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viernes, 27 de diciembre de 2013

Un drama del destino: “EL CONSEJERO”, de RIDLEY SCOTT



[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] El consejero (The Counselor, 2013) hace gala de una de las mejores construcciones narrativas de todo el último cine del firmante de Prometheus (ídem, 2012). Puede que ello se deba más al interesante guión de Cormac McCarthy que a la habilidad de Ridley Scott, un cineasta tan brillante como frecuentemente necesitado de buenos soportes dramáticos para funcionar a pleno rendimiento; pero, aun en el supuesto de que así fuere, y sin perjuicio de las bondades del libreto del escritor de La carretera, también sería mérito de Scott el haber hecho gala de una buena comprensión del texto que se traía entre manos y haberlo puesto en solfa con eficacia. 


La trama de El consejero hace gala de un estilo aparentemente inconexo, en el sentido de que va progresando en base al encadenado de dos tipos de secuencias que se van alternando en paralelo a lo largo del relato. Están, por un lado, las secuencias llamadas “dialogadas” o “de diálogo”, que constituyen las principales dado que es en ellas donde el aquí guionista McCarthy vuelca el mayor peso por lo que tienen de descripción de la psicología de los personajes. Dichas secuencias se van alternando con otras, más breves (tanto que, en ocasiones, consisten en escenas cortas o incluso en meros planos de transición), que al contrario que las descritas en primer lugar son mucho menos dialogadas, cuando no carecen por completo de diálogos, como si en cierta manera formaran parte de un relato diferente. Un buen ejemplo de lo afirmado, y que con escasas variaciones se va repitiendo a lo largo de la narración, lo vemos en los primeros minutos de metraje: El consejero “arranca” con el plano de una carretera situada en la frontera entre México y los Estados Unidos (unos carteles en la misma así nos lo indican), y por la misma circula, a toda velocidad, un solitario motorista; pasamos entonces a un dormitorio donde el abogado sin nombre protagonista del film (Michael Fassbender) está haciendo el amor con su novia Laura (Penélope Cruz). Tanto en un caso como en otro, carecemos de más datos al respecto: ignoramos (de momento) quién es aquel motorista, y poco o nada sabemos en torno a los personajes del abogado y Laura, pero la siguientes secuencias, respetando escrupulosamente esa alternancia entre las dialogadas y las que podríamos definir como descriptivas, irán proporcionando al espectador, siempre indirectamente, la información que necesita para construir el engranaje argumental.


Llama la atención, positivamente, que a pesar de las abundancia de diálogos en las secuencias construidas alrededor de los mismos, El consejero no parezca un film teatral sino, por el contrario, muy cinematográfico. Hay un momento, empero, en que en una de esas secuencias la película cede a la tentación de “visualizar” algo que se explica en los diálogos, lo cual, a falta de haber leído el texto de McCarthy (se encuentra editado por Mondadori), ignoro si se encuentra asimismo descrito en el original literario de un modo aparte de la descripción que proporcionan del mismo los diálogos o si, por el contrario, se trata de una idea de Ridley Scott (lo parece). Me refiero a la celebrada secuencia (por lo demás, no mal resuelta) en la que, como digo, se visualiza la explicación del excéntrico episodio erótico que Reiner (Javier Bardem) le cuenta al abogado protagonizado por la amante del primero, Malkina (Cameron Diaz), la noche que esta última tuvo la ocurrencia de “follarse” el deportivo descapotable de Reiner, encaramándose sin bragas sobre el parabrisas del vehículo y frotando su sexo contra el cristal hasta correrse…; es el único momento del film en el que, como digo, se visualiza gratuitamente algo que está de sobras explicado en los diálogos, y no le veo mayor razón de ser que la de erigirse en el mero añadido de una secuencia vistosa, concebida y ejecutada de cara al lucimiento físico de Diaz y su body double


