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martes, 26 de julio de 2011

“SCIFIWORLD” DE AGOSTO 2011, YA A LA VENTA



La película de Greg Mottola Paul (ídem, 2011) es la principal atracción de la portada del núm. 40 de Scifiworld, que tal y como anuncié el mes pasado en este blog dedica este ejemplar, correspondiente al mes de agosto, a un Especial Espada y Brujería, con motivo del próximo estreno de la nueva versión de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, 2011, Marcus Nispel). Asimismo, mi contribución a este número consiste en un artículo general, titulado Fantasía heroica. Espadas y reinos imaginarios, en torno a “aquellos relatos fantásticos de corte aventurero, o si se prefiere, aquellos films de aventuras de corte “fantastique”, cuyos denominadores comunes suele ser dos: 1) la ubicación de los relatos en mundos imaginarios que suelen beber o bien de la iconografía visual de etapas históricas tales como las Edades de Piedra (prehistoria), del Cobre (milenios VI al III a.C.), del Bronce (aproximadamente entre los años 1800 y 1200 a.C.), del Hierro (desde entonces y hasta la Antigua Grecia y el Imperio Romano) y el Medioevo, por más que pocas veces o casi nunca los recreen fidedignamente desde un punto de vista histórico, habida cuenta de que la fantasía prima en todo instante a la hora de su descripción, de manera que puede decirse que se trata de relatos ambientados en “reinos”, “mundos”, “planetas” y hasta “dimensiones” ajenos a nuestra realidad cotidiana e histórica; 2) en consonancia con lo anterior, la predominancia en el empleo de armas blancas, dentro de las cuales la espada deviene no ya la más frecuentemente representada, sino incluso un verdadero signo de identidad tanto del género como del carácter de sus héroes”. Este Especial se completa con otros varios artículos que hacen referencia de un modo u otro al tema, como son los dedicados a Conan en el cine y los cómics, así como un recuerdo del rodaje en España del film original de John Milius, aproximaciones a Robert E. Howard y al dibujante Frank Frazetta, a la película de John Boorman Excalibur y a los mitos artúricos en el cine, a films como Willow, de Ron Howard, y El guerrero nº 13, de John McTiernan, y al famoso videojuego La leyenda de Zelda, todo lo cual hace de este ejemplar de Scifiworld una auténtica pieza de colección. ¡A por él!

sábado, 2 de julio de 2011

“DIRIGIDO POR…” JULIO-AGOSTO 2011, YA A LA VENTA

La semana que viene estará a la venta el núm. 413 de Dirigido por…, que abarca como viene siendo tradicional en la revista el período estival como consecuencia del paréntesis vacacional de la redacción, y viene cargado de muchos y muy variados contenidos. Anna Petrus disecciona la película que ocupa la portada, y que no es otra que el esperado nuevo trabajo de Pedro Almodóvar La piel que habito (2011). Por su parte, Quim Casas hace otro tanto con otro ya no menos reputado film español, La noche que no acaba (2011), de Isaki Lacuesta. Por su parte, Tonio L. Alarcón aborda otra de las películas más esperadas de este verano: Súper 8 (Super 8, 2011), producción de Steven Spielberg dirigida por J.J. Abrams. Y Roberto Alcover Oti nos introduce en el cine de Claire Denis, en un artículo elaborado con motivo del estreno, este mes de julio, de Una mujer en África (White Material, 2009). Entrando ahora en el terreno de las secciones fijas de la publicación, apuntemos el Fuera de Campo que Antonio José Navarro ha dedicado a Valhalla Rising (2009), del cada vez más prestigioso Nicolas Winding Refn; los Flashbacks de películas como Encontré al diablo (I Saw the Devil/ Akmareul boatda, 2010), de Kim Jee-woon, Confessions (Kokuhaku, 2010), de Tetsuya Nahashima, Una mujer casada (Une femme mariée, 1964), de Jean-Luc Godard, y La luz brilló dos veces (Lightning Strikes Twice, 1951), de King Vidor, a cargo de Ángel Sala, Tonio L. Alarcón, Quim Casas y Juan Carlos Vizcaíno Martínez, respectivamente, con motivo de sus recientes ediciones en DVD; la sección Paralelismos, en la cual Antonio José Navarro aborda la figura del director de fotografía John Alton; Drôle de drame (ídem, 1937), de Marcel Carné, desglosada por Raúl Acín en la sección En Busca del Cine Perdido; la sección Banda Sonora, de Joan Padrol; y la imprescindible Pantalla Digital, a cargo de José María Latorre.



