Google+ Followers

Translate

lunes, 5 de agosto de 2013

Solo contra todo: “PACTO DE SILENCIO”, de ROBERT REDFORD

[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] A la espera de que se confirme su estreno en España el próximo 31 de octubre con distribución de Tripictures, la nueva película dirigida y protagonizada por Robert Redford, que salvo cambios de última hora se titulará entre nosotros Pacto de silencio (The Company You Keep, 2012), es muy característica de la obra de su principal responsable, entendiendo en su caso como “obra” la práctica totalidad de su filmografía no solo como realizador, sino también como actor y productor. A partir de un guión escrito por Lem Dobbs, basado a su vez en la novela de Neil Gordon Los que te rodean (de la cual existe edición española a cargo de Alevosía), Pacto de silencio reincide en el retrato que Redford se ha creado en pantalla (o le han creado, si bien particularmente me inclino por la primera opción) alrededor de ese personaje casi siempre de ficción —subrayo el “casi”: en ocasiones, ha encarnado a figuras reales, como el periodista del Washington Post de Todos los hombres del presidente (que produjo) o el cazador de Memorias de África— que se caracteriza por su sempiterna lucha en soledad contra todo: bien sea, por regla general, “el sistema” y la globalidad de lo que este representa —El candidato, Tal como éramos, El gran Gatsby, El carnaval de las águilas, Los tres días del Cóndor, Todos los hombres del presidente, El jinete eléctrico, Brubaker, El mejor, Memorias de África, Habana—, pero también, en ocasiones, las fuerzas de la naturaleza: ahí están Las aventuras de Jeremiah Johnson y, al parecer —a falta de haberla visto todavía—, All Is Lost (2013), la reciente película de J.C. Chandor que interpreta en solitario, encarnando a un hombre-sin-nombre que lucha por sobrevivir a bordo de su yate en medio del océano: un film que, así explicado, parece un homenaje en abstracto a la figura y personalidad cinematográfica de un cineasta que, en su triple función como artista, representa uno de los últimos exponentes (o el último) de una determinada tendencia sociopolítica progresista dentro del Hollywood de los años setenta y primeros ochenta. 
Pacto de silencio no constituye una excepción: a falta de conocer por mí mismo la novela de Neil Gordon de la que parte, Redford vuelve a encarnar aquí su prototípico personaje de “solo contra todo”, en esta ocasión un abogado viudo desde hace un año, Jim Grant, y padre de una niña de tan solo once, Isabel (Jackie Evancho) —su esposa, mucho más joven que él, falleció en un accidente automovilístico—, quien en realidad resulta ser —no descubro nada: ello se revela en la primera media hora de metraje— un tal Nick Sloan: nada menos que el cerebro de un grupo de activistas que durante los años setenta perpetraron, entre otros delitos y atentados antisistema, el atraco a un banco de Detroit, en el curso del cual fue asesinado un vigilante de seguridad, crimen que treinta años después de su comisión sigue siendo atribuido a Sloan. De hecho la película arranca con la detención de otra antigua componente de la banda, Sharon Solarz (Susan Sarandon), descubierta tras años de haber permanecido oculta y asimismo bajo una falsa identidad por el tenaz agente del FBI Cornelius (Terrence Howard), momento a partir del cual Ben Shepard (Shia LaBeouf), un joven periodista con ganas de ascender en el diario que dirige Ray Fuller (Stanley Tucci), va tirando de los hilos hasta descubrir que Grant no es sino Sloan, quien no tarda en darse a la fuga tras haber confiado el cuidado de su hija a su hermano Daniel (Chris Cooper). A partir de ese momento, el film narra las investigaciones de Ben en su afán de averiguar todos los detalles del “caso Sloan”, lo cual le lleva a contactar con una antigua novia que trabaja para el FBI —Diana: Anna Kendrick—, el agente de policía ya retirado que estuvo involucrado en la investigación del asesinato del vigilante en Detroit —Henry Osborne: Brendan Gleeson— y la hija de este último —Rebecca: Brit Marling—, mientras también desarrolla paralelamente la huida de Sloan y sus contactos con dos de sus viejos colegas activistas sobre los cuales no penden órdenes de búsqueda y captura —Donal Fitzgerald: Nick Nolte, y Jed Lewis: Richard Jenkins—, con el propósito de localizar, antes de que los federales le capturen, a la persona que puede ser (y es) la clave del enigma: Mimi Lurie (Julie Christie).
