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sábado, 27 de diciembre de 2014

Forastera en Tierra extraña: “UNDER THE SKIN”, de JONATHAN GLAZER



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Under the Skin (2013), tercer largometraje del realizador londinense Jonathan Glazer tras diversos trabajos en el terreno del videoclip, y habiendo demostrado hasta la fecha un muy desigual talento cinematográfico —su primer largo, Sexy Beast (ídem, 2000), era excelente; el segundo, Reencarnación (Birth, 2004), nefasto—, hace gala de una fascinante formulación visual, que sitúa al espectador en un terreno frágil y quebradizo.


El arranque de Under the Skin guarda ecos, acaso inevitables, de 2001: Una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). La imagen se encuentra en negro. Lentamente, un pequeño punto de luz va creciendo en el centro de la pantalla hasta convertirse en un resplandor cegador que la cubre casi por completo. Dicha imagen da paso a una serie de planos, estos sí ya más claramente “espaciales”, en los cuales vemos una asociación de imágenes entre lo que parece una alineación de planetas —es aquí donde resulta difícil no pensar en la famosa película de Stanley Kubrick—, algo que se diría una especie de ojo negro en primerísimo primer plano (de hecho es un ojo, y más concretamente un ojo no humano, pero eso no lo sabremos hasta justo el final de la película), y finalmente lo que claramente sí es un ojo humano. La abstracta secuencia que acabamos de describir proporciona algunas claves relacionadas con la propia trama del film, como por ejemplo el (teórico, pues nunca se dice en voz alta) origen extraterrestre del personaje protagonista, la muchacha sin nombre interpretada por una sorprendente Scarlett Johansson (de ahí la justificación de las imágenes, digamos, “siderales” o “planetarias”), y la de ese ojo que no parece/no es de nadie perteneciente a la raza humana. Pero, a otro nivel, podemos interpretar esta primera secuencia como un aviso por parte del realizador de que la mirada va a tener una enorme importancia a lo largo del relato. Salvando las distancias, esos ojos en primer plano no son sino una advertencia de cara al espectador, parecidos o incluso equivalentes a ese otro y no menos intrigante primer plano de un ojo que hallamos en el arranque de Blade Runner (ídem, 1982, Ridley Scott), otra película que, como Under the Skin, juega con la apariencia “humana” de seres “no humanos”, tanto da que sean unos androides “replicantes” o una alienígena.  


Desde este punto de vista, en Under the Skin la mirada resulta fundamental. Sirve, por un lado, para establecer vínculos entre los personajes. La protagonista sin nombre recorre las calles de una localidad escocesa —Under the Skin ha sido rodada principalmente en Glasgow— al volante de su camioneta, y desde esa perspectiva se va fijando en los hombres jóvenes que se encuentra, y a los que, usando el truco más viejo del mundo (su belleza), atrae hacia una misteriosa trampa mortal de la que casi ninguno regresará. Subrayo el “casi”, pues habrá una excepción: un joven con el rostro deformado por la neurofibromatosis —personaje que encarna Adam Pearson, quien sufre realmente dicha enfermedad—, que en un crucial arranque de piedad de la chica, el primer indicio de su proceso de “humanización”, será el único superviviente de la encerrona preparada por la joven en colaboración con su compañero, otro (supuesto) extraterrestre que ha adoptado la apariencia de un motorista (Jeremy McWilliams). En contrapartida, la atracción que sienten los hombres hacia la protagonista está asimismo vehiculada sobre la mirada: varios incautos caerán en sus redes, atraídos como las moscas a la miel, tanto los viandantes que acabarán atendiendo a sus peticiones de ayuda para localizar una dirección —la protagonista siempre tiene el cuidado de interrogarles sutilmente, a fin de averiguar si son hombres solitarios a los que nadie va a echar de menos caso de que desaparezcan—, como los hombres que irá encontrando cuando se vea obligada a abandonar la ciudad y buscar refugio en el campo, caso del que accederá a ayudarla, dándole refugio en su propia casa tras conocerla en el autobús; o el guarda forestal que, aparentando también querer ayudarla, más tarde intentará violarla en el clímax del relato. No por casualidad, muy distinta es la impresión que la chica causa en las mujeres humanas: completamente ajenas al origen alienígena de la protagonista, un grupo de amigas que van de fiesta no dudan en cogerla y llevársela consigo a una discoteca (sic).


