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lunes, 30 de abril de 2018

Un “western” artístico: “JOHNNY GUITAR”, de NICHOLAS RAY



[NOTA PREVIA: COMO COMPLEMENTO A LA PUBLICACIÓN DE LA PRIMERA PARTE DEL “DOSSIER” NICHOLAS RAY QUE APARECE ESTE MES DE MAYO EN “DIRIGIDO POR…”, RECUPERO/ RECICLO AQUÍ UN PAR DE VIEJOS TEXTOS MÍOS EN TORNO AL CINE DE RAY, NO INCLUIDOS EN DICHO “DOSSIER”, EMPEZANDO EN PRIMER LUGAR POR UNO DEDICADO A “JOHNNY GUITAR”. EL SIGUIENTE SE CENTRARÁ EN “CHICAGO, AÑO 30”.]


Alrededor de Johnny Guitar (ídem, 1954), por lo demás la mayor contribución de Nicholas Ray al género del western –muy superior a Busca tu refugio (Run For Cover, 1955) y La verdadera historia de Jesse James (The True Story of Jesse James, 1957)–, giran un par de aspectos un tanto molestos. Está, por un lado, su consideración como melindroso objeto de culto por generaciones de cinéfilos que la han convertido en aquello que ha dado en llamarse un film de culto (ya saben: el célebre “Dime una mentira…”). Otro aspecto engorroso, y en esta ocasión atribuible al propio film, reside en su reputación como “obra artística”. Si no siempre, sí en muchas ocasiones, cuando se menciona esta película se habla de ella como si fuera la-obra-más-romántica-jamás-realizada: la máxima expresión cinematográfica del amor. A ello ha contribuido la cinefilia, fomentada en este caso por la crítica francesa (también existen los críticos cinéfilos), en particular la de Cahiers du Cinéma, que convirtió a Nicholas Ray –exagerando más de la cuenta– en el paradigma del cineasta maldito y del artista anti-Hollywood (ya saben: el no menos célebre “Nicholas Ray es el cine”).


Johnny Guitar es un excelente film, pero a ratos se le nota demasiado su pretensión de ser “artístico” a toda costa, lo cual empaña la belleza del resultado. Le debe mucho a la puesta en escena de Ray, pero en el conjunto pesan también otros atractivos: la labor de sus notables protagonistas; el guion de Philip Yordan, basado en una novela de Roy Chanslor (según parece, adaptada al cine con mucha fidelidad); la fotografía de Harry Stradling, pasada por el filtro del peculiar cromatismo del Trucolor, sistema de color habitualmente empleado por la Republic, la productora de serie B que financió esta película dentro de su política de producciones de prestigio (sin movernos del western, produjo cuatro años antes la fordiana Río Grande/ Rio Grande, 1950); y la célebre partitura de Victor Young, gran compositor que merece ser reivindicado de una vez por todas como uno de los mejores del Hollywood clásico.


Lo afirmado no es óbice para reconocer la fascinante construcción narrativa de este mítico Johnny Guitar, una pieza realmente extraña en el conjunto del western y una película que se sitúa, incluso, más allá del mismo, en virtud de su personal manejo de las convenciones del género. A pesar de su título, su principal protagonista no es Johnny Logan, alias Johnny Guitar (Sterling Hayden), sino la mujer que le ha contratado en secreto: Vienna (Joan Crawford). El personaje de Johnny, ese temible pistolero que prácticamente enloquece cada vez que oye disparos pero que se presenta ante los demás fingiendo ser alguien que se limita a ganarse la vida tocando la guitarra, a ratos no parece tener vida propia (aunque sí posea entidad y carácter), convirtiéndose en una especie de imagen creada, sublimada, por la mente de Vienna: ella y Johnny fueron amantes en el pasado, y ahora Johnny acude a la llamada de Vienna para ayudarla a defenderse de los McIvers, cuyo jefe, John (Ward Bond), y sobre todo la vengativa Emma Small (una magnífica Mercedes McCambridge), intentan acabar con ella porque sospechan que el asalto a una diligencia y el asesinato del hermano de Emma, llevado a cabo por el forajido Dancin’ Kid (Scott Brady), actual amante de la protagonista, y sus compinches, Bart Lonergan (Ernest Borgnine) y el joven Turkey (Ben Cooper), fue ordenado por Vienna.


