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viernes, 22 de noviembre de 2013

Especial Kennedy: “JFK, CASO ABIERTO”, de OLIVER STONE



[NOTA PREVIA: El presente artículo fue originalmente publicado en el núm. 386 de “Dirigido por…” (febrero 2009), dentro del “dossier Cine político USA”.] Coincidiendo con un momento en que el cine norteamericano parecía haber perdido el menor atisbo de compromiso político, Oliver Stone culminó en gran medida con JFK, caso abierto (JFK, 1991) la tendencia crítica (por más que, en el fondo, profundamente estadounidense) que había caracterizado su filmografía desde mediados de la década de los ochenta, proponiendo en esta ocasión una reconstrucción de la investigación llevada a cabo en torno al asesinato de Kennedy narrada mediante una impactante mezcla de documental y ficción. 


1. A falta de haber visto W. (ídem, 2008) en el momento de escribir estas líneas, JFK, caso abierto me parece la mejor película del muy irregular Oliver Stone junto con Salvador (ídem, 1986), Nixon (ídem, 1995), World Trade Center (ídem, 2006) y, parcialmente, Nacido el 4 de Julio (Born on the Fourth of July, 1989). [Nota bene: Tuve ocasión de ver W. posteriormente, y si bien no la incluiría entre lo peor de su director, tampoco lo haría entre lo mejor.] Hace gala de las mejores virtudes de su realizador (no muchas, todo hay que decirlo, aunque algunas de ellas hayan sido más influyentes de lo que tiende a reconocerse) y minimiza notablemente sus defectos (los mismos que, en demasiadas ocasiones, descompensan, cuando no destrozan, sus aciertos). Entre lo mejor, sin duda alguna, destaca el talento de Stone para llevar a cabo uno de los más brillantes experimentos con el montaje del cine de estos últimos años (Stone es un director de montaje, no de puesta en escena), de tal manera que las barreras entre documental y ficción quedan difuminadas hasta tal extremo que podría hablarse de JFK, caso abierto como un excelente ejemplo de reportaje «ficcionalizado» o de ficción «documentalizada», si se me permiten los barbarismos: la película, en sí misma considerada, prescindiendo de lo que cuenta y centrándose únicamente en el cómo lo cuenta, bastaría por sí sola para llevar a cabo una profunda digresión sobre el significante y el significado de las imágenes.


2. Por fortuna, lo que el film explica también resulta en sí mismo considerado harto interesante. A partir de un guión escrito en colaboración con Zachary Sklar, y basado a su vez en diversas teorías en torno al asesinato del presidente de los Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy extraídas de los libros «Tras la pista de los asesinos», de Jim Garrison (Ediciones B, 1992), y «Crossfire: the Plot That Killed Kennedy», de Jim Marrs, la película reconstruye la investigación sobre ese magnicidio llevada a cabo por el fiscal del distrito de Nueva Orleáns Jim Garrison (Kevin Costner). Siguiendo aquí diversas declaraciones del propio Stone que fueron publicadas en su momento en esta misma revista (1), JFK, caso abierto arranca con una serie de imágenes documentales (estas, en sentido estricto) del país y la época reflejados, los Estados Unidos a finales de la década de los cincuenta y principios de los sesenta, empezando con un discurso (real) del presidente Eisenhower: «Ahí tenemos a Eisenhower, el más conservador de los políticos, un héroe militar, presidente de presidentes. ¿Y qué es lo que hace en su discurso de despedida. Aprovecha la ocasión para advertir al pueblo americano de un giro hacia el fascismo…». Este prólogo documental, que incluye un resumen de la subida de Kennedy al poder y de su complicado mandato (la guerra de Vietnam, la crisis de los misiles cubanos, el incidente en Bahía Cochinos), hasta su asesinato en Dallas el 22 de noviembre de 1963, da paso a un relato en el cual, tras la presentación de Garrison viendo por televisión el discurrir de los acontecimientos, adopta una textura a medio camino entre el documental y la ficción. Si, en un primer momento, Stone juega a mezclar el material de archivo, procedente de noticieros y reportajes de televisión de la época, con su propia reconstrucción de los hechos (en particular, la secuencia del magnicidio, que va recuperando y ampliando a lo largo del metraje), a partir de cierto momento la propia ficción adopta, subrepticiamente, los ropajes formales del reportaje, y narrativamente, el empleo del flashback como principal recurso de estilo. Ello empieza a verse claro en una de las primeras secuencias del film, aquélla en la que el fascista Guy Bannister (Edward Asner) sospecha que su ayudante Jack Martin (Jack Lemmon) ha estado revolviendo en sus archivos y, en un arranque de ira, le golpea con la culata de su pistola: Stone planifica ese momento de violencia empleando unos ralentíes que deforman la imagen y le proporcionan una textura «irreal», en cuanto no natural, que en cierto sentido advierte al espectador que las escenas «de ficción» que va a presenciar no van a ser limpias y claras, en contraposición con las imágenes espontáneas e inmediatas de un reportaje in situ, sino tan imprecisas y de libre interpretación como estas últimas. Según Stone, «de manera deliberada, hemos filmado y sobre todo montado la película de forma muy fracturada: nunca está uno seguro de dónde está, todo resulta muy confuso… Y existen diversos “niveles” mezclados: con un personaje es “lo real”, con otro, lo inconsciente; el sonido tiene también diferentes niveles; se pasa del futuro al pasado… De hecho, los tres tiempos narrativos -pasado, presente y futuro- están entrelazados. (…) Hay escenas que no “son”, su rango narrativo es “quizá”, “posiblemente”, “y si hubiera sido así” o “imaginemos que”…».