Glazer y el guionista Walter Campbell, partiendo de la primera novela escrita por el holandés Michel Faber publicada en 2000 y conocida entre nosotros con el título de Bajo la piel (Anagrama, 2002), y que lamento desconocer —Faber también es autor de Pétalo carmesí, flor blanca (Anagrama, 2007), adaptada a televisión por la BBC en formato miniserie: The Crimson Petal and the White (Marc Munden, 2011)—, plantean Under the Skin, como ya he apuntado, desde una perspectiva abstracta. En ningún momento se nos da lo que se conoce como “explicación racional” en torno al origen de la principal protagonista; se ha dicho que puede tratarse de una alienígena, explicación plausible a la vista de sus extrañas actividades, por más que el espectador puede interpretar asimismo que se trata de una criatura procedente de una dimensión paralela cuya puerta de acceso esté ubicada en nuestro mundo.


Esta última explicación resulta asimismo tan “coherente” como pueda serlo la de la teórica procedencia extraterrestre de la chica, habida cuenta que la secuencia que nos la presenta por primera vez en la película hace gala de un rotundo desprecio del verosímil. Ya hemos mencionado la secuencia de apertura de ambientación “sideral”. La misma enlaza con la imagen de un motorista —el mencionado colaborador de la protagonista—, tomada con la cámara colocada aparentemente sobre el manillar de su motocicleta y encuadrándolo en primer plano, como si de este modo “surgiera” de la oscuridad de la secuencia inicial y se internara así en la carretera nocturna que le lleva hasta la ciudad. Una ciudad donde pronto veremos a dicho personaje llevando a cabo una actividad misteriosa: cargando sobre el hombre con el cadáver de otra mujer joven (Lynsey Taylor Mackay), e introduciéndolo en la parte trasera de la camioneta que luego conducirá la protagonista femenina. Aquí se produce la ruptura del verosímil a la que me refería: la secuencia cambia completamente, situándonos en un irreal escenario de un blanco cegador (de nuevo, un poco Kubrick), sin paredes, techo y prácticamente sin suelo visibles, donde la protagonista, desnuda, procede a desnudar el cadáver de la chica para colocarse ella misma la ropa y el calzado de la difunta; a continuación, vemos a la protagonista ya vestida y saliendo por la parte trasera de esa camioneta para ponerse al volante de la misma, dando a entender así que ese escenario blanco y sin límites se encontraba dentro del vehículo, lo cual es físicamente imposible.


No es de extrañar que, una vez rota de manera tan contundente cualquier asomo de verosimilitud, Under the Skin introduce al espectador en un universo fantástico que se encuentra literalmente agazapado tras el estilo aparentemente realista y/o naturalista de las andanzas de la protagonista a la caza de hombres jóvenes y solitarios. Hombres que son absorbidos por la trampa a las que les conduce la chica de una manera asimismo completamente ajena a la dictadura de la realidad racional: en una serie de escenas espléndidamente filmadas y de una rara capacidad de sugestión, asistimos al fatídico destino de las presas capturadas por la muchacha; en esta ocasión, el escenario se sitúa en el interior de un bloque de viviendas situado en las afueras de la ciudad y aparentemente abandonado; dicho interior, al contrario que el de la camioneta, está dominado por una oscuridad total, si bien “iluminada” y/o “retocada” de tal manera que permite ver los cuerpos de la muchacha, caminando en ropa interior por ese espacio de oscuridad interminable, y el de los hombres a los que ha seducido, desnudándose por completo y siguiéndola hasta que, de pronto, empiezan a hundirse en el suelo de la estancia dentro de lo que parece un líquido denso, casi amniótico: ¿las víctimas de la joven, efectivamente, “mueren”, o acaso son transportados a algo parecido a otro nivel de la existencia? Si bien al principio tan solo vemos el comienzo de ese misterioso “proceso de absorción”, al final terminaremos viéndolo en detalle: la cámara sigue a uno de los infortunados bajo el líquido, hundiéndose en la negrura pero sin mostrar, curiosamente, signo alguno de ahogamiento; dentro de ese líquido, la víctima ve a otro hombre desnudo y todavía vivo que, de repente, parece “implosionar” (explotar hacia adentro), quedando solamente la piel del cuerpo entero flotando vacía de carne, sangre y huesos; otra “implosión” no tarda en poner fin a la angustiosa situación del primer hombre…


