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lunes, 28 de marzo de 2016

El triunfo del murciélago: “BATMAN V SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA”, de ZACK SNYDER



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Batman v Superman: El amanecer de la Justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016), de Zack Snyder, es la típica película que, según como se entre en ella, puede apasionar tanto como resultar decepcionante. Probablemente tendrá que pasar algo de tiempo, y esperar a que se “enfríen” la expectativa creada por el siempre nefasto fandom y por la apabullante mercadotecnia (merchandising, como dicen los españoles) que ha acompañado a su lanzamiento en salas, para que todos podamos verla con un poco más de “objetividad” (aun partiendo de la base de que esto último, que particularmente detesto porque no creo en absoluto en ello, es imposible).


Batman v Superman: El amanecer de la Justicia se presenta como una especie de secuela de El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013, Zack Snyder) (1) y, al mismo tiempo, como la base a partir de la cual Warner piensa desarrollar una serie de films sobre otros superhéroes de DC, como Wonder Woman, The Flash o Aquaman, e incluso un par de películas sobre la Liga de la Justicia, de ahí su subtítulo. La película bebe a tragos largos de dos cómics de DC muy famosos, el influyente Batman: El regreso del Señor de la Noche (reedición: Batman: El regreso del Caballero Oscuro), de Frank Miller y Klaus Janson, y el popular La muerte de Superman, seria gráfica impulsada por el editor Mike Carlin con el respaldo de una amplia nómina de guionistas y dibujantes (2). Al mismo tiempo, paga sus deudas con las que la preceden: no solo, por descontado, El Hombre de Acero, sino también los films de Tim Burton, Batman y Batman vuelve, e incluso los de Joel Schumacher, Batman Forever y Batman y Robin, de los que recoge cierta atmósfera gótica en todo lo que concierne al Hombre Murciélago, y el diseño y concepción de la Batcueva; naturalmente, también bebe de la Trilogía del Caballero Oscuro de Christopher Nolan: el diseño del Batmóvil, no tan parecido a un tanque pero todavía aquí un vehículo acorazado, y el grueso tono de voz que emplea al hablar Batman (Ben Affleck), herencia del que utilizaba Christian Bale cuando también se ponía la capa del cruzado enmascarado y que aquí se justifica mediante un ardid de guion, que especifica que es resultado de un truco con un micrófono (sic). A fin de cuentas, puede verse en el regreso a la lucha contra el crimen de un Bruce Wayne/ Batman ya retirado una especie de simbólico enlace con el final de El caballero oscuro: La leyenda renace, donde el protagonista fingía su propia muerte para jubilarse.


Batman v Superman paga ese tributo a sus predecesoras mediante homenajes directos: el film arranca con, ¡otra vez!, el asesinato de los padres del pequeño Bruce Wayne (Brandon Spink), Thomas y Martha Wayne (Jeffrey Dean Morgan, no acreditado, y Lauren Cohan), retomando del primer Batman de Burton el celebrado detalle de las perlas del collar de Martha Wayne que se desparraman cuando recibe el disparo mortal, y la caída en la cueva de los murciélagos del pequeño Bruce de Batman Begins. La diferencia, empero, es que en esta ocasión Snyder acentúa la perturbación mental de Bruce Wayne recurriendo en varias ocasiones (quizá demasiadas) a las pesadillas para crear “falsas” secuencias. Es el caso, nada más empezar la película, de la mencionada caída del chico en la cueva, que concluye de forma onírica: aquí la bandada de murciélagos eleva literalmente al niño Bruce del suelo, devolviéndolo al exterior. Hay otras dos secuencias de pesadilla no menos llamativas: la primera, inscrita en los márgenes del cine de terror, en la que el ya adulto Bruce visita la tumba de su madre: de los márgenes de la placa del nicho empieza a brotar sangre y, de repente, la placa explota, saliendo de su exterior un gigantesco hombre-murciélago que hunde sus colmillos en el cuello del desprevenido Bruce (¡!). Pese a todo, esa imagen grotesca guarda una estrecha relación con ese momento posterior en el que Bruce mira su traje de Batman, cuya apariencia es sospechosamente parecida a la del monstruo de su sueño. O lo que es casi lo mismo: Bruce “es” ese monstruoso murciélago de sus pesadillas cuando se viste de Batman.


