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martes, 8 de junio de 2010

“ROBIN HOOD”: LA HISTORIA Y LA LEYENDA

Lo he dicho más de una vez: no me gusta ir a contracorriente, y cuando lo hago siempre es el resultado de un impulso personal, no un mero afán de llamar la atención o de “hacerme notar”; además, el discrepar de una opinión generalizada suele ser incómodo y supone ponerte, aunque sea voluntariamente, en el centro de atención, lo cual no me produce placer alguno; más bien al contrario, te obliga a estar muy seguro de lo que dices y, en cierta manera, te fuerza a replantearte muchas cosas, algunas de las cuales van más allá de la mera opinión, parecer o gusto cinematográficos y entran incluso en el terreno de lo más íntimo de uno mismo. Por otra parte, mi discrepancia parte, asimismo, de mi propia incredulidad ante muchas opiniones que le leído u oído estos días en torno a la nueva película de Ridley Scott, este Robin Hood (ídem, 2010) que, de acuerdo, está lejos, muy lejos de las todavía hoy mejores obras del cineasta británico, las inevitables, archisabidas y repetidamente citadas Alien, el octavo pasajero (Alien, 1979) y Blade Runner (ídem, 1982), pero que, con franqueza, el que suscribe no dudaría en situar entre otros títulos de calidad media-alta de su director, y que a mi entender son Gladiator (ídem, 2000), Hannibal (ídem, 2001), el director’s cut de 190 minutos de El reino de los cielos (Kingdom of Heaven, 2005) y American Gangster (ídem, 2007), no por casualidad todas ellas desarrolladas en esta última década, lo cual puede entenderse, salvo excepciones (los otros films rodados por Scott en estos últimos diez años y aquí no citados), como una buena muestra de la madurez alcanzada por este realizador.

El planteamiento de Robin Hood me ha parecido mucho más original de lo que se ha pregonado estos días: no sólo por el hecho, ya de por sí atractivo, de que esta versión del célebre aventurero de los bosques de Sherwood pretenda –y, a mi entender, consiga— indagar en los orígenes del personaje, es decir, en el cúmulo de circunstancias que le convirtieron en el arquero de infalible puntería que robaba a los ricos para dárselo a los pobres; sino también porque ese planteamiento está llevado a cabo mediante una inteligente combinación de elementos históricos y elementos mitológico-legendarios, de tal forma que la película encuentra un difícil pero interesante equilibrio entre la Historia y la Leyenda, las cuales no sólo no se entorpecen entre sí, sino que incluso sugieren que, en el fondo, ambas parten de un substrato común: el afán del ser humano por perpetuarse de cara a la posteridad. Me parece una interesante opción el que, por un lado, el film evite en la medida de lo posible ciertos estereotipos típicos de las anteriores y populares versiones sobre el héroe y haga un esfuerzo por acercarse a los elementos históricos más o menos verificados en torno al contexto de la época en la cual este personaje, caso de haber existido realmente, pudo moverse (al parecer, no hay indicios claros de que Robin Hood hubiese existido, pero tampoco se descarta que sí lo hiciera alguien que hubiese sido la fuente de inspiración del legendario héroe); y no digo esto último porque sea de fanático de la veracidad histórica en las películas ni nada por el estilo (nunca he creído en el cine “históricamente correcto”), sino porque el tratamiento considerablemente realista del primer tercio del relato contribuye a reforzar más adelante el tono más legendario, aventurero y por tanto “irreal” o “no-histórico” de la segunda mitad, en la cual, en cierto modo, la Historia cede el paso a la Leyenda.

