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sábado, 4 de junio de 2016

FANTÔMAS según LOUIS FEUILLADE



[ADVERTENCIA: EL PRESENTE ARTÍCULO ES UNA VERSIÓN REVISADA DEL QUE PUBLIQUÉ EN EL NÚM. 466 DE “DIRIGIDO POR…”.] La firma MPO Ibérica, S.L., ha editado un pack de dos DVDs., que contiene las cinco películas de la serie Fantômas que dirigiera Louis Feuillade (1873-1925) entre 1913 y 1914. Una oportunidad de oro para recuperar, en copias restauradas y parcialmente sonorizadas, este bonito clásico del cine silente francés, en torno al escurridizo Emperador del Crimen creado por Marcel Allain y Pierre Souvestre.


Feuillade  escribió y realizó cinco films de metraje relativamente largo (el más breve dura 51 minutos, y el más extenso, 90) con los cuales conformó una serie dedicada a Fantômas, la célebre creación literaria de Allain y Souvestre: la formada por Fantômas a la sombra de la guillotina (Fantômas – À l’ombre de la guillotine, 1913) –basada, a su vez, en la primera novela de Allain y Souvestre, Fantômas (1911)–, Juve contra Fantômas (Juve contre Fantômas/ Fantômas II – Juve contre Fantômas, 1913) –adaptación de la novela homónima de 1911–, El muerto que mata (Le mort qui tue/ Fantômas III – Le mort qui tue, 1913) –que adapta Le mort qui tue (1911)–, Fantômas contra Fantômas (Fantômas contre Fantômas/ Fantômas IV – Fantômas contre Fantômas, 1914) –según Le policier apache (1911)– y El magistrado ladrón (Le faux magistrat/ Fantômas V – Le faux magistrat, 1914) –a partir de Le magistrat cambrioleur (1912)–, también mencionada con el título español de El falso magistrado. Producida por Gaumont y protagonizada por el excelente actor francés René Navarre (Fantômas), el escocés Edmund Breon (inspector Juve) y el también galo Georges Melchior (el periodista de La Capitale Jérôme Fandor), la serie Fantômas es una de las obras más célebres de Feuillade. Su éxito se vio interrumpido por el estallido de la Primera Guerra Mundial –su protagonista, René Navarre, tuvo que alistarse–, lo cual obligó a concluirla antes de tiempo. A continuación, Feuillade realizaría, también para Gaumont, sus otras dos obras seriales más conocidas, Les Vampires (1915) y Judex (1917).

1. “Fantômas a la sombra de la guillotina” (1913).
Los títulos de crédito de Fantômas a la sombra de la guillotina nos presentan –como también harán los de Juve contra Fantômas y Fantômas contra Fantômas– al protagonista luciendo, en una sucesión de planos medios lentamente encadenados, los distintos disfraces que el astuto delincuente llevará a lo largo del metraje. Es una manera práctica de advertir al público qué aspecto tendrá Navarre en las escenas en las que aparecerá, pero al mismo tiempo, y fuera o no Feuillade consciente de ello (pudo tratarse de algo fruto de la intuición), esos planos mostrándonos las distintas caras de Fantômas expresan poéticamente el dominio del criminal para el disfraz y el rasgo más inquietante de su personalidad: el hombre que tiene muchos rostros, pero ninguno en concreto. ¿Hace falta recordar que Georges Franju, quien homenajearía a Feuillade en su extraordinaria Judex (ídem, 1963), titularía El hombre sin rostro (L’homme sans visage, 1975) a su particular revisión televisiva del personaje de Fantômas?


La acción se divide en tres partes: “El robo del Royal Palace Hôtel” nos muestra a Fantômas apoderándose de las joyas y una fuerte suma de dinero de la princesa Danidoff (Jane Faber). “La desaparición de Lord Beltham” gira alrededor del suceso del título, en el cual está implicada su esposa, Lady Beltham (Renée Carl), en realidad amante y cómplice de Fantômas, que culmina con el macabro hallazgo del cadáver del desaparecido por parte de Juve dentro de un baúl. “Alrededor del patíbulo” glosa cómo Fantômas, que ha sido detenido por el asesinato de Lord Beltham bajo la personalidad de un tal Gurn y condenado a la guillotina, logra evadirse en el último momento con la ayuda de sus compinches.


