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sábado, 30 de octubre de 2010

FORMAS ACTUALES DEL CINE ESPAÑOL (2): A PROPÓSITO DE “BURIED (ENTERRADO)”, “EL GRAN VÁZQUEZ”, “ELISA K” Y “PAN NEGRO”

Buried (Enterrado) intenta a su manera erigirse en una alternativa al cine español de consumo interno adoptando unas formas y un formato internacionales de cara a su difusión a nivel mundial. La idea de un cine español “exportable” tampoco es nueva: la han intentado previamente, y asimismo cada uno a su manera, realizadores tan dispares como Jesús Franco, Antonio Isasi-Isasmendi, Paul Naschy/Jacinto Molina, Amando de Ossorio, Eugenio Martín, Juan Piquer Simón, Pedro Almodóvar, Álex de la Iglesia, Alejandro Amenábar o Juan Carlos Fresnadillo y, más recientemente, Nacho Cerdá, Nacho Vigalondo o Guillem Morales, así como productores como los hermanos Balcázar, Andrés Vicente Gómez o Gerardo Herrero. En cambio, El gran Vázquez es una película que no sólo mira hacia el pasado, tanto el histórico (lo que narra se desarrolla en el año 1964) como el del propio cine español (luego ahondaremos en esto), sino que incluso se recrea en él, por más que el resultado sea sorprendentemente moderno.

Forma número 2: el tebeo. El gran Vázquez (2010), de Óscar Aibar.- El caso de Óscar Aibar (si es que de “caso” puede hablarse) es particular, dado que se trata de un realizador que tanto en sus trabajos más interesantes hasta la fecha –Platillos volantes (2003) y, ahora, El gran Vázquez— como en los peores –Atolladero (1995) y La máquina de bailar (2006)— ha hecho gala de una rara personalidad: no es un imitador de cineastas españoles de éxito –por más que su primer largometraje, Atolladero, pueda verse hasta cierto punto como una consecuencia del De la Iglesia de Acción mutante (1993)— ni tampoco desaprovecha la oportunidad de contar con figuras de tirón comercial –Santiago Segura en La máquina de bailar y El gran Vázquez— para desarrollar un cine que, al menos por ahora, se encuentra a caballo de un par de tendencias podríamos decir que históricas del cine español, y que se encuentran presentes en sus dos largometrajes más afortunados. Por un lado, y tal y como he apuntado líneas arriba, como consecuencia de desarrollar su trama en una época pretérita, El gran Vázquez vuelve a ser, al igual que Platillos volantes, una digresión sobre la España franquista, pero pasada por cierto filtro humorístico que, paradójicamente, la emparienta lejanamente con algunos clásicos del cine español de aquella etapa, con Luis García Berlanga a la cabeza de las referencias, que asimismo recurrían al humor para tratar temáticas “serias” a fin de soslayar así y en la medida de lo posible problemas con la censura. [Nota bene: no deja de resultar chocante que la opción de Aibar al evocar la España de Francisco Franco sea a través de cierto sentido del humor de inspiración más o menos berlanguiana, tal y como han hecho otros realizadores como el José Luis García Sánchez de La corte de Faraón (1985) o el Javier Maqua de Carne de gallina (2002; dicho sea de paso, una de las más afortunadas películas españolas de esta última y bastante desdichada década del cine “patrio”), ante lo cual cabe preguntarse si “la España de Franco”, entendida como una entelequia de la imaginación popular, está cada vez más identificada con la, digamos, “España de Berlanga” en el inconsciente colectivo; o expresado de otra manera: parece casi imposible hoy en día mezclar al dictador con humor sin que salga algo total o parcialmente berlanguiano: recuérdese, asimismo, el esforzado pero fallido intento de Albert Boadella en ¡Buen viaje, excelencia! (2003).] Sin embargo, por otro lado El gran Vázquez tampoco pretende ser ni mucho menos una “denuncia” del franquismo, el cual permanece como telón de fondo del retrato de un vividor en el contexto de una época en la cual, cuando nadie podía hacer lo que quería (salvo muy a escondidas), él hacía exactamente lo que le daba la gana, aun pagando luego las consecuencias.

Interpretado con buena voluntad por Santiago Segura, quien lleva a cabo aquí un notable esfuerzo por alejarse de su imagen más estereotipada y popularizada, el retrato que ofrece el film del famoso dibujante Manuel Vázquez, que firmaba sus historietas para Editorial Bruguera como By Vázquez, y creador de célebres personajes del tebeo español como las hermanas Gilda o Anacleto, agente secreto, es demoledor. Nada más empezar el relato, le vemos “escaqueándose” de un trío que acreedores, los cuales llaman a su puerta situada en un modesto ático del ensanche barcelonés –el mismo escenario y personaje que inspiraría a Francisco Ibáñez sus homólogos para su famosa página cómica 13, rue del Percebe—, y de los que, como digo, Vázquez se deshace fingiendo ser él mismo otro de sus acreedores; es más, no sólo consigue engañarles, sino que incluso les gorrea tabaco, logra que le inviten a una cerveza y le arranca a uno de ellos la promesa de un empleo… La caradura del protagonista, inspirada según parece en hechos reales que a ratos hacen de El gran Vázquez casi un equivalente del rosario de increíbles anécdotas auténticas que poblaban la trama de Ed Wood (ídem, 1994, Tim Burton), llega al extremo de mostrarle como una persona que, sin ánimo de ser exhaustivo, era capaz de “comprarse” un traje carísimo y luego no pagar ni tan siquiera el primero de los plazos del mismo; que era bígamo –en la película le vemos flirtear y finalmente casarse con una chica venida del campo, Rosa (excelente Mercé Llorens), tras dejarla embarazada, la cual luego descubrirá… a la primera esposa e hijos de su marido—, lo cual, por cierto, le llevó a la cárcel (y, según parece, no fue la única vez que dio con sus huesos en prisión: en el film se ilustra una de sus estancias en la Modelo de Barcelona como consecuencia de un delito de estafa); también le vemos alojarse con Rosa en un hotel de lujo, estarse allí una semana a cuerpo de rey y luego largarse del establecimiento sin abonar la factura; o conseguir dinero mediante el pícaro procedimiento de solicitar, tres veces, al director de Bruguera, González, y al rencoroso contable de la misma editorial, Peláez (unos como siempre magníficos Enrique Villén y Álex Angulo), sendos anticipos de sueldo que según él necesita para sufragar los gastos del funeral de su padre, Manuel (el veterano Jesús Guzmán), ¡el cual, naturalmente, todavía sigue vivo!...

