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jueves, 30 de mayo de 2013

“LA VIUDA ALEGRE”, de ERICH VON STROHEIM, y “LA VIEJA CASA OSCURA”, de WILLIAM CASTLE, en CINE ARCHIVO

Cine Archivo acaba de renovar sus comentarios mensuales de novedades en formatos DVD y Blu-ray, dentro de los cuales hay nada menos que cuatro textos míos, dos de ellos escritos ex profeso este mes y otros dos que son recuperaciones de comentarios que ya había publicado en ese mismo portal tiempo atrás. Los dos primeros comentan la salida en DVD de La viuda alegre (The Merry Widow, 1925), la magnífica película de Erich von Stroheim, y La vieja casa oscura (The Old Dark House, 1963), una rara coproducción entre Hammer Films y William Castle realizada por este último. Los otros dos se corresponden con las ediciones en Blu-ray de, por un lado y como suele decirse, un clásico de toda la vida, Fort Apache (ídem, 1948), de John Ford, y por otro, un “clásico” más contemporáneo, Cosmópolis (Cosmopolis, 2012), de David Cronenberg, del cual también hablé en este blog en el momento de su estreno en cines (1).
La viuda alegre:Realizada por Erich von Stroheim entre “Avaricia” (1924) y “Marcha nupcial” (1928), no resulta difícil descubrir a simple vista varios puntos de contacto entre “La viuda alegre” (1925) y las dos citadas en primer lugar, sobre todo en lo que se refiere al dibujo grotesco de las pasiones humanas (“Avaricia”) y el gusto por ubicar la trama en escenarios cortesanos (“Marcha nupcial”), por más que esto último, unido a la descripción de un personaje femenino “puro” sometido a un proceso de degeneración por culpa de su contacto con las así llamadas clases privilegiadas, permite tender lazos entre “La viuda alegre” y la posterior “La reina Kelly” (1929)”.
La vieja casa oscura:La coproducción con Hammer a la que me refiero, y que en los Estados Unidos fue distribuida en 1963 por Columbia Pictures (…), no fue otra que “The Old Dark House”, inédita en salas de nuestro país y ahora editada en formato doméstico como “La vieja casa oscura”, que no es sino una nueva versión de la novela del escritor y dramaturgo J.B. Priestley, “Benighted” (1927), que ya había dado pie a la —digámoslo ya, muy superior— producción de Universal Pictures “El caserón de las sombras” (1932), dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, Melvyn Douglas y Charles Laughton”.
Fort Apache:Cada vez que se habla de “Fort Apache” suele hacerse mención a la polémica en torno a su contenido militarista, lo cual parece pesar más en la opinión de algunos que su condición de primer eslabón de la así llamada Trilogía de la Caballería. Pero ponerse a discutir a estas alturas sobre el contenido ideológico del cine de John Ford empieza a resultar engorroso, puesto que pretender atacar o defender al autor de “¡Qué verde era mi valle!” (1941) desde posturas políticas de izquierdas o de derechas es un ejercicio fútil que, sobre todo, empobrece al arte en general y al cine en particular. Mal que pese a los lectores de Maquiavelo o de “El arte de la guerra”, ni la política ni la guerra nunca han sido ni serán un arte, pero el cine de Ford sí. Por otro lado, tan solo basta con mirar Fort Apache con el debido detenimiento para darse cuenta que cuesta encontrar otro “western” que muestre la vida militar de una manera tan desencantada como lo hace este magnífico film, uno de los mejores trabajos de Ford de finales de los cuarenta”.
Cosmópolis:Cronenberg ha tomado el libro de DeLillo y, convirtiéndolo él mismo en guión, lo que ha hecho es, en cierto sentido, apropiarse del mismo porque muchas de sus ideas coinciden en no poca medida con sus personales e intransferibles obsesiones cinematográficas. A mi entender, hay un reconocimiento por parte de Cronenberg de todas aquellas sugerencias de la novela de DeLillo con las cuales se identifica y que también forman parte de su propia obra cinematográfica, empezando por su notable carga metafórica. La visión que DeLillo proporciona en “Cosmópolis” de una sociedad en descomposición parece del gusto del mismo cineasta a quien se le deben otras parecidas metáforas de la degradación de la civilización y del ser humano”.