Funcionan bien, en este mismo sentido, las secuencias de presentación de Robin Longstride, el futuro Robin Hood (Russell Crowe), en territorio francés, detallándonos su participación en unas Cruzadas que, como ya mostró el propio Ridley Scott en El reino de los cielos, y en consonancia con el tono revisionista-desmitificador que ha marcado al cine de temática “histórica” o con trasfondo histórico desde los años setenta a esta parte, ya no son una epopeya épica y heroica bañada de religiosidad, sino una mera guerra de conquista motivada por la avaricia, la ambición y el puro interés crematístico de un monarca, aquí un Ricardo Corazón de León (Danny Huston) cruel, despiadado y con ínfulas de grandeza, muy alejado del estereotipo habitual creado al respecto por el cine, y que incluso acabará falleciendo tal y como apuntan numerosas crónicas, como consecuencia de una flecha clavada en el cuello (detalle que, por otra parte, ya aparecía apuntado respecto al rey Ricardo/Richard Harris de las primeras secuencias del desmitificador Robin y Marian/Robin and Marian, 1976, Richard Lester). Mas a pesar, empero, del incremento de las dosis de realismo ambiental con respecto, claro está, a la añeja adaptación clásica sobre el personaje, Robín de los bosques (The Adventures of Robin Hood, 1938, Michael Curtiz y William Keighley), el Robin Hood de Ridley Scott tampoco pretende ser por completo un “baño de realidad”, pues a pesar de ello mantiene cierto tono novelesco en las situaciones planteadas: en su arranque, Robin es mostrado como un soldado ligeramente truhán pero noble, que ha desarrollado un gran instinto de supervivencia; al principio, le vemos sacándose un dinero extra a base de enredar a sus compañeros del ejército del rey Ricardo con el juego de la bolita y los tres vasos; de esta manera, conocerá a su futuro colega de aventuras, Little John (Kevin Durand), del cual se hará amigo no sin antes haberse peleado a brazo partido con él por culpa de ese juego (en lo que puede verse una de las más clásicas convenciones del viejo cine de aventuras de Hollywood: los amigos del alma que, aún dándose de puñetazos, no por ello dejan de ser amigos del alma). En esta secuencia se define también la psicología del personaje de Robin: la pelea entre Robin y Little John se detiene con la llegada del rey Ricardo oculto bajo su capucha (que se pasea de esta guisa entre sus tropas para escuchar lo que dice la soldadesca de él, con lo cual parece evocar al Enrique V de William Shakespeare); el monarca le exige a Robin que le diga la verdad sobre lo que realmente piensa de la Cruzada que han llevado a cabo, y entonces Robin se atreve a explicarle al rey que la mirada de una mujer musulmana fallecida a manos de los hombres de Ricardo en medio de una espantosa matanza de inocentes desarmados le hizo comprender que aquello que estaban haciendo estaba mal… Es de agradecer que Scott no ceda a la tentación de visualizar innecesariamente ese momento, con lo cual la escena tiene mucha más fuerza.

Lo novelesco reaparece, y además con bastante gracia, a partir del momento en que se establece el nudo del film: el proceso de transformación de Robin Longstride en, primero, Robin Loxley, y finalmente en Robin Hood. Sir Robert Loxley (Douglas Hodge), caballero de confianza del rey Ricardo, perece en una emboscada promovida por el traidor Sir Godfrey (Mark Strong), quien a su vez mantiene contactos secretos con su amigo de la infancia, el rey Felipe de Francia, para ayudarle en sus planes de conquista de Inglaterra aprovechando la ausencia y, más adelante, muerte en batalla del rey Ricardo. Pero, antes de fallecer, Sir Robert Loxley confía la corona del difunto rey que llevaba consigo a Robin y sus compañeros, los cuales de este modo adoptan la identidad del caballero y su escolta y consiguen así regresar en barco a Inglaterra. Más adelante, este mismo engaño permite establecer la relación, primero de conveniencia y luego amorosa, entre Robin y Lady Marion Loxley (Cate Blanchett), la esposa y ahora viuda de Sir Robert: el protagonista viaja a las tierras de Sir Walter Loxley (Max von Sydow) para cumplir otra promesa que le hizo al agonizante Sir Robert, devolver la espada que este último le robó a su padre para partir a las Cruzadas; una vez allí, el anciano, ciego pero todavía lúcido Sir Walter concibe un plan asimismo novelesco: Robin se quedará en las tierras de Loxley, fingiendo que es el hijo de Sir Walter y esposo de Marion que ha regresado vivo de las Cruzadas. El engaño incluye una forzada apariencia de convivencia conyugal entre Robin y Marion, que se resuelve con ambos compartiendo la misma alcoba pero no el mismo lecho: la mujer obliga al hombre a dormir con los perros junto a la chimenea. Pero, dejando aparte lo novelesco de la situación, la misma está visualizada por Scott con notable fuerza dramática. Señalo al respecto la delicadeza demostrada por el realizador a la hora de resolver el momento de la llegada de Robin a los dominios de Loxley y la escena en que le informa a Marion de la muerte de su esposo; la reacción de esta última al escuchar la noticia, intentando mantener la entereza pero sin poder evitar que, por un segundo, sus piernas le fallen (gran actriz Cate Blanchett); sobre todo, la mayoría de las posteriores escenas que marcan la irrupción del personaje de Sir Walter en el relato, y el dibujo de la relación entre este último y Robin: la manera digna y a la vez resignada como encaja la noticia del fallecimiento de su hijo; su determinación, durante la cena, en la cual decide implicar a Robin y Marion en su plan; en particular, más adelante –atención: SPOILER—, esa gran escena, acaso la mejor del film, en la cual se enfrenta a espada con Sir Godfrey, logrando incluso herirle, y provocando la cobarde reacción de este último de matarle por la espalda; ¿hace falta añadir que Max von Sydow ha sido uno de los mejores actores de la historia del cine y sigue siendo el mejor actor de cine vivo?