La primera de esas tres partes atesora una secuencia de modélica construcción: Feuillade detalla en tres planos, sin que en apariencia venga a cuento, la lentitud con que el ascensor del hotel sube al tercer piso, donde está la habitación de la princesa Danidoff. Más tarde, Fantômas logrará huir del hotel dejando inconsciente al botones e intercambiando con él sus vestiduras dentro del ascensor: la lentitud de este le da tiempo para llevar a cabo tan astuta estratagema.

2. “Juve contra Fantômas” (1913).
Juve contra Fantômas glosa los (inútiles) esfuerzos del inspector Juve y de Fandor con tal de impedir que Fantômas, su cómplice femenina Joséphine (Yvette Andréyor) y el resto de su banda atraquen a un adinerado hombre de negocios a bordo de un tren (“La catástrofe del Expreso Simplon”). Más tarde, Juve y Fandor siguen la pista de Joséphine y la acorralan en un night-club de Montmartre, el “Crocodile”, donde un disfrazado Fantômas volverá a escapárseles (“En el “Crocodile””). Luego, ambos descubren que Fantômas se cita una noche a la semana con Lady Beltham en la mansión de esta, y le preparan una encerrona (“El chalet de guarida”).


Uno de los episodios más espectaculares de la serie, Juve contra Fantômas adopta la técnica del cliffhanger, abundando aquí los (brillantes) “momentos álgidos”: Fantômas ordena desenganchar el vagón de cola donde viajan Fandor y el potentado, y luego ese mismo vagón rueda pendiente abajo hasta estrellarse contra el Expreso Simplon, que circulaba detrás suyo…;


…el Emperador del Crimen organiza una aparatosa encerrona a Juve y Fandor al borde del Sena, donde deben repeler a tiros un ataque de los hombres de Fantômas, y salvar la vida escondiéndose dentro de un barril que hacen rodar en medio de las llamas hasta el agua, por donde huyen nadando…;


…también prepara otra trampa mortal contra Juve, introduciéndole una enorme serpiente en su dormitorio mientras duerme; Fantômas se zafa de Juve y Fandor cuando le detienen en el “Crocodile”, usando un par de brazos postizos que son los que en realidad sujetan los dos primeros, y en un rasgo de notable cinismo, regresa al “Crocodile” para seguir flirteando con dos damas de su agrado (sic)…;


…en el colmo de la audacia, un encapuchado Fantômas se esconde de la policía sumergiéndose en un depósito de agua, y respirando gracias a una botella de vino hueca, antes de hacer saltar por los aires la mansión Beltham con todos los policías dentro. Feuillade trabaja meritoriamente el plano fijo: en un mismo encuadre, vemos pasar al coche en el que viaja Fantômas, luego aquél en el que le persiguen Juve y Fandor, y a continuación a un sicario del primero, que se subirá subrepticiamente a la parte trasera del vehículo de los segundos para pincharles una rueda. 


Destaca asimismo la manera de integrar los escenarios naturales parisinos en la intriga, lo cual proporciona una gran viveza a las imágenes y erige el film en un magnífico documento sobre el París de la época.

3. “El muerto que mata” (1913).
El más largo de los films de la serie, dividido en seis partes (“El drama de la Rue Norvins”, “La investigación de Fandor”, “El collar de la princesa”, “El banquero Nanteuil”, “Elizabeth Dollon” y “El guante de piel humana”), y uno de los más intrincados a nivel argumental. Aquí no hay planos encadenados de Navarre, Breon y sus caracterizaciones, porque el personaje de Juve se supone que ha muerto en el clímax de la anterior película, como aclaran los “Preliminares” de esta: Fandor se recupera de sus heridas en un hospital, lamentando el asesinato de su amigo.


El muerto que mata nos muestra cómo el pintor ceramista Jacques Dollon (André Luguet) es acusado, por culpa de Fantômas, del asesinato de una mujer, e incapaz de demostrar su inocencia, termina encarcelado –la escena en la que es sometido a la ignominia de tener que imprimir sus huellas dactilares con tinta parece un anticipo de Falso culpable (The Wrong Man, 1956, Alfred Hitchcock)–, para acabar estrangulado a manos de Nibet (Naudier), el celador corrupto que colaboró en la evasión de Fantômas a la sombra de la guillotina; luego, el cadáver de Dollon desaparece misteriosamente cuando su hermana Elizabeth (Fabienne Fabrèges) se presenta en prisión para visitarle.


