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lunes, 24 de diciembre de 2012

Apuntes: “LA SAGA CREPÚSCULO: AMANECER (PARTE 2) – “ARGO” – “FIN” (Telegramas núm. 22, 23 y 24)

[Nota previa: Los presentes comentarios de los films aquí comentados no pretenden ni mucho menos ser exhaustivos, sino simplemente erigirse en una especie de anotaciones de ideas dispersas. Pese a todo, se advierte que contienen detalles importantes de la trama de estas películas.]


La batalla que nunca existió: La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 2) (The Twilight Saga: Breaking Dawn - Part 2, 2012), de Bill Condon.- A la vista de las “maravillas” (es un decir…) deparadas por Crepúsculo (Twilight, 2008, Catherine Hardwicke), La saga Crepúsculo: Luna nueva (The Twilight Saga: New Moon, 2009, Chris Weitz) –probablemente la peor de todas…, a pesar de ser la favorita (sic) de Stephenie Meyer—, La saga Crepúsculo: Eclipse (The Twilight Saga: Eclipse, 2010, David Slade) (1) y La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 1) (The Twilight Saga: Breaking Dawn – Part 1, 2011) (2), con franqueza, no me esperaba absolutamente nada de La saga Crepúsculo: Amanecer (Parte 2), asimismo realizada, al igual que el título que la precede, por Bill Condon (por cierto: ¡qué ha sido del director de Dioses y monstruos / Gods and Monsters, 1998, Kinsey / ídem, 2004, y Dreamgirls / ídem, 2006!). Efectivamente, Amanecer (Parte 2) está en consonancia con sus predecesoras y, poco más o menos, aporta lo mismo que los otro cuatro films, es decir, prácticamente nada. A pesar de todo, he de reconocer que el clímax de esta película, tan discutido, me resulta por el contrario el momento más divertidamente regocijante de la misma y casi me atrevería a decir que de toda la saga. Me refiero, claro está, a la esperadísima batalla final entre los vampiros “buenos”, esto es, la ahora vampiresa Bella (Kristen Stewart) y su marido Edward (Robert Pattinson), su familia y otros amigos no-muertos, ayudados por sus amigos hombres lobo con el siempre acalorado Jacob (Taylor Lautner) a la cabeza, y los vampiros “malos”, o sea, los Volturi, capitaneados por Aro (Michael Sheen). Una batalla que, como bien sabrán quienes ya hayan visto el film, “es” y “no es”: parece que ocurre, pero en realidad nunca llega a producirse: todo es, en realidad, una visualización del “posible” futuro que ve Aro cuando entra en contacto mental con la vampiresa vidente Alice (Ashley Greene). Es decir, tras casi media hora larga de feroz combate entre vampiros y licántropos, ¡descubrimos que nada de lo que acabamos de ver en esos treinta últimos minutos ha tenido lugar realmente! Comprendo que semejante concepto, casi un gag en el borde mismo del despropósito, es de los que levantan ampollas; pero, con franqueza, en el fondo no deja de ser una salida coherente para una franquicia que siempre se ha caracterizado por su tratamiento “suave” y “juvenil” de las convenciones del cine de vampiros. Llama la atención, por eso mismo, la absoluta ausencia de salpicaduras de hemoglobina en esta pelea final, donde se arrancan cabezas y extremidades sin que se vea ni una sola gota de sangre…
(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2010/07/eclipse-noche-y-dia-london-river-el.html
(2) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2011/12/peliculas-en-el-tintero-2-la-saga.html