Hemos mencionado líneas atrás que uno de esos jóvenes logra salir con vida de esa extraña trampa: uno que padece neurofibrotamosis y que, más solitario y carente de compañía femenina que sus compañeros de infortunio, cae fácilmente en las redes de la protagonista: “debo estar soñando…”, murmura, encontrándose ya en la fatídica estancia oscura… Pero, además de introducir mediante esa frase un apunte sobre el carácter onírico que preside la totalidad del relato, el hecho de que, como también hemos avanzado, este hombre de rostro deforme sobreviva a la trampa tendida por la protagonista no es sino uno de los indicios del progresivo proceso de humanización de esta última. No es el único, aunque dicho proceso no se da de manera brusca sino, por el contrario, lenta y gradual. Ahí está, por ejemplo, el episodio que se produce, aquí a la luz del día, en la playa; la protagonista capta con su belleza la atención de otro joven que está nadando en el mar usando un traje de neopreno; de pronto, se produce un incidente inesperado: en otro extremo de la playa, un hombre se lanza vestido al mar embravecido, en un desesperado intento por rescatar a una mujer que está siendo tragada por las olas, mientras que en la orilla les aguarda, sentado, un niño de pocos meses, aparentemente su hijo; el joven del traje de neopreno echa a correr hacia ese extremo de la playa, se lanza al agua e intenta rescatar, al menos, al hombre (la mujer ya ha sido tragada por el mar); pero el hombre rescatado vuelve a lanzarse al mar, intentando de nuevo el rescate desesperado de la mujer, mientras que su rescatador, exhausto, se desploma en la orilla, inconsciente; la protagonista, que ha sido testigo indiferente de toda esta tragedia, se acerca al joven y lo arrastra por los brazos para llevárselo consigo, dejando a su suerte al otro hombre en el mar y al bebé en la playa. Más adelante, Glazer inserta un plano con la patética imagen del bebé, llorando a la orilla del mar, ya de noche, expuesto a los elementos. Más avanzado el metraje, el realizador resuelve elípticamente el momento en que la muchacha perdona la vida del joven con neurofibrotamosis: primero le vemos entrar y empezar a desnudarse en el interior de la casa abandonada, siguiendo la pauta de quienes le han precedido; Glazer corta, y nos muestra de nuevo el exterior de la casa, y cómo a través de los matorrales ese mismo joven deforme huye, desnudo, corriendo tan rápido como puede…: sus torpes andares no pueden menos que recordarnos esa imagen del bebé en la playa, la otra víctima de la protagonista que no ha tenido tanta suerte.


Perdonar la vida del joven deforme tendrá consecuencias para ella. Sabiendo que ha “desobedecido” aquello que hasta ese momento estaba desempeñando, la joven se da a la fuga fuera de la ciudad, siendo perseguida por el mismo motorista que le servía de cómplice, y al cual no tardan en unirse otros motoristas, que se reparten por distintos puntos cardinales para localizarla. El relato entra entonces en otra dinámica narrativa, no menos interesante que la que ha estado desarrollando. El proceso de humanización de la protagonista va avanzando a marchas forzadas: no solo, como acabamos de ver, por la diferencia de su conducta entre lo ocurrido en la playa y el episodio con el joven deforme (en lo que puede verse un primer indicio del proceso de estimación del instinto de supervivencia de los seres humanos por parte de la alienígena), sino por una serie de detalles y acontecimientos posteriores de carácter físico, carnal, que harán que la muchacha lleve a cabo una suerte de descubrimiento de su propia entidad corporal humana: la mancha de sangre que palpa con sus dedos y que contempla con embeleso; más adelante, esa secuencia —muy “capturada” por internet pero sin tener en cuenta, claro está, el sentido que tiene dentro de la narración propuesta por este magnífico film; es decir, quedándose en lo más frívolo y superficial— en la que, como digo, la muchacha examina su cuerpo desnudo ante un espejo, maravillándose por primera vez ante la belleza del mismo en sí mismo considerado, es decir, acaso dejándolo de ver tan solo como un ardid para “cazar” (hay que reconocer aquí la inesperada valentía de una Scarlett Johansson que, hasta la fecha, no había mostrado en una pantalla semejante carencia de inhibiciones y prejuicios); o ese momento, excelente, en el cual la chica accede a una improvisada cópula con el hombre que la ha recogido y alojado en su vivienda: de repente, la muchacha se incorpora del lecho en el instante mismo de la penetración, coge una lámpara y (de espaldas a la cámara) examina “algo” en el interior de su sexo, en un gesto que tendrá un sorprendente significado en las bellísimas escenas finales del relato.