Hemos mencionado que Johnny parece una imagen creada por Vienna: al principio del relato, Johnny llega a caballo y presencia una serie de explosiones en la montaña y el asalto a una diligencia, en una secuencia que, como ya han señalado algunos comentaristas, tiene algo de irreal. La acción se traslada al Vienna’s, el local de la protagonista, donde tiene lugar buena parte del film: un saloon que combina elegancia y primitivismo y que parece directamente excavado en la roca. Sin embargo, una vez presentado el personaje de Johnny y descrita su relación –pasada y presente– con Vienna, aquél desaparece del relato y no se reincorpora a la acción si no es para salvar oportunamente a Vienna de morir ahorcada y acompañarla en el clímax, donde por otro lado se limita a apoyarla, pues a pesar de su extraordinaria puntería tendrá que ser Vienna la que tenga que verse las caras ella sola contra Emma, en un duelo final entre mujeres también bastante insólito en el género.  


Esa utilización casi podríamos decir que instrumental del héroe cuyo nombre da título a la película es tan solo uno de los aspectos que contribuyen a conferirle a Johnny Guitar su fama de western abstracto y a contracorriente. No resulta ninguna exageración afirmar que, más que por sus giros de guion y por el uso limitado de decorados (el local de Vienna y los alrededores de la cabaña donde se refugian Dancin’ Kid y los suyos), lo cual pone en evidencia su carácter de producción de bajo presupuesto, el film avanza en función de un discurso puramente estético: en el relieve que tiene el negro vestuario masculino de Vienna y en ver cómo, una vez recuperado el amor de Johnny, deja paso a un blanco vestido femenino que parece de novia (no olvidemos que Johnny y Vienna se separaron en el pasado cuando estaban a punto de casarse); en la indumentaria, en su caso siempre negra, de Emma, John McIvers, el sheriff Williams (Frank Ferguson) y sus hombres: con la excusa de que van de luto para asistir al funeral del hermano de Emma, su aspecto es el de auténticos pájaros de mal agüero; en el peso, físico y dramático, del decorado y de todos los elementos que lo integran: la barra del bar, frente a la cual Bart desafiará a Johnny a una pelea, la ruleta que hace girar el crupier Eddie (Paul Fix), cuyo sonido le gusta a Vienna aunque no haya nadie jugando en ella, el escenario con piano frente al cual se colocará la protagonista para distraer la atención de los McIvers que están buscando a Turkey, la enorme lámpara que Vienna enciende por la noche y a la que Emma disparará para provocar el incendio que arrasará el local…



Johnny Guitar es una película febril y delirante, en la frontera misma de lo sublime, pero que no acaba de serlo por completo porque su estética parece –lo fuera o no– más cerebral que apasionada. Un buen ejemplo de lo afirmado lo tenemos en los planos que muestran a los negros jinetes McIvers cabalgando frente al local de Vienna, que arde al fondo del encuadre: la imagen se repite más veces de las necesarias, pues es tanta su fuerza que el realizador parece negarse a utilizarla una sola vez: es una imagen hermosa, pero también retórica. Ray siempre mantiene una distancia, algo perceptible sobre todo en la resolución del relato, con ese final feliz –Vienna y Johnny besándose frente a la catarata– que resulta tan forzado como la conciliadora resolución de Río Rojo (Red River, 1948, Howard Hawks).



viernes, 30 de marzo de 2018

Adiós a RAMON FREIXAS y JAUME GENOVER


Esto no es una necrológica. Estos días se han dicho muchas y mejores palabras que las mías en torno a la desaparición de estos dos amigos y compañeros de redacción de Dirigido por…; sin ir más lejos, nadie mejor que Joan Bassa para hablar de Ramon Freixas, ni mejor que Rafel Miret para hacerlo de Jaume Genover; en este sentido, me remito a sus artículos, publicados en el número de abril de la revista (1). Lo que viene a continuación tan solo pretende ser un pequeño y humilde homenaje.