Cine Archivo:
DVD Cine Archivo:
La viuda alegre (1925): 
La vieja casa oscura (1963): 
Fort Apache (1948):
Cosmópolis (2012):

jueves, 23 de mayo de 2013

“IMÁGENES DE ACTUALIDAD”, JUNIO 2013, ya a la venta


El avance de Thor: El mundo oscuro (Thor: The Dark World, 2013), de Alan Taylor, dentro de la sección Primeras Fotos, acapara la portada del núm. 336 de Imágenes de Actualidad, correspondiente al mes de junio. La misma sección ofrece asimismo avances de títulos como El juego de Ender (Ender’s Game, 2013), de Gavin Hood; Asalto al poder (White House Down, 2013), de Roland Emmerich; Snowpiercer (2013), de Bong Joon-ho; y 300: El ocaso de un imperio (300: The Rise of an Empire, 2014), de Noam Murro.
Entre los estrenos previstos para junio destaca fácilmente el de la esperadísima El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013), de Zack Snyder, cuyo reportaje se complementa con un retrato de su principal protagonista, Henry Cavill. Otros estrenos destacados del mes son los de After Earth (ídem, 2013), complementado con una entrevista a su realizador, M. Night Shyamalan; y Trance (ídem, 2013), de Danny Boyle, acompañada a su vez de otra entrevista, en esta ocasión con su protagonista femenina, Rosario Dawson. Más películas destacadas/destacables: Monstruos University (Monsters University, 2013), la propuesta de Pixar para este verano firmada por Dan Scanlon;  Los becarios (The Internship, 2013), comedia de Shawn Levy protagonizada por Owen Wilson y Vince Vaughn; Ahora me ves… (Now You See Me, 2013), film de acción “mágica” de Louis Leterrier (cuyo estreno en España se ha aplazado a última hora para el 17 de julio); Un invierno en la playa (Stuck in Love, 2013), comedia sentimental de Josh Boone; La mujer del quinto (La femme du Vème, 2011), de Pawel Pawlikowski; Turistas (Sightseers, 2012), del cada vez más reputado Ben Wheatley; y New York Shadows (Sombras de Nueva York) (2012), la nueva propuesta a contracorriente del español Juan Pinzás. A todo ello hay que añadir las secciones Además…; Críticas; Hollywood Boulevard y Hollywood Babilonia, las cuales, tras la marcha de Álex Faúndez el mes pasado, a partir de ahora correrán a cargo de un nuevo colaborador de la revista en Los Ángeles: Nacho González Asturias; Gran Vía y Se Rueda, de Boquerini; Ranking, que hasta ahora firmaba Josep Parera, siendo reemplazado en estas lides por Gabriel Lerman; Stars; Él dice, ella dice; Noticias; Zona Sin Límites, de Ángel Sala; Diccionario Fantástico, del Dr. Cyclops; ¿Sabías que…?, del profesor Moriarty; Libros, de José María Latorre; Videojuegos, de Marc Roig; y BSO y DVD & Blu-ray, de Ruiz de Villalobos.
El próximo estreno de After Earth ha sido la excusa para recuperar en la sección Cult Movie la película que lanzó a la fama a M. Night Shyamalan, El sexto sentido (The Sixth Sense, 1999): “Un poco como lo que ocurre con otra famosa película de ese mismo año asimismo comentada en esta sección, “El club de la lucha” (1999), de David Fincher (núm. 270), volver a ver “El sexto sentido” una vez conocida su ya célebre resolución permite apreciar en su justa medida la habilidad de la labor de M. Night Shyamalan al frente del guión y la realización. Lo mejor de “El sexto sentido” reside en su pericia para estar contando, aparentemente, «una película», y en realidad estar contando, efectivamente, «otra película»”.
Cierro mi contribución a este número con la crítica de un film que, contra todo pronóstico (al menos, el mío), ha resultado ser más estimable de lo que prometía: la versión de El gran Gatsby (The Great Gatsby, 2013) que ha realizado Baz Luhrmann.