Me he entretenido a desglosar un poco más de lo debido las principales líneas argumentales de Pacto de silencio —las cuales guardan ciertas semejanzas con la trama del film de Sidney Lumet Un lugar en ninguna parte (Running on Empty, 1988)—, porque en ellas se perciben los intereses habituales de Redford como cineasta (sobre todo, la denuncia del “sistema”), que salen a relucir en los títulos que ha dirigido de contenido más fuertemente social, crítico y/o político: Un lugar llamado Milagro (The Milagro Beanfield War, 1988), Quiz Show (El dilema) (Quiz Show, 1994) —acaso su mejor trabajo tras las cámaras—, Leones por corderos (Lions for Lambs, 2007) —un film menos despreciable de lo que se suele afirmar— y La conspiración (The Conspirator, 2010). En un sentido simbólico, puede verse en la trama de Pacto de silencio una especie de paráfrasis de la carrera de Redford, quien bajo cierto punto de vista también ha sido y en parte sigue siendo un viejo “activista” de otra manera de entender el cine hollywoodiense, asimismo perseguido por todo el mundo bajo la acusación de “crímenes” de “lesa cinematograficidad” (esto es, pretender que el público, además de entretenerse, piense…), hasta el punto de que, como acabamos de ver, la propia trama del film está construida a modo de sucesivos encuentros y reencuentros de los personajes encarnados por Redford y LaBeouf (un periodista, recordemos, como el joven Redford de, de nuevo, Todos los hombres del presidente) con otros personajes que, de un modo u otro, son “simpatizantes” con la causa común que defienden Sloan y Ben cada uno a su manera, esto es, el esclarecimiento de la verdad; tampoco sería de extrañar, en este mismo sentido, que haya una cierta complicidad entre Redford y los componentes del excelente reparto que ha reunido para la ocasión, si bien afirmar esto último se acerca peligrosamente a la especulación.
El resultado de Pacto de silencio es, en sus líneas generales, interesante y a ratos intenso: la película tiene, por un lado, algo de ese espíritu crítico y generoso, y a la vez turbulento y desasosegante, del mejor thriller “conspiratorio” de los setenta, representado tanto por la repetidamente citada Todos los hombres del presidente como por El último testigo (The Parallaw View, 1974), no por casualidad del mismo realizador de aquélla, el hoy en día excesivamente olvidado Alan J. Pakula. Por otra parte, se beneficia enormemente de la excelente labor de sus intérpretes, el propio Redford incluido, lo cual, en estrecha combinación del buen sentido de la planificación y el encuadre del director y protagonista, da pie a algunos momentos logrados: señalemos, por ejemplo, el plano de presentación del personaje de Sharon Solarz, de espaldas a la cámara y de cara al fregadero: un personaje, en cierto sentido (y como luego sabremos) también “de espaldas” a la realidad, a modo de sugerencia en torno a su turbio pasado como activista practicante de la violencia; la excelente secuencia de la conversación nocturna de Sloan y Mimi en la cabaña y ante la chimenea, en la cual la luz del fuego dota de carácter intimista y a la vez infernal a las confesiones que se hacen ambos personajes: la revelación de que estos dos antiguos activistas han cambiado como consecuencia del paso del tiempo y de las experiencias vividas, al margen de lo que ellos consideraban la única manera de “arreglar las cosas”; o el plano final —que no destriparemos, en atención a quien todavía no haya visto el film—, en el cual dos personajes establecen un simbólico pero necesario puente generacional, manteniendo un diálogo en off sonoro que preserva su intimidad a ojos y oídos del espectador y nos recuerda la obligación de no olvidar el pasado y transmitirlo a quienes tienen que edificar nuestro futuro, o al menos intentarlo. Es una pena que, al igual que ocurría en La conspiración, Pacto de silencio acabe dependiendo en exceso de la solidez del guión y la buena labor de los actores, puntales buenos pero no lo suficientemente atractivos para hacer de ella la gran película que podría haber sido, porque atesora una convicción hacia lo que cuenta, y en particular, hacia el trasfondo crítico y reflexivo que se encuentra agazapado tras lo que cuenta, que no puede menos que mover a la simpatía.

1 comentario:

  1. A mi juicio "Quiz Show" es sin la menor duda el mejor trabajo de Redford como director, el resto de su filmografia tiene altibajos o directamente bajos (El rio de la vida, por ejemplo)

    ResponderEliminar