Más “escandalosa” es, si cabe, la secuencia en la que Bruce tiene otro horrible sueño, el cual tiene lugar en un ignoto rincón de Oriente Medio, donde Batman participa en una compra clandestina de kryptonita (sic), la cual deriva en una batalla campal del superhéroe contra unos mercenarios que acaban dejándole sin sentido; Batman despierta, encadenado, en una sórdida mazmorra…, donde se presenta Superman (Henry Cavill), y que sin demasiadas dilaciones, ¡le asesina!, clavando su puño de acero en el pecho, humano, del enmascarado. Esta secuencia, que por otro lado atesora uno de los momentos más vistosos del film –la pelea cuerpo a cuerpo de Batman contra los mercenarios, resuelta en un único y coreográfico plano general–, así como las otras dos mencionadas, apuntan a algo que, a medida que avanza el metraje, no tarda en hacerse evidente: que Batman v Supeman es, sobre todo, una película “de” Batman, antes que una “de” Superman. 


No descubro nada cuando digo que esto es una consecuencia lógica de algo más que sabido a estas alturas: que Batman siempre ha sido un personaje más interesante que Superman. Bruce Wayne, encarnado correctamente por Ben Affleck (¡cualquiera diría, a juzgar por los comentarios del fandom, que hace falta ser Laurence Olivier para interpretar este papel!), es aquí un superhéroe retirado y prematuramente envejecido, como acreditan las canas de sus sienes (se nos dice que estuvo veinte años ejerciendo de vigilante), y su carácter, entre taciturno y colérico, está cerca del que caracteriza al personaje en el relato gráfico de Frank Miller, pero sin su radicalismo. En esta ocasión, ni siquiera se percibe una gran relación de afecto con su fiel mayordomo y ayudante Alfred (Jeremy Irons), quien contempla las actividades súper-heroicas de su amo con mal disimulado escepticismo.


No es de extrañar, en este sentido, que no solo lo que atañe a Bruce Wayne/ Batman sea, de nuevo, lo mejor del film, sino también que sea en esos momentos donde percibimos a un Zack Snyder más implicado en lo que narra; mucho más, a mi entender, que lo demostrado en el caótico e impersonal trabajo desarrollado en El Hombre de Acero. Y eso a pesar de que, dada la condición de peudo-secuela de esta película, la misma arranca, tras el prólogo centrado en la infancia de Bruce Wayne, con el adulto Bruce asistiendo a la destrucción de Metrópolis durante la climática batalla de Superman contra el general Zod (Michael Shannon). Hay que reconocer, de entrada, que es un punto a favor de Snyder que planifique esta secuencia sin apenas repetir los encuadres ya tomados en El Hombre de Acero y haciéndolo, además, mediante la oferta de nuevos planos desde la perspectiva que ahora le interesa destacar: la de las personas de a pie que tuvieron que asistir, impotentes, al combate de los dos titanes alienígenas, sufriendo las consecuencias. Más allá de la enésima referencia visual al 11-S, inevitable a estas alturas en ninguna producción norteamericana “catastrofista” de lo que llevamos de siglo XXI, aquí vemos cómo Bruce tiene que acudir al rescate de una niña e incluso al de un empleado suyo, Wallace Keefe (Scoot McNairy), que perderá ambas piernas como consecuencia de ese destrozo, y jugará un papel decisivo en los planes de Lex Luthor (Jesse Eisenberg) para enfrentar a Batman con Superman.


Batman es presentado aquí como el reverso oscuro y humano de un Superman luminoso y casi divino. Resulta de agradecer, en este sentido, que Snyder recupere a ratos el tono sombrío y sórdido de la que, hasta la fecha, sigue siendo su mayor contribución al cine de superhéroes: el interesante Watchmen (ídem, 2009) (3): la secuencia de la primera cacería nocturna de Batman recuerda, por su tono terrorífico, las memorables escenas de Watchmen centradas en las correrías urbanas del duro personaje de Rorschach (Jackie Earle Haley), aunque sin su violencia. No es el único apunte de Batman v Superman que evoca un poco a su lectura del gran relato gráfico de Alan Moore y Dave Gibbons: la primera aparición de Wonder Woman (Gal Gadot), ataviada con su traje de diosa, tiene lugar en una vieja fotografía en blanco y negro tomada en 1918 que recuerda los testimonios fotográficos que, en Watchmen, existían en torno a los Minute Men.