Fantômas roba un valioso collar a la princesa Danidoff, y deja deliberadamente en el cuello de la inconsciente dama una huella dactilar…, que resulta ser de Dollon, muerto tres días antes, porque el criminal se ha apoderado de sus huellas, confeccionando unos guantes de piel humana para despistar a la policía: Dollon se convierte, de este modo, en “el muerto que mata” (sic). Pero hasta el Emperador del Crimen comete errores: se olvidó en casa de Dollon una lista con sus próximos objetivos criminales, y para recuperarla intenta asesinar a Elizabeth, fingiendo que esta ha querido suicidarse con el gas de la vivienda. Una vez restablecido, Fandor anda de nuevo tras la pista de Fantômas: salva a Elizabeth y se hace con la lista, descubriendo que Juve no ha muerto y que persigue a Fantômas disfrazado como un pequeño delincuente, Crânajour. ¡El policía asume las técnicas del criminal para capturarle! 


Pero Fantômas, ahora bajo la falsa identidad del banquero Nanteuil, volverá a huir. El muerto que mata habría hecho las delicias de Fritz Lang: flota sobre sus imágenes, así como sobre las de la posterior El magistrado ladrón, una atmósfera esquiva y misteriosa, llena de dudas e incertidumbres, digna de Las Arañas, los Mabuse y Spione.

4. “Fantômas contra Fantômas” (1914).
Fantômas contra Fantômas se abre con un giro argumental inesperado: en la primera parte (“Fantômas y la opinión pública”), Juve es acusado por la prensa ¡de ser él mismo Fantômas!, hasta el punto de que las autoridades judiciales decretan su detención. Mientras tanto, en la segunda parte del relato (“La pared que sangra”), Fantômas –ahora bajo las falsas identidades de un viejo usurero apodado tío Moche, y de un detective norteamericano llamado Tom Bob (sic)–, prosigue sus actividades criminales, empezando por encubrir el asesinato de un cobrador para así ganarse a dos nuevos cómplices, el apache Paulet (Laurent Morléas) y su compañera (Yvette Andréyor), los cuales han escondido el cadáver detrás de una pared que, al ser agujereada por Fantômas/ Tom Bob, empieza a rezumar sangre. Por cierto, la escena de asesinato del cobrador a manos de Paulet y su novia, quienes le agreden para robarle, está notablemente resuelta: Feuillade construye un plano ingenioso, en el que vemos a Paulet apostándose, martillo en ristre, junto a la puerta de una habitación; su novia abre la puerta hacia la cámara, ocultándonos el golpe mortal que detrás de ella Paulet le asesta al cobrador, al que vemos desplomarse tras esa puerta. 


En la tercera parte (titulada, al igual que todo el film “Fantômas contra Fantômas”), y disfrazado de Tom Bob, el Emperador del Crimen vuelve a extorsionar por última vez a su antigua amante Lady Beltham, ahora casada de nuevo y convertida en la gran duquesa Alexandra, obligándola a abrir un fondo para una recompensa para quien consiga dar información que facilite la captura de Fantômas…;


…la gran duquesa organiza una fiesta de disfraces para recaudar dicha recompensa, a la cual también asisten Fandor y otro agente de policía ataviados como ¡Fantômas!; como el auténtico también hace otro tanto, ello da pie a una rocambolesca situación de “suspense”, al estar presentes tres Fantômas en la fiesta, produciéndose los inevitables equívocos; el nuevo crimen de Fantômas, asesinando al policía que iba disfrazado como él, consigue demostrar la inocencia de Juve, que es puesto en libertad, no sin antes detener a Nibet, el cómplice de Fantômas en la cárcel. Fantômas recluta nuevos hombres entre los apaches que viven en los suburbios rurales de París, los cuales llevan a cabo un plan audaz: disfrazados de albañiles, entran en los juzgados y secuestran a Juve; no obstante, Juve consigue engañar a los apaches fingiendo que él es Fantômas, y de este modo gana tiempo para que Fandor envíe a una patrulla de agentes a rescatarle. Juve y Fandor vuelven rápidamente a la mansión de la gran duquesa Alexandra, a donde Fantômas, disfrazado de Tom Bob, ha ido para que la aristócrata le dé la recompensa acumulada; los dos primeros consiguen capturarle, pero, como siempre, el Emperador del Crimen se deshace de ellos y emprende la huida. [Nota bene: La copia de Fantômas contra Fantômas está restaurada, como las del resto del pack, pero la desaparición de una secuencia ha obligado a reemplazarla por una de otro film de la serie, y está señalada con un asterisco (*).]