Salvando todas las distancias del mundo, resulta hasta cierto punto lógico e incluso coherente que sea Santiago Segura el intérprete de un personaje que viene a resumir el sentido de la picaresca típicamente española mediante la cual sobrevivían otros Vázquez anónimos, en lo que puede verse un no por caricaturesco menos efectivo retrato de una manera de vivir muy propia de la España de aquellos años. Y cuando hablo de lógica y coherencia, me refiero a que, con anterioridad, Segura alcanzó su mayor popularidad gracias a la trilogía de películas (pronto, tetralogía) del ex policía franquista José Luis Torrente, personaje que vendría a ser la antítesis del de Vázquez: si Torrente era/es un residuo del franquismo, un nostálgico de la dictadura en el cual hallamos muchos de los peores tics de los capitostes de aquella época, que fue muy siniestra por más que hoy en día haya muchos empeñados en afirmar que no había para tanto, Vázquez era/es otro producto del franquismo pero en sentido proporcionalmente inverso, es decir, el libertino que hacía lo posible por vivir a su aire en un momento en el cual su conducta antisocial era no sólo subversiva sino incluso peligrosa, en cuanto iba, consciente o inconscientemente, a la contra de los dogmas de la España Una, Grande, Libre, Católica, Apostólica y Romana.

Lo más atractivo de El gran Vázquez reside, como apuntaba al principio de este comentario, en que, a pesar de su mirada al pasado de España y del cine español, resulta una obra insospechadamente contemporánea, por más que tampoco sea todo lo suficientemente radical que podría haber sido. Como apuntaba con razón el colega Tonio L. Alarcón en su crítica de la película para Dirigido por… (núm. 404), El gran Vázquez adopta deliberadamente una estética “de tebeo”, sobre la base del empleo de unos colores llamativos, realzados con cierto efecto flou de la fotografía, y del trazo caricaturesco de los personajes, bien entendido por el conjunto de actores, conscientes de estar interpretando en el fondo una especie de farsa realista o de comedia ácida. Sorprende agradablemente, en este mismo sentido, que El gran Vázquez haga gala de una notable sencillez que acaba siendo su mejor arma: Óscar Aibar planifica con abundantes planos medios y planos generales, dejando respirar a los personajes y esforzándose en captar, de paso, los ambientes de la España del Desarrollo, y haciéndolo además sin subrayados, de tal manera que los detalles destinados a “crear ambiente” (los 600, el uniforme de los guardias urbanos, el mobiliario de la editorial Bruguera) tienen peso pero nunca se erigen en el centro del espectáculo. Todo ello hace de El gran Vázquez un film inesperadamente digno de estima, y a mi entender la mejor película española que el que suscribe ha visto este 2010 en el momento de escribir y “colgar” estas líneas, por más que ello no me impida reconocer que, con todos sus méritos, El gran Vázquez es al mismo tiempo una obra un tanto insatisfactoria y, bajo cierto punto de vista, frustrante, probablemente sin pretenderlo. Me refiero al hecho de que, a fecha de hoy, el cine español sigue viviendo de las rentas de su pasado, tanto, insisto, el histórico como el estrictamente fílmico, y que la tan esperada renovación de formas y estilos de nuestra cinematografía sigue siendo la gran asignatura pendiente. Paradójicamente, los méritos de El gran Vázquez terminan siendo la más fehaciente demostración del fracaso del cine español contemporáneo.
(continuará...)

2 comentarios:

  1. Antológicas esta cuatro entradas Tomás, pinchando unos cuantos globos producto más de la combinación de indigencia y "grandonismo" (que es una palabra muy gijonesa) que de otra cosa. No me gusta que la crítica mire para otro lado o aplauda entre extasiado y condescendiente al cine español por la única razón de ser español. Esa es la peor manera de mejorarlo, así no solo no se ayuda sino que se perpetua una imagen distorsionada (del cine y también del ejercicio de la crítica) con la que luego la gente puede sentirse engañada.
    Igulmente agradezco la reivindicación de Platillos Volantes como un film insólito en todos los sentidos y de la enorme Carne de Gallina, demoledora y feroz que, como asturiano te digo que no es ficción, es un documental.

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  2. Hola.
    Coño me alegro de leer comentarios positivos de una obra genial como Platillos volantes,mayormente por ese actor "enorme" en todos los sentidos Angel de Andrés...un cómico de los de antes,idem con El Gran Vázquez que presenta drama,farsa,negrura y cachondeo a partes iguales,una hora noventa minutos de descojone y realmete Aibar es un hombre a seguir cien x cien,confieso que LA MAQUINA DE BAILAR tiene igualmente su punto cachondo, y por fin es un auténtico cachondo la única gente positiva de la pelicula son las putas y los presos(con el propio Óscar como preso)analizando los tebeos de Vázquez mientras está en la taza del water , lo dicho un cachondo.Un abrazo Tomás y me gusta que te guste algo del cine español.

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