Conocía a Ramon Freixas desde que empecé a colaborar en Dirigido por… en enero de 1990, y ya desde el primer momento y hasta el día de hoy, mi impresión personal en torno a él jamás cambió: la de hallarme ante una persona buena, afable, educada; un crítico que había visto mucho, mucho cine, y que sabía del asunto más que muchos que, al contrario que él, no son en absoluto ni humildes ni modestos. Porque, a pesar o, mejor dicho, con independencia de su famosa especialización en cine erótico y pornográfico, o de sus enconadas defensas de realizadores como, sobre todo, Jesús Franco, pero también Vicente Aranda, Freixas no era, para nada, un hombre excéntrico ni extraño, sino una persona cordial, culta, accesible, con un gran sentido del humor, y que jamás, jamás, miró a nadie por encima del hombro. Ni siquiera a los principiantes que, como Antonio José Navarro o como yo, empezábamos a publicar textos sobre cine de manera profesional, quizá porque a fin de cuentas no nos separaban tantos años. Recuerdo con afecto una vez que le hice reír a carcajadas, durante una proyección del film de Roberto Gavaldón Macario (1960) en el Festival de Sitges, cuando, a raíz de una escena en la que unos guardias mexicanos irrumpen en una humilde vivienda forzando la entrada, al grito –más o menos– de: “¡la justicia no necesita ni llaves ni permisos!”, a mí se me ocurrió exclamar: “¡la ley Corcuera!”, en referencia a una tristemente célebre “ley de la patada en la puerta” que proclamó un señor que, vayan ustedes a saber por qué, había sido ministro en su día. Volviendo a las personas normales, con la muerte de Ramon Freixas el mundo ha perdido a un estupendo crítico de cine, cierto, con un estilo personal e intransferible; pero, por encima de cualquier otra consideración, también ha perdido a un estupendo ser humano.


En cambio, más allá de haber coincidido con él en una única ocasión hace muchos años, mi trato con Jaume Genover se circunscribía a encargarle cada mes, vía correo electrónico, las fichas y las filmografías que salían en todos los números de Dirigido por…, especialización esta, la de la documentación, en la cual Genover tenía escasos rivales a su altura; posiblemente, en estos momentos, ninguno. En cualquier caso, aquí me limitaré a explicar una pequeña anécdota que probablemente también recuerden los lectores más veteranos de Fotogramas. Muchos sabrán que, durante años, Genover colaboró en esa revista escribiendo las fichas y, además, pequeños comentarios críticos de las películas que iban a verse ese mes en TVE (estoy hablando de la época en la que todavía no existían en España las televisiones privadas, o sea, aproximadamente hacia el Pleistoceno…). Un mes, TVE programó –dentro del popular programa-ciclo de cine de terror de Narciso Ibáñez Serrador Mis terrores favoritos– la famosa película de León Klimovsky La noche de Walpurgis (1971). Genover –cito de memoria– comentó al respecto que el resultado de este film había sido “el habitual engendro” (sic). Al mes siguiente se programó, dentro de ese mismo ciclo, Las cicatrices de Drácula (Scars of Dracula, 1970). Genover aprovechó el comentario de este film para especificar que, dentro de sus limitaciones, la película de Roy Ward Baker era preferible a la de Klimovsky, y además, añadía la referencia a un airado lector, y gran admirador de La noche de Walpurgis, que le había escrito para –decía– “meterse con mi madre” a raíz de aquel comentario, y concluía de un modo, a mi entender, memorable: “dicho sea de paso, mi madre no tiene ninguna culpa de que esa película sea un engendro”.