5. “El magistrado ladrón” (1914).
Tras un “Prólogo”, en el cual un ladrón al servicio de Fantômas, disfrazado de sacerdote, se apodera de unas joyas que acaban de vender a un joyero los marqueses de Tergall (Mesnery y Germaine Pelisse), la acción de El magistrado ladrón ahonda con más profundidad que nunca en toda la serie en la compleja personalidad de su antihéroe protagonista, habida cuenta de que, en esta ocasión, la mayor parte de la trama transcurre desde su punto de vista. De entrada, el film depara una sorpresa argumental con respecto al que le precede, puesto que arranca mostrándonos a Fantômas cumpliendo condena en una prisión belga, a la espera de ser ejecutado, y continúa, de manera no menos chocante, con Juve, disfrazado y fingiéndose un compinche de Fantômas, ¡ayudándole a escapar de su prisión en Bélgica! (eso sí, con el propósito de que huya de regreso a Francia, donde por fin podrá echarle el guante).


Tras su huida, y durante su viaje de regreso a Francia, Fantômas asesina a Pradier, un juez de instrucción de cuya identidad decide apoderarse, suplantándolo e instalándose en Saint-Calais. Bajo ese disfraz, Fantômas chantajea a la marquesa de Tergall, exigiéndole la cantidad de 500.000 francos a cambio de guardar silencio sobre su relación extraconyugal con un joven. Será la aparición de Fandor por Saint-Calais, para investigar las misteriosas circunstancias de la muerte del marqués de Tergall (por culpa, claro está, de Fantômas), lo que precipitará la nueva huida del Emperador del Crimen. Tal y como ya hiciera Juve en El magistrado ladrón, aquí también Fandor decide adoptar métodos y argucias dignos de Fantômas para intentar atraparle: véase la secuencia en la que, con la ayuda de dos policías, engaña a dos sicarios de su archienemigo, Paulet y otro apodado el Alumno, fingiendo ser el mismísimo Fantômas, a la espera de que intenten liberarle para poder detenerles. Pero Fantômas es todavía más ingenioso que sus enemigos: aunque al final será detenido, antes habrá utilizado por última vez la identidad y la firma del juez Pradier para redactar una orden de liberación de sí mismo tan pronto como haya sido sacado de Saint-Calais.


El magistrado ladrón atesora otra de las mejores escenas de asesinato de toda la serie, la del marqués de Tergall mientras duerme en su dormitorio: su esposa enciende la calefacción de gas y le deja dormido en su cama; Fantômas baja al sótano de la mansión y cierre la llave de paso, para volverla a abrir a continuación; de este modo, la llama de la habitación del marqués se apaga, dejando libre por toda la estancia el gas que acabará con la vida del enfermizo aristócrata. También hay aquí dos de los escasos movimientos de cámara que aparecen en toda la serie, pero tienen mucho sentido. El primero es un movimiento lateral de la cámara de derecha a izquierda del encuadre, poniendo en relación la habitación de hotel donde el marqués de Tergall y el joyero han cerrado su trato, y la habitación contigua, ocupada por el disfrazado Robinard (Jean-François Martial), quien ha agujereado la pared y, por detrás, el escritorio donde estaban las joyas guardadas bajo llave, para acceder a las mismas; el segundo es el bello movimiento ascendente de la cámara que sigue en plano general a Ribonard cuando se sube a una frágil escalera a la campana de la iglesia ara recuperar las joyas que robó al marqués de Tergall y que están allí escondidas, lo cual anticipa la situación de peligro que luego sufrirá tras ser traicionado por Fantômas y abandonado a su suerte ahí arriba; escena que, por cierto, luego da pie a otro momento no menos magnífico: aquél en el que, en plena misa fúnebre por el marqués de Tergall, alguien pone en marcha esa misma campana, provocando la muerte de Ribonard, que estaba cogido al badajo, y desatando sobre los presentes una inesperada lluvia de joyas y… sangre. [Nota bene: La copia de El magistrado ladrón es la más relativamente defectuosa del pack, hasta el punto de que algunas escenas presentan saltos como consecuencia de la desaparición de fotogramas, mientras que otras han tenido que ser suplidas mediante rótulos informativos adicionales y foto-fijas que se conservan.]

