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miércoles, 28 de agosto de 2013

2ª parte del “dossier” FRANCIS FORD COPPOLA, en CINE ARCHIVO

Cine Archivo publica estos días la segunda y última parte del dossier centrado en la figura del realizador norteamericano Francis Ford Coppola. He contribuido al mismo con un par de textos: el primero, dedicado a un film por el cual siempre he sentido atracción por más que no esté considerado entre sus mejores trabajos, Legítima defensa (John Grisham’s The Rainmaker, 1997); y el segundo, centrado en una película tanto o más (creo que mucho más) discutida: Twixt (2011), de la cual hablé en este mismo blog (1), y por la cual, lo reconozco, siento especial debilidad. El mismo portal también recupera un comentario mío relacionado con el film de Coppola Youth Without Youth (2007), que no es sino mi texto a propósito de Tiempo de un centenario, la novela de Mircea Eliade en el cual se basaba aquél.

Legítima defensa:A la hora de hacer frente al visionado de “Legítima defensa”, resulta necesario salvar un par de escollos, para mí, importantes. El primero es el hecho de que se trata de una película basada en una novela de John Grisham, nefasto escritorzuelo de quien tuve la mala suerte de tragarme uno solo de sus populares libros, el mismo que dio pie a su popularidad y a la primera adaptación al cine de sus novelas —“La tapadera” (1993)—, cuyo éxito se prolongó en nuevas adaptaciones a lo largo de los diez siguientes años —“El informe pelícano” (1993), “El cliente” (1994), “Tiempo de matar” (1996), “Cámara sellada” (1996), “El jurado” (2003)—, todas ellas mediocres salvo el film que aquí nos ocupa. (…) El segundo grave inconveniente que presenta “Legítima defensa” reside en el hecho de contar con Matt Damon en el papel protagonista; mala elección, habida cuenta de que siempre me ha parecido un actor pésimo, pero a pesar de ello cuenta con “mejor fama” que su amigo Ben Affleck, no menos infausto pero que, por razones que se me escapan, goza de peor credibilidad como intérprete que su compañero coprotagonista y co-guionista de “El indomable Will Hunting” (por la cual, recordemos, ambos ganaron un Oscar)”.

Tiempo de un centenario:una extraña narración, a medio camino entre el relato fantástico y la digresión filosófica (estoy simplificando mucho), que en tan solo seis capítulos y las poco más de 170 páginas de la edición de bolsillo que he leído, narra la insólita historia de Dominic Matei, un viejo profesor de lingüística rumano que en 1938, y como consecuencia de los misteriosos efectos de la descarga de un rayo sobre su persona, no solo detiene su proceso natural de envejecimiento, sino que incluso rejuvenece hasta aparentar alrededor de 35 años. De este modo, Dominic deviene una especie de paria de la sociedad, dado que su insólita condición de inmortal le convierte de inmediato en objeto de curiosidad científica, así como en eje de una estrambótica intriga internacional a partir del momento en que los alemanes se interesan en su persona: su caso podría ser la demostración práctica de la veracidad de las delirantes teorías de un científico nazi que afirma que, con una descarga eléctrica controlada de hasta dos millones de voltios (sic), ¡el hombre sería capaz de alcanzar la inmortalidad! Todo ello obliga a Dominic a vivir escondido, o bien oculto bajo una identidad secreta, y a ir viajando constantemente para no ser reconocido en ningún sitio”.

Twixt:Lo más atractivo del resultado reside en que, paradójicamente, “Twixt” acaba siendo en última instancia una película total y absolutamente “fantastique”, tanto o más que muchos títulos “puros” inscribibles en los márgenes habituales / tradicionales / convencionales del género. Ello se debe, a mi entender, a que Coppola es consciente de que el buen cine fantástico es aquel cuya “pureza” de formas está intrínsecamente ligada a su puesta en escena, o lo que es casi lo mismo, que el buen cine fantástico no se define por el carácter “fantástico” de su temática (por más que la trama de “Twixt” esté llena de elementos convencionalmente considerados como tales: vampiros, fantasmas…), sino por el carácter “fantástico” de su lenguaje cinematográfico. En segundo lugar, hay en el film una labor de disección “deconstructiva” de las convenciones no ya del género fantástico sino de cualquier género cinematográfico que también podemos considerarla algo de por sí intrínseca e indirectamente “fantástico”, por lo que supone de operación contraria al orden natural de las cosas: analizar algo, ergo diseccionarlo, dividirlo por partes, ordenarlas y clasificarlas, equivale en cierto sentido a alterar su forma “natural” o “normal” y transformarlo en otra cosa o cosas, por más que el resultado venga a ser el mismo”.

Cine Archivo:
Especial Francis Ford Coppola (Parte II, 1984-2011):
Una cuestión de dignidad: Legítima defensa (1997):
Libro: Tiempo de un centenario:
El escritor y sus vampiros: Twixt (2011):

(1) http://elcineseguntfv.blogspot.com.es/2012/07/el-escritor-y-sus-vampiros-twixt-de.html

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