Descansad en paz, amigos.  

(1) https://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2018/03/imagenes-de-actualidad-y-dirigido-por_30.html

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” y “DIRIGIDO POR…” de ABRIL 2018, a la venta



Vengadores: Infinity War (Avengers: Infinity War, 2018) acapara la portada (y la contraportada) del núm. 389 de Imágenes de Actualidad. El extenso reportaje de este esperado film se complementa con una entrevista conjunta con cinco de sus protagonistas –Robert Downey Jr., Tom Holland, Benedict Cumberbatch, Dave Bautista y Pom Klementieff–, otra con sus realizadores, Anthony y Joe Russo, y el reportaje especial Guerras, crisis e invasiones secretas. El “crossover” superheroico en el cómic.


Otros títulos destacados en portada son Proyecto Rampage (Rampage, 2018, Brad Peyton); Un lugar tranquilo (A Quiet Place, 2018), de y con John Krasinski; los estrenos en plataformas digitales de Aniquilación (Annihilation, 2018, Alex Garland), Brawl in Cell Block 99 (ídem, 2017), este último complementado con una entrevista conjunta con su director, S. Craig Zahler, y su protagonista, Vince Vaughn, la serie The Terror (ídem, 2018), y Mudo (Mute, 2018, Duncan Jones); y los avances de El regreso de Mary Poppins (Mary Poppins Returns, 2018, Rob Marshall) y Ralph rompe Internet (Ralph Breaks the Internet: Wreck-It Ralph 2, 2018, Rick Moore y Phil Johnston).


En este número también hallamos reportajes dedicados a Isla de perros (Isle of Dogs, 2018, Wes Anderson); Campeones (Javier Fesser, 2018); El justiciero (Death Wish, 2018, Eli Roth), que se complementa con el artículo sobre la “saga Paul Kersey” Mi nombre es venganza; 7 días en Entebbe (Emtebbe, 2018, José Paldilha); Juego de ladrones (Den of Thieves, 2018, Christian Gudegast); El Cairo confidencial (The Nile Hilton Incident, 2017, Tarik Saleh); La casa torcida (Crooked House, 2017, Gilles Paquet-Brenner), que se complementa con el artículo Agatha Christie en fa menor; Fireworks (Uchiage hanabi shita kara miru ka? Yoko kara miru ka, 2017, Akiyuki Shinbo y Nobuyuki Takeuchi); Custodia compartida (Jusqu’à la garde, 2017, Xavier Legrand); y Los hambrientos (Les affamés, 2017, Robin Aubert). Y las secciones Además…, con otros estrenos del mes; News; Stars; Hollywood Babilonia, de Héctor Adama; Hollywood Boulevard, de Ramón Cudeiro; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Se rueda, de Boquerini; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; Críticas; Libros, de Óscar Brox; y BSO y DVD & Blu-ray, de Miguel Fernando Ruiz de Villalobos.


El reciente estreno de Ready Player One me ha dado pie para recordar, en la sección Cult Movie, otra gran contribución de Steven Spielberg a la ciencia ficción: Minority Report (ídem, 2002): “Contradiciendo a quienes siguen pensando que Spielberg es ese eterno Peter Pan que se niega a mirar el mundo real que le rodea (si bien hay que reconocer que, durante muchos años, él mismo fomentó esa imagen), “Minority Report” plantea una paranoica visión futurista, en torno a una Norteamérica preocupada por el problema de la seguridad, rodada tan solo un año después de los atentados del 11 de septiembre de 2001”.


También firmo un par de críticas de dos películas de lo más olvidable: Tomb Raider (ídem, 2018, Roar Uthaug) y Winchester: La casa que construyeron los espíritus (Winchester, 2018, The Spierig Brothers).


