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viernes, 25 de enero de 2013

Justiciero y nómada: “JACK REACHER”, de CHRISTOPHER McQUARRIE


[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Las similitudes entre Jack Reacher (ídem, 2012) y Harry el sucio (Dirty Harry, 1971) saltan a la vista. No se trata solo del hecho de que ambos films empiecen su acción mostrándonos las actividades criminales de dos asesinos a sangre fría amantes de disparar a distancia sobre personas indefensas con un rifle dotado de mirilla telescópica, el apodado Escorpión (Andy Robinson) en la magnífica película de Don Siegel y aquel al que acabaremos conociendo como Charlie (Jai Courtney) en la dirigida por Christopher McQuarrie; o que en las dos tenga un notable peso específico la geografía urbana de las localidades norteamericanas en las cuales se ubica la acción, San Francisco en Harry el sucio y Pittsburgh en Jack Reacher, sobre todo a partir del momento en que se nos especifica que ambas tienen rincones que pueden ser perfectos para la comisión de delitos de sangre: la azotea de un rascacielos en Harry el sucio, o el piso de un parking e, hipotéticamente, un puente sobre el río, en Jack Reacher, pierden aquí su función cotidiana y se convierten en emplazamientos idóneos para un francotirador. El parecido entre ambos films tampoco se limita al hecho de que los dos arrojen miradas escépticas sobre la policía y la así llamada administración de justicia —escepticismo que guarda ecos del Fritz Lang de la extraordinaria Más allá de la duda (Beyond a Reasonable Doubt, 1956)—, expuesta en Jack Reacher a través de la premisa argumental que precipita la entrada en la intriga del personaje protagonista cuyo nombre da título a la película y a quien da vida Tom Cruise: una masacre de cinco personas inocentes, asesinadas cada una de ellas por un metódico disparo del francotirador situado en ese parking al otro lado del río que atraviesa Pittsburgh, provoca la apertura de una investigación policial que concluye rápidamente con la detención de un sospechoso “perfecto”: James Barr (Joseph Sikora), exmilitar y excombatiente en la guerra de Iraq, donde ejerció precisamente como francotirador, dueño de la furgoneta cuya matrícula captaron las cámaras de seguridad del parking, que fabrica los mismos cartuchos utilizados en la matanza, y cuya huella dactilar se encuentra en la moneda depositada en el parquímetro del mismo piso del parking donde se detuvo la furgoneta antes de que quien la conducía se situara allí para disparar.

Todo esto bastaría para emparentar Jack Reacher con Harry el sucio, pero todavía hay algo más importante que los relaciona: el hecho de que ambas películas están protagonizadas por personajes solitarios e inconformistas que, cada uno a su manera y en virtud de sus propias e intransferibles circunstancias personales, han decidido colocarse, como suele decirse, “al margen de la ley”. En el caso de Harry el sucio, se trataba de un detective del departamento de policía de la ciudad de San Francisco, Harry Callahan (Clint Eastwood), un viudo cuya esposa murió como consecuencia de un estúpido accidente automovilístico provocado por un conductor borracho, y cuya tenacidad a la hora de cumplir con sus obligaciones profesionales como agente-de-la-ley-y-el-orden le conducen de una frustración a otra, al ver que el asesino Escorpión se le escapa constantemente como consecuencia de ardides legales que imposibilitan su detención, lo cual le llevará al final a ejecutar por su propia mano al delincuente y a renunciar a su profesión mediante ese simbólico gesto, a lo Solo ante el peligro (High Noon, 1952, Fred Zinnemann), de arrojar su placa de policía (en un relato cuyo carácter conclusivo, cierto es, luego fue puesto en cuestión por las cuatro secuelas que conoció, en las cuales Callahan proseguía con su trabajo como oficial de policía). De ahí que, en cierto sentido, el personaje de Jack Reacher venga a ser una especie de actualización del Harry Callahan de Harry el sucio, con la diferencia de que, al contrario que este, se trata de alguien que ya ha dejado atrás su etapa como profesional de la violencia institucionalizada —al igual que el sospechoso James Barr, es un exmilitar: expolicía militar, para más señas—, aunque sigue viviendo de las rentas de esa profesión —una cuenta bancaria donde cobra cada mes su pensión y su número de la seguridad social son sus únicos documentos oficiales—, y que por tanto hace tiempo que “arrojó la placa” para vivir su vida, voluntariamente, como una especie de paria de la sociedad, o como a él mismo le gusta definirse, como “un nómada”: carece de residencia fija; de relación sentimental estable (al principio del relato le vemos junto a una mujer semidesnuda que se está vistiendo en una habitación de hotel con toda la apariencia de haber sido el escenario de un encuentro sexual); su expediente le avala como un brillante investigador mientras sirvió en el ejército, carece de antecedentes penales pero le persigue cierta fama de amigo de “meterse en líos” (sic); y, encima, ¡no tiene teléfono móvil ni correo electrónico!, esos atributos de “normalidad” impuestos por el modo de vida del siglo XXI.