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miércoles, 22 de mayo de 2013

El cine según TFV, en Facebook

He abierto una página dedicada a este blog en Facebook, a fin de separar en la medida de lo posible los temas estrictamente cinematográficos de los personales (o, sencillamente, no cinematográficos). Como en este blog escribo lo que me apetece, faltaría más, mi intención es ir publicando aquí sobre aquellos temas en los que quiero extenderme, y dejar aparte otras cuestiones relacionadas con el cine sobre las que no deseo alargarme tanto limitándome a apuntarlas en la página del blog en Facebook. Los interesados en acceder a esta nueva página en Facebook pueden hacerlo "cliclando" en el icono de la "f" situado en el margen izquierdo de este blog, o a través del siguiente enlace:

jueves, 16 de mayo de 2013

“FANNY Y ALEXANDER”, de INGMAR BERGMAN, en CINE ARCHIVO


Nueva colaboración para Cine Archivo, en este caso comentando el montaje para televisión de la extraordinaria película de Ingmar Bergman Fanny y Alexander (Fanny och Alexander, 1982), con motivo de su reciente reedición en DVD a cargo de A Contracorriente: “fue, oficialmente, su último trabajo para el cine, por más que, oficiosamente, supusiera una nueva y ni mucho menos postrera incursión de su autor en la televisión. (…) La película que aquí nos ocupa conoció, asimismo, dos montajes, uno para cines de 188 minutos —que fue el que se alzó con cuatro premios Oscar, los correspondientes a Mejor Película de Habla No Inglesa, Fotografía (Sven Nykvist), Dirección Artística (Anna Asp y Susanne Lingheim) y Vestuario (Marik Vos-Lundh)—, y otro para televisión, de 312 minutos, repartidos en cinco episodios. Bergman siempre consideró que el montaje televisivo era el mejor; no podemos menos que darle la razón, hasta el punto de que el presente comentario se fundamenta precisamente en este montaje”.

Cine Archivo:
Clásicos de nuestro tiempo (Claqueta 73): Fanny y Alexander (1982):

lunes, 13 de mayo de 2013

“Dossier” BRIAN DE PALMA, en CINE ARCHIVO


El dossier mensual que propone el portal Cine Archivo consiste en esta ocasión en la primera entrega de un especial dedicado al realizador norteamericano Brian De Palma, al cual he contribuido comentando dos de mis películas favoritas suyas, sobre todo la primera: La furia (The Fury, 1978) e Impacto (Blow Out, 1981).
La furia:En el excelente libro-entrevista que le dedicaron Samuel Blumenfeld y Laurent Vachaud, “Brian De Palma por Brian De Palma” (Alba Editorial, 2003), el realizador afirmaba no haber leído la novela de Farris en la cual el film se basa —originalmente publicada en los Estados Unidos en 1976 y adaptada al cine por su mismo autor, existe una edición española de la misma a cargo de Grijalbo (1979)—, y que el guión le llegó a su manos poco después del éxito de “Carrie” (1976). El resultado sería una película que, pese a contar con un presupuesto superior al de aquélla, se saldó con un resultado comercial inferior. No es la primera vez que un film de Brian De Palma ha necesitado del paso del tiempo para ser colocado en el elevado pedestal que se merece: había ocurrido antes con “Fascinación” (1976), volvería a ocurrir con “Impacto” (1981) y “El precio del poder” (1983), y a día de hoy todavía no se ha consumado en el caso de “Femme Fatale” (2002), una de las películas más bellas de la primera década del siglo XXI”.
Impacto:La historia es bien conocida a estas alturas. En 1959 Julio Cortázar publicaba su famoso cuento “Las babas del diablo” (dentro de la colección de cuentos “Las armas secretas”), la historia de un fotógrafo que, tras haber estado tomando instantáneas por un jardín de París, al revelarlas descubre accidentalmente en ellas la perpetración de un asesinato. En 1966 Michelangelo Antonioni, en colaboración con los guionistas Tonino Guerra y Edward Bond (para los diálogos en inglés), tomaba el cuento de Cortázar y a partir del mismo realizaba “Blow Up (Deseo de una mañana de verano)”, trasladando la acción a Londres. Ocho años después, Francis Ford Coppola retomaba en parte esa idea sin citar explícitamente a Cortázar, y sustituyendo la fotografía por una grabación de sonido, y París y Londres por San Francisco, dirigía a partir de un guión propio “La conversación” (1974). La imagen y el sonido que, combinados, conducen a la revelación de la comisión de un crimen es la premisa sobre la que se sustenta “Impacto” (1981), “Blow Out” en su título original en inglés”.

