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viernes, 20 de septiembre de 2013

Objetivo: La Casa Blanca 2: "ASALTO AL PODER", de ROLAND EMMERICH

[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Éramos pocos, y parió la abuela. No contentos con casi haber empezado este año 2013 con un buen asalto a la Casa BlancaObjetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013, Antoine Fuqua) (1)—, ahora casi lo acabamos con otro (cinematográficamente hablando, se entiende), pergeñado por el alemán largo tiempo instalado en Hollywood Roland Emmerich, quien parece tener una (divertida) filia, consistente en ver la destrucción de la residencia del primer mandatario de la nación norteamericana, tal y como ya hizo en Independence Day (ídem, 1996) —de la cual, por cierto, está preparando dos secuelas consecutivas: ID Forever Part I e ID Forever Part II: el que avisa no es traidor—, algo a lo que se hace referencia directa en los diálogos de Asalto al poder (White House Down, 2013), y así todo queda en casa.  

El avispado Emmerich, quien probablemente puso en marcha Asalto al poder con vistas a resarcirse de las posibles pérdidas económicas de su anterior y no tan comercial Anonymous (ídem, 2011), su mejor película por otro lado, y que, siguiendo la misma estrategia de mercado, seguramente ha reactivado Independence Day para compensar el fracaso comercial, al menos en los Estados Unidos, de su más reciente propuesta, plantea la misma siguiendo todos los tópicos de lo que hace ya mucho tiempo que se configuró como un género, subgénero o variante genérica con personalidad propia: el actioner. El John Cale (Channing Tatum) de Asalto al poder viene a ser, en este sentido, un heredero directo del John McClane de la serie Jungla de cristal, es decir, alguien que está-en-el-lugar-equivocado-y-en-el-momento-equivocado (¡cuánto enriquece el cine nuestro vocabulario!); nada nuevo bajo el sol, habida cuenta de que el héroe del film de John McTiernan tampoco era un dechado de originalidad, sino un destilado de cientos y cientos de héroes previamente brindados por la cinematografía estadounidense a lo largo de un siglo de historia. Casualmente, Cale se encuentra visitando la Casa Blanca junto a su hija Emily (Joey King); y, asimismo por casualidad, pues el destino es aquí más caprichoso que nunca, se convierte en el único hombre que puede (sigamos enriqueciendo nuestro léxico) marcar-la-diferencia y salvar una situación desesperada: la que se produce a raíz de la toma de la Casa Blanca por parte de un grupo paramilitar formado por elementos de extrema derecha y exsoldados desengañados por la política pacifista del presidente Sawyer (Jamie Foxx), un mandatario que, ¿otra casualidad?, recuerda vagamente a Barack Obama. La unión hace la fuerza (dicen): de ahí que, previo rescate del segundo por el primero, Cale y Sawyer acaben formando equipo, convirtiendo Asalto al poder en una (otra) variante de la fórmula de la buddy movie o “película de colegas”, mostrándonos de paso que, a pesar de su pacifismo y si se presenta la ocasión, el presidente de los Estados Unidos los tiene tan bien puestos como el inefable Harrison Ford de Air Force One (El avión del presidente) (Air Force One, 1997), película de otro alemán residente en Hollywood, Wolfgang Petersen.

A pesar de lo rutinario del guión, servido en bandeja por James Vanderbilt, y de la convencional funcionalidad de la realización, tan insípida y a la vez, y a pesar de todo, no desagradable de ver, característica de Emmerich (el alemán siempre ha sabido filmar, pero no expresar ideas con la cámara: no es lo mismo), hay algunos pequeños aspectos positivos que impiden que el desastre sea total y absoluto. Está, como siempre, el buen hacer de James Woods, quien tiene a su cargo el personaje clave de la función: Walker, el encargado de seguridad de la Casa Blanca y, por eso mismo, el personaje perfecto para organizar un ataque contra ella desde dentro, tal y como ocurre aquí; en este sentido, la manera de apoderarse del lugar resulta relativamente más verosímil que la de Objetivo: La Casa Blanca, por más que la forma como se hacía en esta última fuera más divertida, de puro descacharre; en comparación, Asalto al poder parece algo más sobria, si bien dicha sensación no tarda en desvanecerse, pues el film de Emmerich funciona de menos a más: una vez tomada la sede presidencial, el resto deviene un delirio a base de misiles teledirigidos que repelen cualquier contraataque del ejército norteamericano, tanto da que sea con tanques o helicópteros, e incluso el Air Force One se va a parir monas… Hay que reconocer, empero, que Emmerich sabe manejar el tema de las escenas de acción, todas, como digo, bien filmadas, y sobre todo, bien planificadas; y flota sobre el conjunto del relato cierto humor soterrado que invita a no tomárselo demasiado en serio (suponiendo, claro está, que alguien mínimamente sensato pueda hacerlo), el cual se deja salir subrepticiamente a través de salidas cómicas, por más que, también hay que decirlo, se nota que están insertadas cronómetro en mano: porque “toca”, dicen, para-aliviar-la-insoportable-tensión.  
    
(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2013/05/la-caida-del-olimpo-objetivo-la-casa.html

1 comentario:

  1. Cuando un especialista en cine de acción, como Emmerich, que disfruté enormemente y revisiono con asiduidad por la espectacularidad de la cinta, tiene que firmar un título como el que nos ocupa, la cosa es un poco preocupante, no se sabe si por la escasez de ideas, o simplemente, porque hay que hacer caja. Me parece una sucesión de extravagancias fuera de lugar, con una nula credibilidad y un personaje principal, que obtiene el papel porque pone pelas. Destruir simbolos es una de las debilidades del bueno de Roland, pero la elección del protagonista, chorrea un poco, llega un momento que es increiible que un equipo superpreparadísimo, no roce tan siquiera a un solo tipo, y que según que personajes, pululen por el edificio supermegaprotegido con total tranquilidad e impunidad. Los efectos especiales, son marca de la casa, son espectaculares y a la vez, de un burdo que tira para atrás, las últimas imágenes sobrevolando a unos transeúntes, en los sims, tienen más creidibilada, me recordaron a las infografias que presentan los arquitectos (saludos amigo Carlos Escribano), para que sus edificios queden superbonitos en un ambiete "real". 4.5 por el medio entretenimiento (mucha acción) y poco más.

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