3. Ciertamente, esta premisa no es nueva. Ya la ensayó Orson Welles en Fraude (Vérités et mensonges / F for Fake, 1974). La idea de mezclar reportaje y ficción en el contexto de la aproximación a una figura pública norteamericana del siglo XX también la había intentado —con mucha torpeza— Larry Cohen en The Private Files of J. Edgar Hoover (1977) (2). Y el asesinato de Kennedy se encuentra en la inspiración, indirecta pero evidente, de películas como Acción ejecutiva (Executive Action, 1973, David Miller), El último testigo (The Parallax View, 1974, Alan J. Pakula) —un título que no hubiese desentonado en este dossier— o la hoy olvidada I… como Ícaro (I… comme Icare, 1979, Henri Verneuil). Pero ninguna de estas propuestas (ni siquiera la de Welles) resulta tan brillante formalmente como lo logrado por Stone en JFK, caso abierto junto con, vuelvo a insistir, sus montadores, Joe Hutshing y Pietro Scalia, así como su director de fotografía, Robert Richardson, y su espléndido despliegue de tonos en blanco y negro y en color, de tal manera que las largas explicaciones teóricas en torno a pistas, testigos, sospechosos y reconstrucciones de hechos —en particular, el asesinato de Kennedy, la persecución, detención y asesinato del supuesto autor del magnicidio, Lee Harvey Oswald (Gary Oldman), y la entrevista de Garrison con un misterioso informante que responde al nombre de coronel X (Donald Sutherland)—, donde se mezclan grupos paramilitares anticastristas, agentes de la CIA y el FBI, mafiosos, homosexuales y militares, mantienen en todo momento un admirable equilibrio entre lo didáctico y lo dramático, lo descriptivo y lo especulativo, lo real y lo imaginado. JFK, caso abierto, ciertamente, es un film «de tesis»: se puede o no compartir las teorías que propone; se le puede reprochar, como de hecho se le viene haciendo desde el momento de su estreno, que no haya en él el menor acercamiento crítico hacia la figura de Kennedy. Pero, con todos esos reparos, a los cuales podemos añadir otros, consubstanciales al cine de Stone (cierto efectismo formal que a veces beneficia el impacto en perjuicio de la reflexión: Stone tiene el dudoso honor de ser uno de los principales instigadores de uno de los más execrables tropos del cine contemporáneo: el irritante fundido en blanco acompañado de un estruendoso efecto sonoro), JFK, caso abierto es, en cuanto experimento con el montaje, una obra apasionante.