Es una pena que el film incurra en esta gratuidad, siendo así que buena parte de su fuerza se deposita, al contrario que en esta secuencia, en la potencia que tienen los diálogos y, sobre todo, en su capacidad para anticipar los momentos de mayor crudeza. Es el caso de la espléndida explicación (otra) que Reiner le da al abogado con respecto a la existencia de un siniestro aparato con un lazo de metal, preparado para estrangular lentamente a las víctimas a las que les es colocado y que termina seccionando las arterias del cuello y desatando una aparatosa hemorragia, que no es sino el método elegido por el cártel para deshacerse del intermediario Westray (Brad Pitt). O de la no menos excelente descripción que le proporciona este último al abogado sobre las tristemente célebres snuff movies (en concreto, la existencia de una en la cual una mujer es decapitada y violada, por este orden…), que da pie a una extraordinaria elipsis: el momento en que el abogado recibe en su miserable escondrijo un sobre que contiene un disco que lleva escrito, en español, “Hola!”; ello es suficiente para que el abogado y el público sepan al unísono cuál ha sido el trágico destino de Laura a manos de los asesinos del cártel que previamente la han secuestrado (para dejárselo más claro al espectador despistado, Ridley Scott inserta a continuación una corta secuencia en la que un camión de la basura arroja un montón de desperdicios a un vertedero: entre ellos está el cadáver de una mujer, cuyo llamativo vestido rojo permite identificarla como Laura).


A tenor de lo explicado, casi huelga decir a estas alturas que El consejero es, más que un film policíaco, una especie de drama fatalista del cual llama positivamente la atención, como digo, la ambivalencia de la mayoría de los personajes protagonistas: desde ese abogado excesivamente pagado de sí mismo que cree que podrá meterse “un poco” en el negocio del narcotráfico para ganar un dinero fácil y rápido (creyendo, por tanto, que podrá controlar algo de por sí incontrolable), hasta Reiner, ese traficante que en el fondo no es sino un necio que se ha hecho rico demasiado rápido y que anda metido en un negocio que le viene excesivamente grande, pasando por Westray, ese intermediario que, a pesar de su aparente astucia, caerá en la trampa más vieja del mundo —una rubia (la gatuna Natalie Dormer) contratada para seducirle y robarle información— y no sobrevivirá a la misma. Los actores defienden bastante bien estos personajes: desde el siempre excelente Michael Fassbender hasta unos Javier Bardem y Brad Pitt más entonados que se costumbre, pasando por una aceptable Penélope Cruz; únicamente desentona Cameron Diaz, absolutamente incapaz de transmitir la vesania de su personaje de Malkina, y  más atractivo por ciertos detalles que aportan el guión y la realización —su presentación, viendo a los guepardos que utiliza de mascotas cómo cazan conejos; el tatuaje, de leopardo o de guepardo, que cubre parte de su espalda, a modo de simbólica representación de su faceta animal salvaje—, que por la labor de esta siempre pésima actriz.


También funciona bien la mencionada interrelación y alternancia entre las secuencias dialogadas y las que no lo son, que consiguen que el relato vaya creciendo en interés a base de impregnación. Destaco, por ejemplo, la interrelación que se da entre dos secuencias que, en apariencia, nada tienen que ver entre sí, pero que acaban erigiéndose en una de las principales claves de la narración: la visita del abogado a una clienta que cumple condena en prisión, Ruth (reencuentro con la excelente Rosie Perez), y que le pide a modo de favor personal que ayude a su hijo a pagar una multa de tráfico por conducir su motocicleta con exceso de velocidad; ello guarda una estrecha relación con el posterior asesinato de ese motorista, que no es sino el mismo que hemos visto en el ya mencionado plano de apertura de la película; todo lo cual se remata con esa breve escena en la que, inmediatamente después de la muerte de su hijo, Ruth se despierta en su celda, instintivamente, y acaricia la imagen de infancia de su hijo en una foto que tiene pegada junto al camastro… He dicho que El consejero es, más bien, una especie de “drama del destino”: otro de sus aspectos más conseguidos reside, precisamente, en que desde el primer momento se tiene la intuición de que lo que se propone el abogado no puede sino acabar mal; tanto Reiner como Westray le aconsejan que no lo haga, pues intuyen que el abogado no está “preparado”; o, como le explica por teléfono el abogado mexicano (Rubén Blades), el mundo en el que ha entrado no es el que conoce: es “otro mundo” donde las reglas de la razón y la lógica que siempre han regido la existencia del abogado aquí no sirven absolutamente para nada. No hay más que ver la situación absurda que desencadena todo su drama: tanto da que el abogado se limitara a pagar la multa de tráfico del motorista luego asesinado por hacerle un favor a una clienta: eso es razón “suficiente” para que el cártel le haga directamente responsable de la pérdida de un alijo de 20 millones de dólares, deuda que se cobrará con la sangre de Reiner, Westray y Laura.