miércoles, 1 de junio de 2016

“DIRIGIDO POR…” de JUNIO 2016, a la venta



El núm. 467 de Dirigido por… dedica su portada a la crónica del Festival de Cine de Cannes 2016, que firman Ricardo Aldarondo y Gerard Casau.


El segundo gran contenido destacado es la tercera y última entrega del dossier dedicado al cine policíaco francés, que este mes está compuesto por dos artículos: Nouvelle Vague y Série Noire, de Quim Casas, y Las estrellas polares, de Jesús Palacios; y, además, por una última selección de antologías: El asesino vive en el 21, de Henri-Georges Clouzot [Quim Casas]; Ascensor para el cadalso, de Louis Malle [Israel Paredes Badía]; Razzia sur le chnouf, de Henri Decoin [Antonio José Navarro]; Le rouge est mis, de Gilles Grangier [Juan Carlos Vizcaíno Martínez]; A pleno sol, de René Clément [Héctor G. Barnés]; La evasión, de Jacques Becker [Rafel Miret]; Hasta el último aliento, de Jean-Pierre Melville [Quim Casas]; Dos hombres en la ciudad, de José Giovanni [Jesús Palacios]; Coup de torchon, de Bertrand Tavernier [Carles Balagué]; Por la piel de un policía, de Alain Delon [Diego Salgado]; y El membrillo, de Bob Swaim [Ramon Freixas & Joan Bassa].


También destacan las críticas de Green Room (ídem, 2015), de Jeremy Saulnier [Quim Casas]; Tres recuerdos de mi juventud (Trois souvenirs de ma jeunesse, 2015), de Arnaud Desplechin [que he escrito yo]; la trilogía de Las mil y una noches (As mil e una noites, 2015), de Miguel Gomes [Quim Casas]; Francofonia (ídem, 2015), de Alexander Sokurov [Quim Casas]; y X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse, 2016), de Bryan Singer [que también firmo yo]. Y los comentarios, para la sección Series TV, de Hap and Leonard [Óscar Brox] Supergirl [Héctor G. Barnés] y The Catch [Quim Casas].


El número se completa con el artículo Miguel Picazo. Un caso especialmente doloroso, de Ramon Freixas & Joan Bassa, para la sección In Memoriam; un comentario de Experimenter (2015), de Michael Almereyda, a cargo de Antonio José Navarro, para la sección Fuera de Campo; la sección Home Cinema, con comentarios de Juan Carlos Vizcaíno Martínez, Quim Casas, Tonio L. Alarcón y Ramon Freixas & Joan Bassa; la sección Cine On-Line, con comentarios de Tonio L. Alarcón, Israel Paredes Badía, Nicolás Ruiz y un servidor; la sección Libros, con comentarios de Ramon Freixas, Quim Casas, Israel Paredes Badía, Diego Salgado y Óscar Brox; la sección Banda Sonora, de Joan Padrol; y la sección En busca del cine perdido, con un comentario de La llamada (1965), de Javier Setó, que han escrito Ramon Freixas & Joan Bassa.


Ya he mencionado que mi contribución a este número de Dirigido por… consiste, en primer lugar, en una extensa crítica de la extraordinaria película de Arnaud Desplechin Tres recuerdos de mi juventud.


También firmo la extensa reseña de X-Men: Apocalipsis, del interesante Bryan Singer (lo cual, en esta ocasión, tampoco es una excepción).


Asimismo, he escrito la crítica de Acusada (Lucia de B., 2014), una atractiva producción holandesa, dirigida por Paula van der Oest, que comento en mi otro blog El cine de Atticus Finch (1) desde un punto de vista jurídico, y que parece ser que ha visto retrasado su estreno en España, inicialmente previsto para finales de este pasado mes de mayo, lo cual es una pena.


