Google+ Followers

Translate

miércoles, 20 de mayo de 2015

Superhéroes reciclados: “VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN”, de JOSS WHEDON



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Tal y como ya ocurría no solo en la primera entrega de Los Vengadores (The Avengers, 2012) (1), sino en la mayoría de los trabajos de Joss Whedon que le tienen a él tras las cámaras, Vengadores: La era de Ultrón (Avengers: Age of Ultron, 2015) es una película más interesante por lo que sugiere que por lo que enseña. Sugerencias que, como también suele ser habitual en su autor, tienen más valor a nivel teórico que a nivel expresivo; o dicho de otra manera: Whedon me parece, al menos por ahora, un cineasta más atractivo y personal como guionista que como metteur en scène. Eso no significa, ni mucho menos, que me parezca un mal director, pues lo cierto es que no le faltan méritos como tal, sino, sencillamente, que su talento, estimable, con la cámara me parece menos brillante que su talento, más notable, como guionista.


Vaya por delante que, al igual que Los Vengadores, Vengadores: La era de Ultrón me parece un buen film, pero ninguno de los dos me parece excepcional: hay algo en ellos de formulario, de preconcebido, que frustra o cuanto menos limita el brillo de su planteamiento y resolución, arrojando un saldo por debajo de lo que prometen y que solo esporádicamente dan. Sin ir más lejos, la primera secuencia de Vengadores: La era de Ultrón —el ataque de los Vengadores al castillo de Strucker (Thomas Kretschmann)— es tan aparentemente brillante como, en el fondo, relativamente decepcionante. Brilla, como digo, en lo que se refiere a su planificación y montaje, tan correcto y eficaz como suele ser habitual en Whedon; pero, a la postre, decepciona por lo que tiene de repetición de lo ya ensayado por su mismo director en Los Vengadores, hasta el punto de repetir aquí (con escasas variaciones) el plano más celebrado de la anterior película: el que, a base de encuadres y reencuadres “imposibles” digitalmente ensamblados, nos muestra a Iron Man (Robert Downey Jr.), Capitán América (Chris Evans), Thor (Chris Hemsworth), Viuda Negra (Scarlett Johansson), Ojo de Halcón (Jeremy Renner) y Hulk (Mark Ruffalo) abriéndose paso entre el ejército de Strucker, actuando como si fueran un solo ser, o como a Whedon le gusta tanto, como un equipo, idea temática esta harto recurrente en toda su obra. El plano es bonito, cierto, pero… ya lo habíamos visto (y, con franqueza, tampoco había para tanto). Sensación de déjà vu que acaba convirtiéndose en el principal handicap de Vengadores: La era de Ultrón.


Tal y como está planteada, Vengadores: La era de Ultrón es poco más que una reiteración de lo ya expuesto en Los Vengadores, sobre todo en lo que a construcción narrativa se refiere: empieza con la ya mencionada secuencia de acción “a lo grande” (por más que esto último es algo endémico en el blockbuster norteamericano actual); prosigue con un (reiterado) dibujo de la tirantez que se da entre el arrogante Tony Stark/Iron Man y el idealista Steve Rogers/Capitán América, sazonado con algunas gotas destinadas a burlarse del carácter anacrónico y pomposo del dios Thor; y culmina, por descontado, con otra secuencia de acción “a lo más grande todavía” —la “batalla final” en Sokovia, equivalente a la “batalla final” en Nueva York del anterior film—, además de retomar, pasados sus primeros títulos de crédito del final, al personaje de Thanos (Josh Brolin), cuya presencia ya se intuía en el epílogo de Los Vengadores y en Guardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy, 2014, James Gunn) (2).


Empero, esa reiteración viene acompañada de algunas ligeras variantes y/o pequeños giros argumentales, en virtud de los cuales se aprecia una evolución de los personajes protagonistas. Está, sobre todo (aunque, hasta cierto punto, resulte bastante previsible), el dibujo de la incipiente atracción amorosa entre Natasha Romanoff/Viuda Negra y Bruce Banner/Hulk, quienes se reconocen el uno al otro dada su condición de “monstruos”: Viuda Negra tranquiliza a Hulk (propiciando su transformación en el pacífico científico Bruce Banner) cantándole una especie de nana; y, una vez recuperada su forma humana, Bruce se aproxima a Natasha, tratándola con un cariño y un respeto que ella jamás ha conocido. Pero no se vayan todavía, aún hay más: Stark encuentra la horma de su zapato al darse cuenta de que su más reciente y altruista creación cibernética, Ultrón (James Spader), no solo no le obedece, sino que incluso se ha propuesto erradicar de cuajo todos los problemas del planeta Tierra… exterminando lo que, a su juicio, es la responsable directa de los mismos: ¡la raza humana! Ironías aparte (bastante obvias, por otro lado), Stark se da cuenta de que su exceso de orgullo y vanidad ha desembocado en una amenaza de proporciones planetarias y, quizá por primera vez en su vida, siente algo que nunca había experimentado: vergüenza de sí mismo. La idea tampoco está mal, pero —al igual que toda la película en su conjunto— suena a reciclaje: el cuestionamiento de la arrogancia de Stark ya se hallaba planteado de un modo u otro en las tres películas de la franquicia Iron Man, de las cuales se vuelven a retomar, como ya se hizo en Los Vengadores, los primeros planos de la cabeza del personaje dentro de la armadura de su creación.
  