Hermoso final, como digo, en el que —por mediación, como ya hemos apuntado, del intento de violación de un desaprensivo guarda forestal— la protagonista revelará su naturaleza “no-humana”, descubriendo literalmente lo que oculta bajo la piel, antes de morir asesinada: el plano en el que “la alienígena” mira, cara a cara, el rostro humano que hasta ese momento ha cubierto sus auténticas facciones, como interrogándose sobre qué extraño proceso físico y emocional ha hecho de ella una criatura diferente, es uno de los mejores que nos haya legado el cine fantástico de estos últimos años. Under the Skin es una extraordinaria película, cuya ausencia no ya de nuestros cines como de las ediciones nacionales en formato doméstico o —salvo error del que suscribe— en plataformas de visionado dice muy poco a favor de la perspicacia y sensibilidad de nuestros distribuidores.

martes, 23 de diciembre de 2014

“29 MIRADAS SOBRE SPIELBERG”, ya a la venta



Acaba de publicarse y ya ha empezado a distribuirse en grandes almacenes, con vistas a su pronta distribución en librerías especializadas, un volumen publicado por El Búho de Minerva Ediciones y coordinado por Pau Gómez que, con el título 29 miradas sobre Spielberg, agrupa otros tantos artículos firmados por muy diversos autores —Emilio Aragón, Aurora Bosch, Quim Casas, Borja Cobeaga, Eduard Cortés, Rodrigo Cortés, Luis Alberto de Cuenca, Sergio G. Sánchez, Enrique Gato, Kike Maíllo, César Mallorquí, Rafael Maluenda, Carlos Marañón, Luis Martínez, Vicente Molina Foix, Daniel Monzón, Guillem Morales, Enric Pardo, Oriol Paulo, Santiago Posteguillo, Paco Roca, Alberto Rodríguez, Ángel Sala, Antonio Sánchez-Escalonilla, Eduardo Segura, Javier Serra, Lorenzo Silva, Nuria Vidal y un servidor—, los cuales repasan veintinueve largometrajes para el cine que conforman la filmografía de Steven Spielberg. El libro cuenta, además, con una introducción de Alejandro Amenábar, un prólogo de Jaume Balagueró y un epílogo de J.A. Bayona, y está profusamente ilustrado con fotografías en color. Aunque mi aportación se centra en uno de los films menos afortunados de Spielberg —El mundo perdido (Jurassic Park) (The Lost World: Jurassic Park, 1997)—, ha sido un placer participar en una obra que tiene el indiscutible atractivo que siempre supone la pluralidad de opiniones y puntos de vista sobre un cineasta de semejante categoría.

lunes, 22 de diciembre de 2014

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” de ENERO 2015, ya a la venta



Corazones de acero (Fury, 2014), de David Ayer, es la película de portada del número de Año Nuevo de Imágenes de Actualidad: el núm. 353; reportaje que se complementa a su vez con una entrevista con el principal protagonista del film, Brad Pitt. También se destacan en la cubierta los films que ocupan este mes la sección Primeras Fotos: los avances de Star Wars: El despertar de la fuerza (Star Wars: The Force Awakens, 2015), de J.J. Abrams; Pan (2015), de Joe Wright; Terminator Génesis (Terminator Genisys, 2015), de Alan Taylor; y Chappie (ídem, 2015), de Neill Blomkamp.


