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sábado, 26 de septiembre de 2015

Y los sueños, sueños son: “PHANTASMA”, de DON COSCARELLI


[NOTA PREVIA: Aunque el argumento de esta película es sobradamente conocido, advierto que en el presente texto se revelan importantes detalles sobre su trama.] A pesar de su título, Phantasma (Phantasm, 1979); de que buena parte de su trama transcurre en el escenario de un suntuoso edificio funerario a modo de mausoleo, con sus paredes recubiertas de nichos, y rodeado por un enorme cementerio con toda su parafernalia de ataúdes, tumbas, criptas, lápidas y cruces de piedra; y de la presencia de un singular personaje al que tan solo conoceremos como el Hombre Alto (Angus Scrimm), notable por su capacidad para aparecer y desaparecer en los momentos más insospechados, y de salir siempre indemne aunque en una escena le amputan de un cuchillazo los dedos de una mano, de la cual brota una inesperada sangre amarillenta (sic); a pesar de todo eso, como digo, esta modesta película escrita y dirigida por Don Coscarelli no es un film sobre almas en pena, sino, como se desvela en sus escenas finales, ¡un relato de extraterrestres!



Viéndola desde la perspectiva de sus, por así llamarlos, planteamientos teóricos, Phantasma es un completo disparate que si alguna gracia tiene, insisto, desde este exclusivo punto de vista, es por el desparpajo de su propuesta. Ahí es nada mezclar la iconografía escenográfica habitual del cine de terror gótico con una resolución que apunta, directamente, hacia el género de la ciencia ficción: el propósito del Hombre Alto y su ejército de enanos encapuchados –en los cuales muchos han querido ver, no sin razón, una copia de los populares Jawas de La guerra de las galaxias (Star Wars, 1977, George Lucas)—, y de los asesinatos perpetrados por el primero, no es sino engrosar el cómputo de cadáveres del cementerio, a fin de aprovechar los cuerpos sin vida para resucitarlos, y convertirlos en los enanos de marras, para que puedan resistir así (se dice) las elevadas temperaturas del planeta de origen del Hombre Alto. 


Todo ello aderezado con pintorescos detalles como el de esa ya legendaria bola voladora que recorre los pasillos de la casa de pompas fúnebres y se incrusta en el cráneo del primer incauto que se cruza en su vuelo, fijándose en la cara gracias a sus afiladas cuchillas antes de rematar la faena con un taladro que perfora las cabezas y va expulsando a chorros la sangre de sus víctimas por su parte trasera.

El tiempo no ha tratado del todo mal a este pequeño film de horror, más famoso por la mitología fandom creada a su alrededor que por sus méritos reales pero que, a pesar de sus cuantiosos defectos, no es una propuesta carente por completo de interés. Si a pesar de la pobreza de sus medios de producción, de sus pedestres efectos especiales, de sus mediocres intérpretes, y del tono kitsch del lanzamiento publicitario que conoció en el momento de su estreno (“¡Si esta película no le aterroriza, es que está usted muerto!”), Phantasma sigue viéndose con simpatía, eso se debe a un aspecto que todavía hoy es su mejor baza, y que compensa sus abundantes carencias: su carácter onírico. Recordemos su trazado argumental: al principio del relato, un joven, Tommy (Bill Cone), es asesinado en misteriosas circunstancias; a su funeral acude su mejor amigo, Jody (Bill Thornbury), acompañado a su vez de otro amigo suyo, Reggie (Reggie Bannister); Jody le comenta a Reggie que está preocupado por su hermano menor, Mike (A. Michael Baldwin, acreditado como Michael Baldwin), de 13 años, todavía traumatizado por la reciente muerte de los padres de ambos. Hacia el final de la película, descubriremos que absolutamente todo lo que hemos visto hasta ese momento no era sino una larguísima pesadilla de Mike; que no solo sus padres están muertos, sino también su hermano Jody, cuya presencia ha “exorcisado” en sus sueños; y que desde la muerte de Jody, Mike vive con Reggie, a quien también hemos visto “morir” a manos del Hombre Alto (dentro de la pesadilla de Mike), pero que en la “realidad” (la vigilia de Mike) continúa vivo. 


El famosísimo golpe de efecto final vuelve a introducirnos, inesperadamente, en el mundo de las pesadillas: el Hombre Alto se aparece en el dormitorio de Mike, y este es arrastrado hacia la oscuridad por unas garras que brotan de un espejo a sus espaldas…


La primera secuencia es un buen ejemplo del estilo a la vez tosco y directo del film. Es de noche. La cámara recorre un cementerio y se detiene en una lápida, tras la cual asoman las piernas de un hombre y una mujer, copulando; luego sabremos que el hombre es el tal Tommy, el amigo de Jody muerto en circunstancias que contemplaremos a continuación. La planificación alterna primeros planos de Tommy y de la mujer rubia sentada sobre él. De repente, la rubia empuña un cuchillo y asesina a Tommy. Antes de morir, la mirada del hombre se concentra en el rostro impasible de su asesina; una corta serie de primeros planos del rostro y los ojos de la rubia se cierra con un primer plano del Hombre Alto, sugiriendo algo que luego se confirmará: ¡que el Hombre Alto ha adoptado la forma (y el sexo) de la mujer rubia para acabar con su víctima!