Mi contribución a este número abarca, en primer lugar, un artículo incluido en la segunda y última parte del dossier que la revista ha dedicado al género giallo, y que aborda la cuestión de la influencia que ha ejercido el mismo sobre el slasher y otras producciones estadounidenses inscribibles en otros géneros afines, así como sobre la obra de realizadores norteamericanos como Brian De Palma o John Carpenter: “La influencia del género sobre De Palma y Carpenter se percibe en el recurso a detalles estéticos extraídos de la imaginería del “giallo”. Por ejemplo, la navaja de afeitar, arma homicida particularmente sádica utilizada en “gialli” como “La lama nel Corpo” (Lionello De Felice y Elio Scardamaglia, 1966), “El pájaro de las plumas de cristal” (L'uccello dalle piume di cristallo, 1970, Argento), “La muerte camina con tacón alto” (La morte cammina con i tacchi alti, 1971, Luciano Ercoli) o “La lengua de fuego de la iguana” (L'iguana dalla lengua di fuoco, 1971, Riccardo Freda), juega un papel fundamental en el famoso film de De Palma “Vestida para matar” (Dressed To Kill, 1980); asimismo, el asesinato de Angie Dickinson en el ascensor ya fue anticipado por Giuliano Carnimeo en “Las lágrimas de Jennifer” (Peché quelle strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer?, 1972). De Palma volvería a tomar ejemplo del “giallo” apropiándose de otra de «sus armas», el taladro patentado por Umberto Lenzi en “Siete orquídeas manchadas de rojo” (Sette orchidee macchiate di rosso, 1972) para otro de sus mejores títulos, “Doble cuerpo” (Body Double, 1984)”.

También he escrito una antología para este mismo dossier, la dedicada al extraño giallo de Luigi Bazzoni y Franco Rossellini La mujer del lago (La donna del lago, 1965): “Por más que “La mujer del lago” se sitúa, históricamente, entre las pioneras del “giallo” junto con, pongamos por caso, la simpática película de Mario Bava “La muchacha que sabía demasiado” (La ragazza che sapeva troppo, 1962), lo cierto es que este film codirigido por Luigi Bazzoni y Franco Rossellini guarda una relación relativamente estrecha con los márgenes del género”.


Abordo, asimismo, el comentario de un par de estrenos de aquellos de “rabiosa actualidad” y próximo estreno. El primero es Linterna Verde (Green Lantern, 2011), de Martin Campbell: “Era previsible que, siguiendo la línea de las recientes adaptaciones al cine de superhéroes de DC –los ya citados Superman y Batman–, y manteniendo ahora también en el terreno de lo audiovisual la competencia con la otra gran factoría de ficción superheroica, Marvel Cómics –Spiderman, Capitán América, Los X-Men, Iron Man, Thor, Hulk, Los 4 Fantásticos, Daredevil, Ghost Rider–, tarde o temprano tenía que caer una versión de Linterna Verde”.


El otro es Cars 2 (ídem, 2011): “esta secuela de “Cars” (ídem, 2006) es el nuevo trabajo como realizador del “alma Mater” de Pixar y uno de los personajes clave del cine contemporáneo, John Lasseter, quien no había firmado un nuevo largometraje de dibujos animados desde, precisamente, el primer “Cars”, y además codirigido (con Joe Ranft, en el caso de “Cars”, y con Brad Lewis, en el de “Cars 2”)”.

Completo mi contribución al Dirigido por… de este verano de 2011 con las reseñas de Arrietty y el mundo de los diminutos (Kari-gurashi no Arietti, 2010), de Hiromasa Yonebayashi, Kung Fu Panda 2 (ídem, 2011), de Jennifer Yuh, El perfecto anfitrión (The Perfect Host, 2010), de Nick Tomnay, y La víctima perfecta (The Resident, 2011), de Antti J. Jokinen.

lunes, 27 de junio de 2011

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” JULIO-AGOSTO 2011, YA A LA VENTA



El núm. 315 de Imágenes de Actualidad, que cubre todo el período estival, viene cargado, como no podía ser menos, con los reportajes de los ya tradicionales blockbusters de verano: Capitán América (Captain America: The First Avenger, 2011, Joe Johnston), que ocupa la portada, Linterna Verde (Green Lantern, 2011, Martin Campbell), Transformers: el lado oscuro de la luna (Transformers: The Dark Side of the Moon, 2011, Michael Bay), Cars 2 (ídem, 2011, John Lasseter y Brad Lewis), Súper 8 (Super 8, 2011, J.J. Abrams), El origen del planeta de los simios (Rise of the Planet of the Apes, 2011, Rupert Wyatt), Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, 2011, Marcus Nispel) y, cómo no, Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (2ª parte) (Harry Potter and the Deadly Hallows – Part II, 2011, David Yates).