Dentro del mismo número destacan los reportajes dedicados a Into the Woods (ídem, 2014), de Rob Marshall; Babadook (The Babadook, 2014), de Jennifer Kent; Autómata (2014), de Gabe Ibáñez; V3nganza (Taken 3, 2015), de Olivier Megaton; Somos lo que somos (We Are What We Are, 2013), de Jim Mickle; La teoría del todo (The Theory of Everything, 2014), de James Marsh, que se complementa con una entrevista con su protagonista masculino, Eddie Redmayne, y un retrato de su protagonista femenina, Felicity Jones; la nueva versión de Annie (ídem, 2014), de Will Gluck; The Imitation Game (Descifrando Enigma) (The Imitation Game, 2014), de Morten Tyldum; Maps to the Stars (ídem, 2014), de David Cronenberg [que tras el cierre de esta edición ha visto atrasada su estreno al mes de marzo]; Whiplash (ídem, 2014), de Damien Chazelle; Blackhat (Amenaza en la red) (Blackhat, 2015), de Michael Mann; Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (Birdman or (The Unexpected Virtue of the Ignorance), 2014), de Alejandro González Iñárritu; y El jugador (The Gambler, 2014), de Rupert Wyatt. A todo ello hay que sumar, como siempre, las secciones Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de Antonio José Navarro; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.


Complementando (vagamente) el dossier dedicado al Free Cinema que aparece estos días en Dirigido por…, el Cult Movie del mes lo he dedicado a un excelente film rodado en los Estados Unidos por el británico John Schlesinger: Marathon Man (ídem, 1976), “Durante mucho tiempo se consideró que la obra del realizador británico John Schlesinger carecía de interés más allá de sus aportaciones al movimiento del “Free Cinema” de principios de su carrera (…), y que tras su inmersión en el cine estadounidense, y además por la puerta grande gracias a “Cowboy de medianoche”, poco o nada de lo que hizo luego estuvo a esa altura. Todo eso es harto discutible, pues si bien es verdad que hasta el final de su carrera llevó a cabo títulos fallidos (…), también firmó algunos muy interesantes (…). “Marathon Man” se encuentra en este último grupo, y es su mejor película realizada en los Estados Unidos”.


Mi contribución a este número concluye con una crítica de la muy agradable (y sorprendentemente vilipendiada) Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight, 2014), de Woody Allen. ¡Qué duros que se ponen algunos a veces, hombre!  

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viernes, 12 de diciembre de 2014

Homenaje a JOSÉ MARÍA LATORRE en MIRADAS DE CINE



Los amigos del portal Miradas de Cine han dedicado un estupendo homenaje al recientemente desaparecido José María Latorre. Aquí están los enlaces para todos los interesados:

En recuerdo de José María Latorre (presentación general):

Contra el lugar común, por Quim Casas:

Elegía a una especie en vías de extinción, por Antonio Castro:

José María Latorre o la escritura revelada, por Carlos Losilla:

martes, 9 de diciembre de 2014

España, 1980: “LA ISLA MÍNIMA”, de ALBERTO RODRÍGUEZ



[ADVERTENCIA: EL PRESENTE ARTÍCULO ES LA VERSIÓN ÍNTEGRA DE MI CRÍTICA PUBLICADA EN EL NÚM. 351 DE “IMÁGENES DE ACTUALIDAD”.] Aún siendo una obra fallida, Grupo 7, la anterior película de Alberto Rodríguez, albergaba maneras y atesoraba apuntes que ahora brillan, en todo su esplendor, en La isla mínima: la atmósfera de turbulencia, la ambigüedad de los personajes, la densidad en la descripción de ambientes y la fuerza dramática de los silencios: La isla mínima es uno de esos films cada vez más raros de ver en los que lo que se calla es tanto o más importante que lo que se dice.  