[Nota bene: a pesar de las pesquisas que he realizado al respecto, lo cierto es que en el momento de publicar esta entrada no he conseguido averiguar ni el título ni el autor de una clásica novela de aventuras ambientada en el siglo XVIII cuya trama tiene cierto parecido con el planteamiento novelesco que se hace en el Robin Hood de Ridley Scott; la trama de dicha novela, según creo recordar, gira en torno a dos caballeros hermanos gemelos, uno de ellos poseedor de una fastuosa mansión, casado y padre de un hijo recién nacido; el gemelo más adinerado muere asesinado, y a fin de mantener la integridad del patrimonio familiar, su hermano accede a hacerse pasar por él, fingiendo ser por tanto el marido de la viuda de su hermano y padre de su, en realidad, sobrino; pasan los años, y el protagonista se mantiene en su papel, y a duras penas, habida cuenta de que está secretamente enamorado de la viuda de su hermano; cuando el hijo del difunto alcanza la mayoría de edad, y por tanto tiene derecho legal a heredar de su auténtico padre, es entonces cuando la madre le revela la verdad; posteriormente, destruidos los enemigos de la familia y vengado el asesinato del gemelo difunto, el protagonista abandona la mansión para siempre, incapaz de seguir viviendo en ella sin ver correspondido su amor hacia la viuda de su hermano, la cual fallece años después y a cuyo funeral asiste el protagonista, ya anciano y a escondidas. Una trama fuertemente melodramática que tiene cierto parecido con la que se plantea en Robin Hood: ¿el guionista Brian Helgeland, y los autores del argumento, Ethan Reiff, Cyrus Voris y el propio Helgeland, la conocían?]

También me ha parecido interesante la manera como Scott apunta ese contraste entre Historia y Leyenda por medio de su ya famoso tratamiento estético de la iluminación. El realizador parte de un sencillo, algo maniqueo pero efectivo trabajo fotográfico, de tal manera que el primer tercio del relato, el centrado en los principales acontecimientos que acabamos de narrar, es el más oscuro y sombrío; evidentemente, como asimismo he apuntado, se parte de cierta “oscuridad” ambiental un tanto maniquea para expresar la “oscuridad” del período histórico retratado, una Inglaterra debilitada económicamente por las guerras de conquista del ambicioso rey Ricardo y a punto de caer en manos de un monarca despreocupado y débil de carácter como Juan Sin Tierra (Óscar Isaac); pero, a pesar de lo convencional de este planteamiento, el mismo acaba siendo eficaz: a medida que Robin se centra en su papel de supuesto hijo de Sir Walter y marido de Marion, la película se vuelve más luminosa, como expresando ese paso de lo histórico a lo legendario, la transformación del hombre en leyenda; es más: hay algunas pequeñas fugas oníricas que refuerzan esa evolución, ese paso de la oscuridad a la luz: las subrepticias apariciones de los jóvenes ladrones del bosque de Sherwood que a la larga acabarán formando parte del ejército de proscritos de Robin Hood, cubiertos con extrañas máscaras e iluminados bajo las habituales fugas de luz tan queridas por Scott, lo cual les confiere un aire irreal debidamente “mítico”; o los flashbacks azulados, asimismo algo convencionales pero, por suerte, bien dosificados, en los cuales Robin recuerda –casi como si fuera un superhéroe del cómic— el juramento que le hizo a su padre al pie de la cruz donde ambos dejaron la huella de sus manos en el mortero fresco, así como el asesinato de su progenitor. En la secuencia final –atención: SPOILER—, vemos a Robin, Marion y el resto de sus seguidores unidos a los jóvenes bandoleros de Sherwood, en una imagen bucólica y de vivos colores naturales en virtud de la cual la Leyenda del héroe se muestra de forma consolidada: el Robin Hood de Ridley Scott acaba donde empiezan la mayoría de las otras versiones sobre el personaje.