Un poco a propósito de esta última, he dedicado el Cult Movie de este mes a un film que guarda más de un punto en común con la franquicia basada en las novelas de J.K. Rowling. Me refiero a El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1985), una producción de Steven Spielberg con guión de Chris Columbus y dirigida por Barry Levinson: “Qué película más agradable es “El secreto de la pirámide”, todavía hoy, y junto con la ya mencionada “Gremlins” y la primera parte de “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), la mejor y más interesante producción promovida por Spielberg en la época de esplendor de Amblin. Es posible que el hecho de que coincidiera el mismo año con el citado film de Zemeckis contribuyera a restarle público a una película que, por otro lado, también resultaba relativamente atípica y un tanto arriesgada dentro de las producciones Amblin, en su apuesta por un relato ambientado en el pasado (lo cual pocas veces suele atraer al público joven) y centrado en un personaje clásico sobre el cual no se había vuelto a hacer una producción cinematográfica decente desde “Asesinato por decreto” (Bob Clark, 1979)”.

También firmo este mes la crítica de la película de James Wan Insidious (ídem, 2011): “Desde su debut con la sobrevalorada “Saw” (2004), pese a todo probablemente la mejor de todas las entregas de una franquicia que ya va por los siete films (personalmente, no pude seguir más allá del segundo...), James Wan ha demostrado, con mayor o menor acierto, su voluntad de renovar algunas de las convenciones más tradicionales del género fantástico: lo demostró con su mal recibida y a pesar de ello muy atmosférica “Silencio desde el mal” (2007), sombrío relato gótico merecedor de más suerte que la que tuvo y hasta la fecha su mejor trabajo dentro del género, y vuelve a hacerlo, en parte, con “Insidious”, nueva vuelta de tuerca a la temática fantasmal”.

miércoles, 22 de junio de 2011

“SCIFIWORLD” JULIO 2011, YA A LA VENTA




Una a mi entender estupenda portada, formada por el cartel publicitario del formidable film de Roy Ward Baker ¿Qué sucedió entonces? (Quatermass and the Pit, 1967), encabeza de la mejor manera posible el núm. 39 de Scifiworld. Precisamente un artículo sobre dicho realizador, el más que simpático Roy Ward Baker, es lo que justifica la portada de este número, el cual también incluye sendos artículos sobre películas del género tan carismáticas como La invasión de los ultracuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1978), de Philip Kaufman, El retorno del hombre lobo (1981), de Jacinto Molina, y El hombre elefante (The Elephant Man, 1980), de David Lynch, así como artículos sobre temáticas como el cine de fantasmas (Entre fantasmas) y las muestras más recientes del slasher juvenil made in USA (Violencia carnal, adolescencia tardía), entre otras muchas cosas. Como ya indiqué el mes pasado, este mes tampoco he colaborado por acumulación de otros trabajos, y reemprendo mi actividad en Scifiworld a partir del número de agosto con un texto que formará parte del especial que la revista dedicará a Conan el cimmerio y al género Espada y Brujería con motivo, claro está, del estreno a finales de ese mismo mes de la nueva versión de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, 2011) que acaba de realizar Marcus Nispel.