Otro aspecto que creo que vale la pena mencionar reside en el tono seco y cortante de sus escenas de violencia. Ello se debe, vuelvo a insistir, en el hecho de que dichos momentos violentos forman parte del bloque de secuencias descriptivas con poco o ningún diálogo a las que me vengo refiriendo desde el principio, y que vienen a ser un contrapunto asimismo seco y austero dado su carácter de efecto directo e inmediato de las secuencias de diálogo que en buena medida les sirven de causa. Expresado de otra manera: así como las secuencias dialogadas vienen a establecer unas determinadas pautas en torno al carácter de los personajes y el peligrosísimo entorno en el que se mueven, las secuencias del segundo tipo son una representación práctica del funcionamiento de ese entorno y, en consecuencia, va directas al grano, sin más prolegómenos ni florituras. De ahí, como digo, la sequedad de las escenas de violencia (las más llamativas, dada su naturaleza espectacular): el ataque al camión de aguas residuales (detalle significativo) por parte de dos sicarios disfrazados de policías de carretera; la muerte de Reiner a manos de otros matones pagados por el cártel; sobre todo, la espléndida secuencia, muy bien construida, del asesinato del motorista mediante el sádico método de su decapitación por medio de un cable de acero tensado y sádicamente colocado en mitad de la carretera. Incluso el asesinato de Westray en las calles de Londres, aun siendo más elaborado, hace gala de un tono que pone de relieve lo que de cotidiano tiene esa muerte desde el punto de vista de unas personas que han hecho del crimen su forma de vida habitual: Ridley Scott crea un cierto “suspense” mediante ese detalle de un hombre con chándal al cual vemos acercarse a Westray por la espalda; en realidad, ese hombre no es sino un transeúnte: el asesino es un segundo hombre, también con chándal y aparentemente haciendo footing, quien atrapará a Westray con el terrible lazo mortal.


La sequedad de esos momentos violentos guarda una estrecha relación, así, con esas otras secuencias no menos austeras en las cuales vemos, por ejemplo, cómo el camión con el alijo es sometido a un proceso de limpieza (de la sangre que salpica los asientos de los conductores asesinados), reparación (de los agujeros de bala) y puesta a punto; o con ese momento, sarcástico y cruel hasta decir basta, en el que vemos cómo ese camión llega a su destino en Los Ángeles, y descubrimos, gracias a los personajes secundarios encarnados por los siempre excelentes John Leguizamo y Dean Norris, cómo entre su cargamento secreto hay un barril que contiene el cadáver en descomposición de un hombre asesinado vayan ustedes a saber por qué y del cual había que deshacerse fuera como fuese… Todo ello forma parte del mismo engranaje criminal. El consejero es una interesante película que, por descontado, no es perfecta ni está exenta de defectos; como siempre en Ridley Scott, hay algunos planos esteticistas que le son muy característicos y que van “salpicando” el tapiz visual del conjunto (entre ellos, sus ya famosos encuadres con “gotitas” de lluvia), por más que en ningún instante lleguen a imponerse en demasía. A fin de cuentas, la belleza de un diamante no se deriva de su perfección sino, todo lo contrario, de las pequeñísimas imperfecciones imperceptibles a simple vista que le dan relieve propio, tal y como le explica al abogado el tratante de joyas que interpreta, breve pero brillantemente, Bruno Ganz. Me consta que El consejero ha sido objeto de todo tipo de chistes y chanzas de segunda fila por parte de críticos mediocres con vocación frustrada de humoristas: cuenta les tendrá.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Darth Vader, una sinfonía trágica: JOHN WILLIAMS y la música para la saga “STAR WARS”