Asimismo, el tratamiento de las principales escenas que transcurren en la corte oscila, por lo general de manera afortunada, entre ese equilibrio entre lo histórico y lo legendario; y si bien afloran otras convenciones propias del “cine histórico”, como el papel jugado por las mujeres, en cumplimiento de ese viejo aforismo que afirma que detrás-de-un-gran-hombre-hay-siempre-una-gran-mujer –en este caso, el vínculo de necesidad, por encima de sus obvias diferencias, que se establece entre Leonor de Aquitania (Eileen Atkins) y la joven concubina francesa del rey Juan, Isabella de Angoulême (Léa Seydoux), para impedir que el nuevo monarca lleve el país a la ruina y él mismo sea asesinado en el proceso—, el resultado es tan sobrio y comedido que se hace respetar. Hay que añadir otros aspectos que hacen gala de esa misma sobriedad, quizás el principal de ellos la manera como está resuelta la historia de amor de Robin y Marion, un romance que avanza de manera paulatina y evitando, en la medida de lo posible, la cursilería característica de una producción hollywoodiense (por más que se apunte peligrosamente a ella en algunos instantes: la escena en la cual Robin intuye a Marion desnudándose para acostarse a través de una poco opaca cortina que les separa; el paseo a caballo, en el cual Scott tiene el tacto de no incidir en la simbología sexual inherente a la acción de cabalgar; la insinuación de que Marion hizo “vida de casada” con su difunto esposo tan sólo durante la semana antes de que este último marchara a las Cruzadas diez años atrás); Russell Crowe y, de nuevo, Cate Blanchett saben expresar bien esa mutua atracción, haciéndola sutil y poco obvia. Apunto, finalmente, el buen tono de las secuencias de acción, por lo general bien resueltas por más que, como casi siempre suele hacer, el esteta Scott hace prevaler el efecto del encuadre “bonito” por encima de la efectividad de la planificación; la batalla final en la playa contra las tropas francesas es digna de mención, a pesar de la inclusión de alguna tontería de guión –el gratuito ataque de Marion vestida con armadura al frente de los guerreros de su aldea, que parece destinado únicamente a añadir mayor relevancia al personaje y la presencia estelar de Cate Blanchett—, y de esas referencias visuales, un tanto absurdamente negadas por Scott, a Salvar al soldado Ryan (Saving Private Ryan, 1998) –en honor a la verdad, la imagen de los soldados heridos de muerte bajo el agua tampoco la inventó Steven Spielberg: recuérdese al Peter Weir de Gallipoli (ídem, 1981)—, si bien es verdad que las mismas no van más allá de media docena de planos y su importancia en el conjunto de la secuencia ha sido, a mi entender, exagerado: Robin Hood no es un film perfecto, pero está lejos de ser tan despreciable como se ha pretendido.

10 comentarios:

  1. el ridiculo ZOOM al careto de la Blanchett cuando Crowe le dice que su marido esta muerto es el paradigma de la sensibilidad de un director como Ridley Scott. El pobre no da pa mas.

    de todas formas, la peli se nota recortadisima (esos niños perdidos! el sheriff fugaz) y con unos flashbacks que contradicen la aparente """seriedad realista""" con que abraza al mito (ese papaito con la carta de independencia), y parece que con menos de 3 horas ya no sabe contar una historia.

    pero tienes razon, esta a la altura de GLADIATOR. :)

    saludos!

    F

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  2. Hola Tomás,
    pues siento discrepar contigo, pero en mi humilde opinión, "Robin Hood" es la confirmación de que Scott no hace buen cine desde "Blade Runner" (Ridley, claro; porque si empezamos con su hermano Tony quizás no acabaríamos...), con las notables excepciones de "Thelma & Louise" y "American Gangster".