Así como el protagonista de Harry el sucio vendría a ser alguien que está a un paso de “salirse del sistema” y aplicar la justicia por su cuenta y riesgo (algo que finalmente no hizo, pero única y exclusivamente en virtud de la mecánica comercial de las secuelas que mostraban nuevas aventuras de Callahan como detective de la policía), el de Jack Reacher hace tiempo que se salió de ese “sistema”, y así es como lo encontramos al principio del film de Christopher McQuarrie, quizá como consecuencia de que la película es la adaptación de Un disparo, la novena de las nada menos que diecisiete novelas que lleva publicadas el escritor británico Lee Child (seudónimo de Jim Grant) en torno al personaje de Reacher (1). Pese a todo, el film no descuida en absoluto el dibujo del perfil de su protagonista; por el contrario, lo potencia de cara a establecer un agudo contraste con el resto de principales personajes del relato, no por casualidad todos ellos parapetados, según sus circunstancias y decisiones personales y como también suele decirse, “a ambos lados de la ley”: la abogada defensora de Barr, Helen Rodin (Rosamund Pike); el fiscal del distrito Rodin (Richard Jenkins), encargado de la acusación y padre de la anterior; el inspector de policía Emerson (David Oyelowo); y el misterioso mafioso de origen ruso apodado “El Zec”/“El Preso” (un rol a cargo, sorprendentemente, del gran realizador alemán Werner Herzog), jefe del asesino francotirador conocido como Charlie y, asimismo, “el cerebro” tras toda la intriga criminal encargada de vertebrar el relato. Insisto en el hecho de que estos personajes están a esos “dos lados” de la ley establecidos por décadas de literatura y cine “negros” porque, como digo, el contraste que establecen con el de Reacher contribuye a enriquecer el perfil de este personaje, sin duda el mejor descrito de toda la función (más allá del hecho de que ese cuidado en su descripción sea una consecuencia de las exigencias de Tom Cruise, también productor de la película).

Aunque las únicas palabras que el fiscal Rodin y el agente Emerson consiguen arrancarle a James Barr tras ser detenido son por escrito: “Traigan a Jack Reacher” (cosa difícil de conseguir porque sin residencia fija, teléfono ni e-mail a su nombre resulta imposible localizarle), a pesar de ello el protagonista se persona en Pittsburgh poco después de enterarse de la noticia de la detención de Barr y su acusación por asesinato múltiple gracias al televisor de la habitación de hotel que compartía con aquella mujer. Reacher es la única esperanza de Barr de probar su no culpabilidad (que no es lo mismo que inocencia: el personaje, como luego sabremos, no es inocente); pero cuando Reacher llega a Pittsburgh, lo hace convencido de que Barr es el autor de los hechos y dispuesto a no mover un dedo por él: como luego le cuenta a Helen, Barr es responsable de al menos cuatro asesinatos de otros tantos iraquíes a los que abatió en el último día de su servicio militar en Iraq; a pesar de darse la (relativa) circunstancia atenuante de que sus víctimas eran terroristas amantes del asesinato y la violación sistemática de mujeres de entre 11 y 60 años (sic), para Reacher lo determinante de la culpabilidad de Barr es su certeza inicial de que puede ser el responsable de los asesinatos de Pittsburgh porque, le consta, a Barr le gusta matar. ¿Hace falta recordar ese momento de Harry el sucio en el cual Callahan sabía que Escorpión iba a cometer nuevos asesinatos “porque le gusta”? Sin embargo, Helen consigue interesar a Reacher para que investigue los hechos apelando a un punto flaco de este último: su vanidad; Reacher investigará el caso Barr para Helen a fin de confirmar ante todo el mundo de que su certeza en torno a la culpabilidad de aquél es correcta. Juega a favor de la descripción del personaje la sobria interpretación de Tom Cruise, en uno de sus mejores papeles de estos últimos años, imprimiéndole ese aire ligeramente “achulado”, propio de muchos papeles característicos de este actor, que en esta ocasión contribuye positivamente al perfil de Reacher y su condición de lobo solitario. No hace falta ser un lince para intuir que, tan pronto como Reacher empiece a profundizar en el caso, empezarán a surgir dudas razonables que le harán cambiar de opinión; esta estrategia narrativa, la del detective o investigador privado que husmea un asunto en principio “fácil” hasta que descubre que el mismo reviste una insospechada complejidad, no tiene nada de novedoso, pero lo relevante no es eso sino cómo esa investigación va añadiendo matices al personaje de Reacher.