En comparación, y con todas sus irregularidades, el “lado Batman” de la nueva película súper-heroica de Snyder resulta más interesante que su “lado Superman”, por más que, con respecto a este último, haya estimables apuntes que intentan proseguir e incluso ampliar la revisión del personaje bien concebida –pero, a mi entender, mal desarrollada– que se planteaba en El Hombre de Acero. Se insiste en su humanización; por ejemplo, a través de una escena, inédita hasta la fecha en las adaptaciones al cine del personaje, en la que vemos una estampa cotidiana de Clark Kent/ Superman compartiendo apartamento con su novia Lois Lane (Amy Adams), y metiéndose en la bañera donde ella se está bañando; es una escena convencional, por descontado, pero que intenta transmitir una sensación de naturalidad, de cotidianeidad, sin plantear las disquisiciones sobre la incompatibilidad sexual existente entre Superman y Lois que se daban en el sarcástico Superman II de Richard Lester/ Richard Donner. Asimismo, si Bruce/ Batman tiene pesadillas, Clark/ Superman, en cambio, tiene sueños agridulces: véase ese ambiguo momento en el que se le aparece su progenitor en la Tierra, el difunto Jonathan Kent (Kevin Costner), dándose consejos en un momento de incertidumbre personal.


Más atractivo resulta que Superman esté contemplado como una figura controvertida: un amplio sector de la población, entre ellos Bruce Wayne, le ven tan solo como un ser venido de otro planeta (le tildan de “alienígena”), y como una amenaza en potencia, dada su invulnerabilidad y la imposibilidad física de detenerle, caso de que decidiera por su cuenta atacar a la raza humana y ocasionar tantos o más destrozos que los provocados en el clímax de El Hombre de Acero. Por el contrario, otro sector no menos amplio le ve como a un ángel de la guarda; literalmente, como a “un dios”. Es por este lado que el guion, firmado por David S. Goyer y Chris Terrio (y también, según rumores, por no acreditado Ben Affleck), introduce nuevos apuntes que se encuentran, de nuevo, en la línea de lo explorado por Snyder en su lectura fílmica de Watchmen, aunque, por desgracia, no dejan de ser meras pinceladas cuyo desarrollo tampoco da lo que promete. Funcionan bien, por ejemplo, detalles como el de la gigantesca estatua de bronce de Superman que se ha erigido en medio de Metrópolis, como muestra de agradecimiento de los ciudadanos de la ciudad por haberles salvado del ataque del general Zod; el monumento a Superman está acompañado de una serie de monolitos de piedra negra que tienen grabados los nombres de las víctimas mortales de esa aciaga jornada, en lo que puede verse, de nuevo, otra referencia al 11-S, o incluso a la guerra de Vietnam, dado su parecido con los monumentos funerarios reales erigidos en distintos puntos de los Estados Unidos. A mayor ahondamiento, el citado personaje de Keefe, el empleado de Bruce Wayne que perdió las dos piernas durante la batalla de Metrópolis, se ha convertido en un homeless mal vestido y sin afeitar que se pasea en su silla de ruedas (una estampa idéntica a la de un prototípico “veterano de Vietnam”), y en un momento dado protagoniza una protesta anti-Superman encaramándose a su estatua para pintarle en el pecho con spray el lema: “falso dios” (sic).


En consonancia con este planteamiento, Snyder filma varias escenas cortas destinadas a mostrarnos a Superman como esa divinidad protectora que su madre adoptiva, Martha Kent (Diane Lane), quiere que sea, con vistas a conseguir el amor de los humanos: el rescate de un cohete en explosión, de una familia encaramada en el tejado de una casa en medio de una zona inundada, el momento en que una multitud agradecida se coloca alrededor del superhéroe con expresiones beatíficas, etc., son mostradas por Snyder recurriendo al ralentí o a un tono fotográfico ensoñador que contrasta con la dureza, la oscuridad y el (relativo) realismo de la manera como fotografía todo lo relacionado con Batman. 