[NOTA PREVIA: Este artículo se publicó originalmente en noviembre de 2008 en mi anterior versión de este blog en Blogspot.es.] No descubro nada nuevo cuando explico que, en más de una ocasión, George Lucas ha afirmado que su famosa saga Star Wars es en realidad la historia de un personaje: Darth Vader, físicamente encarnado por el actor británico Dave Prowse pero cuya voz, en la versión original en inglés, correspondía al intérprete norteamericano James Earl Jones. Desde su irrupción en pantalla, en la primera secuencia de La guerra de las galaxias (Star Wars / Star Wars: Episode IV. A New Hope, 1977), Darth Vader se convirtió en uno de los más llamativos villanos del cine de estas últimas décadas. Lucas no fue ajeno al impacto popular de este personaje, de ahí que centrara buena parte de la acción de las dos siguientes entregas de la serie, El Imperio contraataca (The Empire Strikes Back / Star Wars: Episode V. The Empire Strikes Back, 1980, Irvin Kershner) y El retorno del Jedi (Return of the Jedi / Star Wars: Episode VI. Return of the Jedi, 1983, Richard Marquand), en su proceso de redención, descubriéndonos, primero, que Vader había sido un antiguo y brillante exalumno Jedi de Obi-Wan Kenobi (Alec Guinness) y que, sorpresa, además era nada menos que el padre de Luke Skywalker (Mark Hamill), el héroe principal de la primera trilogía; para acabar mostrándonos su redención final, a costa de su propia vida, para salvar a su hijo del ataque mortal del Emperador galáctico (Ian McDiarmind). A mayor ahondamiento, Lucas concibió la primera trilogía, situada cronológicamente antes de la ya existente cuyos tres episodios dirigió personalmente, y con irregular fortuna, para mostrarnos la evolución que convertía al joven e impulsivo caballero Jedi Anakin Skywalker en Darth Vader, primero mostrándolo como un niño bajos los rasgos del actor infantil Jake Lloyd en Star Wars: Episodio I. La amenaza fantasma (Star Wars: Episode I. The Phantom Menace, 1999), y luego, más maduro, bajo los de Hayden Christensen, en Star Wars: Episodio II. El ataque de los clones (Star Wars: Episode II. Attack of the Clones, 2002) y Star Wars: Episodio III. La venganza de los Sith (Star Wars: Episode III. Revenge of the Sith, 2005).


John Williams, es bien sabido, tuvo a su cargo la composición del comentario musical de toda la saga, en una labor no solo popularísima, que le encumbró entre los más famosos compositores de bandas sonoras para el cine de estos últimos años, sino también muy brillante. Si bien sus partituras para la saga galáctica escrita, producida y parcialmente dirigida por George Lucas en ocasiones han sido objeto de severas críticas por el presunto carácter rimbombante de las mismas, me temo que, como casi siempre, lo que ocurre es que los árboles no dejan ver (en este caso, oír) el bosque; porque, dejando a un lado el carácter épico y tono sinfónico de sus partituras, lo cierto es que también hay en ellas inteligentes comentarios musicales en torno a los personajes que bien merecen una consideración. En concreto, hay una serie de temas en al menos cinco de los seis episodios de la serie centrados en Darth Vader que demuestran hasta qué punto Williams es, también, un músico que sabe expresar ideas y pensamientos de los personajes y que no es, como suele decirse, bastante estúpidamente, un mero “compositor de fanfarrias”, buena prueba por parte de quienes afirman eso de que no conocen la carrera de Williams ni la variedad de composiciones y estilos que ha llegado a desarrollar (cf. Missouri / The Missouri Breaks, 1976, Arthur Penn, una partitura interpretada en su integridad por… ¡una harmónica!). 


