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viernes, 27 de diciembre de 2013

Un drama del destino: “EL CONSEJERO”, de RIDLEY SCOTT



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] El consejero (The Counselor, 2013) hace gala de una de las mejores construcciones narrativas de todo el último cine del firmante de Prometheus (ídem, 2012). Puede que ello se deba más al interesante guión de Cormac McCarthy que a la habilidad de Ridley Scott, un cineasta tan brillante como frecuentemente necesitado de buenos soportes dramáticos para funcionar a pleno rendimiento; pero, aun en el supuesto de que así fuere, y sin perjuicio de las bondades del libreto del escritor de La carretera, también sería mérito de Scott el haber hecho gala de una buena comprensión del texto que se traía entre manos y haberlo puesto en solfa con eficacia. 


La trama de El consejero hace gala de un estilo aparentemente inconexo, en el sentido de que va progresando en base al encadenado de dos tipos de secuencias que se van alternando en paralelo a lo largo del relato. Están, por un lado, las secuencias llamadas “dialogadas” o “de diálogo”, que constituyen las principales dado que es en ellas donde el aquí guionista McCarthy vuelca el mayor peso por lo que tienen de descripción de la psicología de los personajes. Dichas secuencias se van alternando con otras, más breves (tanto que, en ocasiones, consisten en escenas cortas o incluso en meros planos de transición), que al contrario que las descritas en primer lugar son mucho menos dialogadas, cuando no carecen por completo de diálogos, como si en cierta manera formaran parte de un relato diferente. Un buen ejemplo de lo afirmado, y que con escasas variaciones se va repitiendo a lo largo de la narración, lo vemos en los primeros minutos de metraje: El consejero “arranca” con el plano de una carretera situada en la frontera entre México y los Estados Unidos (unos carteles en la misma así nos lo indican), y por la misma circula, a toda velocidad, un solitario motorista; pasamos entonces a un dormitorio donde el abogado sin nombre protagonista del film (Michael Fassbender) está haciendo el amor con su novia Laura (Penélope Cruz). Tanto en un caso como en otro, carecemos de más datos al respecto: ignoramos (de momento) quién es aquel motorista, y poco o nada sabemos en torno a los personajes del abogado y Laura, pero la siguientes secuencias, respetando escrupulosamente esa alternancia entre las dialogadas y las que podríamos definir como descriptivas, irán proporcionando al espectador, siempre indirectamente, la información que necesita para construir el engranaje argumental.


Llama la atención, positivamente, que a pesar de las abundancia de diálogos en las secuencias construidas alrededor de los mismos, El consejero no parezca un film teatral sino, por el contrario, muy cinematográfico. Hay un momento, empero, en que en una de esas secuencias la película cede a la tentación de “visualizar” algo que se explica en los diálogos, lo cual, a falta de haber leído el texto de McCarthy (se encuentra editado por Mondadori), ignoro si se encuentra asimismo descrito en el original literario de un modo aparte de la descripción que proporcionan del mismo los diálogos o si, por el contrario, se trata de una idea de Ridley Scott (lo parece). Me refiero a la celebrada secuencia (por lo demás, no mal resuelta) en la que, como digo, se visualiza la explicación del excéntrico episodio erótico que Reiner (Javier Bardem) le cuenta al abogado protagonizado por la amante del primero, Malkina (Cameron Diaz), la noche que esta última tuvo la ocurrencia de “follarse” el deportivo descapotable de Reiner, encaramándose sin bragas sobre el parabrisas del vehículo y frotando su sexo contra el cristal hasta correrse…; es el único momento del film en el que, como digo, se visualiza gratuitamente algo que está de sobras explicado en los diálogos, y no le veo mayor razón de ser que la de erigirse en el mero añadido de una secuencia vistosa, concebida y ejecutada de cara al lucimiento físico de Diaz y su body double