jueves, 2 de junio de 2011

“DIRIGIDO POR…” JUNIO 2011, YA A LA VENTA

La ya famosa película de Terrence Malick El árbol de la vida (The Tree of Life, 2011), ganadora de la Palma de Oro del último Festival de Cannes, es el principal motivo de portada del núm. 412 de Dirigido por…, revista que a partir de este mes me encargo de coordinar. Una completa crónica de Cannes 2011, escrita por Quim Casas, y la primera entrega de un dossier en dos partes dedicado al género giallo, coordinado por Antonio José Navarro, son los platos fuertes de la edición de este junio. Pero, sin duda alguna, hay otros contenidos destacables: las críticas de estrenos de actualidad como X-Men: primera generación (X-Men: First Class, 2011, Matthew Vaughn), a cargo de Raúl Acín, y El castor (The Beaver, 2011, Jodie Foster), escrita por Quim Casas; el Flashback que ha dedicado José María Latorre (quien sigue firmando su imprescindible sección de novedades en DVD Pantalla Digital) al excelente film de Paul Schrader El placer de los extraños (The Comfort of Strangers, 1990); el que ha escrito, por su parte, Juan Carlos Vizcaíno Martínez sobre la gran película de Nicholas Ray Chicago, año 30 (Party Girl, 1958); y la crítica que Rafel Miret dedica a Le roman d’un tricheur (1936), inclasificable obra de Sacha Guitry, dentro de la sección En Busca del Cine Perdido.

Mi contribución de este mes se centra, por un lado, en la crítica del más reciente film de Woody Allen, Midnight in Paris (ídem, 2011), la cual, “como viene ocurriendo últimamente con las películas de Woody Allen, ha sido recibida de nuevo con cierta hostilidad fundamentada, salvo honrosas excepciones, en opiniones tan imbéciles y, sobre todo, tan extracinematográficas como la antipatía personal hacia cierto personaje metido en la producción de este film, o hacia la presencia, puramente anecdótica, de determinado personaje mediático en su reparto. Argumentos que nada tienen que ver con la realidad intrínsecamente cinematográfica de una obra, cierto, no del todo conseguida pero con los suficientes elementos de interés como para merecer mayor estima de la que se le ha dispensado”.

También he hecho una aportación a las numerosas antologías sobre el giallo que aparecen en este número, concretamente la dedicada al singular film de Pupi Avati La casa dalle finestre che ridono (1976): ““La casa dalle finestre che ridono” es un buen ejemplo del estilo de cine fantástico practicado por un realizador, el boloñés Pupi Avati, que por desgracia todavía hoy es más conocido por aquellas películas suyas que algunos aún catalogan, estúpidamente, como “serias” (sic) –sin perjuicio, más allá de esa absurda clasificación, del elevado interés de varias de ellas: destaco “I cavalieri que fecero l’impresa” (2001) o “El corazón ausente” (Il cuore altrove, 2003)–, despreciándose olímpicamente, en muchas ocasiones por pura y simple ignorancia, sus más que atractivas aportaciones al “fantastique”, como “Zeder” (1983), “L’arcano incantatore” (1996) o “Il nascondiglio” (2007)”.

Cierro mis artículos para el Dirigido por… de este mes, además de con una pequeña reseña de la reciente El sicario de Dios (Priest, 2011, Scott Stewart), con un texto para la sección Cine Bis, centrado en el curiosísimo thriller de la Hammer La máscara submarina (The Snorkel, 1958, Guy Green): ““La máscara submarina” se inscribe en la línea habitual de cine no fantástico del estudio por aquellos años, y en particular de sus “thrillers”, rodados en su mayoría en blanco y negro y de ambientación contemporánea, a fin de diferenciarlos al máximo de otras líneas de producción suyas rodadas mayoritariamente en color (…). Dentro de dicha producción blanquinegra de “thrillers”, sobresalieron en particular dos grandes obras del realizador Seth Holt: “El sabor del miedo” (Taste of Fear, 1961) y “A merced del odio” (The Nanny, 1965). Si bien es verdad que “La máscara submarina” no está a su altura, resulta preferible a otras incursiones de la Hammer en el género, como la aburrida “Maniac” (Michael Carreras, 1963)”.