Cine Archivo:
Especial Brian De Palma (Parte I, 1966-1983):
Demonios de la mente (+ Poderes ocultos, por Lluís Nassarre): La furia (1978):
Anatomía de un asesinato: Impacto (1981):

viernes, 10 de mayo de 2013

La caída del Olimpo: OBJETIVO: LA CASA BLANCA, de ANTOINE FUQUA


[ADVERTENCIA: EN EL PRESENTE ARTÍCULO SE REVELAN IMPORTANTES DETALLES DE LA TRAMA DE ESTE FILM.] Al principio de Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013) hay dos secuencias de construcción prácticamente idéntica. En la primera nos hallamos en Camp David, la famosa residencia de descanso del presidente de los Estados Unidos, aquí llamado Benjamin Asher y con los rasgos de Aaron Eckhart. El presidente Asher y su Primera Dama, Margaret (Ashley Judd), comparten unos momentos de “intimidad conyugal” en los cuales la mujer sonríe comprensivamente ante los despistes de su marido, consciente de que este último soporta sobre sus hombros el peso de una gran responsabilidad, algo que queda todavía más claro en una escena posterior cuando, ya dentro del coche oficial camino de una recepción a la que han sido invitados, Margaret bromea con su esposo diciéndole que tiene pensado rasurarse la cabeza (sic), y él, distraído con su trabajo, sus insoportables obligaciones, le contesta mecánicamente: “Me parece estupendo” (otro sic); contraplano de Margaret: nueva sonrisa de complicidad y comprensión. La acción da un salto de dieciocho meses y llegamos así a la segunda secuencia a la que me refiero: la que muestra al exagente de seguridad del presidente Asher Mike Banning (Gerard Butler) en el apartamento que comparte con su pareja Leah (Radha Mitchell) en Washington D.C.; la situación es, como digo, muy parecida a la de la primera secuencia: él tiene un trabajo administrativo en el Departamento del Tesoro, y ella es doctora en un hospital; asimismo, ella le reprocha a su compañero sentimental que esté tan absorbido por su trabajo (por más que, como queda claro, él lo detesta) porque ello está repercutiendo negativamente en su relación. De este modo, se crea un vínculo entre los personajes del presidente Asher y Mike Banning sobre la base de su elevado sentido del deber y de la responsabilidad: ambos hombres, se nos viene a decir, en el fondo son idénticos, por más que el primero sea el primer mandatario de la-nación-más-poderosa-del-mundo, y el segundo, un funcionario relegado a tareas de administración como consecuencia del penoso incidente que, expliquémoslo ya, cerró la primera secuencia: un accidente automovilístico en el cual Banning salvó in extremis al presidente Asher pero no consiguió hacer lo mismo con la Primera Dama. 
No cuesta demasiado ver en este planteamiento, y sobre todo a la luz de lo que ocurrirá a continuación, una enésima variante de ese concepto tan típicamente norteamericano como es el de la segunda oportunidad: la que se le brindará a Banning para “enmendar su error”, y de paso “redimirse”, cuando un inesperado —y más bien inverosímil— ataque paramilitar por parte de un aguerrido comando de terroristas norcoreanos lleve a cabo el más-difícil-todavía, la toma de la Casa Blanca (“el edificio más seguro del mundo”, como afirma enfáticamente una línea de diálogo), y él se convierta así en “la última esperanza” para deshacer semejante entuerto de proporciones épicas (que no líricas). Más aún: el planteamiento dramático de Objetivo: La Casa Blanca no puede menos que recordar la premisa que sustentaba la película de Wolfgang Petersen En la línea de fuego (In the Line of Fire, 1993) —la cual, por cierto, y sea o no deliberado, comparte a un mismo actor en su reparto que Objetivo: La Casa Blanca: Dylan McDermott—, en la cual el guardaespaldas presidencial interpretado por Clint Eastwood seguía remordido por el hecho de no haber sabido (o podido) proteger más eficientemente al presidente Kennedy el día del magnicidio en Dallas, y ahora está más que dispuesto a impedir que un nuevo primer mandatario de la nación caiga asesinado ante sus narices; aquí también Banning nota sobre su conciencia el peso de haberle “fallado” a su presidente y, además, amigo: véase la enorme familiaridad que hay entre ellos en esa misma primera secuencia, así como la complicidad que se da entre Banning y el hijo de Asher, Connor (Finley Jacobsen).