Tono de ensueño que contrasta, paradójicamente, con la secuencia en la que Superman se presenta voluntariamente en el Capitolio a requerimiento de la senadora Jane Finch (Holly Hunter), en realidad una trampa preparada por Lex Luthor para conseguir que el superhombre sea visto, de forma definitiva, como una amenaza para la humanidad: Snyder crea un buen “suspense” a partir de un pequeño detalle –el vaso lleno de ¿té?, ¿orina?, junto a la senadora Finch, en virtud del cual esta última intuye, cuando ya es demasiado tarde, que Luthor se la ha jugado…–, y cierra la secuencia con una bonita imagen: la sala estalla, como consecuencia de la bomba que Luthor ha escondido en la silla de ruedas eléctrica de Keefe; Superman, rodeado por el fragor de la explosión que, naturalmente, a él no le afecta, cierra los ojos, compungido, al comprender que quizá acaba de perder su última oportunidad para dar explicaciones sobre su conducta.


Resulta curioso el retrato que se ofrece de Lex Luthor, aquí reconvertido en un joven psicópata multimillonario que, como a ratos se sugiere, fue abusado y convertido en lo que ahora es por su propio padre; no obstante, puede verse en ello una mera variante del que, todavía hoy, sigue siendo el retrato más profundo que se haya hecho hasta la fecha sobre el célebre archienemigo de Superman: el llevado a cabo en la teleserie Smallville (ídem, 2001-2011). El personaje de Diana Prince, alias Wonder Woman, está literalmente metido con calzador en la intriga, hasta el punto de que, caso de haberse eliminado, creo que la trama no se hubiese resentido en absoluto. La única justificación para la inserción del mismo reside en reforzar lo que Batman v Superman tiene de piedra angular sobre la posterior franquicia de Warner alrededor de la Liga de la Justicia. Hay, no obstante, un apunte curioso: el conato de atracción amorosa entre Diana y Bruce Wayne, que se contradice con cierta tradición dentro de los cómics DC que involucra sentimentalmente a Wonder Woman con Superman (recuérdese, sin ir más lejos, el estupendo Kingdom Come, con guion y dibujos de Alex Ross); pero, como ocurre con demasiada frecuencia a lo largo del metraje, es una pincelada que tampoco va más allá.


Lo mismo puede decirse de la presentación de futuros miembros de la Liga de la Justicia, como Barry Allen/ The Flash (Ezra Miller), Aquaman (Jason Momoa) y Victor Stone/ Cyborg (Ray Fisher), vistos fugazmente en los vídeos que conforman unos archivos secretos sobre otros seres con súper-poderes escondidos alrededor del mundo; o la introducción del personaje de Doomsday, o Juicio Final, bien conocido por los aficionados a los cómics DC por ser el responsable de la muerte de Superman en la asimismo mencionada serie gráfica homónima supervisada por Mike Karlin, y que aquí es el resultado de un megalómano experimento “frankensteiniano” de Luthor a partir del ADN del cadáver del general Zod: es indiscutiblemente vistoso…, pero no termina de venir a cuento (sin perjuicio, a pesar de ello, de que la batalla de Batman, Superman y Wonder Woman contra Juicio Final sea, por comparación, menos frenética que el clímax de El Hombre de Acero, y por eso mismo preferible).


A todo ello hay que añadir defectos de guion que contribuyen a debilitar todavía más la tramoya del relato: está demasiado cogido por los pelos que, en el momento culminante de la pelea entre Batman y Superman, y cuando el primero, armado con su armadura y con kryptonita –en una idea claramente deudora de Frank Miller–, está casi a punto de acabar con el Hombre de Acero, se detenga ante la coincidencia de que sus madres –la biológica de Batman y la adoptiva de Superman– tengan el mismo nombre de pila, lo cual crea un poco creíble vínculo entre ambos que impide al Hombre Murciélago rematar a su rival.