Firmo también la crítica de un film muy modesto, dentro de su simpatía: la comedia británica de Julian Jarrold Noche real (A Royal Night Out, 2015).


Completo mi contribución a este número de la revista con el comentario, para la sección Cine On-Line, del sencillo pero eficaz slasher de Oliver Blackburn Kristy (2014).



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sábado, 28 de mayo de 2016

La reina virgen sueca: “REINA CRISTINA”, de MIKA KAURISMÄKI



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Por más que, históricamente hablando, el famoso apodo de “la reina virgen” suele aplicarse a la figura de Isabel I de Inglaterra (1533-1603), y ello tan solo por el hecho de que jamás contrajo matrimonio, han existido otros monarcas de sexo femenino tildadas de ese modo, y por la misma y endeble razón. Quien también tuvo que cargar con ese sambenito –vergonzoso, sobre todo, a ojos de hoy, pero algo muy honorable en su época– fue la reina Cristina de Suecia (1626-1689), la cual fue monarca de su país desde el 6 de noviembre de 1632 –si bien no fue oficialmente coronada hasta el 20 de octubre de 1650, poco antes de cumplir 18 años– y hasta el 6 de junio de 1654, fecha en la que abdicó del trono en favor de su primo –y antiguo pretendiente– Carlos X Gustavo. Reina Cristina (The Girl King, 2015), de Mika Kaurismäki, coproducción entre Finlandia, Canadá, Suecia, Alemania y Francia rodada en inglés, francés y alemán, recrea la historia de la “reina virgen” sueca a partir de un guion del dramaturgo canadiense Michel Marc Bouchard, basado a su vez en una obra de teatro suya estrenada en versión francófona en 2012 en el Théâtre du Nouveau Monde de Montreal, y representada en versión inglesa en el Festival de teatro de Stratford de 2014.


No es la primera vez, que el cine se interesa por este personaje (aunque quizá sería más adecuado escribir “personalidad histórica”). Baste recordar, sin ir más lejos, la popular película de Rouben Mamoulian La reina Cristina de Suecia (Queen Christina, 1933), uno de los máximos exponentes del mito Greta Garbo que, pese a su encanto, no es ni de lejos lo mejor de su director; y, sobre todo, la extraordinaria Abdicación (The Abdication, 1974), film de Anthony Harvey escrito por Ruth Wolff a partir de su propia obra teatral, admirablemente sostenido sobre la colaboración de un equipo técnico-artístico de primera categoría –el operador Geoffrey Unsworth, el compositor Nino Rota, el decorador Terence Marsh– y una superlativa pareja de protagonistas, Liv Ullmann y Peter Finch. Reina Cristina guarda una estrecha relación con estas dos películas. Con respecto a la primera, vendría a ser su antítesis en lo que a una de las principales cuestiones que plantea se refiere, la relativa a la sexualidad de la reina sueca: recordemos que, a pesar de que en determinados momentos del film de Mamoulian flotaba la sugerencia en torno al lesbianismo de Cristina –recordemos las célebres escenas en las que la reina se viste con ropa de hombre para pasar desapercibida; a ello hay que añadir la ambigüedad de la Garbo, bien señalada por numerosos biógrafos–, La reina Cristina de Suecia ofrecía una visión heterosexual de la protagonista, haciéndole mantener un romance con el personaje de Antonio (John Gilbert), un emisario español.


En cambio, Reina Cristina recoge con decisión el parecer de numerosos historiadores sobre la homosexualidad de la reina sueca (encarnada con notable energía por Malin Buska), y no solo mostrándola manteniendo una abierta relación amorosa con otra mujer, su prima y dama de compañía la condesa Ebba Sparre (Sarah Gadon). La tesis del film de Kaurismäke consiste, precisamente, en que si no toda, al menos sí buena parte de la vida de la protagonista, y la toma de muchas de sus decisiones políticas y personales, estuvieron condicionadas por la imposibilidad de dar rienda suelta a su sexualidad de manera normalizada. Eso se hace patente, sobre todo, en el hecho de que Cristina rechaza de forma sistemática a todos los pretendientes (masculinos, claro está) que intentan casarse con ella, bien sea por arribismo –caso del conde Johan Oxenstierna (Lucas Bryant), hijo del mariscal y principal consejero de la reina Axel Oxenstierna (Michael Nyqvist)–, o bien porque están sinceramente enamorados de ella –caso de Carlos Gustavo/ Karl Gustav Kasimir (François Arnaud), que al final acabará sucediendo a Cristina en el trono–, y que no hace sino oídos sordos a las continuas exigencias de su corte, en el sentido de que tiene que elegir esposo para dar a luz a un heredero.


