esté bien porque no parece “cine de superhéroes”, y con ello caer en el consabido tópico de que el-cine-de-superhéroes-es-malo por el mero hecho de serlo. Me limito a constatar algo que se desprende de la propia película en sí misma considerada.


Al igual que ocurría, pongamos por caso y salvando las distancias, con uno de los más interesantes films de superhéroes de Marvel, Doctor Strange (Doctor Extraño) (Doctor Strange, 2016, Scott Derrickson) (2), el hecho de poner al frente de Aquaman a un realizador especializado en cine fantástico pero que, además, ha demostrado tener también muy buena mano para las escenas de acción/ el cine de acción –Sentencia de muerte (Death Sentence, 2007) (3), Fast & Furious 7 (Furious Seven, 2015) (4)–, es algo que se nota, positivamente, en el resultado. Explicándolo en términos muy generales, el grueso del cine de superhéroes de Marvel –el protagonizado por Iron Man, Spider-Man, Black Panther, Ant-Man, la Avispa, los Vengadores, los Guardianes de la Galaxia, Hulk o los X-Men–, y DC –el que gira alrededor de los ya mencionados Superman, Batman y la Liga de la Justicia–, beben, sobre todo, del género de la ciencia ficción, y en concreto de un estilo de ciencia ficción tecnológica, para entendernos, “a lo” James Cameron. Pero, dejando aparte la personalidad intrínseca y el mayor o menor acierto de cada film, también hay excepciones a esta regla. Los dos primeros Batman de Tim Burton eran, recordemos, fantasías góticas; los dos siguientes que realizó Joel Schumacher eran… de Joel Schumacher. La conocida como Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan oscilaba entre el híbrido gótico de Burton y la ciencia ficción –Batman Begins (ídem, 2005)–, el thriller policíaco de los 70-80 –El caballero oscuro (The Dark Knight, 2008) (5)– y de nuevo la ciencia ficción –El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012) (6)–, si bien en el primer y el último caso se trata de una ciencia ficción más metafórica y filosófica, más pesimista incluso, que la practicada luego por Marvel. Las dos primeras películas sobre el Capitán América, la excelente Capitán América: El primer Vengador (Captain America: The First Avenger, 2011, Joe Johnston) (7) y Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014, Anthony y Joe Russo) (8), bebían a tragos largos del cine bélico y el thriller “conspiranoico”, respectivamente; en cambio, Capitán América: Civil War (Captain America: Civil War, 2016, Anthony y Joe Russo) (9) regresaba al estilo de ciencia ficción impuesto por las franquicias Iron Man/ Los Vengadores. Un punto y aparte fue Escuadrón suicida (Suicide Squad, 2016, David Ayer) (10), una película que por eso mismo me imagino que nos gusta a muy pocos, dado que no era sino una reformulación del cine de realizadores ya “viejos” para el público joven de hoy en día, John Carpenter y Walter Hill, antes que “cine de superhéroes al uso. Logan (ídem, 2017, James Mangold) (11) se desmarcaba de todas ellas ofreciendo una extraordinaria aproximación al personaje de Lobezno desde la perspectiva del Americana. Desde este punto de vista, los únicos films de superhéroes que comparten el trasfondo mítico-mitológico-legendario que exhibe Aquaman serían las tres entregas dedicadas a las aventuras de Thor –si bien cada vez menos: sobre todo, la horrible y paródica Thor: Ragnarok (ídem, 2017, Taika Waititi) (12)– y la simpática Wonder Woman (ídem, 2017, Patty Jenkins) (13).


Por tanto, más que “cine de superhéroes”, que como acabamos de ver es una especie de “macrogénero” que engloba o puede englobar a muchos otros, Aquaman es un film de aventuras fantásticas, o un film fantástico de tono aventurero. Ambas tonalidades, la fantástica y la aventurera, no se excluyen mutuamente, y están muy marcadas, y unidas con armonía, a lo largo de todo el metraje. Al igual que Hércules, Arthur Curry/ Aquaman es hijo de un dios y un humano, en su caso hijo de una “diosa” o más bien semidiosa, la reina atlante Atlanna (Nicole Kidman), y un humilde farero, Tom Curry (Temuera Morrison), y por tanto, él mismo una especie de semidiós. Una vez llegado a adulto, y convertido en miembro activo de la Liga de la Justicia –por más que, insisto de nuevo, apenas se hace referencia a la pertenencia del personaje  a ese equipo superheroico y a los DC Cómics–, Aquaman se ve envuelto en una intriga palaciega que transcurre en las profundidades del océano, más concretamente en Atlantis: su hermanastro por parte de madre, el rey Orm (Patrick Wison), aspira a convertirse en monarca único de todos los reinos de seres, humanos unos, otros no, que respiran y viven debajo del agua, con vistas a lanzar luego un ataque masivo contra la humanidad que habita la tierra firme, para castigarla por la contaminación de los mares. Y lo cierto es que, a pesar de que este detalle ecológico está incluido con vistas a darle a la trama un toque de actualidad, James Wan pasa bastante por encima para centrarse, sobre todo, en lo que el relato tiene de invocación a lo maravilloso.