Para El Imperio contraataca, Williams recuperó los principales temas musicales de La guerra de las galaxias y compuso uno nuevo y muy llamativo que, cuando suena por primera vez en la película, se relaciona inmediatamente con el personaje de Vader. Me refiero a la “marcha imperial”, de corte marcial, que se oye en la secuencia en la que vemos, dentro del primer tercio del film, una inmensa flota de naves imperiales que pretende destruir el bastión rebelde en el planeta Hoth; en esta misma secuencia, el tema marcial del Imperio suena asimismo sobre la imagen de presentación de Vader, un primer plano del casco del personaje, vuelto de espaldas a la cámara y mirando por un ventanal una hermosa constelación estelar, que le confiere una aureola siniestra y casi demiúrgica, como si fuese una especie de divinidad que parece dominar el espacio sideral que está contemplando.  


Casi huelga decir que los mejores momentos de El retorno del Jedi son los relativos al enfrentamiento paterno-filial (o edípico, como se dijo en su día) entre Darth Vader y Luke Skywalker. Para ilustrar esta segunda gran pelea con espadas láser entre ambos personajes (la primera, recordemos, tuvo lugar en el memorable clímax de El Imperio contraataca), Williams recurre a unos tenebrosos coros mediante los que expresa el carácter trágico que subyace en el enfrentamiento: un combate a muerte entre padre e hijo; un padre que debe matar a su hijo por fidelidad a su Emperador; un hijo que debe matar a su padre para sobrevivir y, también, por fidelidad a la causa de los rebeldes; un hijo que sabe que, si mata a su padre, se convertirá, como él, en un nuevo caballero oscuro (ya saben: el famoso Lado Oscuro de la Fuerza), y que, si no lo mata, morirán sus amigos... La sutilidad musical de Williams reaparece en todo su esplendor, y al mismo tiempo de una manera tan íntima y delicada que casi no se percibe, al final de ese enfrentamiento: muerto ya el Emperador, arrojado por Vader a un inmenso pozo, y con el propio Vader agonizando como consecuencia de las descargas mortales que han destrozado su cuerpo, el villano redimido fallece en brazos de su hijo Luke, no sin antes revelarle el deformado pero verdadero rostro humano, el de Anakin Skywalker (con los rasgos del actor Sebastian Shaw), que se esconde bajo su casco; entonces, coincidiendo con el fin de Vader-Anakin, Williams introduce suavemente las notas principales de la marcha marcial de El Imperio contraataca, las cuales van disminuyendo su sonoridad hasta extinguirse por completo; dicho de otro modo, muere el personaje y al mismo tiempo muere “su música” y todo lo que la misma simbolizaba. 


Con el inicio de la nueva trilogía, John Williams no se descuidó a la hora de añadir nuevos matices al comentario musical del personaje de Anakin Skywalker, cuyo proceso de transformación en el malvado Darth Vader es el nudo de estas nuevas tres entregas. Así, en La amenaza fantasma, llama la atención la música de la secuencia de presentación del pequeño Anakin, justo en el momento en que es descubierto por la también joven reina Amidala (Natalie Portman) trabajando en un taller. El tema musical de Williams tiene una sonoridad melancólica y un tanto patética, hasta el punto de incluir, sutilmente, algunas notas del ya mencionado tema marcial de El Imperio contraataca, sugiriendo de este modo cuál va a ser el trágico destino de ese niño en apariencia inofensivo.


La melancolía es la nota predominante del excelente tema de amor que ilustra el romance juvenil entre Anakin y Amidala en un par de momentos clave de El ataque de los clones, al inicio de su atracción amorosa y justo al final, cuando contraen matrimonio en secreto, como sugiriendo de este modo que su relación no va a tener, ni mucho menos, un “final feliz”. Pocas veces un tema de amor para una película ha sonado tan triste y tan melodramático, y eso, sin duda alguna, es mérito exclusivo de Williams, no de Lucas, quien firma aquí la entrega más endeble de su saga galáctica.