El interés se eleva considerablemente (aunque menos de lo que sería de esperar) a partir del momento de la intrusión del personaje de Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen), la superheroína conocida en los cómics como Bruja Escarlata —por más que no se la llame así en ningún momento del film—, militando al principio en el bando de Strucker y luego en el de Ultrón antes de unirse definitivamente a los Vengadores. Un interés que no nace del personaje en sí, una más bien convencional variante de los X-Men: ella y su “superveloz” hermano Pietro (Aaron Taylor-Johnson), el Quicksilver de los cómics, son mutantes marginados por una sociedad que no comprenden ni les comprende, al menos tal y como están presentados en la película. Más bien me refiero al hecho de que, como consecuencia de sus poderes mentales, Wanda/Bruja Escarlata sea capaz de penetrar en las mentes de Capitán América, Thor y Viuda Negra, y revelarnos —por medio de unos flashbacks un tanto molestos…— que Steve Rogers sigue románticamente enamorado de la agente Peggy Carter (Hayley Atwell); que el dios del trueno de Asgard tiene remordimientos de conciencia porque cree estar desatendiendo a su propio reino en su afán por proteger a los habitantes de la Tierra (y el interés amoroso que tiene en ella: el personaje encarnado por Natalie Portman en los por ahora dos films de la franquicia dedicada a Thor); y que Natasha fue, en el pasado, una niña inocente que desde muy joven, demasiado joven, fue obligada a convertirse en la letal máquina de matar que ahora es (en lo cual puede verse un anticipo de la posible película dedicada en exclusiva al personaje que, tarde o temprano, podría formar parte de los planes cinematográficos de los Marvel Studios). La idea de mostrar a estos superhéroes tan poderosos como seres que en el fondo esconden miedos, temores y dudas como cualquier hijo de vecino es sin duda alguna atractiva, pero también se queda en un mero apunte.


Con todo esto puede parecer que estoy diciendo que Vengadores: La era de Ultrón es una mala película, cuando lo cierto es que no lo es: tan solo resulta menos satisfactoria de lo que promete. Pero sin duda alguna también atesora puntos a favor. Se agradecen algunos toques de humor que contribuyen, más y mejor que cualquiera de las disquisiciones apuntadas en el párrafo anterior, a humanizar a los protagonistas: la escena en la que Steve Rogers y Tony Stark —este con su guante de Iron Man, y luego con la ayuda de su amigo James Rhode/Máquina de Guerra (Don Cheadle)— intentan levantar el martillo mágico de Thor, amén de divertida, expresa mejor que nada la amistad y el grado de compañerismo que ya existe a esas alturas entre los Vengadores. Rasgo de humor que reaparece, a modo de contrapunto disolvente, tras la secuencia de la presentación del nuevo miembro de los Vengadores, el superhéroe La Visión, quien se beneficia tanto de la labor del siempre excelente Paul Bettany como de ese detalle humorístico que enlaza con la escena antes mencionada: La Visión le entrega a Thor su martillo sin hacer, aparentemente, el menor esfuerzo… Cabe anotar en el haber de la película la inquietante escena de la primera aparición de Ultrón ante los Vengadores, convertido en un monigote robótico a medio montar pero mostrándose, a pesar de ello, amenazador y resolutivo: esta sí es una imagen digna de ser recordada.


1 comentario:

  1. Gran crítica Tomás. Por si te interesa, yo también he hablado de ella, y la tengo en más estima que tu, pero me imagino que será pro el fan que llevo dentro, cuyo criterio se ve (algo) menguado al ver cumplidos sueños, como "Los Vengadores" en la gran pantalla. A mí si que me parecieron bastante bien rodadas las pesadillas que generaba la Bruja Escarlata (que, como bien dices, nunca es llamada por ese nombre en la película... ya te he comentado que el cine de Marvel baja mi criterio), y el plano secuencia inicial si que me pareció gratuito, pero el segundo no tanto, ya que que se trata de la primera ocasión en la que el grupo con nuevos miembros funciona auténticamente como un équipo, y el plano secuencia me parece una manera idónea de mostrarlo.
    Saludos

    ResponderEliminar