Lo mejor de Objetivo: La Casa Blanca se concentra en sus aproximadamente treinta primeros minutos de metraje, y lo hallamos, en primer lugar, en el momento del accidente de coche que acaba costando la vida de la Primera Dama (un inserto del parabrisas del coche en el que viajan Asher y Margaret cubierto de nieve y azotado por la ventisca, con la cámara en el interior del vehículo, sugiere muy bien ese peligro inminente); y sobre todo, la brillante secuencia que sigue a la mencionada presentación de personajes protagonistas, esto es, la toma de la Casa Blanca, en la cual el realizador Antoine Fuqua saca a relucir de nuevo su pericia para las escenas de acción, logrando hacer creíble, como digo, una situación en el borde mismo de la ciencia ficción. Por desgracia, a pesar de esos buenos momentos y de que, en sus líneas generales, la película está tan bien rodada como suele ser habitual en Fuqua, Objetivo: La Casa Blanca está más cerca de sus trabajos para mi gusto más anodinos —Asesinos de reemplazo (The Replacement Killers, 1998), Bait (ídem, 2000), Lágrimas del sol (Tears of the Sun, 2003), Shooter (El tirador) (Shooter, 2007)— que de las bastante más interesantes Training Day (Día de entrenamiento) (Training Day, 2001), El rey Arturo (King Arthur, 2004) y Los amos de Brooklyn (Brooklyn’s Finest, 2009). En este sentido, lo peor del film se revela en su recurso a todo tipo de tópicos destinados a rellenar un relato que, a mi entender, empieza “demasiado fuerte” (esos mencionados treinta primeros minutos) y luego es incapaz de mantener el interés, sosteniéndose sobre un exceso de estereotipos nada convincentes y destinados a ir alargando la acción hasta el “esperado” cara a cara final entre Banning y Kang (Rick Yune), el sádico líder de los terroristas norcoreanos responsables del desaguisado. La mediocridad del guión tampoco ayuda a Fuqua a inspirarse, pero a fin de cuentas acaba siendo de su responsabilidad que acabe echando mano a las convenciones de rigor para ilustrar, por ejemplo, la “inevitable” alternancia de secuencias entre los movimientos secretos de Banning por la Casa Blanca, lo que acontece en la cámara de seguridad donde el presidente Asher y sus colaboradores permanecen secuestrados, y las reacciones del “centro de control” desde el cual los poderes fácticos —personificados en el personaje del “presidente en funciones” encarnado, con su parsimonia habitual para estos casos, por Morgan Freeman— luchan por hallar una solución a semejante atolladero (ni siquiera falta el consabido “militarote” a cargo de Robert Forster empeñado en solucionar la crisis por la fuerza de las armas); que no consiga sacar más provecho del penoso personaje secundario del “agente secreto traidor” a cargo del mencionado Dylan McDermott (el momento en que este reacciona a los puñetazos de Banning diciendo: “Perdí el camino” es involuntariamente cómico); o el suspense a contrarreloj y hasta el último segundo en torno a la detonación de unos misiles nucleares, que viene repitiéndose desde los tiempos de James Bond contra Goldfinger (Goldfinger, 1964, Guy Hamilton). Como apuntaba hace poco Antonio José Navarro en su crítica para Dirigido por…, queda para el recuerdo el desvergonzado empleo de la típica iconografía made in USA que lleva a cabo el film en su enésima evocación indirecta del traumático 11-S: el derrumbe, provocado por el ataque norcoreano, del obelisco dedicado a George Washington, planificado de tal manera que evoca ladinamente el desplome del Trade World Center; los planos de la bandera norteamericana acribillada por las balas de los terroristas, y luego siendo arrojada (a cámara lenta) desde lo alto de la Casa Blanca; las escenas de Leah en la sala de urgencias de un hospital abarrotado de heridos…