A su vez, el núm. 487 de Dirigido por… publica en portada la reseña de Un lugar tranquilo, como ya he mencionado, dirigida y coprotagonizada por John Krasinski, y que firma un servidor.


Otros títulos cuyas críticas aparecen destacadas en portada son las asimismo mencionadas Ready Player One, de Steven Spielberg [Roberto Morato], Custodia compartida, de Xavier Legrand [Quim Casas] y Fireworks, de Shinbo & Takeuchi, además de la de Un sol interior (Un beau soleil intérieur, 2017), de Claire Denis [Emilio M. Luna].


La portada destaca, asimismo, el estudio que ha escrito Óscar Brox dedicado a Wes Anderson, con motivo del estreno de Isla de perros, cuya reseña firma a su vez Ángel Sala, y que se complementa con una entrevista con el propio Anderson a cargo de Gabriel Lerman.


Y, finalmente, se destaca la segunda y última entrega del dossier 200 años de Frankenstein, que este mes está formado por los siguientes artículos: Los rostros del monstruo [Álvaro Peña], La serie Frankenstein de Hammer Films [Óscar Brox], Frankenstein en el siglo XXI [que he escrito yo] y Las adaptaciones televisivas del mito de Frankenstein [Tonio L. Alarcón], además de las antologías de La maldición de Frankenstein, de Terence Fisher [Antonio José Navarro], The Revenge of Frankenstein, de Fisher [Joaquín Vallet Rodrigo], El cerebro de Frankenstein, de Fisher [Quim Casas], Drácula contra Frankenstein, de Jesús Franco [José Luis Salvador Estébanez], La prometida, de Franc Roddam [firmada por mí], La resurrección de Frankenstein, de Roger Corman [Luis Pérez Ochando] y Frankenstein de Mary Shelley, de Kenneth Branagh [Israel Paredes Badía].


Este número de Dirigido por… se completa con la sección Opinión, en la cual Quim Casas nos habla de Reescribirnos a nosotros mismos (en relación a las polémicas desatadas por movimientos como #Me Too), y también con las reseñas, asimismo destacadas, de Heartstone, corazones de piedra (Hjartasteinn, 2016, Gudmundur Arnar Gudmundsson) [Emilio M. Luna] y la también mencionada Campeones, de Javier Fesser [Israel Paredes Badía]; la sección Críticas, con comentarios de otros estrenos del mes; la sección Flashrecent, donde se comentan los estrenos en PD de Aniquilación, de Alex Garland [comentada por mí], Mudo, de Duncan Jones [también de un servidor] y Brawl in Cell Block 99, de S. Craig Zehlar [Héctor G. Barnés]; la sección Televisión, donde se analizan la primera temporada de The Punisher (ídem, 2017) [Antonio José Navarro] y la primera de The Marvelous Mrs. Maisel (ídem, 2017) [Israel Paredes Badía]; la sección Home Cinema, con novedades en formato doméstico comentadas por Quim Casas, Tonio L. Alarcón, Israel Paredes Badía, Juan Carlos Vizcaíno Martínez y Ramón Alfonso; Libros, con comentarios de Quim Casas, Israel Paredes Badía y Óscar Brox; y la sección Banda Sonora, de Joan Padrol.


Este mes tenemos que hacer una (dolorosa) mención especial a la sección Cinema Bis, dado que atesora el último texto publicado en nuestra revista por nuestro recientemente desaparecido amigo y compañero Ramon Freixas: un comentario del film de Umberto Lenzi Milano odia: la polizia non può sparare (1974).


Ya he mencionado que mi contribución a este número de Dirigido por… consiste, en primer lugar, en un par de textos para la segunda parte del dossier 200 años de Frankenstein: el artículo Frankenstein en el siglo XXI, en torno a las aproximaciones cinematográficas al mito desde el año 2000 y hasta la actualidad, y la antología de la película de Franc Roddam La prometida (The Bride, 1985).