Es una pena que el film incurra en esta gratuidad, siendo así que buena parte de su fuerza se deposita, al contrario que en esta secuencia, en la potencia que tienen los diálogos y, sobre todo, en su capacidad para anticipar los momentos de mayor crudeza. Es el caso de la espléndida explicación (otra) que Reiner le da al abogado con respecto a la existencia de un siniestro aparato con un lazo de metal, preparado para estrangular lentamente a las víctimas a las que les es colocado y que termina seccionando las arterias del cuello y desatando una aparatosa hemorragia, que no es sino el método elegido por el cártel para deshacerse del intermediario Westray (Brad Pitt). O de la no menos excelente descripción que le proporciona este último al abogado sobre las tristemente célebres snuff movies (en concreto, la existencia de una en la cual una mujer es decapitada y violada, por este orden…), que da pie a una extraordinaria elipsis: el momento en que el abogado recibe en su miserable escondrijo un sobre que contiene un disco que lleva escrito, en español, “Hola!”; ello es suficiente para que el abogado y el público sepan al unísono cuál ha sido el trágico destino de Laura a manos de los asesinos del cártel que previamente la han secuestrado (para dejárselo más claro al espectador despistado, Ridley Scott inserta a continuación una corta secuencia en la que un camión de la basura arroja un montón de desperdicios a un vertedero: entre ellos está el cadáver de una mujer, cuyo llamativo vestido rojo permite identificarla como Laura).


A tenor de lo explicado, casi huelga decir a estas alturas que El consejero es, más que un film policíaco, una especie de drama fatalista del cual llama positivamente la atención, como digo, la ambivalencia de la mayoría de los personajes protagonistas: desde ese abogado excesivamente pagado de sí mismo que cree que podrá meterse “un poco” en el negocio del narcotráfico para ganar un dinero fácil y rápido (creyendo, por tanto, que podrá controlar algo de por sí incontrolable), hasta Reiner, ese traficante que en el fondo no es sino un necio que se ha hecho rico demasiado rápido y que anda metido en un negocio que le viene excesivamente grande, pasando por Westray, ese intermediario que, a pesar de su aparente astucia, caerá en la trampa más vieja del mundo —una rubia (la gatuna Natalie Dormer) contratada para seducirle y robarle información— y no sobrevivirá a la misma. Los actores defienden bastante bien estos personajes: desde el siempre excelente Michael Fassbender hasta unos Javier Bardem y Brad Pitt más entonados que se costumbre, pasando por una aceptable Penélope Cruz; únicamente desentona Cameron Diaz, absolutamente incapaz de transmitir la vesania de su personaje de Malkina, y  más atractivo por ciertos detalles que aportan el guión y la realización —su presentación, viendo a los guepardos que utiliza de mascotas cómo cazan conejos; el tatuaje, de leopardo o de guepardo, que cubre parte de su espalda, a modo de simbólica representación de su faceta animal salvaje—, que por la labor de esta siempre pésima actriz.


También funciona bien la mencionada interrelación y alternancia entre las secuencias dialogadas y las que no lo son, que consiguen que el relato vaya creciendo en interés a base de impregnación. Destaco, por ejemplo, la interrelación que se da entre dos secuencias que, en apariencia, nada tienen que ver entre sí, pero que acaban erigiéndose en una de las principales claves de la narración: la visita del abogado a una clienta que cumple condena en prisión, Ruth (reencuentro con la excelente Rosie Perez), y que le pide a modo de favor personal que ayude a su hijo a pagar una multa de tráfico por conducir su motocicleta con exceso de velocidad; ello guarda una estrecha relación con el posterior asesinato de ese motorista, que no es sino el mismo que hemos visto en el ya mencionado plano de apertura de la película; todo lo cual se remata con esa breve escena en la que, inmediatamente después de la muerte de su hijo, Ruth se despierta en su celda, instintivamente, y acaricia la imagen de infancia de su hijo en una foto que tiene pegada junto al camastro… He dicho que El consejero es, más bien, una especie de “drama del destino”: otro de sus aspectos más conseguidos reside, precisamente, en que desde el primer momento se tiene la intuición de que lo que se propone el abogado no puede sino acabar mal; tanto Reiner como Westray le aconsejan que no lo haga, pues intuyen que el abogado no está “preparado”; o, como le explica por teléfono el abogado mexicano (Rubén Blades), el mundo en el que ha entrado no es el que conoce: es “otro mundo” donde las reglas de la razón y la lógica que siempre han regido la existencia del abogado aquí no sirven absolutamente para nada. No hay más que ver la situación absurda que desencadena todo su drama: tanto da que el abogado se limitara a pagar la multa de tráfico del motorista luego asesinado por hacerle un favor a una clienta: eso es razón “suficiente” para que el cártel le haga directamente responsable de la pérdida de un alijo de 20 millones de dólares, deuda que se cobrará con la sangre de Reiner, Westray y Laura.