lunes, 6 de mayo de 2013

“DIRIGIDO POR…”, MAYO 2013, ya a la venta


El núm. 433 de Dirigido por… ofrece en portada su contenido principal, que no es sino la primera entrega de un dossier dedicado a uno de los más grandes cineastas del así llamado Hollywood clásico: Howard Hawks.
Dicho dossier está compuesto, en primer lugar, por una votación en la cual han participado amigos y colaboradores de la revista, a quienes se les ha pedido que voten las diez mejores películas de Hawks (o sus diez películas favoritas), así como otras dos “rarezas” dentro de su filmografía (o consideradas como tales), a fin de evitar que en la votación figuraran solo los títulos habituales que siempre salen a colación cuando se habla de este cineasta. A continuación, el dossier incluye cuatro artículos: uno sobre la etapa silente de la filmografía de Hawks, a cargo de Tonio L. Alarcón; otro sobre su cine policíaco y cine “negro”, que firma Israel Paredes Badía; otro sobre su contribución al cine de aventuras, escrito por Ricardo Aldarondo; y otro sobre sus westerns, que ha elaborado Antonio José Navarro. Los artículos van acompañados de una serie de antologías seleccionadas entre lo mejor de los films hawksianos de los géneros mencionados, tal es el caso de Scarface, el terror del hampa (Tonio L. Alarcón), Solo los ángeles tienen alas (José María Latorre), La ciudad sin ley (Lluís Satorras), Tener y no tener (Oreste de Fornari), ¡Hatari! (Antonio José Navarro), Río Rojo (Quim Casas), Río de sangre (Juan Carlos Vizcaíno Martínez) y Río Bravo (Tonio L. Alarcón).
El resto del contenido viene marcado por las críticas de los estrenos más importantes del mes, entre los cuales se destacan los de Un verano ardiente (Un été brûlant, 2011), primer film del reputado Philippe Garrel que conoce estreno comercial en España, y que analiza Quim Casas, quien asimismo firma un artículo sobre la Exposición Pasolini Roma, que a partir del próximo 22 de mayo dedica el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB) a la obra de Pier Paolo Pasolini y su relación con la capital italiana. El artículo se complementa con una aproximación al carácter contracultural del cine de Pasolini, el cual es abordado por Antonio José Navarro, quien asimismo firma la reseña de otra de las películas destacadas del mes, Objetivo: La Casa Blanca (Olympus Has Fallen, 2013), de Antoine Fuqua. Otra de las críticas destacadas es la de Stoker (ídem, 2012), debut norteamericano del surcoreano Park Chan-wook, abordada por Ángel Sala. Más interesantes contenidos de este número son una entrevista con Bazz Luhrmann, a cargo de Gabriel Lerman, con motivo del próximo estreno de su versión de El gran Gatsby (The Great Gatsby, 2013), que inaugurará próximamente el Festival de Cannes; un recuerdo para la figura del recientemente desaparecido cineasta español Jesús Franco, escrito por Ramon Freixas y Joan Bassa; el comentario de la serie The Following (ídem, 2013- ), a cargo de Tonio L. Alarcón, para la sección Televisión; el de dos clásicos del cine francés de todos los tiempos, Boudu salvado de las aguas (Boudu sauvé des eaux, 1932), de Jean Renoir, y Los niños del paraíso (Les enfants du paradis, 1945), de Marcel Carné, comentadas por Juan Carlos Vizcaíno Martínez dentro de la sección Flashback, con motivo de sus recientes ediciones en formatos domésticos; y el de una rareza de William Dieterle, Ludwig der Zweite, König von Bayern (1930), analizada por Rafel Miret para la sección En busca del cine perdido. Las secciones Pantalla Digital, de José María Latorre, Banda Sonora, de Joan Padrol, y Críticas completan la revista.