El rescate que organizó Hollywood: Argo (ídem, 2012), de Ben Affleck.- Vaya por delante que soy completamente sincero cuando afirmo que el tercer largometraje como realizador del actor Ben Affleck me ha gustado, pero aún así me parece tan inferior como lo era The Town (Ciudad de ladrones) (The Town, 2010) con respecto a su –esta sí— excelente ópera prima, Adiós, pequeña, adiós (Gone Baby Gone, 2007). Argo, en definitiva, me parece un buen film, pero también una obra relativamente satisfactoria que acaba estando un poco por debajo de lo que promete. Creo que ello se debe a que Affleck, director, se pierde, a mi entender excesivamente, en el aparato externo, el más vistoso y agradecido, de un relato que acaba estando aquejado de falta de profundidad, de densidad. La primera secuencia, la del asalto a la embajada estadounidense y la huida de los seis funcionarios diplomáticos que acabarán refugiándose en la vivienda del embajador de Canadá Ken Taylor (Victor Garber), es excelente. Pero, a continuación, el dibujo de la rocambolesca operación de rescate de esas seis personas en los turbulentos primeros días de la caída del régimen del que fuera conocido como Sha de Persia y del gobierno “libre” de Irán encabezado por el no menos nefasto ayatolá Jomeini, orquestada por Tony Mendez (Affleck) con la ayuda de un productor de cine, Lester Siegel (Alan Arkin), y el maquillador John Chambers (John Goodman) –ganador de un Oscar por el famoso maquillaje de El planeta de los simios, versión 1968—, fingiendo el rodaje en Irán de una falsa película de ciencia ficción titulada “Argo” como tapadera para ese mismo rescate –se afirma que esta historia es real como la vida misma: cuesta creerlo—, incide demasiado en la parafernalia típica del género, subgénero o tendencia genérica del “cine dentro del cine” hollywoodiense, hasta el punto de que el drama de los funcionarios diplomáticos escondidos en la casa del embajador canadiense, y sobre todo, el de los rehenes que estaban en las mazmorras iraníes (en el cual el film, sorprendentemente, se detiene muy poco), acaba resultando perjudicado. Dicho de otra manera, y sobre todo durante su primera mitad, la trama se ocupa en exceso en los aspectos más aparentes (y superficiales) del así llamado negocio del cine –las ruedas de prensa, los pósters promocionales, las pruebas de vestuario…—, pero todo está visto de una forma demasiado cariñosa, sin mordacidad, y sobre todo, desaprovechando las posibilidades no ya críticas sino incluso abstractas de algo tan disparatado como montar un rescate sobre una base tan frágil. Desde luego que la película recupera enteros cuando, una vez preparada dicha operación, Mendez viaja a Irán y la lleva a cabo: el nivel de interés de la película se eleva de nuevo tan pronto como el relato reestablece la tensión y el suspense del principio, por más que un elemento vuelva a enturbiar la aparente brillantez del conjunto: la todavía escasa potencia dramática como intérprete de Ben Affleck, que impide que, más que la decisión, el impulso de Mendez de llevar adelante el rescate por su cuenta y riesgo carezca de la fuerza que debería tener.

A Paola Muñiz.
El Apocalipsis: Fin (2012), de Jorge Torregrossa.- No anda el cine español tan sobrado de talento como para ir despreciando honestas producciones de género como El cuerpo (2012), de Oriol Paulo, o como este simpático debut en el terreno del largometraje cinematográfico –al cual le preceden numerosos trabajos televisivos— de Jorge Torregrossa. Sin ser nada del otro mundo, cuanto menos Fin hace gala no ya de un digno nivel de producción –por más que el dinero no es el problema del cine español actual—, sino de un aceptable sentido de lo fílmico que –ahí está el problema— no suele verse en “nuestra” cinematografía (y pongo comillas bien grandes porque, con franqueza, se me hace difícil sentir como algo “mío” tantos despropósitos). Su planteamiento es tan sencillo como sencilla –que no simple— es su resolución. Un grupo de amigos se reúnen en el campo tras mucho tiempo de no verse, y de repente, se ven inmersos en… el fin del mundo. A pesar de que la descripción de los personajes obedece, por un lado, a las convenciones de ese tipo de relatos en los cuales un reencuentro de antiguos colegas no es sino la excusa para airear los trapos sucios –tal es el caso de, por ejemplo, Reencuentro (The Big Chill, 1983, Lawrence Kasdan) o Cuando fuimos campeones (That Championship Season, 1982, Jason Miller)—, y que el perfil de los mismos no da demasiado de sí –piénsese, sobre todo, en el de Eva (Clara Lago), la acompañante “de pago” de Félix (Daniel Grao), y la única ajena al grupo de amigos, cuya función no parece ser otra que la de convertirse en símbolo (como su nombre indica) del futuro de la humanidad—, constituye incluso en sus peores momentos un aceptable soporte dramático para lo que realmente interesa: la descripción del punto final del dominio de la raza humana sobre nuestro planeta, que se visualiza mediante una sugerente utilización del fuera de campo que se erige, sin duda, en lo más afortunado de la función. No hay grandes catástrofes a lo Roland Emmerich, sino más bien puras y simples –y, por eso mismo, inquietantes— “desapariciones”, que Torregrossa y sus guionistas, Sergio G. Sánchez y Jorge Guerricaechevarría –a partir de una novela de David Monteagudo que no he leído—, tienen el buen gusto de no explicar ni de visualizar. Ello da pie a no pocos momentos sugestivos, un poco en la línea de M. Night Shyamalan y, sobre todo, el magnífico Peter Weir de Picnic en Hanging Rock (Picnic at Hanging Rock, 1975) –la naturaleza como ente abstracto que “absorbe” a las personas que deambulan por su geografía más agreste—, algunos tan logrados como la desaparición de Sara (Carmen Ruiz) mientras pedalea febrilmente en su bicicleta huyendo del ataque de los perros hambrientos, o en particular la volatilización de la niña ante la aterrada mirada de Maribel (Maribel Verdú): esta última, mirando por la ventanilla de una embarcación, trata de convencer a la niña asustada que se ha encerrado en el camarote para que le abra; en el mismo plano, la sombra de la niña, que se proyecta cerca del marco de aquella ventanilla, desaparece…