Rodríguez y su coguionista habitual Rafael Cobos presentan una intriga de ficción, levemente inspirada en algunos sucesos de la crónica negra tan famosos como el de las niñas de Alcàsser, para desarrollar a partir de la misma una espesa trama policíaca –la investigación de la desaparición y asesinato de unas adolescentes en un pequeño pueblo marismeño por parte de dos antitéticos agentes de policía, Pedro y Juan (espléndidos Raúl Arévalo y, sobre todo, Javier Gutiérrez)– que se desarrolla en la España de 1980, un país renacido desde hace poco a la democracia pero que todavía esconde en su seno muchos vestigios de la horrenda moralidad nacional-católica del franquismo, esa época de la cual tan solo hablan bien quienes no la padecieron o se beneficiaron de ella. 


La isla mínima se suma con todos los honores a la reciente (y brillante) nueva ola del policíaco español –No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu), El Niño (Daniel Monzón)–, y a una ilustre tradición de durísimos retratos del lado tenebroso de la piel de toro donde hallamos títulos todavía pendientes de reivindicación como El aire de un crimen (Antonio Isasi-Isasmendi) o El 7º día (Carlos Saura).


Sombría y a la vez humana, misteriosa y al mismo tiempo diáfana de exposición, La isla mínima arroja una mirada desencantada y dolorosa en la que subyace una visión muy pesimista de la España de la época (¡y qué poco que hemos avanzado desde entonces!). Lo hace, además, por medio de una puesta en escena elegante y rigurosa, en la cual el abrupto realismo de determinadas situaciones –cf. la espléndida persecución automovilística nocturna, o la inquietante pelea final en las marismas bajo un manto de lluvia– se combinan, con armonía, con algunas pinceladas de irrealidad en el borde de lo fantástico –cf. la aparición de una chica caminando de noche y a oscuras al lado de la cuneta– que confieren una estimulante personalidad al conjunto. Llaman la atención los extraordinarios planos generales en picado sobre los paisajes de la zona, convertidos así en una especie de geografía onírica donde cualquier horror es posible.

lunes, 1 de diciembre de 2014

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD” y “DIRIGIDO POR…” de DICIEMBRE 2014, a la venta



El estreno más espectacular de estas Navidades, El hobbit: La batalla de los cinco ejércitos (The Hobbit: The Battle of the Five Armies, 2014), de Peter Jackson, es el principal motivo de portada del núm. 352 de Imágenes de Actualidad.


Destacan, asimismo, una entrevista con Jennifer Lawrence, con motivo del estreno de Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1 (The Hunger Games: Mockingjay – Part 1, 2014, Francis Lawrence); Exodus: Dioses y reyes (Exodus: Gods and Kings, 2014), que se complementa con una entrevista con su director, Ridley Scott,  y un artículo sobre otras versiones para el cine y la televisión de la historia del Moisés, Relatos bíblicos; Magia a la luz de la luna (Magic in the Moonlight, 2014), de Woody Allen; Frío en julio (Cold in July, 2014), de Jim Mickle; Big Hero 6 (ídem, 2014), de Don Hall y Chris Williams, que se complementa con un artículo sobre la asociación de Disney con Marvel, Marvel, 75 años: Del “pulp” al pop. Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo (2014), de Javier Fesser; En tercera persona (Third Person, 2014), de Paul Haggis; Hombres, mujeres & niños (Men, Women & Children, 2014), de Jason Reitman; St. Vincent (ídem, 2014), de Theodore Melfi; Big Eyes (ídem, 2014), de Tim Burton; e Invencible (Unbroken, 2014), que se complementa con una entrevista con su realizadora, Angelina Jolie. A ello hay que añadir las secciones Primeras Fotos, con avances de los films Furious 7 (2015), de James Wan, In the Heart of the Sea (2015), de Ron Howard, y Mortdecai (ídem, 2015), de David Koepp; Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos. Una mención especial merece el hecho, desdichado, de que este número contenga la última sección de Libros firmada por nuestro malogrado compañero José María Latorre.


El Cult Movie que he escrito este mes está dedicado a la simpática película de ciencia ficción de Richard Fleischer Viaje alucinante (Fantastic Voyage, 1966): “Por más que no fueran muy abundantes, películas como “Planeta prohibido” (Fred McLeod Wilcox, 1956; núm. 265) o “Viaje alucinante” demuestran que, antes de “2001: Una odisea del espacio” (1968; núm. 173), el cine norteamericano ya había realizado incursiones dentro del cine de ciencia ficción de alto presupuesto, en una nueva demostración que –dejando aparte sus indudables virtudes– el film de Stanley Kubrick fue, entre otras cosas, una síntesis de anteriores aportaciones cinematográficas dentro del género sin las cuales acaso nunca hubiese existido”.