Dirigido por…, nº 412: http://www.dirigidopor.com/dirigidopor/Dirigido.html

viernes, 27 de mayo de 2011

EL PADRE MUERTO: “CONTACT”, DE ROBERT ZEMECKIS

Siempre he dicho, y (creo) siempre sostendré, que la revisión de películas que hace tiempo que no se han vuelto a ver depara, en la mayoría de las ocasiones, sorpresas que pueden ser agradables o desagradables. En mi caso, volver a ver este film de Robert Zemeckis, que no había revisado desde el momento de su estreno en España, me ha supuesto una experiencia placentera; sobre todo teniendo en cuenta que la primera vez que lo vi me aburrió soberanamente, hasta el punto de que, y si no recuerdo mal (con franqueza, tonterías de esta índole sí que no suelo comprobarlas), puntué Contact (ídem, 1997) con un “rosco” en la casilla correspondiente del Cuadro Crítico de Dirigido por…; qué se le va a hacer, todos hemos sido jóvenes alguna vez, y por tanto, convencidos de que tan solo nosotros teníamos razón y el resto del planeta estaba equivocado. ¿Qué ha pasado? ¿La película ha “cambiado” desde entonces, lo cual es posible pero altamente improbable, pues no tengo noticia de que Zemeckis haya hecho desde entonces un montaje alternativo? No: las evidencias apuntan a que quien ha “cambiado” he sido yo (y espero que no para peor…). Y los “cambios” de mi actitud hacia Contact con respecto a la primera vez que la vi se fundamentan en las variaciones que han sufrido desde entonces las bases en las cuales sustentaba mi opinión: a) la simpatía que me despertó en su momento, y dentro de sus limitaciones, la novela del malogrado Carl Sagan, Contacto (primera edición española: Plaza y Janés Editores, 1986), y como consecuencia de su lectura, la antipatía que generaron en mí los diversos cambios que sufrió la trama del libro en su adaptación cinematográfica, firmada por los guionistas James V. Hart y Michael Goldenberg a partir tanto de dicha novela como, según parece, de un primer tratamiento cinematográfico que Sagan ya había escrito con su esposa Ann Druyan y que, ante la imposibilidad de producir un film en base al mismo por aquella época, había decidido convertir en novela; y b) la poca estima que sentía por aquel entonces hacia el realizador Robert Zemeckis: en su momento también detesté Forrest Gump (ídem, 1994) –la cual, por cierto, tampoco he revisado desde entonces, y creo que me está pidiendo a gritos una segunda oportunidad—, mucho antes de que este cineasta se ganara con creces mi interés gracias a posteriores trabajos tan solventes como Náufrago (Cast Away, 2000) y sus dos mejores contribuciones al cine de “captura de movimiento”, Beowulf (ídem, 2007) y Cuento de Navidad (A Christmas Carol, 2009) (1).

Respecto a lo primero, la adaptación de la novela al cine, sigo pensando que algunos de los cambios que ya en su momento me parecieron malos, o como mínimo discutibles, siguen siéndolo. Se lleva la palma, claro está, la transformación del personaje de Palmer Joss (Matthew McConaughey), que en el libro es un sacerdote que constantemente está cuestionando, desde el punto de vista de la fe, los argumentos científico-racionales de la protagonista del relato, la Dra. Eleanor “Ellie” Arroway (Jodie Foster), y que en la película se convierte en un seglar que no ha tomado los votos, entre ellos, claro está, el de celibato (en el film se dice expresamente que esa ha sido la principal razón para no tomarlos), lo cual da pie a una historia de amor, más bien historieta, entre Ellie y Palmer, en una clara concesión hollywoodiense destinada, por un lado, a promocionar a McConaughey como estrella-en-alza –este actor acababa de darse a conocer con un éxito comercial: la mediocre Tiempo de matar (A Time to Kill, 1996, Joel Schumacher)— y, quizá, contribuir a disipar los insistentes rumores de homosexualidad que siempre han perseguido a Jodie Foster, la cual disfrutaba de una época de gran tirón popular. Pero condicionar toda la valoración de esta película bajo el punto de vista de este defecto me parece injusto, y más teniendo en cuenta que el romance entre Ellie y Palmer apenas ocupa unos minutos de los 150 del total de un metraje excesivamente desproporcionado para lo que cuenta, pero que también atesora otros elementos de interés; asimismo, es mérito de Zemeckis el no cargar las tintas en la descripción de ese episodio amoroso, que resuelve sin detenerse demasiado en él y como si a fin de cuentas tampoco le interesara demasiado. En resumen, que no había para tanto.