De hecho, la decadencia de Cristina, y lo que al final la impulsa a tomar la decisión de abdicar a favor de Carlos Gustavo, está motivada en que su amada Ebba acaba cediendo a las presiones que la obligan a casarse con su antiguo prometido, el conde Jakob de la Gardie (Jannis Niewöhner), y con ello, es separada “legalmente” de su lado. Esa frustración de índole sexual es lo que en parte la motivará de cara a adoptar una audaz decisión política: nombrar a Carlos Gustavo no su marido, como la corte quisiera, sino su hijo (sic), y de este modo, su heredero al trono. Reina Cristina termina, precisamente, ahí donde empezaba Abdicación: Cristina asiste a la coronación de Carlos Gustavo, y a continuación sale de la iglesia donde se ha oficiado la solemne ceremonia, atravesando un dintel iluminado con una fuerte luz blanca: así era como comenzaba la película de Anthony Harvey, mostrando la salida de Cristina de la misma ceremonia como una luminosa liberación para la protagonista.


Es una pena que un film en torno a una personalidad (sea o no “histórica”) tan atractiva como la de Cristina de Suecia acabe resultando tan endeble, previsible y, a ratos, tosco y aburrido por culpa de la rutina de la realización de Mika Kaurismäki. Y lo es mayormente no solo por, como ya he dicho, la excelente interpretación de Malin Buska en el papel protagonista (muy bien secundada, además, por el resto de notables componentes del reparto), sino porque el guion ofrece de la protagonista un retrato muy atractivo. Cristina es mostrada como una “rebelde”, muy “progresista” vista a ojos de hoy, pero que el film tiene el cuidado de retratar en el contexto de la época en la que transcurre la trama, recalcando el telón de fondo de acontecimientos como la Guerra de los 30 años entre católicos y luteranos –una de las primeras decisiones de Cristina al subir al trono fue ponerle fin–; o, en particular, la insaciable sed de conocimientos de una monarca caracterizada por una notabilísima cultura y una inagotable curiosidad, que –tal y como se refleja en la película– la lleva a coleccionar libros y obras de arte que devora con fruición, y en particular, forjar una gran amistad con el filósofo René Descartes (Patrick Bauchau): uno de los mejores momentos del film, si no el mejor, gira en torno a la lección de anatomía que –evocando, indirectamente, a la famosísima pintura homónima de Rembrandt, también conocida como La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp– lleva a cabo Descartes en presencia de una fascinada Cristina, y de una escandalizada corte sueca, en el curso de la cual el filósofo extrae la glándula pineal de un cadáver, en su opinión la cuna de todos los sentimientos del alma.


Pero, como ya he indicado antes, y a pesar de ese y algún otro esporádico buen momento, Reina Cristina nunca supera el listón de lo discreto, y eso se debe en gran medida a la insipidez de la puesta en escena de Mika Kaurismäki, un realizador hasta cierto punto simpático por el hecho de ser –sin duda, exageradamente– algo así como el “hermano tonto” de Aki Kaurismäki según los “listos”, pero cuya obra nunca se ha caracterizado por un exceso de pretensiones, más bien al contrario. Hay que decir en descargo del cineasta que, pese al carácter de coproducción internacional del producto, la película se muestra más bien parca en medios, y en todo momento da la impresión de que se ha rodado aprovechando muchos escenarios reales (por ejemplo, según los datos de producción, el castillo de Turku en Finlandia, que pasa por ser el castillo real de Kronor en Estocolmo), lo cual puede haber influido a la hora de dificultar e incluso limitar la planificación de cara a conseguir buenos ángulos de cámara. Pero ello no excusa a Kaurismäki de haber resuelto demasiadas escenas de manera simplemente correcta y sin vida, en las cuales el plano/ contraplano acaba siendo el principal recurso expresivo (y, a ratos, ni tan siquiera eso está completamente bien ejecutado). Una lástima, repito, porque la reina Cristina de Suecia se merecía otra película a su altura, o al menos, a la de la magnífica Abdicación.