Mi primera aportación a este número de Dirigido por… consiste en la crítica destacada del film de Rob Zombie The Lords of Salem (ídem, 2012), sobre el cual ya tuve ocasión de hablar extensamente en este mismo blog (1).
También firmo un par de antologías de dos famosas películas de Howard Hawks. La primera es la de El sueño eterno (The Big Sleep, 1946): “vendría a ser una nueva y soterrada digresión sobre la temática de la así llamada «guerra de los sexos», tan característica de la a su vez conocida como “screwball comedy”, pero con la diferencia de tonalidad que le proporciona la sombría atmósfera propia del film “noir”, la cual a pesar de ello no consigue solapar el denso erotismo que recorre la que posiblemente sea una de las películas más sutilmente eróticas de la historia del cine negro norteamericano, si no la que más”.
La otra es la de, lo confieso, una de mis películas de cabecera de toda la vida: El Dorado (ídem, 1967): “A pesar de la atmósfera distendida y amistosa que flota en muchos momentos del relato, “El Dorado” es una obra que anuncia la decadencia de los clásicos, pero Hawks no intenta dinamitar las convenciones del “western” ni mostrar el aspecto más patético de los viejos héroes del género, sino que asume su condición anacrónica con un elevado sentido de la dignidad: en el final de “El Dorado”, Thornton y Harrah, heridos y con muletas, pasean triunfantes por las calles de ese pueblo que han pacificado «al viejo estilo», acompañados por un “travelling” tan lento como sus pasos y, al mismo tiempo, igual de orgulloso”.
Asimismo, he escrito un artículo en memoria de Bigas Luna: “Había, como digo, muchas cosas buenas en los primeros años de la carrera de Bigas Luna: esa mirada feroz e irónica, de inspiración buñueliana, hacia la burguesía, que de hecho impregna de un modo u otro la totalidad de su filmografía; y esa franqueza a la hora de retratar las pulsiones sexuales, bien fuera la obsesión fetichista de Leo (Àngel Jové) por Bilbao (Isabel Pisano) en el film homónimo, o el caprichoso bestialismo que movía a los protagonistas de “Caniche”, o la franqueza carnal que agitaba el triángulo amoroso-sexual entre Robert (Patrick Bauchau), Mario (Feodor Atkine) y Lola (Ángela Molina) asimismo en la película homónima; sexualidad que, como digo, dejó de ser perturbadora, caliente, casi «maloliente» en sus tenues fronteras entre animalidad y humanidad, a partir del aburrido carrusel de perversiones liofilizadas de “Las edades de Lulú”, o el juego erótico-gastronómico de “Jamón, jamón”, auténtico punto de inflexión en la carrera de Bigas Luna gracias a su inesperada repercusión”.
Cierro mi contribución mensual a la revista con la crítica de Iron Man 3 (ídem, 2013), de Shane Black…
…y la de Un amigo para Frank (Robot & Frank, 2012), de Jake Schreier.


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