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miércoles, 9 de marzo de 2011

NO A LA CENSURA – EN DEFENSA DEL FESTIVAL DE SITGES Y SU DIRECTOR


Estos días ha saltado a la palestra la triste noticia de que la Fiscalía de Barcelona ha abierto diligencias contra mi colega y amigo desde hace veinte años Ángel Sala, director del Festival de Sitges – Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya, tras haberse admitido a trámite una denuncia ante el Juzgado de Instrucción núm. 8 de Vilanova i la Geltrú (Barcelona), por haber programado en dicho certamen el pasado mes de octubre la película A Serbian Film, de Srdjan Spasojevic, bajo la acusación de difusión ilícita de material pornográfico. Ante esta situación, no puedo menos que expresar mi repugnancia hacia una sociedad que está convirtiendo la “corrección política” y la supuesta protección de la moral y la ética mayoritariamente aceptadas en una forma mal encubierta y nada disimulada de censura. Convencido como estoy de que la libertad de expresión es no ya la base de la democracia, sino la cuna del propio espíritu humano, no puedo menos que añadir mi voz desde este pequeño espacio particular en defensa de Ángel Sala y del Festival de Sitges, y solicitar a todas aquellas personas que así lo deseen que se adhieran a través de Internet al manifiesto No a la censura – En defensa del Festival de Sitges y su director, a través del siguiente enlace:

3 comentarios:

  1. La polémica que rodeó a la proyección del film en Sitges ya me pareció absurda, pero esto ya es alarmante. Me considero una persona de izquierdas, así que el hecho de que muchas de las críticas que ha recibido "A Serbian Film" provengan de medios supuestamente de izquierdas me indigna especialmente.

    No he visto la película, pero ni falta que hace, esa no es la cuestión. Recuerdo como aluciné viendo una tertulia presentada por una periodista tan renombrada como Concha García Campoy en la que se decía que el film en cuestión era una pura abyección, reconociendo el que lo decía (un famosete presentador de la extinta CNN+, cuyo nombre no quiero recordar) que no lo había visto, al igual que todos los presentes. Ángel Sala, que intervino telefónicamente, intentó hacerles entender la diferencia entre realidad y ficción, pero se chocó contra la intolerancia de todos y cada uno de esos opinatodo profesionales. Alucinante.

    En respuesta a dicha tertulia, Nacho Vigalondo escribió un excelente post en su blog de El País titulado "Yo no soy pacato, pero...". Pocas semanas después, como sabemos, Vigalondo fue despedido de El País, y es que corren malos tiempos para el humor políticamente incorrecto. ¿Podría hacer hoy en día Lubitsch "Ser O No Ser"? Lo dudo.

    Un saludo!

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  2. Parece que estamos siempre ante el mismo eterno debate y que la historia no nos enseña nada. Los motivos por los que se censura cambian con el tiempo, se travisten de defensa de los débiles, de protección de las minorías, etc, pero siguen siendo lisa y llanamente censura. Vivimos en una curiosa sociedad en la que se nos otorgan todo tipo de libertades formales, pero luego en la práctica se acota tanto su ejercicio que resulta imposible ejercerlas en su plenitud.
    Y luego está el tema de estos políticos y funcionarios de justicia que no se han percatado del mundo en el que viven, que no son conscientes de lo inútil de sus acciones en un mundo global en el que existe internet, y continúan queriendo poner puertas al campo.
    Y una vez dicho esto, y porque está bien reflexionar e incluso dudar: ¿es el artista irresponsable?, ¿puede y debe mostrarse todo en una pantalla?, ¿hay límites a la creación?...
    "Seguir creyendo que lo que se ve en una pantalla no tiene ninguna influencia en la vida real es pura hipocresía". ¿Quién lo dijo? ¿William H. Hays en 1930? No, Francois Truffaut en 1978.

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  3. Vigalondo no es el primero censurado por el progresista "El País", y es que dime de que presumes...
    Muy interesante los últimos párrafos de Pie Negro, hay algunos artistas que sólo entienden su oficio (que eso es lo que es) si no es molestando a alguien. Su talento no llega para captar la atención de la gente, así que tratan de hacer el mayor ruido posible.
    Aún así, y a pesar de lo ofensiva que pueda ser cualquier obra NO A LA CENSURA, aunque sólo sea por no hacerles el juego a personas mediocres.

    Un saludo!

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