En una de sus primeras noches en Pittsburgh, Reacher rechaza las insinuaciones de una jovencísima muchacha en un bar (Sandy: Alexia Fast), viéndose por ello mezclado en una pelea callejera; pero ese altercado no es lo que parece: Reacher intuye que no era sino una encerrona destinada a apartarle de la investigación que ha emprendido, y un posterior interrogatorio de Sandy se lo confirma. De este modo, cada acción de Reacher lleva aparejada una reflexión: tras visitar por sí mismo el parking desde el cual el francotirador efectuó sus disparos, acaba sospechando que ese escenario era demasiado “perfecto”: que estaba “diseñado” con la finalidad de garantizar la apariencia de culpabilidad de Barr; y, cuando indaga en los historiales de las víctimas del francotirador, llega a la conclusión de que posiblemente no todas ellas eran tan “inocentes” como pudieran parecer a simple vista (un hombre y una mujer abatidos por los disparos podrían estar manteniendo un lío extraconyugal). Incluso el aspecto más convencional de la descripción de Reacher, su relación estrictamente profesional pero veladamente amorosa con Helen, lleva aparejados nuevos matices. Algunos afloran por la vía del humor: Reacher y Helen están en la habitación de un motel alquilada por el primero discutiendo los pormenores del caso; Reacher se ha quitado la camisa y la lava en el fregadero del cuarto de baño, paseándose con el torso desnudo; Helen, perturbada por la visión del protagonista sin camisa, le pide que se la ponga…, cosa que Reacher no puede hacer porque viaja sin equipaje y esa es la única camisa que lleva consigo. Otros vuelven a ser, de nuevo, resultado de la reflexión: tras llegar a la convicción mutua de que Barr no es responsable de los asesinatos que se le imputan, Reacher le pide a Helen que mire por la ventana de su oficina; en el edificio contiguo, se ven a otras personas trabajando en sus despachos; esa imagen de rutina, de tedio, da pie a una digresión de Reacher en la que explica y se ilustra el porqué de su vida de nómada: su negativa a vivir “encerrado”.

