
Una entrevista con Ridley Scott, con motivo del próximo estreno en España de su versión de
Robin Hood, ocupa la portada del núm. 400 de
Dirigido por…, el cual incluye, entre otros artículos de interés, la segunda

y última parte del dossier dedicado al cine policíaco español, y un pequeño estudio centrado en la carrera, corta pero interesante, del realizador norteamericano James Gray, con motivo del próximo estreno entre nosotros de
Two Lovers. Anuncio, asimismo, que la revista incluye un artículo que probablemente traerá “cola”, como suele decirse, al menos entre ciertos sectores: una digresión sobre la crítica de cine española, elaborada por mi siempre combativo amigo Antonio José Navarro, a propósito de un congreso sobre este mismo tema organizado por la revista
Cahiers du Cinéma. España en el marco del último Festival de Cine de Málaga. Añadir, finalmente, que mi contribución mensual a
Dirigido por… se centra en las críticas de
Soul Kitchen, de Fatih Akin,
Luciérnagas en el jardín, de Danny Lee,
La isla interior, de Dunia Ayaso y Félix Sabroso,
Querido John, de Lasse Hallström,
E.S.O., de Santiago Lapeira, y
Iron Man 2, de Jon Favreau.

Esta última película ocupa asimismo la totalidad de la portada del núm. 26 de
Scifiworld Magazine, al cual he contribuido con un artículo que efectúa un somero repaso a personajes que podríamos denominar “detectives de lo oculto”, o bien “investigadores de lo paranormal”, tales como Abraham Van Helsing o el doctor Quatermass, por poner un par de ejemplos bien representativos: “
Tanto la literatura como el cine fantásticos han presentado a personajes capacitados para hacer frente a los fenómenos paranormales, sobre todo hombres pero también mujeres que se miran lo terrorífico, lo anormal, lo antinatural de una forma no supersticiosa sino científica, lógica y racional, contemplándolos casi como algo cotidiano o, cuanto menos, perteneciente o relativo a una “normalidad” o una “cotidianidad” alternativas. Pero esta tendencia no se ha presentado en el campo de lo fantástico desde sus inicios ni en lo literario ni en lo cinematográfico, sino tan sólo después de que ambas corrientes artístico-culturales hubiesen madurado lo suficiente como para ser capaces de admitir el carácter subversivo de lo sobrenatural y aceptarlo como materia de estudio, como un fenómeno susceptible de ser analizado y diseccionado desde una perspectiva racionalista” (aprovecho la ocasión para aclarar que en este artículo no he incluido al Dr. Who porque, en su pasado núm. 25,
Scifiworld Magazine ya le dedicó una aproximación en exclusiva).