    Es cierto que Scott mantiene un gran sentido de lo visual, pero eso no viene acompañado de otros aspectos (pobre guión, montaje atropellado, etc) como para ser una buena película. Eso sí, Max Von Sydow lo mejor de la película de largo.

    Saludos.

    P.D. No he visto el Director's Cut de "El reino de los cielos", pero la película estrenada en cines me pareció de las peores de Scott. ¿De verdad mejora tanto esa versión?

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  3. Buenos días, Tomás:

    En gran parte estoy de acuerdo contigo: “Robin Hood” es mejor de lo que se ha dicho, de hecho me parece algo exagerada la hostilidad con la que ha sido recibida. Pero por otro lado me pasa lo mismo con esta película que con “Gladiator”, “Black hawk derribado” o “El reino de los cielos” (aunque de ésta aún no he visto el director’s cut): me parecen películas más que correctas pero siempre por debajo de lo que podrían haber sido, como si Scott no fuera capaz de redondear el trabajo. Las buenas interpretaciones de Crowe, Blanchett y Von Sydow son aquí lo mejor del conjunto. Eso sí, creo que quizás sin pretenderlo esta película marca un hito en la historia del cine de aventuras (atención: SPOILER): creo que hasta ahora jamás se había visto un final en el que el héroe remate al villano… ¡lanzándole una flecha por la espalda! Cómo han cambiado los tiempos desde Errol Flynn, e incluso desde Kevin Costner…

    Por cierto, por lo que dices parece que “Gladiator” te gusta bastante más ahora que en el momento de su estreno, ¿es así?

    Saludos.

    P.D.: Te felicito por el “cult movie” que en Imágenes has dedicado a “El fantasma del paraíso”, un artículo excelente para tan divertida película. Cito aquí mis De Palma favoritos, que sugiero para futuros “cult movies”: “Fascinación”, “Impacto”, “Atrapado por su pasado” y “Femme fatale”.

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  4. ¡Uff, Tomàs!.

    Ya sabes que suelo coincidir contigo en cuanto a valoración de películas (debemos ser de los pocos que nos gusta "Invictus", "Al límite" o la estupenda "The lovely bones"), pero este "Robin Hood" me aburrió de mala manera y me pareció muy poco aventurera. Eso sí: me he quedado con ganas de saber a que novela te refieres al detectar ciertas similitudes argumentales con la película de Scott. Lo que comentas me recuerda un poco a Stevenson pero no creo que se trate de ninguna de sus narraciones, al menos de las largas.
    Por cierto, el momento que comenta Pedro Grimalt Rosselló en que Robin acaba con el villano por la espalda puede sorprender por lo poco heroico del acto en si mismo considerado, pero está rodado de tal manera que más que destacar lo dicho lo que parece importarle a Scott es llamar espectacularmente la atención ante la dificultad de un lanzamiento "imposible", y de paso cerrar una cuenta pendiente existente entre ambos personajes desde que en su anterior encuentro Robin érrase por muy poco su lanzamiento dirigido a Godfrey. Vaya, un poco como Rod Steiger y su bala disparada a Ralph Meeker en "Yuma" si no fuera sino fuera porque la trascendencia de ambos actos es tan distinta de una película a otra y a que ya le gustaría a Scott saber transmitir a su puesta en escena el nervio que el Sam Fuller de los buenos tiempos sabía imprimir a la suya.
    Saludos.

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  5. Coincido en que la película no es tan despreciable como algunos críticos sugieren. Creo más bien que el problema es que el Robin Hood retratado en la cinta de Scott es mucho más pretencioso de lo que el míto del forjido encapuchado debería ser. Para no extenderme a los interesado mejor ver esto: http://recaspita.com/?p=433

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  6. Bueno. Yendo por delante que la opinión de TFV me parece de lo más respetable, a mí me parece más bien que este "Robin Hood" es la demostración palpable de que a Ridley Scott últimamente se le escapa siempre la oportunidad de hacer una película redonda teniéndolo todo a favor, igual que le ocurrió "American Gángster".

    Y es que empieza bien, con esas escenas del sitio al castillo en Francia y el lío de identidades en los que se mete Robin (que vale, no es Robin, sino...), pero cuando Scott y el guionista se enfrascan por un lado en rehacer la leyenda de Robin Hood y por otro en esa trama sobre el trono de Inglaterra y los franceses la cosa se enfanga y ya no hay quien la defienda. Y es que si ambas cosas tienen su interés por separado, parecen venir de dos películas completamente distintas, y la mediocre manera en que se busca unir las tramas al final (la identidad secreta, otra más de Robin, que además este no recordaba, ¡qué casualidad! y batallita al canto) ya es de juzgado de guardia.