Hay otro aspecto de Contact, en cuanto a su adaptación de la novela de Sagan, que está estrechamente vinculado a la personalidad de uno de sus guionistas, el ya citado James V. Hart, quien como es bien sabido por aquellos años se hizo bastante conocido gracias a su participación casi consecutiva en dos films que dieron de qué hablar cuando se estrenaron al provenir de realizadores famosos: Hook (El capitán Garfio) (Hook, 1991), de Steven Spielberg, y Drácula de Bram Stoker (Bram Stoker’s Dracula, 1992), de Francis Ford Coppola. Con independencia ahora de sus resultados, ambos comparten con Contact un punto temático que cabe atribuirlo a Hart, pues me parece excesivamente reiterativa su presencia como para que se deba a una mera casualidad ajena a la labor de este guionista. Me refiero a cierta tendencia implícita en esos tres guiones a ofrecer lecturas en clave psicoanalítica, en el borde mismo de lo freudiano, de las motivaciones de los personajes protagonistas. De este modo, en Hook (El capitán Garfio) se nos revela que lo que motivó a Peter Pan (Robin Williams) a dejar el País de Nunca Jamás no era sino el deseo implícito y no reconocido de ser padre y formar una familia; algo que, por otro lado, está apuntado pero únicamente insinuado en la obra canónica sobre el mito, el famoso Peter Pan y Wendy de Sir James M. Barrie, en ese momento en el cual, por unos instantes, Peter se convierte en el cabeza de un simbólico núcleo familiar formado por Wendy y los Niños Perdidos, con la primera desempeñando el papel de “madre”, y los segundos, de “hijos”. Luego, en Drácula de Bram Stoker, Hart repetía en parte el mismo procedimiento, consistente en tomar una sugerencia de la novela original de Stoker y magnificarla, en este caso la idea de que el famoso conde vampiro (Gary Oldman) es aquí un ser solitario condenado a vivir una eternidad sin compañía femenina, y que sus reiterados ataques a mujeres no esconden sino una pulsión freudiana con una motivación oculta: la recuperación de una mujer muerta a la que amó en un pasado lejano (Elisabeta/Mina: Winona Ryder). Lo mismo ocurre en Contact; y, si bien es verdad que en la novela de Sagan ya se encontraba presente la sugerencia según la cual lo que realmente motiva a Ellie a seguir adelante con su investigación sobre la vida extraterrestre no es sino un deseo soterrado de reencontrarse de algún modo con su difunto padre, Ted Arroway (David Morse), no es menos cierto que es tan solo un aspecto del libro pero no el único, ni siquiera el más importante; en cambio, en el film de Zemeckis, se erige, tal y como está planteado, en la principal motivación de la protagonista. De ahí que, a diferencia del libro, Ellie haga ella sola su “viaje cósmico” en la cápsula alienígena cuyos planos de fabricación han sido enviados por alguna inteligencia extraterrestre que quiere “contactar” con nosotros, y que tenga un extrañísimo “encuentro en la tercera fase” con “algo” o “alguien” que adopta la figura paterna en el paisaje irreal de una playa de arenas azuladas; mientras que, en la novela, Ellie viaja acompañada de otros científicos que, como ella, tienen sus propios y particulares “encuentros en la tercera fase” con otras personas –incluso personajes históricos— que han marcado sus respectivas existencias. El punto de vista entre novela y película es parecido pero, en el fondo, muy diferente.

Es evidente que este planteamiento dramático simplifica un tanto el alcance de lo propuesto por Sagan, más científico, divulgativo y relativamente más intelectualizado, como no podía ser menos tratándose del autor de la famosa serie documental Cosmos (ídem, 1980). A pesar de ello, Contact: the movie gana a cambio un tono subjetivo e intimista más acentuado, que Zemeckis sabe expresar bien sin perder de vista al mismo tiempo cierta base científica verosímil, proporcionada por Sagan, y cierto escepticismo, de tal manera que no resuelve a favor de la protagonista la cuestión sobre si realmente ha viajado durante 18 horas hasta el otro lado del universo (en tiempo real, su “viaje” ha sido tan solo de unos segundos: lo que ha tardado la esfera en la que estaba instalada en caer desde lo alto de la plataforma a la red de seguridad), por más que deja abierta una puerta a esa posibilidad desde un punto de vista “científico”: en su conversación final por videoconferencia, la representante de la Casa Blanca Rachel Constantine (Angela Bassett) informa al escéptico representante de los intereses del ejército norteamericano, Michael Kitz (James Woods), de que la videocámara que Ellie llevaba consigo, y que aparentemente tan solo ha grabado “nieve”, estuvo funcionando durante 18 horas… Dicho de otro modo, el atractivo del film consiste en gran medida en esa alternancia de lo objetivo y lo subjetivo, lo científico y lo emocional, lo racional y lo irracional, lo cual se encuentra en la base del conflicto dramático de la protagonista: una científica “objetiva” y “racional” que ha dedicado su vida a un proyecto científico “irracional” (la búsqueda de comunicaciones de origen extraterrestre) y “emocional” (la remota e inconsciente posibilidad de contactar con su padre muerto, como si de algún modo pudiera seguir “vivo” más allá de las estrellas).