Ya hemos mencionado la utilización que hace Williams de los coros en la escena de la pelea final entre Luke Skywalker y su padre en el clímax de El retorno del Jedi. Los coros, musicalmente vinculados de este modo a “las fuerzas del mal”, el Imperio galáctico y los caballeros Jedi corrompidos por el Lado Oscuro que están a su servicio, ya reaparecían en La amenaza fantasma, sobre todo en el espectacular tema musical con orquesta y coros que ilustraba musicalmente la pelea entre Qui-Gon Jinn (Liam Neeson) y su por aquel entonces discípulo Obi-Wan Kenobi (Ewan McGregor) contra el guerrero de los Sith Darth Maul (Ray Park). Pues bien, los coros reaparecen en todo su esplendor en el nuevo tema musical compuesto por Williams para La venganza de los Sith y, asimismo, asociado al destino de Anakin Skywalker, en particular durante su dramático duelo final contra su maestro Obi-Wan. Los coros de este fragmento musical sugieren de nuevo tragedia, patetismo, maledicencia, desesperación, a tono con la definitiva caída en el vacío, en el Lado Oscuro, del joven caballero Jedi destinado a convertirse en Darth Vader, un personaje maldito cuya redención, como ya hemos visto, tendrá que esperar muchos años. 

martes, 24 de diciembre de 2013

Lo mejor de la temporada 2012-2013, según “DIRIGIDO POR…”



En fecha reciente, Filmoteca de la Generalitat de Catalunya pidió a la revista Dirigido por… una votación de las diez mejores películas del año según el criterio de la publicación y estrenadas en salas comerciales entre el 31 de octubre de 2012 y el 31 de octubre de 2013, con vistas a realizar a partir de dicha selección y de las realizadas por otras publicaciones su ya habitual ciclo de lo mejor del año. Eso explica que en el resultado final haya películas estrenadas en los dos últimos meses de 2012 y que no aparezcan films estrenados a finales de 2013, o que (como luego veremos) ello haya afectado a los votos o “estrellas” otorgados a ciertos títulos. La selección que presento en este blog ha sido realizada en base a un criterio puramente objetivo, dado que lo que se ha hecho ha consistido sencillamente en una suma de las “estrellas” que aparecen cada mes en el Cuadro Crítico dentro de la sección Críticas de la revista y con las cuales diecisiete colaboradores de Dirigido por… valoramos, desde las 0 estrellas hasta las 5 estrellas, las películas estrenadas en salas. En la presente selección aparecen hasta 22 títulos, y ello en base a los empates en el recuento de “estrellas” que se producen en los puestos número 7, 8, 9 y 10.

1.- The Master (ídem, 2013), de Paul Thomas Anderson. Estrellas: 61.

2.- Holy Motors (ídem, 2012), de Léos Carax (1). Estrellas: 59.

3.- Mud (ídem, 2013), de Jeff Nichols. Estrellas: 56.

4.- La noche más oscura (Zero Dark Thirty, 2013), de Kathryn Bigelow (2). Estrellas: 47.

5.- Gravity (ídem, 2013), de Alfonso Cuarón (3). Estrellas: 39.

6.- Django desencadenado (Django Unchained, 2012), de Quentin Tarantino (4). Estrellas: 38.

7.- Amor (Amour, 2012), de Michael Haneke (5). Estrellas: 37. Ex aequo con…

To the Wonder (ídem, 2012), de Terrence Malick (6);…

The Lords of Salem (ídem, 2012), de Rob Zombie (7);…

Turistas (Sightseers, 2012), de Ben Wheatley;…

Tú y yo (Io e te, 2012), de Bernardo Bertolucci; y…

Expediente Warren (The Conjuring, 2013), de James Wan (8).

8.- Antes del anochecer (Before Midnight, 2012), de Richard Linklater (9). Estrellas: 36. Ex aequo con…

Skyfall (ídem, 2012), de Sam Mendes (10); y…

Siete psicópatas (Seven Psychopaths, 2012), de Martin McDonagh.

9.- Tabú (Tabu, 2012), de Miguel Gomes (11). Estrellas: 31. Ex aequo con:

Trance (ídem, 2013), de Danny Boyle; y…

En otro país (Da-reun na-ra-e-seo, 2012), de Hong Sang-soo.

10.- De óxido y hueso (De rouille et d’os, 2012), de Jacques Audiard. Estrellas: 30. Ex aequo con…

Bestias del sur salvaje (Beasts of the Southern Wild, 2012), de Benh Zeitlin;…

El atlas de las nubes (Cloud Atlas, 2012), de Lana & Andy Wachowski y Tom Tykwer (12); y…

…  Un verano ardiente (Un été brülant, 2011), de Philippe Garrel.