Otro aspecto que creo que vale la pena mencionar reside en el tono seco y cortante de sus escenas de violencia. Ello se debe, vuelvo a insistir, en el hecho de que dichos momentos violentos forman parte del bloque de secuencias descriptivas con poco o ningún diálogo a las que me vengo refiriendo desde el principio, y que vienen a ser un contrapunto asimismo seco y austero dado su carácter de efecto directo e inmediato de las secuencias de diálogo que en buena medida les sirven de causa. Expresado de otra manera: así como las secuencias dialogadas vienen a establecer unas determinadas pautas en torno al carácter de los personajes y el peligrosísimo entorno en el que se mueven, las secuencias del segundo tipo son una representación práctica del funcionamiento de ese entorno y, en consecuencia, va directas al grano, sin más prolegómenos ni florituras. De ahí, como digo, la sequedad de las escenas de violencia (las más llamativas, dada su naturaleza espectacular): el ataque al camión de aguas residuales (detalle significativo) por parte de dos sicarios disfrazados de policías de carretera; la muerte de Reiner a manos de otros matones pagados por el cártel; sobre todo, la espléndida secuencia, muy bien construida, del asesinato del motorista mediante el sádico método de su decapitación por medio de un cable de acero tensado y sádicamente colocado en mitad de la carretera. Incluso el asesinato de Westray en las calles de Londres, aun siendo más elaborado, hace gala de un tono que pone de relieve lo que de cotidiano tiene esa muerte desde el punto de vista de unas personas que han hecho del crimen su forma de vida habitual: Ridley Scott crea un cierto “suspense” mediante ese detalle de un hombre con chándal al cual vemos acercarse a Westray por la espalda; en realidad, ese hombre no es sino un transeúnte: el asesino es un segundo hombre, también con chándal y aparentemente haciendo footing, quien atrapará a Westray con el terrible lazo mortal.


La sequedad de esos momentos violentos guarda una estrecha relación, así, con esas otras secuencias no menos austeras en las cuales vemos, por ejemplo, cómo el camión con el alijo es sometido a un proceso de limpieza (de la sangre que salpica los asientos de los conductores asesinados), reparación (de los agujeros de bala) y puesta a punto; o con ese momento, sarcástico y cruel hasta decir basta, en el que vemos cómo ese camión llega a su destino en Los Ángeles, y descubrimos, gracias a los personajes secundarios encarnados por los siempre excelentes John Leguizamo y Dean Norris, cómo entre su cargamento secreto hay un barril que contiene el cadáver en descomposición de un hombre asesinado vayan ustedes a saber por qué y del cual había que deshacerse fuera como fuese… Todo ello forma parte del mismo engranaje criminal. El consejero es una interesante película que, por descontado, no es perfecta ni está exenta de defectos; como siempre en Ridley Scott, hay algunos planos esteticistas que le son muy característicos y que van “salpicando” el tapiz visual del conjunto (entre ellos, sus ya famosos encuadres con “gotitas” de lluvia), por más que en ningún instante lleguen a imponerse en demasía. A fin de cuentas, la belleza de un diamante no se deriva de su perfección sino, todo lo contrario, de las pequeñísimas imperfecciones imperceptibles a simple vista que le dan relieve propio, tal y como le explica al abogado el tratante de joyas que interpreta, breve pero brillantemente, Bruno Ganz. Me consta que El consejero ha sido objeto de todo tipo de chistes y chanzas de segunda fila por parte de críticos mediocres con vocación frustrada de humoristas: cuenta les tendrá.