Como digo, Zemeckis expresa bien ese contraste por medio de un relato que, en muchos instantes, recrea la subjetividad de Ellie poniéndola en relación con el movimiento de cámara; así, por ejemplo, el vistoso arranque del film, ese larguísimo travelling en retroceso por el universo, partiendo desde la superficie del planeta Tierra y avanzando hasta más allá de nuestra galaxia para concluir… en la imagen de Ellie, niña (Jena Malone), en su habitación, viviendo con su padre y manipulando un aparato de radioaficionado; o el flashback, ejemplar, que visualiza el momento de la muerte del padre de Ellie, con ese meritorio plano en cámara móvil que sigue a la niña hasta el piso superior de la casa y termina en el espejo del armario del cuarto de baño donde están guardadas las medicinas del progenitor. También hay un movimiento de cámara, en este caso más irónico, que pone en relación las gigantescas antenas de Nuevo Méjico, junto a las cuales Ellie y su equipo se han instalado para proseguir su investigación, con la forma del sombrero pamela que la protagonista lleva puesto mientras trabaja en el exterior, y que la hace parecer a ella misma una antena… De hecho, el “viaje cósmico” de Ellie está planificado de tal manera que las distorsiones (digitales) de la imagen de la protagonista instalada en su silla, así como buena parte de las visiones del universo que ve desde allí, hacen la función de simbólicos “movimientos” de cámara, como si la cámara siempre mostrara a la protagonista como una persona “que se avanza” con respecto al resto de la humanidad: alguien que ve más allá de lo que nadie puede o quiere ver. También resulta meritorio que dicho “viaje cósmico” esté planificado desde el punto de vista de Ellie, y sin que Zemeckis ceda a la tentación de insertar planos exteriores de la esfera volando por el espacio, tal y como luego volvería a hacer, en Náufrago, al planificar el accidente de avión con la cámara siempre puesta en el interior del aparato: en ambos casos, así resulta más inquietante y, además, “personal”, en el sentido de que se trata de experiencias extremas que tan solo atañen personalmente a los personajes que las viven: Ellie y Chuck Noland (Tom Hanks), el protagonista de Náufrago, son personas que afrontan sus viajes/experiencias en soledad. (Nota bene núm. 1: El cine de Zemeckis –y a estas alturas habría que empezar a reconocer que sí: que hay un “cine de Zemeckis”— suele girar alrededor de personajes incomprendidos que viven sus aventuras solos, o acompañados en última instancia de otros personajes asimismo tan solitarios como ellos antes de encontrarse y compartir sus soledades: Jack Colton (Michael Douglas) y Joan Wilder, en Tras el corazón verde (Romancing the Stone, 1984); Marty McFly (Michael J. Fox) y el Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd), en la trilogía Regreso al futuro; Eddie Valiant (Bob Hoskins)… y el conejo Roger, en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit, 1988); Madeline (Meryl Streep), Ernest (Bruce Willis) y Helen (Goldie Hawn), en La muerte os sienta tan bien (Death Becomes Her, 1992); Forrest Gump (Tom Hanks) y Jenny (Robin Wright); Claire (Michelle Pfeiffer) y Norman (Harrison Ford), en Lo que la verdad esconde (What Lies Beneath, 2000); incluso el niño (Tom Hanks) protagonista de Polar Express (The Polar Express, 2004), Beowulf y el Ebenezer Scrooge de Cuento de Navidad.)