La narración en off que abre el film, la del propio Aquaman relatando sus orígenes, incluye una referencia verbal a Jules Verne (añado rápidamente que la narración del origen del héroe no es en absoluto ni una invención ni algo exclusivo de los cómics de superhéroes); en un momento dado, vemos un ejemplar de La sombra sobre Innsmouth (1936), la novela de H.P. Lovecraft que tanto influyera en Albert Sánchez Piñol, y lovecraftianos parecen los hombres peces que, en un momento dado, atacan ferozmente a Aquaman y la princesa atlante Mera (Amber Heard); Aquaman y Orm tienen un primer enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el centro de un gigantesco coliseo bajo el mar situado justo encima de un mar de lava en ebullición; en su huida de Atlantis, Aquaman y Mera se esconden dentro de las fauces de una ballena (como Pinocho, puntualiza Aquaman a una Mera que desconoce al personaje de Carlo Collodi); la película incluye una parada en un rincón de la costa de Sicilia plagado de ruinas del imperio romano, y en concreto, de los restos de la estatua de un dios que proporcionarán una clave para hacer avanzar la trama; el principal propósito de Aquaman para enfrentarse y derrocar a Orm consiste en hallar el misterioso paradero del legendario tridente de Atlan (Graham McTavish), el primer gran rey de Atlantis, en lo cual puede verse una clarísima referencia al dios del mar griego Poseidón, Neptuno para los romanos (por no faltar, no falta a la cita el flashback, con estética de péplum pasada por el filtro de la imagen CGI, que nos muestra el antiguo esplendor y posterior hundimiento de Atlantis); y, por descontado, el film es un festival de reinos imaginarios poblados por atlantes, criaturas fabulosas y monstruos gigantescos, todo visualizado con lujosos medios y que Wan presenta, asimismo, desde la perspectiva de la maravilla.


A pesar de que, en sus líneas generales, el guion de Aquaman resulta bastante convencional, cuando no demasiado efectista en lo que se refiere a su desarrollo dramático –como bien señala el amigo Diego Salgado en su crítica de film para Dirigido por…, hay un exceso de escenas que son interrumpidas, bruscamente, por una explosión destinada a anunciar el arranque de una nueva secuencia de acción–, sus defectos quedan sobradamente compensados por el caudal de imaginación y fantasía que ofrece a cambio en sus mejores momentos. Es el caso de la memorable escena en la que el Arthur niño (Kaan Guldur) es acosado por dos chicos mayores en el acuario, y cómo los animales marinos al otro lado del cristal amenazan con romper el mismo con tal de defenderlo. A renglón seguido, el “imposible” travelling submarino que pone en relación el final de esta secuencia con el inicio de la siguiente, pasando del interior del acuario al fondo del océano donde navega el submarino ruso que será objeto del ataque de los piratas. El plano fijo que relaciona a Arthur y su padre Tom en la furgoneta aparcada en el muelle del pueblo con la princesa Mera, surgiendo del mar al fondo del encuadre, en una elegante manera de combinar y armonizar, en un mismo encuadre, lo excepcional y lo cotidiano, la realidad y la fantasía. El momento en que Mera salva a Tom de morir ahogado, extrayéndole mágicamente, gracias a sus poderes, el agua que el hombre tiene en sus pulmones; la escena en la que Mera logra activar la llave que abre el secreto del rey Atlan usando esos mismos poderes para extraer una gota de sudor de la frente de Aquaman, necesaria para activar el mecanismo; ese instante en que, a falta de agua, Mera emplea el vino de una bodega como arma contra los asesinos enviados por Orm para matar a Aquaman y a ella en Sicilia. El ataque de los mencionados hombres peces al pequeño barco en el que navegan Aquaman y Mera, en una escena deudora, cómo no tratándose de Wan, de la iconografía del cine de terror. Poco después, hay unos bellos planos submarinos de Aquaman y Mera, descendiendo al oscuro interior de una fosa alumbrados con la única luz de unas bengalas rojas y rodeados de cientos de esos mismos hombres peces…