6 comentarios:

  1. Me alegro mucho de ver por fin una crítica justa con esta interesante película. Como bien dices en el cierre de la entrada, parece haberse convertido en la película a odiar de la temporada, y no creo yo que estemos para rechazar propuestas como estas... Lo único en que diferimos es que a mi si que me ha gustado el trabajo de Diaz, y es que yo no creo que sea tan mala actriz como se suele decir...
    Espero que el tiempo coloque a esta película en su lugar.
    Saludos y que tengas una buena entrada en año

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  2. Tomás, ¿no son los diálogos un pelín pretenciosos? Me extraña que un personaje tan cenutrio como el que encarna Bardem pudiera soltar esas perlas tan profundas acerca de la amistad y tal.
    Tras el batacazo que me llevé con "Prometheus"-por otra parte una película visualmente muy bella- decidí no ver más "perlas" de Ridley Scott, pero una vez pasado el cabreo, esta parece decente. Habrá que esperar al dvd, apenas ha durado un par de semanas en la cartelera.

    Tomás, os deseo un feliz 2014 (año en el que John McTiernan saldrá del trullo y en el que espero que pueda empezar a rodar de nuevo) a ti y los lectores de este blog. A pesar de inefables Montoros varios aún nos queda el cine, aunque ahora toque ir el día del espectador para ahorrarse unas perracas.

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  3. Jajaja, ¡Vueve McTiernan! Hollywood te necesita. Muy bueno Iker. ¡Feliz Año 2014 a todos los amantes del buen cine y seguid confiando en "El último Boy Scott". Yo lo sigo haciendo.

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  4. Estoy totalmente de acuerdo que se trata de una película muy interesante. Ese encadenado de secuencias que en principio no tienen nada que ver esta resuelto muy acertadamente y consigue que nos enganchemos sin saber muy bien por donde va a ir la historia. Mi "pero" está dirigido a los actores. A excepción de Fassbender, el resto no pasa de lo aceptable. Saludos.

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  5. Gran critica. La película es excepcional y quizás de las maduras y complejas y morales de los últimos tiempos. Sin embargo creo que el gran lastre y virtud al mismo tiempo es el guión de Mcarthy, hasta el punto de que yo creo que se le puede considerar la opera prima de Cormac y Ridley el director de fotografía de la misma. Por que la película es puro Mcarthy impregnado de la estética impecable Scott.

    Poco también se ha comentado la excelente banda sonora de Daniel Pemberton, una especie de Morricone meets Cliff Martinez realmente interesante. Por lo demás también pienso que Cameron lo hace bastante bien en mi opinión mejor que la insulsa penelope cruz que no aporta nada al personaje ni a la película....

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  6. Ante todo buen dia,o buenas noches segun el horario,buena pelicula, lastima que la critica y la recepcion de USA no le es favorable pero si lo es con otra que hay ciertas similitudes pero jamas igualdades, savages de oliver stone, porque esta si y the counselor no, bueno ´por la idea siempre de que el bueno gana y como savages esto si pasa entonces es alabada,the counselor nos muestra este mundo como es despiadado y ninguna onza de confianza y lealtad en nadie, todos utiles hasta cierto momento,yo la comparo con su predecesora
    no country for old men,en la pelicula hay algunos personajes que solo rellenan con el respeto que se merezcan leguizamo,ramirez y una cruz que no le queda de doncella martir.sobre diaz creo que hubiese existido una mejor opcion, pero bueno a metraje visto no hay regreso,muy distinto el papel de ganz, excelente.damas caballeros muy buena pelicula, mentalidad adulta para visualizarla y aceptar el fin. saludos desde Honduras.

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