Un saludo navideño, y cinéfilo, para todo el mundo, tanto para quienes sean seguidores de este blog como para quienes no, de la mano de mi película navideña preferida, Muchas gracias, Mr. Scrooge (Scrooge, 1970, Ronald Neame):

7 comentarios:

  1. Hola a todos! a mi también me pasó lo mismo con Amanecer 2, me pasé medio dormido toda la película (miento, me reí al ver la caracterización de los vampiros irlandeses) y me quedé alucinado con la batalla final. Sólo por eso me parece la mejor de la saga.

    Feliz Navidad!

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  2. Tomás,¿ me gustaría saber si La Guerra de las Galaxias fue un exitazo en taquilla cuando se estrenó en España comparable al de Estados Unidos? estoy mirando los datos del Ministerio y divide el número de espectadores entre dos distribuidoras, y no especifica si se refiere al del 77 o al reestreno del 97. Gracias.

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  3. Hola Lluis.

    No soy Tomás pero tal vez te pueda sacar de dudas. La primera cifra, la de casi 6 millones de espectadores es la del estreno en 1977.

    Y con esos datos se puede decir que sí fue un clamoroso éxito de taquilla. A nivel de espectadores son parecidos a los que acaba de hacer Lo imposible.

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  4. Gracias, Asier; tenia esta duda después de ver que no había sido la película más taquillera de ese año.

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  5. Hola Tomás,
    En primer lugar feliz navidad y próspero año nuevo.
    Hace unos días leí el excelente reportaje que la revista dirigido por dedicó al cine previo a la censura, el reportaje también trataba el archiconocido Código Hays por el cual podía someterse a censura cualquier película que infringiese el estricto código moral vigente en la época.
    Mi pregunta es pasados los años y siendo sustituido el susodicho Código por un sistema de calificación por edades ¿es este sistema actual más benévolo que el anterior o por el contrario es ,si cabe, más refinado y nocivo para el creador cinematográfico? Un saludo.

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  6. Buenos días a todos:

    Gracias, Asier, por la ayuda a Lluís. Lo cierto es que yo recuerdo haber visto "La guerra de las galaxias" en el momento de su estreno siempre a cine lleno, incluso en las sesiones de programa doble de los cines de barrio. Cuando se estrenó, aquí prácticamente la vio todo el mundo, o sea que para mí esas cifras de asistencia son verosímiles.

    Harry Lime: digamos que, hoy en día, en el cine norteamericano (e, incluso, en el cine mundial en general), existe otro tipo de censura, más perniciosa si cabe porque es mucho más hipócrita de la del Código Hays. Me refiero a que hay una censura que alega razones morales y/o éticas para restringir ciertas películas a público menor de edad, pero que en la práctica lo que hacen es imponer un código de censura que se rige en la práctica por criterios económicos, sobre todo en los Estados Unidos. Sabrás que en América hay una calificación moral exclusiva para películas solo para mayores de 18 años, lo que antes era la calificación "X" y ahora se llama "NC-17". Ocurre que, al menos dentro de Hollywood, las películas han de cumplir unos mínimos "tolerables" de sexo o de violencia si no quieren verse marcadas con calificaciones morales más elevadas. El problema es que las películas, cuanto más elevada es la calificación "moral", es decir, cuanto más sexo y violencia contienen, ello se traduce en una menor publicidad en medios de información como prensa, radio o televisión, o incluso páginas de Internet, es decir, en medios de información que tienen establecido de antemano un estricto criterio moral en virtud del cual no publicitan, o publicitan menos, los films "para adultos", lo cual redunda en menos difusión, y por tanto, menos éxito de taquilla cuando la película en cuestión llega a los cines. Es decir, lo que en principio se hace en nombre de la moral y las buenas costumbres (es un decir...), en la práctica se traduce en una dictadura económica. Eso provoca que las películas de Hollywood estén medidas con regla en lo que a sexo y violencia se refiere: si se "pasan", hay anunciantes que se niegan a anunciarlas o les dedican un espacio más reducido. Parece increíble pero es cierto. Solo escapan de este tipo de censura económica las producciones independientes o que van directas a DVD/Blu-ray porque saben que su comercialización irá por otros derroteros más humildes pero no por eso menos rentables. Y, aún así, sospecho que ni siquiera estas se escapan del todo, pues siempre puede haber "problemas" como lo que ocurrió con la famosísima "A Serbian Film".

    Un abrazo, y Feliz Año Nuevo.

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  7. Muchas gracias por la respuesta, feliz año nuevo. No dejes de escribir.

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