O el que, sin duda, es el peor momento del relato: durante la batalla contra Juicio Final, Lois arroja, dentro de la piscina que se ha formado en los bajos inundados de un edificio en ruinas, la lanza de kryptonita que Batman ha creado para acabar con Superman. Pero, a continuación, cambia de idea: regresa al interior del edificio, se zambulle en el agua y bucea hasta el fondo, intentando recuperar esa arma, con tan mala fortuna que una sacudida tapona el sector inundado y a punto está de morir ahogada, siendo rescatada in extremis, cómo no, por Superman (en una secuencia que, por otro lado, puede verse como una variante de otra que también transcurría en una piscina, relativamente similar, en el Superman de Donner). Puede que estos defectos se deban a los recortes en el montaje definitivo que el film parece haber sufrido antes de su estreno (según rumorología, de alrededor de media hora), y que habrá ocasión de ver la película completa con motivo de una Ultimate Edition que se comercializará en formato doméstico este verano. Batman v Superman: El amanecer de la Justicia no es un mal film, pero sí una película insuficiente porque, a pesar de sus dos horas y media de metraje, desarrolla poco de lo que plantea con la suficiente profundidad, dejando un poso de insatisfacción a pesar, por descontado, de sus generosos medios técnicos y de la espectacularidad de sus secuencias de acción. Es una pena, porque lo que plantea no está exento de interés, y como acabamos de ver, atesora ideas nada despreciables.


4 comentarios:

  1. No me importa en absoluto leer la critica de una película aun sin haberla visionado (no me afectan en absoluto los´Spoilers´...a no ser que sea el final del "Sexto sentido", por supuesto).
    Haces una valoración muy razonable del film, sin caer en los vicios habituales de la critica tanto nacional como internacional. Como bien sabes, esta ha sido una de las películas mas criticadas de toda la historia aun sin haberse estrenado (flaco favor le ha hecho la espantosa campaña de marketing orquestada por Warner, con filtraciones, entrevistas en las que el director no hacia mas que meter la pata y trailers que te dejaban con la sensación de que no había suficiente espectáculo en la película). En base a esto, todo el mundo ya se había hecho la idea en la cabeza de que la película era una patata.
    Repito, yo todavía no he visto la película.
    El motivo de estas lineas es a cuenta del director Zack Snyder. Me duele mucho decirlo, pero casi estoy seguro que los problemas que tenga la cinta, que al parecer los tiene, vengan por la parte que le corresponde. ¡Coñe, pero si no has visto la película!. Ya, pero motivos creo que hay suficientes para afirmarlo.
    Yo he tenido a Snyder en muy alta estima. Ha sido uno de los imprescindibles para mi. Ya desde su estreno como director con el remake de "Zombie" decidí no perderle de vista.
    "300" no hizo sino darme la razón a mi mismo (perdón la redundancia), fue una de las experiencias mas increíbles que viví en una sala de cine (también me coincidió que fue la primera película que vi en formato digital, el resultado fue fascinante).
    Hasta entonces, se estaba moviendo en presupuestos medios y con cierta libertad creativa, sobre todo en cuanto a libertad para mostrar la violencia y el sexo sin tapujos (algo que últimamente, salvo muy contadas excepciones, solo se puede disfrutar en las series de TV, no se por que extraña razón...). Y llegó "Watchmen"; un artefacto millonario con el que Warner empezó a controlar en demasía a Snyder. Aun así, todavía dispuso de algo de libertad en lo que a violencia se refiere (influye que los gastos iban a medias con Paramount), y creo recordar que se llevo la famosisima R de la MPAA. El éxito moderado de la película, no hizo mas que acentuar ese control sobre el. En ese momento debería de haber abandonado Warner.