Volviendo a Contact, cuando entran en la acción los personajes que de un modo u otro se oponen al de Ellie, caso del ya mencionado Michael Kitz, de David Drumlin (Tom Skerritt), el arrogante promotor del proyecto científico de Ellie que intenta apropiarse de los méritos conseguidos exclusivamente por esta última gracias a una labor en la cual él nunca había creído, y de Joseph (Jake Busey), el demente líder de una secta ultracatólica que llega al extremo de sabotear la cápsula, entonces la película adopta un tono más realista, más “racional”, a tono con lo que estos personajes tienen de representantes de una realidad (los intereses militares, el egoísmo, el fanatismo) contra la cual se estrella el idealismo de Ellie. Funcionan bien, en este sentido, los personajes de Kitz y Drumlin; no tanto el de Joseph, excesivamente caricaturesco, que si bien da pie a una de las secuencias más brillantes del film (la del atentado con bomba), también propicia una de las peores y más convencionalmente resueltas (la del circo de fanáticos, videntes y aprovechados que se arremolinan cerca de la base de lanzamiento de la cápsula). (Nota bene núm. 2: Hay otra “interferencia de la realidad”, esta muy del gusto de Zemeckis, consistente en la inserción de imágenes reales del por aquel entonces presidente de los Estados Unidos Bill Clinton interactuando con los personajes del film, tal y como ya ensayara en Forrest Gump.) La excepción la constituye el personaje del benefactor en la sombra de Ellie, el multimillonario S.R. Hadden (John Hurt), un personaje descrito aquí de una manera más “fantástica” y “misteriosa” que en la novela de Sagan, donde es un adinerado hombre de negocios cuyo principal interés es la posibilidad de ampliar sus finanzas más allá de los límites físicos de nuestro mundo (sic), mientras que en el film es una especie de mezcla de excéntrico filántropo y de iluminado, cuya motivación reside en el hecho de que se encuentra a las puertas de la muerte: Hadden padece un cáncer en fase terminal que, en cierto sentido, ya le está alejando de la vida/de la Tierra, y ve en el proyecto de Ellie una manera de perpetuarse después de su desaparición física; resulta muy significativa la escena en la cual vemos a Hadden hablando vía satélite con Ellie desde una estación espacial rusa, donde se ha instalado a golpe de talonario: la gravedad cero retrasa el avance de su cáncer, pero ello expresa al mismo tiempo ese progresivo alejamiento de nuestro mundo por parte de alguien que lo desprecia y que ya tiene puesta su vista, en más de un sentido, en el infinito.

(1) Me remito a lo que publiqué en este blog el 21 de diciembre de 2009: http://elcineseguntfv.blogspot.com/2009/12/beowulf-cuento-de-navidad-robert.html

miércoles, 25 de mayo de 2011

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” JUNIO 2011, YA A LA VENTA

La portada del núm. 314 de Imágenes de Actualidad la ocupa principalmente un avance de un título muy esperado por el público más joven: La saga Crepúsculo: amanecer (parte 1) (The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1, 2011, Bill Condon), que es uno de los estrenos de los próximos meses que la revista avanza, junto con los de Rise of the Planet of the Apes (Rupert Wyatt, 2011; cuyo tráiler, por cierto, resulta inesperadamente prometedor…) o la ya famosa La piel que habito (2011), de Pedro Almodóvar. Los principales titulares se completan con el anuncio del pronto estreno de X-Men: primera generación (X-Men: First Class, 2011, Matthew Vaughn), de la cual se ofrece un completo reportaje.

Mi contribución de este mes a la revista se centra, asimismo, en cine blockbuster puro y duro (¿para qué engañarnos?), puesto que hasta el Cult Movie de este junio está inscrito en esta línea, dado que se trata de la popular Arma letal (Lethal Weapon, 1987), de Richard Donner: ““Arma letal” no surgió de la nada, dado que se erige en una heredera clara de una corriente de “buddy-movies” policíacas con toques de humor iniciada ya en los años setenta, con títulos como “Manos sucias sobre la ciudad” (Peter Hyams, 1974) o “Una extraña pareja de polis” (Richard Rush, 1974), y que alcanzó uno de sus primeros puntos culminantes con la exitosa “Límite: 48 horas” (Walter Hill, 1982), el más directo precedente del film de Donner”.

También firmo, entre otros textos puramente informativos/periodísticos, un reportaje de la película de Joe Wright Hanna (ídem, 2011), asimismo de próximo estreno, y que he tenido la ocasión de ver recientemente: ““Hanna” es un esforzado intento por partida doble: por un lado, de Wright con tal de quitarse de encima la etiqueta de director de cine de “qualité” que se ha labrado gracias a “Orgullo y prejuicio”, “Expiación” y, algo menos, “El solista”; y por otro, de los productores del film, quienes con la contratación de Wright parecen haber intentado imprimirle a lo que, sobre el papel, es un relato de acción bastante convencional un toque “culto”; un poco, salvando las distancias, como lo que han hecho últimamente los productores de la serie Bond, contratando a Marc Forster para que realizara “007: Quantum of Solace”, y ahora a Sam Mendes, que esperemos esté más inspirado que el anterior, para “Bond 23””.

Rematando la faena, mi contribución de este mes concluye con la crítica de otro título de lo más hollywoodiense: la película de Kenneth Branagh Thor (ídem, 2011).

Imágenes de Actualidad, nº 314: http://www.dirigidopor.com/dirigidopor/Imagenes.html