Mi contribución al Imágenes de Actualidad de este mes se completa con las críticas de la excelente Interstellar (ídem, 2014), de Christopher Nolan...,


…y de la irregular pero curiosa Orígenes (I Origin´s, 2014), de Mike Cahill.


Por su parte, el núm. 450 de Dirigido por… dedica una semblanza en honor de José María Latorre, con motivo de su reciente fallecimiento.


El tema de portada es la primera entrega de un dossier dedicado al Free Cinema, que consta a su vez del artículo ¿Qué fue el “Free Cinema”? Una presentación, escrito por Antonio José Navarro, que se complementa a su vez con las antologías de tres películas que pueden considerarse precursoras de este movimiento: Ruta infernal (Hell Drivers, 1957), de Cy Endfield [Ricardo Aldarondo], Un lugar en la cumbre (Room at the Top, 1959), de Jack Clayton [Ricardo Aldarondo], y Crimen al atardecer (Sapphire, 1959), de Basil Dearden [Antonio José Navarro]; Gente en sitios. Los cortos documentales, elaborado por Quim Casas; Tony Richardson. Mirando hacia atrás con ironía, que se complementa a su vez con tres antologías de otros tantos films suyos, Mirando hacia atrás con ira (Look Back in Anger, 1958) [Diego Salgado], Un sabor a miel (A Taste of Honey, 1961) [Quim Casas] y La soledad del corredor de fondo (The Loneliness of the Long Distance Runner, 1962) [Tonio L. Alarcón]; y Karel Reisz. La frustración del corredor de fondo, de Óscar Brox Santiago, complementado a su vez por las antologías de dos de sus películas, Sábado noche, domingo mañana (Saturday Night and Sunday Morning, 1960) [Quim Casas] y Night Must Fall (1964) [Tonio L. Alarcón].


Otro destacados contenidos son los extensos comentarios críticos de Insterstellar, que firma Quim Casas, quien asimismo firma los dedicados, dentro de la sección Flashback, a Dorothy Arzner, con motivo de la pronta edición en formato doméstico en nuestro país de varios títulos de esta realizadora, y a Akira Kurosawa, por la edición en formato doméstico de tres de sus mejores trabajos: Vivir, Trono de sangre y Yojimbo. También se incluye la crítica de Magia a la luz de la luna, que aborda Israel Paredes Badía; un pequeño estudio dedicado al realizador Jim Mickle, con motivo del próximo estreno de Frío en julio, que firma Tonio L. Alarcón, y que se completa con una entrevista firmada al alimón por Alarcón y Nicolás Ruiz; Alarcón también firma el comentario de la 3ª temporada de la serie Arrow (ídem, 2012- ), dentro de la sección de Televisión; también hallamos crónicas de las últimas ediciones de los festivales de Cine Europeo de Sevilla [Gerard Casau], Zinebi (Festival de Cine Documental y Cortometraje de Bilbao) [Ángel Comas] y la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, que firma Antonio José Navarro, quien a su vez rubrica el comentario de uno de los títulos reseñados en la sección Pantalla Digital (los otros siete corren a cargo de Juan Carlos Vizcaíno Martínez y Quim Casas) y del film que cierra el número dentro de la sección Cinema Bis: Sherlock Holmes and the Voice of Terror (1942), de John Rawlins. Joan Padrol firma nuevamente su sección de Banda Sonora.


Contribuyo a este número con la extensa crítica de un film, a mi entender, extraordinario: Mr. Turner (ídem, 2014), de Mike Leigh…;


…y con el mencionado artículo dedicado a Tony Richardson. Mirando hacia atrás con ironía, para el dossier Free Cinema…;


…además de las críticas de otras tres películas bastante menos memorables: Los juegos del hambre: Sinsajo – Parte 1…,


La ignorancia de la sangre (2014), de Manuel Gómez Pereira…,


…y París-Manhattan (Paris-Manhattan, 2012), de Sophie Lellouche.

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