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  2. Que alguien me corrija si me equivoco por esto que voy a escribir a continuación.
    Y llego "Sucker Punch" (para mi, junto con "300", su mejor película). Lo primero que se podría decir es que este debería de haber sido el proyecto a continuación de "300", aprovechando el éxito del imaginario que habían creado para ese film seguramente esta película hubiera tenido mas éxito; no que cuando se estrenó años mas tarde, ese imaginario ya se había explotado en numerosos films que provocaba ya un evidente cansancio de ese estilo llamemosle "Chroma". Al parecer "Sucker Punch" era un proyecto que acariciaba desde hacia mucho tiempo y en principio su idea era haberla dirigido justo despues de "300", pero la historia asustaba a los ejecutivos de Warner y le propusieron dirigir antes "Watchmen" a la espera de resultados. La media taquilla de este film, no provoco la desconfianza total en el, pero le controlaron de manera férrea para que "Sucker Punch" no recibiera la temida R, asustados por los resultado en taquilla (algo que no entiendo de los ejecutivos, sino que se lo digan a "Deadpool"). El resultado es un film excepcional, pero sin el encanto particular que posee "300". El desastre en taquilla de este film dejo definitivamente en calzoncillos a Snyder.
    Todo esto para decir lo siguiente (perdón por extenderme tanto).
    Que Zack Snyder esta muy controlado en el seno de Warner (y mas ahora con el chivato de Nolan encima).
    Que ese control durante tanto tiempo le esta pasando factura y se le nota un estilo muy agotado, cansado, seguramente este frustrado por no poder imprimir su sello en los films.
    Que se esta encasillando demasiado en el universo DC.
    Queda también bastante claro que Snyder se mueve mejor con presupuestos medios y que cuando tiene una gran artillería, se ahoga.
    En resumen, creo que tanto Warner como Snyder deberían de darse cuenta de que su relación esta agotada, y a buen seguro que les vendría de perlas cambiar de aires. Y esto no pasa por poner a Ben Affleck al frente de "Batman" o a George Miller con "Superman"...¿a quien se le ha ocurrido esto?.
    Espero que el tiempo me de la razón con el estreno de la tan anunciada "Liga" en manos de Snyder, y con los resultado de "Suicide Squad" de David Ayer.

    Muchas gracias y saludos.

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  3. He tardado un poco en ir a ver la película, en parte por la mala impresión que ha dejado en los aficionados, pero he salido satisfecho del cine. No es ni de lejos perfecta por dos motivos, siempre según mi opinión: tarda un buen rato en arrancar y me empieza a cansar tanta solemnidad y oscuridad en las películas de superhéroes. Me parece muy bien que desde Synger y Nolan quieran retratar a los superhéroes en un ambiente más realista y menos "camp", pero... ¿no se supone que estas películas tienen que ser divertidas? ¿Acaso no pueden ser moderadamente realistas, incluso crepusculares, sin dejar de ser entretenimiento? Al cine de superhéroes a veces le ocurre como al de acción, que a fuerza de ponerse serios y "realistas" han perdido un poco el camino.

    Quitando todo esto, la película me ha gustado sobretodo por las actuaciones, la dirección de Snyder (mejor aquí, como dice TFV, que en "El hombre de acero") y por proponer unas "versiones" de Batman y Superman que son a la vez fieles y diferentes a lo que habíamos visto.

    Me gusta mucho por ejemplo que Superman se aparte de la versión Donner / Reeve para ser un personaje mucho más humanizado, que no es capaz de evitar "daños colaterales" en sus acciones, que busca sentirse comprendido / querido (de ahí, a mi entender que solo le falte posar para la foto tras algunas acciones, y que en otra se deje acariciar y adorar por la multitud) y que sencillamente es incapaz de salvar a todo el mundo porque ni él mismo da para tanto. Y me gusta también que reaccione con tanta virulencia contra la existencia de Batman, cuando no deja de ser otra versión de él mismo, aunque más políticamente incorrecta y más integrada. ¿Es envidia? Si no lo es, a ratos lo parece.

    También tiene su gracia el Batman desencantado y crepuscular de Ben Affleck, aunque a ratos parezca más estreñido que agotado. Incluso en su faceta de Bruce Wayne parece harto del papel que en algún momento pudo ser un respiro (esos chistes sobre su ¿supuesto? alcoholismo en la fiesta de Lex, por ejemplo, o su numerito del despiste con la sicaria oriental, tan gastado). A cambio, su relación con Alfred tiene más chispa esta vez, pero su odio a Superman parece mal dibujado y poco creíble hasta que éste le exige que deje de hacer de vigilante.

    Y bueno, ¿ahora qué toca, me pregunto? ¿El arco de la muerte y resurrección de Superman o peli de La liga de la justicia? Ya nos lo harán saber.

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  4. Pues a mi me a parecido una película pésima, ridícula, aburrida y sobre todo pretenciosa. Quiere contar mucho y al final resulta que no cuenta nada, simplemente se queda en un, esperate a ver lo que ocurre en las siguientes entregas de este fantástico "universo" (algo que ya ocurría en la horrible The amazing Spider-man: El poder de Electro). Hemos llegado a un punto donde es más importante el futuro que la película en cuestión y así no puede ser.
    Un saludo.

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