    Porque vale, ambas tramas tienen cosas buenas o muy buenas (los personajes de el rey de Inglaterra, memorable su presentación follando a todo trapo, y del padre de Marian), pero también las tienen muy malas. Crowe y Blanchett serán buenos actores, pero la relación de amor entre Robin y Marian es patética y 100% tópica, por ejemplo. Y las interminables escenas de saqueos y pillajes de la columna de franceses falsos cobradores de impuestos añaden más metraje a una película por momentos tediosa.

    Pero nada, conociendo a Scott igual nos saca un Director's Cut de 3 horas pro lo menos, con más sangre y la genealogía de los caballos (chiste cortesía del "Jóvenes prodigiosos" de Curtis Hanson) y igual me acabo comiendo parte de mius palabras.

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  7. Estoy de acuerdo en que este ROBIN HOOD es mucho más interesante de lo que se ha dicho pero que adolece de los mismos fallos de las últimas películas de Scott. Desde GLADIATOR, el británico ha hecho películas interesantes pero muy por debajo de sus posibilidades (yo metería en este saco a AMERICAN GANGSTER, EL REINO DE LOS CIELOS, HANNIBAL y también a GLADIATOR).

    Aprovecho este espacio para reivindicar la que es para mí su mejor película en la pasada década: BLACK HAWK DERRIBADO. Sí, ya sé que el filme es moralmente reprobable-500 somalíes muertos por ¡18! americanos- y creo que ésa es la razón por la que la peli fue machacada en Europa. Reconozco también que por momentos puede resultar un poco coñazo pero resulta que la he visto 3 veces desde su estreno y me veo una y otra vez hipnotizado por sus imágenes.

    Por último propongo que juzguemos a Ridley por su última película y no por ser el director de ALIEN y BLADE RUNNER: es injusto y siempre va a salir perdiendo. Aunque también podemos juzgarle como el director de G.I. Jane, y pasará exactamente lo contrario.

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  8. Hubo una época en que Alien y Blade Runner proyectaban una sombra benéfica sobre los posteriores trabajos de Ridley Scott, de modo que a cualquier patinazo suyo se le miraba por el lado bueno. Pero han pasado ya tantos años y tantas películas mediocres que parece haberse dado la vuelta al fenómeno, hasta el punto de que algunos miran ya con lupa esos dos hitos de la ciencia ficción para ver si eran tan buenos como les parecieron antaño. Gladiator, El reino de los cielos o este Robin Hood adolecen de similares defectos, son casi películas hermanas. Cine que uno se sienta a ver expectante, para revivir experiencias y emociones de las de antes, pero que te van dejando frío a medida que avanza el metraje. Otro punto negativo de Robin Hood es que falla ostensiblemente el villano de turno. Es que no tiene ni dos hostias, vaya. Hitchcock no le hubiera dado su aprobación. Y en cuanto al "nudo político", por así llamarlo, del film, parece copiado literalmente de la tercera temporada de Los Tudor (hasta repite algún actor), pero en la serie de TV la temperatura sube hasta donde el frío Scott ya parece incapaz de llegar.
    Por cierto, que nadie cita la que para mí es una de las mejores películas del Scott de la última década: "Los impostores" (Matchtick Men" (2003). ¿Quizá no gusta porque en ella estaba Nicholas Cage con un papel histriónico a su medida? Pues hasta Cage me cayó bien en ese film, sin que sirva de precedente.

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  9. ¡Los impostores! La había olvidado casi por completo, pero es cierto, es una de las mejores películas de Scott y la única, hasta donde yo sé, que consigue emocionarme.

    Ah, y coincido con lo que decís de "Black Hawk Derribado". Es moralmente reprochable pero cinematográficamente fascinante.

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  10. pero a donde van estos de robin por dios
    ROBIN SOLO HAY UNO ERROL FLYN
    Y JAMAS SE PODRA SUPERAR ESO
    ES COMO TARZAN SOLO HAY UNO LO DEMAS ES MORRAYA
    Y BASURA

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