Como asimismo he señalado, firmo también las críticas de Un lugar tranquilo, Aniquilación y Mudo.


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jueves, 1 de marzo de 2018

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” y “DIRIGIDO POR…” de MARZO 2018, a la venta




Un avance de Han Solo: Una historia de Star Wars (Solo: A Star Wars Story, 2018), de Ron Howard, es el principal motivo de portada del núm. 388 de Imágenes de Actualidad, el cual también incluye avances de películas como Ant-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp, 2018), de Peyton Reed, y Misión: Imposible – Fallout (Mission: Impossible – Fallout, 2018), de Christopher McQuarrie.


También destacan en portada los estrenos de Ready Player One (ídem, 2018), de Steven Spielberg, cuyo reportaje se complementa con el artículo sobre otros films relacionados con el mundo del videojuego, Pixel (im)perfect; Gorrión rojo (Red Sparrow, 2018), de Francis Lawrence, que se complementa con una entrevista con su protagonista, Jennifer Lawrence, y con el artículo dedicado al cine de la Guerra Fría Querrido Tovarrich; Tomb Raider (ídem, 2018), de Roar Uthaug; Pacific Rim: Insurrección (Pacific Rim Uprising, 2018), de Steven S. DeKnight; y, dentro de la sección Series TV, un reportaje sobre la segunda temporada de la serie Jessica Jones, que se complementa con un par de entrevistas con su protagonista, Krysten Ritter, y con su coprotagonista, Carrie-Anne Moss, y que se completa con el estreno en Netflix del largometraje The Cloverfield Paradox (ídem, 2018), de Julius Onah.


El número se completa con los reportajes de Héroes en el infierno (Only the Brave, 2017), de Joseph Kosinski; Gringo: Se busca vivo o muerto (Gringo, 2018), de Nash Edgerton; A Silent Voice (Eiga koe no katachi, 2016), de Naoko Yamada; Jeannette, la infancia de Juana de Arco (Jeannette, l’enfance de Jeanne d’Arc, 2017), de Bruno Dumont; Perdido (Mon garçon, 2017), de Christian Carion; Winchester: La casa que construyeron los espíritus (Winchester, 2018), de The Spierig Brothers; Errementari (El herrero y el diablo) (Errementari, 2017), de Paul Urkijo Alijo; Loving Pablo (2017), de Fernando León de Aranoa; Sin rodeos (2018), de Santiago Segura; y La tribu (2018), de Fernando Colomo, que se complementa con una entrevista con sus protagonistas, Carmen Machi y Paco León. Y las secciones Además…, con otros estrenos del mes; News; Stars; Hollywood Babilonia, de Héctor Adama; Hollywood Boulevard, de Ramón Cudeiro; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Se rueda, de Boquerini; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; Críticas; Libros, de Óscar Brox; y BSO y DVD & Blu-ray, de Miguel Fernando Ruiz de Villalobos.


El estreno de Winchester: La casa que construyeron los espíritus me ha sugerido la posibilidad de dedicar el Cult Movie a una de las mejores películas de fantasmas de todos los tiempos: la maravillosa Suspense (The Innocents, 1961), “un film extraordinario y la obra cumbre de un gran cineasta, el británico Jack Clayton, quien a pesar de atesorar en su filmografía otras películas de enorme interés –“Un lugar en la cumbre” (1959), “Siempre estoy sola” (1964), “A las nueve, cada noche” (1967), “El carnaval de las tinieblas” (1983)–, nunca volvió a alcanzar las elevadas cotas de esta apasionante adaptación de Henry James”.


Cierro mi contribución a este número de Imágenes de Actualidad con un par de críticas: la de la muy interesante, aunque quizá ligeramente sobrevalorada, La forma del agua (The Shape of Water, 2017), de Guillermo del Toro; y la de la magnífica y, por el contrario, tan incomprendida 15:17 Tren a París (The 15:17 to Paris, 2018), de Clint Eastwood.