También hay bonitos detalles auspiciados por la brillantez de la escenografía: ese barco antiguo cuyo interior se mantiene seco gracias a una cámara de aire, donde se reúnen en secreto Aquaman, Mera y el visir atlante Vulko (Willem Dafoe) antes de ser atacados por los hombres de Orm. E, incluso, detalles de humor afortunados: en la pelea en Sicilia, el capitán atlante Murk (Ludi Lin) ve roto de un golpe el cristal del casco lleno de agua que necesita para respirar cuando está en tierra firme y, para no ahogarse, mete la cabeza en un inodoro… Wan tiene muy claro que un relato protagonizado por personas que pueden respirar bajo el agua y que proceden de una civilización milenaria escondida en las profundidades del océano tan solo puede ser un relato fantástico. En consecuencia, la planificación está en consonancia con esta idea, confiriendo a la película una tonalidad completamente fantasiosa.


Tono que se halla presente, asimismo, en la mayoría de las escenas de acción. Gracias al CGI, el cual no es, ni mucho menos, esa maldición que ha venido a acabar con el cine sino una herramienta más con posibilidades de expresión artística si sabe utilizarse con talento, la mayoría de las secuencias de acción tienen esa misma cualidad fantastique a la que me estoy refiriendo todo el rato. Es el caso del momento en que Atlanna lucha contra los guerreros atlantes que irrumpen en la vivienda junto al faro que comparte con Tom y su pequeño hijo Arthur, el futuro Aquaman: como ya hiciera en su momento Bryan Singer, ese buen director hoy maldecido y arrinconado a pesar del éxito popular de Bohemian Rhapsody (ídem, 2018), en X-Men 2 (X2, 2003), Wan resuelve la pelea empleando planos generales trucados digitalmente que siguen, sin cortar, los ágiles movimientos de la reina atlante dentro del encuadre “despachando” a sus enemigos; algunos de esos planos trucados, que prolongan digitalmente los movimientos de los personajes dentro del encuadre con un dinamismo que una cámara convencional no puede registrar siguiendo al unísono esa misma dinámica, reaparecen en la mencionada pelea de Aquaman y Orm en el coliseo de Atlantis y en su pelea final sobre la cubierta de la nave atlante en medio del océano; por no hablar de los espléndidos planos de larga duración, prácticamente planos-secuencia, que jalonan diversos momentos de la brillante pelea de Aquaman y Mera contra los guerreros atlantes en el pueblecito siciliano: incluso en algo así, Aquaman busca distinguirse y diferenciarse del film de acción/ de superhéroes al uso, recurriendo, como digo, a una planificación “fantástica”. Por otra parte, cuando Wan recurre a la planificación fragmentada y el plano corto en las escenas de acción, lo hace adoptando un significativo cambio de perspectiva: es el caso de la secuencia del asimismo mencionado asalto al submarino ruso por los piratas, que a continuación es rescatado por Aquaman: en esta ocasión, quienes luchan, matan y mueren no son atlantes, sino hombres normales y corrientes, y el atlante justiciero que ataca a los piratas es, desde el punto de vista de estos últimos, un “monstruo” dotado de una fuerza sobrehumana y capaz de resistir el impacto de balazos y granadas.


Aquaman, repito una vez más, es una buena película de aventuras fantásticas, a pesar, por descontado, de que no está exenta de defectos. El principal de ellos es la incorporación de Manta Negra (Yahya Abdul-Mateen II), un personaje metido con calzador cuya eliminación de la trama no hubiese afectado a esta en absoluto, y que se limita a dar pie, en la consabida secuencia post-créditos, al anuncio de una más que posible segunda parte, dado el excelente funcionamiento comercial del film en el momento de escribir estas líneas. Los demás personajes tampoco resultan particularmente brillantes, empezando por el propio Aquaman, cuyas “frases graciosas” a ratos resultan algo cargantes (más allá del inesperado sentido del humor demostrado por Jason Momoa). Tampoco puede evitarse la sensación de que, a pesar de la fantasía de su diseño de producción, la película es, casi me atrevería a decir que inevitablemente, deudora de anteriores logros visuales y estéticos de franquicias como Star Wars, Indiana Jones o El Señor de los Anillos/ El hobbit, lo cual coarta un poco la creatividad demostrada en sus mejores instantes. Pero acaso esto último no deje de ser algo consubstancial al cine de James Wan, un realizador que, incluso en sus excelentes producciones inscritas dentro del cine de terror (Insidious, Silencio desde el mal, Expediente Warren 1 & 2), ha demostrado ser antes un renovador que un innovador, un hábil manipulador de formas preestablecidas que un auténtico creador de formas. Tiempo al tiempo.