Hay que interpretar como una consecuencia de que dicha votación fuera hasta el pasado 31 de octubre el hecho de que una de las más celebradas películas de 2013, La vida de Adèle (La vie d’Adèle, 2013), no figure entre las más votadas (solo 24 estrellas), pues al cierre del recuento el título de Abdellatif Kechiche acababa de estrenarse en España (el 25 de octubre) y todavía no había sido visto ni puntuado por la mayoría de colaboradores de la revista. Anotemos que otras películas que se encontraban entre las más puntuadas, pero ya por debajo de las 30 estrellas, fueron El capital (Le capital, 2012), de Costa-Gavras (29 estrellas); En la casa (Dans la maison, 2012), de François Ozon (28 estrellas), y Stoker (ídem, 2013), de Park Chan-wook (ambas con 28 estrellas); y La vida de Pi (Life of Pi, 2012), de Ang Lee (23 estrellas).


A TODOS LOS LECTORES DE ESTE BLOG, Y A TODO EL MUNDO EN GENERAL, LES DESEO FELICES FIESTAS Y UN MÁS FELIZ AÑO NUEVO

sábado, 21 de diciembre de 2013

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD”, ENERO 2014, ya a la venta



El año nuevo ha llegado a Imágenes de Actualidad, cuyo núm. 342 ofrece una brillante portada dedicada a la que probablemente será una de las películas más comentadas por los cinéfilos a principios de 2014: El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2013), protagonizada por Leonardo DiCaprio, de quien además se incluye una entrevista.


No es, ni mucho menos, el único contenido de interés del número. El mismo se completa con extensos reportajes sobre los films más destacados del momento, tal es el caso de Al encuentro del Sr. Banks (Searching Mr. Banks, 2013), de John Lee Hancock, cuyo reportaje se completa con una entrevista con su protagonista masculino, Tom Hanks; Nymphomaniac (ídem, 2013), de Lars von Trier; La leyenda del samurái (47 Ronin) (47 Ronin, 2013), de Carl Eric Rinsch; Agosto (August: Osange County, 2013), de John Wells; La gran revancha (Grudge Match, 2013), de Peter Segal; Redención (Hummingbird, 2013), de Steven Knight; The Grandmaster (ídem, 2013), de Wong Kar-wai; A propósito de Llewyn Davis (Inside Llewyn Davis, 2013), de Joel y Ethan Coen; El único superviviente (Lone Survivor, 2013), de Peter Berg; y Mandela: Del mito al hombre (Mandela: Long Walk to Freedom, 2013), de Justin Chadwick. Además, como todos los meses, de las secciones habituales: Primeras Fotos, que en esta ocasión incluye avances de Capitán América: El Soldado de Invierno (Captain America: The Winter Soldier, 2014, Anthony y Joe Russo), Noé (Noah, 2014, Darren Aronofsky) y Divergente (Divergent, 2014, Neil Burger); Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, de Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, de Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.


El Cult Movie del mes se dedica, ex profeso, a la primera colaboración entre Scorsese y DiCaprio, Gangs of New York (ídem, 2002): “Como siempre en Scorsese, el clima de “Gangs of New York” está dominado por una explosiva violencia que exterioriza sentimientos internos de los personajes, dentro de un contexto histórico que favorece todavía más la presencia de las referencias religiosas que en sus relatos ambientados en época moderna. La comunión entre violencia y religión queda aquí muy clara en la utilización de las armas blancas: la navaja de afeitar que Amsterdam hereda de su padre está manchada de sangre; el reverendo le dice a su hijo que la sangre nunca debe limpiarse de la hoja; dicha navaja está escondida dentro de un estuche que lleva grabado una pequeña cruz; más adelante, el ya adulto Amsterdam reza, cuchillo en mano, pidiendo a Dios que le dé fuerzas para consumar su venganza; antes de su pelea final contra Bill, el joven se hace un corte en la mejilla con esa navaja, en el mismo lugar donde su padre se cortó al afeitarse”.



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