4. Otro reproche que suele aflorar cada vez que se habla de esta película reside en la aparente superficialidad del personaje protagonista y la descripción de su entorno familiar. Es una opinión que no comparto, pues Garrison me parece, por el contrario, el personaje mejor perfilado del relato: un caballero sureño a la antigua usanza, tradicional y conservador, en cuya creciente obsesión por averiguar la verdad hay algo de cruzada personal contra el pecado: en una de sus reuniones con sus ayudantes, le dice a una de ellos que no diga palabrotas (sic); hablando con la prensa, a poco de empezar el proceso judicial contra Clay Shaw (Tommy Lee Jones), exclama: «¡Que se abra el cielo!»… Y si bien es verdad que las escenas conyugales en las cuales Garrison discute con su esposa Liz (Sissy Spacek) son lo más convencional del film, incluso aquéllas acaban teniendo un sentido muy interesante: la voz del personaje de Liz —descrita, asimismo, como una clásica mujer americana de clase acomodada, familiar y sin complicaciones— acaba siendo, en cierto sentido, la voz de gran parte de la sociedad estadounidense que durante años aceptó la versión oficial del gobierno, según la cual Lee Harvey Oswald mató al presidente actuando en solitario; de ahí que, tras el posterior asesinato de Robert Kennedy, Liz acabe creyendo que su marido puede tener razón, que la muerte de dos hermanos Kennedy con tan escasos años de diferencia no puede ser una simple casualidad…, del mismo modo que, al igual que ella, acabó pensándolo ese mismo sector de incrédulos.

(1) En una entrevista elaborada por Antonio Weinrichter y publicada en el núm. 199 (febrero 1992).
(2) Film inédito en España, conoció una edición en formato VHS con el título de Los archivos secretos del F.B.I.


Como epílogo musical, una reproducción de un fragmento de la magnífica partitura compuesta para este film por John Williams, en concreto el titulado Arlington, el cual, sin ánimo de pontificar, me parece el más bello jamás compuesto por Williams para el cine (que ya es decir dentro de una carrera tan brillante como la suya):

4 comentarios:

  1. La volví a ver anoche y, aunque la recordaba mejor de lo que me pareció en este último visionado, me hizo preguntarme si la película no sería completamente diferente de haberse rodado hoy en día, incluso por el propio Oliver Stone. Probablemente sería más ambigua y abierta, menos épica y más oscura, quizá más en la línea de "Zodiac", que ha contribuido a cambiar un poco el paradigma. Por otra parte, creo que respecto a la subtrama familiar de Garrison, casi nunca se habla de sus paralelismos con la familia Kennedy, que proyecta su sombra sobre ellos: Garrison termina siendo un mártir como JFK, Liz es una sufridora como Jackie y, sobre todo, la escena del juicio en la que el hijo de la familia observa la exposición de su padre tiene un tono heroico semejante al de John John saludando al féretro en el funeral... Precisamente, el último plano de la película, hace énfasis en la importancia de la familia, que a contraluz podría ser perfectamente la familia Kennedy...

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  2. Me encanta esta película y creo que, más allá de cuestiones históricas ("no hay nada más interpretable que la historia" creo que lo dijo usted en una crítica sobre "Amadeus") y opiniones políticas inevitables al tratarse del asesinato de un presidente de los EE.UU., es un film perfecto. Perfecto en el sentido de que conjuga reflexión y espectáculo, las dos mayores virtudes del 7º arte.
    Sobre los actores apuntar que pese a que todos están memorables, me quedo con Pesci en uno de esos personajes mitad patético mitad repulsivo que siempre borda y Sissy Spacek que crea una mujer real y creíble, cuando podría ser una mera caricatura . Me parece, hilando fino, un precedente del papel de Michelle Pfeiffer en "Por encima de todo", otro film que toca el tema de la muerte de JFK.
    ¡Un saludo!

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  3. Hola Tomás, como no, excelente artículo. ¿Podrías hacer una crítica a Prisoners, estrenada hace poco? Me ha encantado la crítica de Dirigido pero me gustaría saber tu opinión y ver tu análisis. Sino puedes o no viene al caso, no hay fallo. Saludos y sigue así, como cinéfilo y realizador, siempre me viene muy bien leer tus análisis, profundizas sobre conceptos muy sutiles que a la vez son importantísimos para conocer la percepción del espectador, un punto clave a la hora de crear productos audiovisuales.

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  4. 50 años despues la teoria de la "bala magica" tiene sentido. Oliver Stone se equivocó ;-)

    http://www.europapress.es/cultura/cine-00128/noticia-mato-magneto-john-kennedy-20131126110534.html

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