Esta habilidad para describir a su principal protagonista no es el único mérito de esta buena película policíaca que es Jack Reacher, la cual debe mucho a la cuidada labor como guionista y tras las cámaras de Christopher McQuarrie, en su segundo y mejor trabajo como realizador tras Secuestro infernal (The Way of the Gun, 2000), quien brinda aquí un thriller de estética setentera, excelentemente servida, por un lado, por el brillante director de fotografía Caleb Deschanel, y además por un impecable sentido de la planificación y el uso del formato panorámico, que da como resultado momentos tan sugestivos como la secuencia inicial de los asesinatos cometidos (lo vemos desde el principio) por Charlie; luego, la sutil relación que se establece entre esta primera secuencia de violencia y la posterior presentación del personaje de Reacher: ambas establecen un “suspense” y al mismo tiempo una equiparación en torno a la identidad del francotirador y la de Reacher (quien en todos los planos iniciales en los que aparece siempre está colocado de espaldas a la cámara, o lo que es casi lo mismo y como ya hemos explicado, “de espaldas al sistema”); o el inteligente uso de los planos de inserto, bien sea de detalles que ayudan a comprender los métodos de razonamiento de Reacher (secuencia de la inspección ocular del parking), o en forma de cortas escenas que “visualizan” las deducciones del protagonista, las cuales contribuyen a reforzar la notable atmósfera de ambigüedades que se va trenzando a medida que avanza el relato. De este modo, nadie es completamente “inocente”: no ya los auténticos responsables que se encuentran tras la matanza, sino como ya hemos apuntado quizá ni siquiera las víctimas de la misma, ni por descontado el “falso culpable” James Barr; ni el fiscal Rodin, del cual Reacher y su propia hija acaban sospechando como posible implicado en el complot; ni el agente Emerson; ni Cash (Robert Duvall), el viejo propietario del campo de tiro y exsargento del ejército también amigo de “los jaleos”, que no renunciará al placer de “darle al gatillo” si con ello echa una mano a Reacher; ni tan siquiera el propio Reacher, como demuestran las políticamente muy “incorrectas” escenas finales.

A pesar de cierta timidez a la hora de mostrar determinados excesos de violencia —esa escena en la que se evoca el asesinato de la canguro de 22 años que fue abatida por Charlie mientras huía con la pequeña que cuidaba en sus brazos: su muerte se “suaviza” mediante un oportuno fundido en negro—, Jack Reacher ofrece a cambio interesantes apuntes que contribuyen al dibujo de un submundo turbulento: véase la presentación del personaje de El Zec, quien explica ante un aterrorizado sicario que ha fallado en el cometido que le ha encargado cómo se arrancó él mismo los dedos de sus manos, congelados durante su estancia como preso en una gélida prisión siberiana, antes de que se le gangrenaran; o la crueldad del asesinato de Sandy a manos de Charlie y su secuaz Vlad (Vladimir Sizov), quienes previamente juegan con sadismo al gato y al ratón con la desdichada muchacha antes de acabar con ella. Incluso cuando la película lleva a cabo la típica concesión a la comercialidad bajo la forma de la inevitable persecución automovilística, además de filmarla con solvencia McQuarrie consigue introducir en ella matices que enriquecen el perfil de los personajes implicados en la misma: véase ese apunte, tan westerniano —otra herencia de Harry el sucio—, del momento en que Reacher y el agente Emerson cruzan sus miradas, como en un “duelo”, antes de que el primero emprenda una rápida huida al volante de su coche y el segundo desenfunde su arma para intentar detenerle.  

(1) Para más información sobre Lee Child y el personaje de Jack Reacher, pueden consultarse los siguientes enlaces: http://es.wikipedia.org/wiki/Lee_Child (en castellano) y http://en.wikipedia.org/wiki/Jack_Reacher (en inglés). Lee Child lleva a cabo un cameo en el film: es el agente de policía que le devuelve sus pertenencias a Reacher después de que Helen acuda a comisaría a liberarle tras la pelea callejera (ver foto del tercer párrafo).

2 comentarios:

  1. De verdad a Cruise no le llegarán mejores proyectos que este? o no puede/quiere sacarlos adelante él mismo? Porque anda que no ha perdido el rumbo de su carrera...

    P.D.: Enhorabuena! :) Como sabrás (tal vez, quién sabe), mi blog ha sido elegido en uno de esos concursos cadena llamados "meme" y entre los nominados que a mi me toca premiar no podía faltar tu blog. http://premiosdelpublicotv.blogspot.com.es/2013/01/mi-tercer-premio.html

    Un abrazo!

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  2. Acabo de terminar de ver el film y me conecte para saber si alguien opinaba como yo. He aqui que te encuentro colega!! Tienes razón, la similitud de las dos peliculas es notable, con la diferencia de que Harry el Sucio ya es un clasico del cine y Jack Reacher nunca lo será. Saludos
    blog de cine

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