Ya he mencionado que el contenido onírico de Phantasma es lo que, paradójicamente, le confiere todo su sentido a su “sinsentido”, amén de justificar las aparentes insensateces de su guión: como todo en la película es un sueño, cualquier cosa es posible. Consciente de las posibilidades de este planteamiento, Coscarelli —en el que probablemente sea el más potable de sus trabajos, junto con El señor de las bestias (The Beastmaster, 1982)— se emplea a fondo a la hora de dinamitar la noción tradicional de “relato”, acumulando una detrás de otra una serie de imágenes, en ocasiones, no exentas de atractivo. Es el caso de esa aparición ligeramente ralentizada del Hombre Alto, paseando por las calles del pueblo, y deteniéndose brevemente ante el camión de helados de Reggie para disfrutar, por unos segundos, del vaho helado que sale de la puerta trasera del vehículo (detalle que, justo es reconocerlo, luego se justifica a nivel dramático cuando conocemos el dato sobre las elevadísimas temperaturas del planeta de origen del Hombre Alto); una imagen cuya irrealidad se justifica por el hecho de estar tomada desde el punto de vista subjetivo del joven Mike (recordemos: el “soñador” que está “soñando” la película).


Otra idea atractiva reside en todo lo que guarda relación con el misterioso portal que permite el acceso al mundo del Hombre Alto. Dicho portal se encuentra en una luminosa habitación de blancas paredes, con dos barras paralelas de metal puestas de pie. Mike introduce su mano entre ellas, y la misma desaparece en el interior de la nada. De pronto, el chico es absorbido por una fuerza invisible al interior de esa misma nada, y aparece sobrevolando el cielo escarlata del planeta del Hombre Alto, un mundo reseco y desértico donde los enanos encapuchados avanzan en una larguísima hilera que se pierde en el horizonte. Rescatado por Joy y Reggie, que le han sujetado a tiempo, Mike sabe que la única manera de desbaratar los planes del Hombre Alto es destruir ese portal. 


Secuencias atrás, hemos visto a Joy y Reggie tocando la guitarra y cantando una canción que el primero acaba de componer; luego, vemos a Reggie probando la acústica de su guitarra con un pequeño diapasón. A Reggie se le ocurre que las dos barras paralelas son, en efecto, una especie de diapasón; las toca al unísono y, de inmediato, cesa la vibración de la habitación, y todos los cuerpos de los enanos almacenados en barriles de plástico en esa misma habitación comienzan a salir disparados a través del portal hacia el planeta del Hombre Alto. La concepción de la secuencia es, por descontado, un delirio, pero a nivel estrictamente fantástico, funciona.


Hay otras cosas que funcionan en virtud de ese planteamiento todo-es-posible-dentro-del-mundo-de-los-sueños, caso de la popular escena en que Mike se va a dormir y tiene una breve pero intensa pesadilla en la que su cama se traslada mágicamente en medio del cementerio, con el Hombre Alto detrás de su cabecera y la brusca aparición de dos muertos vivientes que brotan del suelo a ambos lados de la cama y se arrojan sobre el muchacho. 


O ese bonito detalle de las viejas fotografías de tonos sepias que, al mirarlas, parecen “cobrar vida” (ergo, movimiento), descubriéndonos que el conductor de una antigua calesa fúnebre no es sino el Hombre Alto, mirando amenazadora hacia el objetivo de la cámara; lo cual, y a riesgo de exagerar (lo reconozco), casi parece un modesto precedente del plano que cierra El resplandor (The Shining, 1980, Stanley Kubrick). 


Otro momento, en cambio, roza el ridículo, por más que lo pedestre de su realización mueva a la simpatía: la secuencia en la que Mike, Jody y Reggie se enfrentan a una especie de raro engendro arácnido; en particular, esos planos en los que vemos a los actores gesticulando cuando fingen que la pequeña pero agresiva “cosa” que han envuelto en una chaqueta intenta escapar para atacarles. 


Pero, incluso en sus peores momentos, Phantasma nunca pierde de vista esa concepción ingenua pero efectiva, en virtud de la cual dentro del terreno de lo fantástico no hay nada que no sea posible incluir en una película donde lo único que marca los límites es la imaginación, sea cual fuere la extravagante manera en la que aquélla se manifieste.


3 comentarios:

  1. Hola Tomás, me parece genial que escribas sobre películas con ya algunos años, no sólo del cine actual se vive, y más si las películas a las que le dedicas tu tiempo son de género como este caso y anteriormente la obra maestra que es el exorcista.
    Te animo a que el siguiente comentario, ahora que finalmente parece que se va a hacer su tercera parte, sea el de "Jeepers Creepers".
    Saludos.

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  2. Increible exposicion. Vi la pelicula en TVE alrededor de 1987 y me impacto sobremanera. Tenia yo unos 16 años. Por cierto que no entendi bien su argumento y hoy, casi 30 años despues, me lo aclaras. Tambien es cierto que no volvi a ver la pelicula y creo que es un buen momento para recuperarla.
    Un saludo y buen trabajo.

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  3. No puedo evitarlo, le tengo simpatía a la saga de Phantasma y también a otras películas de Coscarelli, como "Bubba Ho Tep" o "John muere al final". Y eso que estrictamente hablando el argumento de la saga "Phantasma" hace tiempo que se adentró en la pura paja mental.

    De hecho, ni siquiera abandono del todo la esperanza de que Coscarelli termine la saga algún día y nos responda "los enigmas" que nos ha ido planteando.

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