Por su parte, el núm. 486 de Dirigido por… dedica el grueso de su portada a su principal contenido de este mes: la primera entrega del dossier en dos partes titulado 200 años de Frankenstein, el cual, con motivo del bicentenario de la publicación de Frankenstein, o el moderno Prometeo, de Mary Shelley, aborda lo que ha dado de sí el mito en cine y televisión. La entrega de este mes se compone de los siguientes artículos: La mujer y el monstruo [Diego Salgado y Elisa McCausland], El Dr. Frankenstein, supongo [Jesús Palacios], Frankenstein y la Universal [Albert Galera], y Erótico, cómico y terrorífico. El mito de Frankenstein visto a través del Cinema Bis [José Luis Salvador Estébenez]; y, además, de las antologías dedicadas a El doctor Frankenstein, de James Whale [Jordi Batlle Caminal], La novia de Frankenstein, de James Whale [Tonio L. Alarcón], La sombra de Frankenstein, de Rowland V. Lee [Quim Casas], Frankenstein 70, de Howard W. Koch [Luis Pérez Ochando], Frankenstein Conquers the World, de Ishiro Honda [Ramon Freixas & Joan Bassa], El jovencito Frankenstein, de Mel Brooks [Quim Casas], y The Rocky Horror Picture Show, de Jim Sharman [Israel Paredes Badía].


También se destaca en la tapa el estudio dedicado a Greta Gerwig. Artista y síntoma, escrito por Diego Salgado y Elisa McCausland; las críticas de 15:17 Tren a París, de Clint Eastwood [Quim Casas], Black Panther (ídem, 2018), de Ryan Coogler [Quim Casas], A Silent Voice, de Naoko Yamada [Nicolás Ruiz], Jeannette, la infancia de Juana de Arco, de Bruno Dumont, Thelma (ídem, 2017), de Joachim Trier, El Cairo confidencial (The Nile Hilton Incident, 2017), de Tarik Saleh, La vida lliure (2017), de Marc Recha y El insulto (L’insult, 2017), de Ziad Doueiri, las cinco últimas escritas por un servidor. A todo ello hay que añadir la crónica del Festival de Berlín 2018 [Emilio M. Luna y Víctor Esquirol Molinas] y, para la sección Televisión, el comentario de la serie Mosaic (ídem, 2018), de Steven Soderbergh. El número se completa con las secciones Opinión, donde firmo el artículo Ni cine “para mujeres”, ni cine “para hombres”; Home Cinema, con textos de Quim Casas, Israel Paredes Badía y Juan Carlos Vizcaíno Martínez; Cine On-Line, con comentarios a cargo de Diego Salgado, Roberto Morato, Nicolás Ruiz, Joaquín Vallet Rodrigo, Joaquín Torán, Ramón Alfonso y, de nuevo, un servidor; Críticas, con comentarios de otros estrenos del mes; Libros, con textos de Ramon Freixas, Quim Casas, Israel Paredes Badía y Óscar Brox; Banda Sonora, de Joan Padrol; y En busca del cine perdido, en la cual Ramon Freixas comenta El doctor Sócrates (Dr. Socrates, 1935), de William Dieterle.


Como ya he mencionado, este mes escribo sobre Jeannette, la infancia de Juana de Arco, Thelma, El Cairo confidencial, La vida lliure y El insulto.


Firmo, para la sección Opinión, el artículo Ni cine “para mujeres”, ni cine “para hombres”.


Asimismo, he escrito, para la sección Críticas, las reseñas de El cuaderno de Sara (2018), de Norberto López Amado, y Cincuenta sombras liberadas (Fifty Shades Freed, 2018), de James Foley.


Y, para la sección Cine On-Line, el comentario de Los hermosos días de Aranjuez (Les beaux jours d’Aranjuez, 2016), de Wim Wenders.


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