Otro análisis de Reina Cristina en:


jueves, 26 de mayo de 2016

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de JUNIO 2016, a la venta



El núm. 369 de Imágenes de Actualidad ilustra su portada con una impactante imagen de Expediente Warren: El caso Enfield (The Conjuring 2, 2016), de James Wan, de la cual se ofrece un extenso reportaje.


Destacan en portada los reportajes de los otros tres grandes estrenos previstos para el mes de junio: Green Room (ídem, 2015), de Jeremy Saulnier; Buscando a Dory (Finding Dory, 2016), que se complementa con una entrevista con su director, Andrew Stanton; y Warcraft: El origen (Warcraft, 2016), complementada a su vez por el artículo sobre futuras adaptaciones al cine de videojuegos, Ready Viewer One, y con una entrevista con el realizador Duncan Jones. Así como los avances, dentro de la sección Primeras Fotos, de Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 2016, Antoine Fuqua), Ben-Hur (ídem, 2016, Timur Bekmambetov), Café Society (ídem, 2016, Woody Allen) y Deepwater Horizon (Peter Berg, 2016), que en España conoceremos como Marea negra.


El resto de contenidos del número se reparte entre los reportajes que ilustran los estrenos de The Program (ídem, 2015), de Stephen Frears; Summer Camp (2015), de Alberto Marini; Criminal (ídem, 2016), de Ariel Vromen [estreno aplazado tras el cierre de la edición], que se complementa con el artículo sobre otros papeles de “villano” de Kevin Costner El yerno (no tan) perfecto; Eddie el Águila (Eddie the Eagle, 2016), de Dexter Fletcher; Ninja Turtles: Fuera de las sombras (Teenage Mutant Ninja Turtles: Out of the Shadows, 2016), de Dave Green, que se complementa con un retrato de uno de sus protagonistas, el ascendente Stephen Amell; Dioses de Egipto (Gods of Egypt, 2016), de Alex Proyas; Blood Father (ídem, 2016), de Jean-François Richet; y la trilogía Las mil y una noches (As mil e uma noites, 2015), de Miguel Gomes.


En la sección Series TV se comenta la serie Hap and Leonard; el estreno en Netflix del largometraje Special Correspondents (2016), que se complementa con una entrevista con su guionista, director y principal protagonista, Ricky Gervais; otro largometraje disponible en Netflix, Mr. Right (2015), que ha dirigido en los Estados Unidos el español Paco Cabezas, a quien hemos entrevistado; y las segundas temporadas de las series iZombie y Bloodline. A todo ello se suman las secciones Además…, con el resto de estrenos del mes; Noticias; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Hollywood Babilonia y Hollywood Boulevard, de Nacho González Asturias; Él dice, ella dice; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Gran Vía y Se rueda, de Boquerini; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Libros, de Antonio José Navarro; y BSO y DVD & Blu-ray, de Miguel Fernando Ruiz de Villalobos.


El Cult Movie del mes está dedicado a Los siete magníficos (The Magnificent Seven, 1960), el clásico del western dirigido por John Sturges, de nuevo de actualidad gracias al remake homónimo de Antoine Fuqua que se comenta en la sección Primeras Fotos: “Lo mejor de “Los siete magníficos” lo hallamos en su espléndido sentido del detalle, en ocasiones tan sutil que puede pasar desapercibido en el conjunto de un film lleno de ramalazos épicos y excelentes secuencias de acción que son, todavía hoy, lo que más se recuerda de esta popularísima película, uno de esos títulos que «le suenan» a todo el mundo incluso sin haberlo visto, dado el carácter de icono que sustenta”.


Mi contribución a este número se completa con las críticas de La bruja (The Witch, 2015), interesante película de Robert Eggers por más que pese sobre ella la sombra de cierta sobrevaloración…,


…y de la asimismo atractiva Espías desde el cielo (Eye in the Sky, 2015), de Gavin Hood, que también comento, desde una perspectiva jurídico-cinematográfica, en mi otro blog El Cine de Atticus Finch (1).



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